Tras la tormenta

Introducción

Saturday, November 19, 1994 (04:00 PM)

Tras las diferentes ocasiones en las que, a lo largo de la mañana, la tranquilidad de Jessica se ha visto interrumpida por Monica y su inquietud por la aparente dejadez o falta de responsabilidad de ésta en cuanto a su dormitorio y vestuario, es Ana quien decide tomar cartas en el asunto en una actitud más dialogante y menos recriminatoria.

Ana decide mediar desde una posición menos autoritaria, de quien sabe cómo tratar con Jessica sin llegar a asustarla más de lo necesario, y hace una valoración un poco menos subjetiva de la situación. Los problemas necesitan una solución y no tanto que se conviertan en una pesadilla que no se busca y de la que tampoco se sabe cómo salir.

Ana: ¿Seguro que te encuentras bien? —me pregunta para que se lo confirme. – Ya te he dicho que eso no tiene mayor importancia. – Asegura. – Es de lo más normal y supongo que en parte el fallo fue mío porque pensé que ya lo sabrías.

Lo que se demuestra, en el fondo, es que Jessica no deja de ser lo que es, tan solo una niña, una adolescente que está en un periodo de crecimiento y a quien tampoco se le puede conceder demasiada autonomía, incluso aunque la reclame porque se sienta lo bastante autosuficiente. Hay cuestiones, situaciones a las que no se puede enfrentar sola.

De paseo

De manera que esta tarde de sábado, después de que se ha pasado la mañana encerrada en su dormitorio, en el trastero, se la lleva de paseo, a pesar de que ya sabemos que Jessica no es una chica que acostumbre a ir a ninguna parte. La excusa en esta ocasión ha sido el mal tiempo para todas las niñas. Pero las circunstancias precisan que se haga una excepción.

Jessica 13 años

Porque del St. Clare’s se puede salir. No es un recinto amurallado y con un foso excavado a su alrededor. Es una casa como cualquier otra del barrio, con la única diferencia de que esta está ocupada por esta casa de acogida para niñas huérfanas, abandonadas o procedentes de familias desestructuradas. Aun así, tampoco se permite hacer túneles ni complicados planes de fuga. Se sale por la puerta una vez que se obtiene permiso.

Esta «escapada» de Ana y Jessica no es porque busquen libertad ni una invitación tácita para que Jessica se sienta justificada a reencontrarse con los chicos del parque.

Se trata de buscar un momento de tranquilidad, de que Jessica pueda hablar con libertad y sin sentirse juzgada ni condicionada por su estancia en el St. Clare’s. Es una conversación para hablar de sus inquietudes y reconducir las llamadas de atención que le ha hecho Monica a lo largo de la mañana. Ana espera que le cuente, que le haga partícipe de esas inquietudes que le rondan por la cabeza.

Jess: ¡Es todo tan complicado! —replico con impotencia. – Ayer era una cosa, hoy otra y seguro que mañana será otra distinta. – Argumento. —¡No hay quien se aclare! —exclamó.

Las dificultades de ser adolescente

La suerte de Ana es que sabe que con ella Jessica no tiene secretos. Que si tuviera un problema grave de verdad, sería a ella a quien primero se lo contaría. Sin embargo, lo que ésta tiene a bien comentarle tampoco es como para que salten todas las alarmas y haya que movilizar al Ejército.

Tan solo se trata de problemas típicos y propios de la edad en una chica, de alguien que se está dando cuenta de que está en un periodo de su vida donde todos son cambios y siente que todo su mundo de princesas se derrumba a su alrededor, sin tener muy claro qué surgirá de todo ello.

Los chicos son un problema en cuanto a que Jessica tal vez puede esquivar los espejos, negarse a ser consciente de sí misma, pero no de las miradas ni de las opiniones de aquellos que la rodean, de manera que lo que para los demás es un detalle irrelevante, ella se lo toma como el centro de atención e interés. Se muere con cada grano que le aparece en la cara.

Lo peor de esta pequeña o inmensa inquietud es que tiene la extraña sensación de que los chicos son expertos en encontrarle defectos. Si a ella le falta alguno, es casi seguro que es porque no ha dado ocasión a que se lo busquen. De hecho, casi mejor que no pregunte porque se lo sabrán describir con todo tipo de detalles. Y no, ella no es una chica que presuma de ser demasiado desinhibida, más bien pudorosa, al menos en los últimos años.

En lo referente a la cuestión de la ropa, de ciertas prendas, no es que le haya dado por regalarlas por intentar ganar popularidad. Es que se le han quedado pequeñas, le aprietan y le causa cierto reparo estar con la misma queja casi todos los días, que casi da la impresión de que el tallaje es equivocado con toda intención, porque no hay del que ella necesita.

Tampoco es que ella esté creciendo como si durante la noche alguien se dedicara a enchufarle un inflador, como si ella fuera una colchoneta. Más bien, en comparación con las chicas de su edad, tiene la impresión de que en ese aspecto se han olvidado de ella, que tan solo crece en altura, mientras que hay compañeras de clase que proclaman a los cuatro vientos que han dejado atrás la infancia.

Tampoco es que ella tenga la sensación ni la impresión de que su estatura esté cambiando de manera exagerada; aún le queda mucho para tener que agachar la cabeza cada vez que cruza una puerta. Tiene una estatura que entra dentro de la media, aunque en ese sentido no se esté quedando corta con respecto a las demás ni a la media.

Ana: A lo que tú estás viviendo ahora se le llama ‘adolescencia’. – Me contesta. – Yo también pasé por ello hace algunos años y te aseguro que, antes de que te des cuenta, entenderás que no es tan complicado ni horrible. Es el proceso natural de la vida.

Este saco de problemas con patas no está mutando en ningún ser procedente de otro planeta, ni siquiera de este, aunque sea así como se siente, sobre todo si se compara con sus compañeras e incluso con los referentes que encuentra en las revistas para adolescentes que llegan a sus manos.

Lo que a ella le sucede no justifica ni explica de ninguna manera los motivos por los que su madre la abandonó ni las razones por las que se sigue sin tener noticias de su padre, de su «Daddy», a quien sabemos Ana intenta localizar por sus medios, sin que hasta este momento tenga nada concreto que comentarle a Jessica.

Todo eso que a ella le pasa y le contraria tampoco tiene relación con su postura ante la asignatura de Spanish y todo lo español, ni siquiera con su actitud rebelde ante la vida. De tal manera que, en vez de esconderse por temor a que le digan algo que tema escuchar, debería ser un poco más confiada, sobre todo con aquellos que tan solo quieren y pueden ayudarla.

Los problemas y cambios a los que ella se enfrenta de algún modo también son para quienes la rodean porque ha de haber una evolución, un cambio de mentalidad sin esperar a que ella se dé de bruces contra la pared para que sepan que se ha hecho daño. Mejor que pida que la frenen antes de darse el golpe o de arrollar a nadie por no saber frenar.

Origen

  • Esperando a mi Daddy. Saturday, November 19, 1994.docx
  • Reflexiones personales