Introducción
Friday, June 23, 1995 (10:30 AM)
La maleta ya está casi lista. Sin embargo, si nos fijamos, da la sensación de que Jessica es propietaria de una maleta demasiado grande para nada y no es tan solo porque no quiera ir a ningún sitio y disponga de esa maleta casi como si fuera una imposición, una exigencia, un recordatorio de que más pronto que tarde todas las niñas que pasan por allí se terminan marchando y ella no será una excepción, aunque por el momento se la considere como tal.
Es todo lo que hay.
En principio, Ana le ha asegurado que será un viaje de tan solo dos semanas, que, antes de que le dé tiempo a pensárselo, ya estarán de regreso y este «abro paréntesis» no será más que el breve sueño de una noche de verano. Volverá al St. Clare’s y no hay nada que vaya a alterar las promesas que se le han hecho hasta ahora, incluso sin descartar que su padre pueda venir a buscarla o llegue alguna noticia positiva de esa búsqueda infructuosa.
La cuestión es que incluso Jessica se muestra sorprendida y contrariada de que Ana haya encontrado en ese armario algo con lo que llenar la maleta y que no sea el uniforme del colegio o esas prendas que Jessica ha conseguido trapicheando con los chicos. Aunque se supone que lo tiene terminantemente prohibido y más aún que alardee de ello. Esas prendas, si ya no se pueden devolver a sus propietarios originales, se quedan en el armario o se donan a la caridad. Excepciones pocas y muchas sin la correspondiente autorización, que parece que ni Monica ni Ana se dan cuenta.
Que sí, que en alguna ocasión y más desde que tiene esa autonomía económica, lo de ir de tiendas no es tan solo un capricho o una necesidad, también una exigencia, para que tenga ropa que ponerse y vaya definiendo su propio estilo, su personalidad, que no siempre entre la ropa donada que recibe el St. Clare’s hay prendas que sean de agrado o de su talla.
Ya sabemos que, por lo menos, en la maleta se le ha hecho hueco al bikini, al secador de pelo y a unos shorts. Que se supone que todo eso ha salido del armario y de los cajones de la cómoda. Queda claro que no ha sido Ana quien se ha presentado en el dormitorio cargada de cajas con todo ni con parte de las prendas que las demás niñas se han dejado olvidadas o de manera intencionada, incluso aquellas que ya no regresarán a finales de agosto.
Lo que se mete en la maleta ya estaba en el dormitorio, que es algo así como si Ana hubiera ido a hacer una inspección, la comprobación de turno para cerciorarse in situ de que Jessica ha abandonado de manera definitiva la táctica del trapicheo porque haya aparecido entre la ropa echada a lavar alguna prenda de origen sospechoso.
Tampoco es que Ana se dedique a rebuscar por todos los rincones, por mucho que Jessica se haya plantado en medio de la habitación, del trastero, como quien adopta una actitud culpable, consciente de que la han pillado infraganti y tan solo espera que, por situarse en medio, a quien ha venido a hacer esa inspección se le va a pasar por alto revisar la parte de atrás de la mesilla de noche o bajo el colchón.
La suerte de Jessica es que Ana tan solo ha ido para prepararle la maleta, consciente de que la limitación de tiempo juega en su contra y que la actitud poco cooperante de Jessica tampoco ayuda demasiado. Parece conformarse con comprobar que la maleta no irá vacía y evita preguntar, en caso de que encuentre alguna prenda que pudiera levantar sospechas. Si está en buen estado y se considera apropiado, toda prenda tiene cabida en el armario.
La ropa de invierno.
Se marchan de vacaciones, es verano, de manera que lo de llevarse el uniforme del colegio, en cualquiera de sus versiones, otoño, invierno y primavera, queda descartado, aparte de que Jessica ya ha superado esa etapa de su vida académica y esas prendas serán donadas a alguna de las niñas del St. Clare’s que le pueda ser de provecho o guardarán hasta que haya quien lo necesite.
Jessica ya es una adolescente de catorce años. Se puede pensar que, debido a las medidas de la entidad, se busca siempre lo mejor para todas las niñas que pasan por allí, dando prioridad a la adopción frente al acogimiento temporal, mirando siempre el bienestar de las niñas cuando las circunstancias les son favorables en ese sentido. Se entiende que quienes llegan a alcanzar esta edad o ya vienen al St. Clare’s con una cierta edad o, como en el caso de Jessica, esa opción resulta inviable.
La cuestión es que casi puede decirse que, de todo lo que no tiene cabida en esa maleta esta mañana, las prendas del uniforme son lo que más destaca, lo único que lleva a concluir que el armario no se vacía del todo.

Ana: ¿Quieres algo más? —me pregunta. – No sé si la maleta es demasiado grande o tú estás escasa de ropa, pero aún queda sitio para algunas cosas. – Me indica. – Si no dices nada, la cierro; te llevo de las orejas al cuarto de baño para que hagas un pis rápido y nos bajamos a la calle, porque el taxi está a punto de llegar.
Ana: Do you want anything more? I do not know if your suitcase is too big or you have little clothing, but there is still room for some things. If you say nothing, I will close it, I will catch your ears and I take you to the bathroom to make a quick pee and we drove down the street because the cab is about to arrive.

Origen
- Esperando a mi Daddy. Friday, June 23, 1995
- Reflexiones personales

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