Introducción
Friday, June 23, 1995 (11:30 AM)
En la novela no se relata cómo fue la llegada del taxi, por no considerarlo demasiado relevante ni significativo, pero ya que estamos con reflexiones un poco más pormenorizadas, creo que podemos detenernos un momento.
La llegada del taxi tiene muchas implicaciones y aclara muchos desmentidos y confusiones con respecto al viaje. Lo principal es que no se trata de un truco ni de una broma.
De verdad se van de viaje, abandonan temporalmente el St. Clare’s y cabe pensar que si llevan las maletas no es porque Ana tenga prevista una visita a la playa, por mucho que los trajes de baño y las toallas vayan en la maleta.
Implica ver cómo Ana echa la llave a la puerta principal de la casa, por fuera. Se supone que una vez se ha cerciorado de que todo se ha quedado cerrado, que lo último que quedaba por sacar eran Jessica y su maleta, que no es necesaria una última comprobación para cerciorarse de que puertas y ventanas se quedan cerradas hasta el lunes por la mañana, cuando lleguen los albañiles.

Sin olvidar que también se queda aquí al menos la furgoneta de la institución, quizá guardada en el garaje. Lo que haya sido del coche de Ana no es tan relevante, porque es su vehículo particular y es lógico pensar que lo haya puesto a buen resguardo, tal vez en casa de sus padres, en previsión del viaje y en lo que Jessica no parece haberse fijado estos días.
Te lo creas o no, después de catorce años es la primera vez que el St. Clare’s se queda cerrado y sin nadie dentro. Es la primera vez que Jessica se encuentra en la calle y con la puerta cerrada, sin posibilidad de entrar. Que en todas esas ocasiones en que se ha escapado y pretendido volver a entrar a hurtadillas, sin que nadie se percatase, nunca se llegó a plantear enfrentarse a esta situación.
Ella tan solo es Jessica, una adolescente de catorce años, dos meses y dos días. No es una ladrona profesional ni se dedica a asaltar casas. De manera que una puerta cerrada, una casa cerrada a cal y canto, le resulta tan infranqueable como a cualquier persona normal. Sobre todo, si la pillan desprevenida, porque es comprensible suponer que en sus escapadas ya tenía pensada y prevista la manera de volver a entrar, incluso aunque tuviera que ser por la puerta principal y que la pillasen infraganti.

La llegada del taxi (Copilot)
Jessica sintió el rugido lejano del motor antes de ver el taxi doblar la esquina. La presión en su pecho aumentó, como si cada segundo que pasaba la empujara más cerca del abismo. Estaba allí, en el porche del St. Clare’s, con la maleta lista a su lado, aunque no por voluntad propia. Cada fibra de su ser gritaba que no debía subir a ese auto, que debía quedarse, aguantar un poco más, porque aún había esperanza.
El taxi se detuvo frente a ellas, el conductor ni siquiera bajó, como si supiera que su pasajera no llegaría con el entusiasmo habitual. Ana, firme y tranquila, se giró hacia Jessica con una mirada que no admitía réplica.
—Vamos.
Pero Jessica no movió un solo músculo. Miró el edificio detrás de ella, sus muros desgastados, la puerta que había cruzado tantas veces con un sinfín de emociones. Si cruzaba ahora hacia el auto, ¿qué quedaría de todo eso? ¿Y si Daddy venía y no la encontraba?
Un escalofrío la recorrió cuando el taxista bajó la ventanilla y miró hacia ellas con expectación. Ana, sin perder la paciencia, tomó la maleta y la arrastró un poco más cerca del coche.
—Jessica…
Ella apretó los labios, sintiendo la última chispa de rebeldía prenderse en su interior. ¿Y si simplemente corría de vuelta al interior? ¿Si se aferraba a la puerta y se negaba a salir? Pero el tiempo se agotaba, y sabía que no tenía escapatoria.
Respiró hondo, enfrentando la evidencia de que el taxi no se marcharía sin ella. El destino que le esperaba aún era incierto, pero lo único seguro era que el St. Clare’s quedaría atrás.

Jessica sintió el peso del silencio mientras el taxi seguía esperando. Su corazón latía con fuerza, cada bombeo llenándola de un temor sordo. Ana, paciente pero firme, abrió la puerta del coche y dejó la maleta junto al asiento trasero. Era la última invitación, la última oportunidad antes de que la decisión ya no fuese suya.
Jessica giró la cabeza hacia el edificio, intentando grabar en su mente cada grieta en las paredes, cada huella de su vida en el St. Clare’s. Por un instante, deseó que la puerta principal estuviera abierta, que pudiera correr de vuelta, que este momento no fuera real.
Pero lo era.
El taxista miró su reloj, y el gesto no pasó desapercibido para Ana. Con un suspiro, se acercó un paso más a Jessica.
—Si no subes por ti, hazlo por mí —dijo, su voz dejando entrever un cansancio genuino.
Jessica bajó la vista, sus manos temblando levemente. ¿Qué pasaría si se negaba? ¿Si corría? ¿Si insistía en esperar? La verdad era que no tenía respuestas, porque sabía que, al final, no podía cambiar nada.
Entonces, con un último suspiro, se obligó a moverse.
Sus pasos se sintieron pesados cuando se acercó al taxi, cada uno más difícil que el anterior. Cuando finalmente se deslizó al asiento trasero, sintió que había cruzado una barrera invisible, un umbral del que ya no podría volver atrás.
El taxi arrancó, y Jessica miró por la ventana mientras el St. Clare’s se hacía cada vez más pequeño. Se aferró a la idea de que esto no era definitivo. Que todavía podía regresar. Que esto, de alguna manera, no era el final.
Pero, en el fondo, temía que lo fuera.
Jessica se siente atrapada en un torbellino de emociones mientras el taxi avanza, dejando atrás el St. Clare’s. La realidad de la situación empieza a asentarse, y con ella llega una sensación de vacío. Durante catorce años, ese lugar había sido su refugio, su cárcel, su hogar—todo al mismo tiempo. Y ahora, por primera vez, se encuentra fuera, con la puerta cerrada detrás de ella, sin posibilidad de regresar.
Hay una parte de ella que se siente perdida, como si al salir hubiera dejado un pedazo de sí misma encerrado allí, entre los pasillos y las habitaciones donde tantos recuerdos la atormentaban y la reconfortaban. La incertidumbre la envuelve: ¿qué viene ahora? ¿Cómo puede moverse hacia adelante cuando su corazón sigue atado al pasado?
Pero junto a la angustia, surge algo inesperado. Un tenue eco de libertad. No es una sensación reconfortante, aún está empañada por el miedo y la resistencia, pero existe. Es la primera vez que no está bajo las reglas inquebrantables del St. Clare’s, la primera vez que el futuro es un libro sin escribir.
Sin embargo, no puede evitar mirar hacia atrás, hacia el edificio que desaparece en la distancia. Porque, aunque Ana lo vea solo como una casa cerrada, para Jessica aún es su mundo, y una parte de ella no está lista para dejarlo ir.
¿Qué pasa con Ana?

Ana se sienta en el taxi con una actitud firme y serena, aunque sus ojos delatan una mezcla de paciencia agotada y determinación. Su postura es recta, sin signos de incomodidad ni duda, como si tuviera claro que este viaje debe suceder, independientemente de la resistencia de Jessica.
Durante los primeros minutos, deja que el silencio domine el espacio. No intenta consolarla, ni suavizar la situación con palabras vacías. Sabe que cualquier intento de hacerle ver el lado positivo sería inútil en este momento.
De vez en cuando, lanza miradas rápidas a Jessica, quien sigue con la vista clavada en el St. Clare’s que desaparece poco a poco por la ventanilla. No hay reproche en su expresión, pero tampoco indulgencia. Está acostumbrada a lidiar con las emociones de Jessica, con sus miedos y su rebeldía, y ha aprendido que a veces lo mejor es dejar que el tiempo haga su trabajo.
Sin embargo, cuando el taxi toma la carretera principal, Ana exhala ligeramente y, con voz tranquila pero segura, dice:
—No es el fin del mundo, Jessica.
No lo dice con dureza, pero tampoco con suavidad. Es solo una afirmación, un recordatorio de que este cambio, por doloroso que parezca, no será su última batalla.
Jessica no responde. Y Ana, con un gesto sutil, vuelve a apoyar la cabeza contra el respaldo del asiento, dejando que el viaje continúe en su propio ritmo.
Origen
- Esperando a mi Daddy. Friday, June 23, 1995
- Reflexiones personales
- Conversacion con Copilot

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