Introducción
Es jueves (21 de abril de 1994) por la mañana (10:00 am). La normalidad de lo que nos tiene acostumbrados el St. Clare’s vuelve tras el desayuno. Ya que a primera hora de la mañana, allí parecía haber más gente que en una manifestación multitudinaria o en una estación de metro en hora punta. Todo el mundo parece que se desvanece, se marcha tras el desayuno y la casa vuelve a ser como un desierto de paz.
La remota posibilidad de que se haya organizado una fiesta sorpresa o algo similar por el cumpleaños de Jessica se ha desvanecido tan rápido como se ha empezado a marchar la gente. Se supone que son días de vacaciones, pero nadie tiene un minuto de más ni de menos para simplemente quedarse a no hacer nada.
La única que reprime el impulso de escaparse es Jessica y Ana porque algún adulto responsable se tiene que quedar al mando y pendiente tanto de las que se han ido como de la que se queda. Para Jessica es como si en torno al St. Clare’s, en las dos fachadas que dan a la calle, se hubiera levantado un muro infranqueable o construido un foso lleno de cocodrilos hambrientos. No tiene interés por ir a ninguna parte.

Al amparo de esta tranquilidad, sabiendo que nadie la molestará, que no habrá de rivalizar por quién ocupará su dormitorio, su mesa de estudio, es allí donde se refugia. Si no para aprovechar el tiempo y estudiar todo eso que se supone ha de repasar de cara a las próximas semanas, lo de aprobar por su cara bonita es tan solo la asignatura de Spanish, porque Ana le aprieta por la espalda.
El diario de Jessica
El caso es que se decida a escribir en su diario secreto y personal, del que ya teníamos conocimiento. Que la novela no se basa tan solo en sus vivencias o en lo que serán esas cada vez más frecuentes conversaciones con Ana. Para evidenciar eso de que lo del «speaking English» se le da de maravilla, pero lo de «hablar español» requiere un sobreesfuerzo, cuando no quitarse ese tapón mental que ella misma se ha autoimpuesto.

La intención del diario, de plasmar sus pensamientos y vivencias sobre el papel, se supone que es con la intención de compartir sus pensamientos con su padre ahora que ya tiene la confirmación de que Ana lo está buscando en serio. Lo cual sabemos que la tiene bastante ilusionada porque lo ve como el fin de su pesadilla, de ese arrastrar la coletilla de haber sido una bebé abandonada.
Regalo de cumpleaños
La cuestión es que en esta ocasión lo que le motiva a escribir, lo que quiere dejar plasmado en su diario, es su regalo de cumpleaños. Ya tiene trece años y suponemos que la suficiente madurez y soltura que se puede esperar de una niña de su edad para manejarse con el dinero. Aunque en su caso y debido a su limitada vida más allá de los muros del St. Clare’s, pocos gastos puede tener, sobre todo si para todo depende de la seguridad que le proporciona la entidad.
El caso es que, como en todo lo que lleva la supervisión de Ana, este regalo es intencionado. Primero, para que adquiera una mayor autonomía económica y sea un poco más consciente del valor de las cosas; para animarla a que salga y sea ella misma quien acuda a las tiendas del barrio cuando necesite algo. Que no baste con que lo pida y espere a que se lo traigan.
Se le quiere inculcar la pauta e idea de que el presupuesto del St. Clare’s no está para caprichos tontos y que son precisamente esos excesos los que, en último caso, ella se ha de gestionar con sus propios medios. Aunque tampoco se trate de que la vayan a pagar por respirar ni aún menos por hacer lo que se supone es su obligación. Todo puede ser que vea disminuidos esos ingresos, si no hiciera alguna de las dos cosas.
La segunda razón y consecuencia de esto es que abandoné la estúpida costumbre del trapicheo de la ropa con los chicos. Se quiere poner en valor que ella quiera tener su propio estilo de vestir, aparte de tener que cumplir con las normas de vestuario del colegio y mantener un cierto decoro. De tal manera que ahora que ya tiene una cierta edad, no hay reparo en que vaya de tiendas.


Ana parece entender que Jessica se muestra demasiado ingenua y confiada con los chicos, aunque por parte de ella no haya ninguna mala intención ni actitud en la gestión de ese trapicheo. Que no consigue esas prendas de manera violenta ni agresiva, sino por medio de apuestas, de retos, de la superación personal. Aunque los chicos no dejan de ser chicos y eso de traficar con la ropa de una chica no parece que sea lo más aconsejable, a pesar de que en la mayoría de las ocasiones sean estos quienes paguen prenda.
Cuenta del banco
A partir de ahora, todas las semanas, el domingo, se le hará un ingreso en su cuenta de $40, lo que será su asignación semanal. Dinero al que tendrá libre disposición siempre que se lo pida a Monica o Ana, quienes actuarán como banco y «cajero automático» en todas esas gestiones.
Pero queda claro que tener una cuenta bancaria a su nombre es en serio, con un primer ingreso de $100. En su caso, al menos, al no tener padres de acogida, se puede considerar que hasta ahora no ha tenido ingresos propios y no se ha encontrado con la necesidad de disponer de esa cuenta bancaria. No ha sido consciente de que la tenía.
Como detalle y curiosidad con respecto a esa cuenta en el banco, entre los titulares, se ha incluido al padre de Jessica, como una manera de que ésta entienda la relevancia de este asunto. De manera que el día que Jessica abandone el St. Clare’s sea consciente de que conservará esa cuenta en el banco.
Dinero para sus estudios
Se trata de que piense en su futuro y en lo que quiere hacer con su vida, porque lo de permanecer en el St. Clare’s para siempre a la espera de acontecimientos que tal vez nunca lleguen a producirse carece de sentido. Ella tiene una vida por vivir y ha de intentar que ello no vea condicionado por sus circunstancias personales del momento.
No se trata de que por el hecho de que disponga de ese dinero ni de esos ingresos fijos semanales se pueda permitir derrochar. La pauta es que no hay presupuesto para caprichos tontos. Sin embargo, esto le tiene que ofrecer una seguridad, una estabilidad, que no se marchará del St. Clare’s con lo puesto y las cuatro cosas que le quepan en la maleta y que pueda considerar de su propiedad.
Es dinero que, bien administrado, le puede ayudar a cumplir sus sueños, que le ha de servir como aliciente para cumplirlos, un viaje para ir en busca de su padre, costearse los estudios en la universidad o sencillamente ser consciente del coste de la vida y esforzarse por labrarse un futuro que le permita vivir en condiciones, porque eso de dormir juntos a los cubos de la basura no parece muy buena idea.
Origen
- Esperando a mi Daddy. Thursday, April 21, 1994
- Reflexiones personales

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