Introducción
Wednesday, October 19, 1994 (07:55 am)
El camino desde el St. Clare’s hasta el colegio es breve. Imposible pasarse de largo porque no tiene pérdida. Por la calle principal hacia abajo; el edificio anterior a la parroquia. Si te pasas, te tropiezas con la avenida. Por lo cual, lo fundamental es estar pendiente del tráfico y de los coches que salen por las calles transversales, sobre todo al cruzar la calle principal por una zona segura, con buena visibilidad y respetando las normas de seguridad.
Ana ha de ir con mil ojos. Es la tutora adulta responsable de todo el grupo; no se puede descuidar porque alguna de las niñas se puede despistar o dejarse llevar por la impulsividad de llegar cuanto antes. Sin embargo, no hay razón para no ofrecerle y proporcionarle el tipo de atención y dedicación que necesite y reclame en esas circunstancias.
Esperar que Jessica adopte una actitud responsable, de «hermana mayor», tampoco es que ofrezca mucha confianza, dado que es la primera que va pensando en las musarañas y preocupada por todo menos por la seguridad de las demás, ni siquiera la suya propia. Va al colegio con el grupo de las niñas pequeñas y se siente humillada, aunque lo positivo es que tiene unos minutos para charlas con Ana.

Jess: Mis dientes no coinciden con mi nariz. (Teeth do not match my nose.) —Comentario tonto por romper el silencio y que al menos este paseo sirva de algo.
Hasta la fecha, Jessica se ha mostrado como una chica poco presumida y preocupada por su imagen. No es muy amiga de los espejos. Sin embargo, en ese desarrollo de su madurez física y personal, es lógico suponer que ha de tomar consciencia de los cambios que se están produciendo en su vida, de lo cual ya ha dado evidencias con anterioridad, pero puede decirse que es la primera vez que lo evidencia de manera más abierta y sincera.
Es un poco tonto e incluso no parece muy oportuno demostrar esa inquietud por su nariz, por su aspecto, por un detalle tan poco relevante en estos momentos. Es la evidencia de que lo único que intenta es acaparar un poco de atención por parte de Ana. Se siente observada por todo el mundo, el centro y objetivo de todas las miradas, y no se le ocurre otra manera más sutil de evidenciarlo.

Ana: ¡Quién nunca se mira al espejo ha descubierto que tiene nariz! —me contesta con burla. – Tienes una nariz muy bonita, pero, si te preocupa el estado de tus dientes, pedimos cita en el dentista. – Me propone.
(Whoever has never looked in the mirror has just discovered she has a nose! You have a lovely nose, but if you’re concerned about your teeth, we can go ahead and book an appointment with the dentist.)
Podría haber aludido a cuestiones un poco más prácticas y consistentes, más allá del hecho de preocuparse por la alineación de su nariz con sus dientes, más cuando para vérselo necesita mirarse a un espejo y ahora se encuentra paseando por la calle. En todo caso podría argumentar que se ha dado cuenta por ver su reflejo en los cristales de los coches, que, por otro lado, puede resultar algo distorsionado.
En el fondo es como admitir que se siente fea, ridícula, que si los demás no se fijan en ella, por el hecho de que vaya con el grupo de las niñas pequeñas, ha de ser por cuestiones en apariencia tan poco relevantes como esa. Una mala alineación de los elementos de su rostro es motivo suficiente para suponer que la van a criticar, que harán comentarios poco favorables con respecto a ella.
Las niñas de trece años, las adolescentes que no tienen una buena alineación de la nariz y los dientes, si no son medio tontas, lo parecen. Porque argumentar ante Ana que se burlarán de ella por ir al colegio con las niñas pequeñas, ya sabe qué contestación tendrá por su parte. «No le des tanta importancia». Sin embargo, si se trata de una cuestión física, esos argumentos, esa respuesta, ya no sirven.


¿Su peor defecto?
Sin embargo, si ante una cuestión tan inmensamente grave, ante ese «destacadísimo defecto físico» en su cara, Ana se mostrase un poco más comprensiva y no provocase que se viera sometida a esta exposición pública; si le consintiera que acudiera sola al colegio, como hacen las demás chicas mayores del St. Clare’s, no llamaría tanto la atención.
¡Su nariz no está alineada con sus dientes! Abre un poco la boca o que enseñe los dientes, aunque sea para respirar; todo el que la mire se dará cuenta de que, si no tiene la nariz torcida, son sus dientes los que están descolados. Cualquiera pensará que tiene la punta de la nariz apuntando a la costa oeste y sus dientes al este. ¡Un problemón de los grandes!
¿Así cómo va a ganar autoestima, si se siente fea, avergonzada y ridícula? Que, si hay un certamen de belleza para adolescentes feas, a las demás las descalifican porque, en comparación con ella, son las chicas más hermosas de todo el universo. Pero es que ella tiene ese defecto entre su nariz y sus dientes.
Aún no se explica cómo, en sus trece años y casi seis meses de vida, le faltan dos días; todavía no ha habido nadie que se haya percatado de ello. Su madre se fijó en ello cuando nació y por eso la abandonó. Su padre se ha debido de enterar y por eso no hay noticias todavía. ¡Es para desviar la mirada y no horrorizase al verle la cara! Así se entiende que en todos estos años no le hayan encontrado una familia de acogida. No ha sido porque ella se escondiera.








Origen
- Esperando a mi Daddy. Wednesday, October 19, 1994.docx
- Reflexiones personales

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