Introducción
Wednesday, October 19, 1994 (04:55 pm)
Después de la ausencia del profesor de segunda hora y sobre las divagaciones sobre cómo aprovechar esa hora de relativa ociosidad, de las infructuosas expectativas por parte de los chicos y las chicas, porque no se les permite que abandonen el aula y salgan al patio, Jessica no cuenta nada más.
Entendemos que todo vuelve a desarrollarse con la normalidad habitual y que ella tampoco quiere ponerse demasiado en evidencia. Aparte de que lo de escribir en su diario «secreto» cuando tiene a sus compañeros a su alrededor no parece que sea lo más apropiado. De hecho, se trata del diario secreto de una adolescente, no del periódico del colegio.
¿Te imaginas el escándalo, la vergüenza y la contrariedad que dicha publicación podría provocar? Jessica no estaría muy dispuesta a ponerse en esa tesitura, aunque en gran medida podamos pensar que estos pensamientos y reflexiones los escribe pensando en su padre, en su «Daddy», en ese confidente a quien aún no ha puesto cara y del que ni siquiera está segura de que él sepa de su existencia.
Además, se entiende eso de que se salte las clases de Spanish; no es algo de lo que pretenda presumir. Bastante es que tengan conocimiento de ello los directamente implicados y afectados, sin que se pretenda que sea un referente ni buen ejemplo para nadie. Hay que ir a clase con normalidad. Lo de Jessica es algo muy excepcional y justificado, amparado por las tutoras del St. Clare’s y respaldado por la dirección del colegio.
De manera que nos la encontramos de vuelta en su dormitorio, en el trastero, donde se siente a salvo, pero donde también sabe que es como si fuera un inocente ratoncito que ha caído en su propia trampa, que se ha metido en un callejón sin salida, porque siempre puede presentar Ana comprobar a qué se dedica o a hablar con ella como su tutora.
No va porque no quiere.
En todo momento, en lo referente a la actitud de Jessica frente a la asignatura de Spanish, se deja claro que es una decisión suya, que nunca se descarta del todo que haya un cambio de parecer. De ahí que tampoco le hayan buscado una asignatura alternativa, más allá del hecho de aprovechar ese tiempo para estudiar en la biblioteca o, en su defecto, en el aula de castigo, donde no dé la sensación de que se trata de una hora libre.
Quien la respalda en su decisión, aunque también sea quien más le insista en ese cambio de opinión, es Ana. Esta tarde, aunque se pueda pensar que el curso ya está bastante avanzado y que Jessica lleva mucho retraso con respecto a los compañeros, le vuelve a insistir sobre ello, por si alguna vez «suena la flauta», en este caso «el español».

Ana: ¿Te has pensado lo que te dije sobre el español? —me pregunta. —Ya sé que este curso tampoco te has apuntado a la asignatura de Spanish; te saltas las clases, aunque deberías acudir. – Me advierte. – No vayas a clase, si no quieres, pero aprende por tu cuenta.
Sin embargo, para esto Jessica suele ser una chica bastante testaruda o de firmes convicciones personales: «I don’t speak Spanish«, aunque dicho con otras palabras, pero la intencionalidad y la falta de motivaciones no cambian ni una coma. Se siente frustrada por esa falta de noticias de su padre, por la impotencia que esta situación le genera.

Jess: No, no me lo he pensado porque no lo haré. – Le respondo con seguridad. – Yo quiero que Daddy venga a por mí y entonces lo estudiaré, si me hace falta. – Argumento. – Si al final Daddy no fuera mi padre, sería una pérdida de tiempo y esfuerzo.
Ana, en su constante intento de buscarle soluciones, siempre tiene alternativas, una actitud positiva ante la vida. Ante la constatación de que será difícil que Jessica se deje convencer este curso, porque es algo que ya tiene demasiado asimilado y para lo que no le encuentra ya mucho sentido, Ana pone sus miras en el futuro. El próximo curso será estudiante de otro centro; ascenderá en su trayectoria académica, porque hay confianza en que ahora apruebe y se dé por superada esta etapa.

Ana: Tienes los cuatro cursos de high school para aprender. —Me comenta. – No seas tonta y piénsalo con calma y sin tanto recelo. – Me recomienda. – No es tan complicado. Yo lo hablo y me conozco algunos trucos para que te resulte más ameno.
¿Una fiera?
Sin embargo, nos encontramos con uno de esos episodios en los que Jessica tiene uno de sus ataques, de poca disposición al diálogo, en los que esta adolescente de corazón dulce y mirada encantadora parece dispuesta a sacar las garras y comerse a quien ose contradecirla.

Jess: ¡Que no! —le respondo con firmeza.
Jess: ¡Ni una ni media! —replico y me reafirmo.
Sin embargo, como se suele decir, la tensión no pasa de ahí. Ana sabe cómo manejar estas situaciones y Jessica tampoco quiere perder la confianza de la persona que mejor la comprende, con quien tiene una mayor afinidad, dado que en este conflicto sería ella quien más tendría que perder y no está en situación de perjudicarse a sí misma por un arrebato momentáneo. Jessica no llega a ser una adolescente intratable, solo un poco testaruda.
Ahora mismo, lo que ella necesita es que Ana interceda por ella ante quien corresponda para hacer efectiva la posibilidad de quedarse más tiempo en el St. Clare’s, aparte de que no se abandone la búsqueda de su padre. Todas esas expectativas están representadas en Ana.
Ante Ana sabe que no necesita guardar las apariencias, pero tampoco quiere mostrarse demasiado sumisa, dado que ello sería como si se rindiera, como si renunciara a sus sueños en pro de ese futuro feliz que ella no quiere. Su sueño es reunirse con su padre. Que esa normalidad no sea porque se adapte, sino porque sus circunstancias personales y familiares sean como las de cualquier otra chica.

Origen
- Esperando a mi Daddy. Wednesday, October 19, 1994.docx
- Reflexiones personales

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