Introducción
Sábado, 25 de octubre, 2003. (22:00)
Carlos: (Se acercó a nosotros) ¡Qué, pareja! ¿Cómo os lo estáis pasando? – Nos preguntó. – Desde la mesa se os ve poco habladores esta noche.


Ana: ¡Este tonto que no sabe mantener la boca cerrada! – Le contesté. – Por lo demás, una cena estupenda.
La alegría de la fiesta
En los banquetes de boda la costumbre es que los novios se pasen por las mesas a saludar y, hasta cierto punto, como táctica para calmar un poco en entusiasmo de la gente y desviar la atención sobre la mesa principal, sin que en este caso sea una excepción, aunque, en vez de acudir juntos, van cada uno por su lado, por lo cual incluso se puede pensar que Carlos, el novio, sencillamente va de paso y tan solo se ha detenido un momento a saludar.
Es más, incluso se puede entender que el hecho de que Carlos acuda solo puede ser intencionado, como queriendo mediar y suavizar la tension o frialdad que se deduce en el trato que hay entre Manuel y Ana, que se aprecia que no disfrutan de la fiesta con el mismo entusiasmo de los demás.
Ana debería ser la chica más feliz del mundo por el hecho de que su novio ha venido a verla. Sin embargo. Carlos parece entender que se comporta como si la hubieran obligado a sentarse junto a un chico con quien no tiene nada en común, porque no hay demasiada interaccion entre ellos, cuando debería ser lo qué más destacase, aprovechando la oportunidad que tienen de estar juntos.

Lo que de manera jocosa Carlos deja ver es que les ha notado un poco frío, que en cierto modo, aunque se trata de la celebración de su boda, sino está pendiente de todo y de todos, al menos sí de lo que sucede entre ellos, como esperando que la felicidad que él siente sea contagiosa y evidenciar así su optimismo ante el hecho de que Ana esté rehaciendo su vida sentimental e incluso que Manuel abandone esa soltería.



Complicidad de ex novios
Con la confianza y la libertad de saber que entre Ana y Carlos ha quedado una buena amistad e incluso como una manera de despejar cualquier duda al respecto, como queriendo dar a entender que se alegra por esta nueva pareja, carlos se permite bromear, que aflore esa complicidad que antaño hubo entre ellos y dar algún que otro consejo personal.
De hecho, Ana, en vez de mostrarse cohibida y un tanto avergonzada por la naturalidad de Carlos, se permite responderle con toda tranquilidad y complicidad, en contraste con el silencio mantenido con Manuel cuando éste ha pretendido hablar con ella e intentan superar esas discrepancias, malentendidos o meteduras por su parte.
Aflora el buen humor, la complicidad y la osadía, sin reparos, de dejar a Manuel en evidencia delante de quienes están pendientes de la conversación. se entiende que Ana confía en que con carlos le resulta mucho más fácil entenderse y que en caso de haberse encontrado en las ocasiones en que Manuel ha metido la pata éste se hubiera mostrado mucho más acertado.

Sin embargo, a esos comentarios un poco críticos y un tanto frustrantes Carlos intenta dar una respuesta conciliadora, como queriendo dar a entender que entre chicos se han de apoyar o, en todo caso, hacerle una pequeña recriminación a Ana, quizá basada en su propia experiencia o en el hecho de que Carlos conoce la personalidad de Manuel.
En cualquier caso, todas esas galanterías que Ana esperaba escuchar de labios de Manuel, las recibe de Carlos, quien no se cohíbe al ensalzar su belleza, su encanto personal, todo eso que le hubiera dicho de haber seguido siendo su novio para dar a entender que Manuel se ha de esforzar un poco más para no echar por tierra todo lo conseguido hasta entonces.
Celoso

¡Eh, qué tú ya te has casado! – Intervine con cierto mosqueo y jovialidad.
Sea o no la pretensión de Carlos la cuestión es que Manuel rompe su silencio e interviene en la conversación, no tanto para defenderse de los comentarios y alusiones poco afortunadas sobre su actitud y su persona, sino por el hecho de defender de una manera un tanto jocosa lo que considera que es suyo y una actitud un tanto inapropiada por parte de Carlos, que tontee con Ana el día de su boda.
La contestación de Carlos es conciliadora, como dando a entender que no hay motivo para que surja esa desconfianza. En realidad aprovecha para darle un consejo para que no se sienta tan confiado ni seguro, como queriendo basarse en su propia experiencia, aludiendo al hecho de que fue Ana quien rompió su relación y se mantuvo firme en su determinación.
Con un poquito es suficiente.
Carlos: Tranquilo, no he venido a robarte a tu chica. – Se defendió. – Será mejor que la cuides porque no es tan fácil de reconquistar. – Le recomendó


¡No le des ideas!- Replicó. – Este tonto es capaz de tomárselo en serio y podría agobiarme.
Sin muchas explicaciones Carlos parece entender el trasfondo del problema. ante tal respuesta, Ana recupera la seriedad y no reprime el hecho de poner de manifiesto el motivo de su malestar con Manuel. Ella es una chica que se toma las relaciones personales como algo serio y de algún modo le recrimina a Manuel esa falta de detalles, tanto como su temor de que se vaya al extremo opuesto.

Ante lo cual, Carlos en vez de darle la razón a Ana, se pone del lado de Manuel, como queriendo dar a entender que a Ana tan solo hay que tomarla en serio a medias, que en el fondo es una chica que necesita de atenciones, aunque las reciba con esa inicial frialdad, pero que en el fondo le gusta eso de sentirse el centro de atencion de su amado, por lo cual, si esté no está a la altura, dará paso a otro, porque Ana es una chica que causa interés, tiene cientos de pretendientes.

Ana: ¡Cómo si hay mil! – Me defendí. – La decisión es mía y creo que hay confianza.
Ana se ve en la tesitura de defenderse, de desmentir esa creencia de que es una rompecorazones o una chica tan deseada. Exige su derecho a que se la respete y considere como mujer, que se valoren sus sentimientos. De manera un tanto sutil e indirecta acaba por reconocer que le agrada que su chico tenga detalles con ella, que se tome esas confianzas.
Es ella quien decide a quien le consiente que tenga esos detalles romanticos con ella, de tal manera que, aunque pudiera tener cientos o miles de pretendientes, su atención se centra en aquel a quien ha escogido, que en realidad no debería cohibirse ni acobardarse ante su manera de ser.
¿Habrá boda?
Carlos les deja confiado y con la tranquilidad de que no ha de inquietarse por el futuro de esta pareja, que no hay ninguna crisis y que nada ni nadie les fuerza a estar juntos ni a guardar las apariencias, como si en un primer momento es lo que hubiera llegado a pensar, al haberlos visto tan distanciados en la iglesia, con el tema de los saludos o las fotos.
En realidad no sabemos muy bien lo que Ana y Carlos han podido hablar de su relacion de ésta con Manuel, aunque en la convivencia de la Pascua, el domingo por la mañana, fuese Carlos quien soltará la bomba, la noticia, al resto del grupo y con ello despejado las sospechas al respecto, no dejando que aquello siguiera como un secreto a voces entre las chicas.
De algún modo ésta es a segunda intervención, sin que haya variado ni un ápice su postura al respecto. Se alegra de comprobar que Ana rehace su vida. de hecho, podemos entender que es de las pocas personas que tiene un mayor conocimiento de los problemas de salud de ésta, de manera que saber que ésta se esfuerza por mantener la normalidad es un buen indicativo.
Aún es pronto para pensar en boda, pero no para que Ana tenga motivos para mantener la alegría, las ganas de vivir. Entendemos que Carlos es consciente de lo traumático que fue para Ana su ruptura y su deseo es que no se vuelva a poner en la misma tesitura, cuando está con alguien que con defectos o sin grandes virtudes, la quiere y se mantiene a su lado.


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