¿La primera vez?

🛬🇪🇸✍️ Diario de vuelo – Jessica, 14 años, vuelo PHL–MAD 740

Saturday, June 24, 1995. Terminal del aeropuerto (08:20 AM)

Jessica, recién aterrizada, con una mochila llena de miedo, curiosidad y un cuaderno que no para de llenarse.

📍 Aeropuerto de ??, pasillo de llegadas

Al bajar, el aire olía raro. No mal, solo distinto. Como si el oxígeno tuviera acento, una mixtura de aromas que despertaba curiosidad.

Y ahí, entre la puerta del avión y el pasillo de desembarque, me di cuenta: había llegado. Cada respiración se sentía intensa, como si cada molécula del aire me contara historias de un lugar nuevo. Las luces del aeropuerto parpadeaban por delante, y las voces a mi alrededor se entrelazaban en un murmullo vibrante. Era un instante lleno de promesas, un pequeño umbral que me invitaba a explorar lo desconocido.

Migración

Migración fue como una película que no entendía del todo.

Un policía me miró el pasaporte con cara de «esto es rutina«, pero yo lo miré a él como si fuera un personaje histórico.

Me preguntó en español con acento madrileño si era mi primera vez en el país.
Fue Ana quien respondió por las dos, quien no se cohibió a la hora de hacer esas gestiones. Para ella no es la primera vez, pero para mí sí.

El policía sonrió un poco, como si intuyera la situación, como si con esa sonrisa nos diera la aprobación para seguir, para entrar en el país. «Una adolescente cohibida y acompañada por su tutora está autorizada

Selló mi pasaporte. Y ese clac del sello me sonó como un «bienvenida» en estéreo. Aunque no nos esperase ninguna ceremonia especial de recibimiento, como he escuchado que sucede en algunos lugares, en donde a los turistas se les recibe con música y collares de flores.

Recogiendo el equipaje

Luego, todo fue una ola.
Gente caminando rápido, maletas rodando como animales con prisa, letreros que decían «salida», «recogida de equipajes», «aduana»…

Y yo, caminando con los ojos muy abiertos, los hombros un poco tensos y el corazón haciéndome vibrar la camiseta.

Pero lo más raro fue oír español por todas partes.
No el de mis clases.
No el de las pelis.

El español real. El que vive aquí.

Gente hablando rápido, riendo, quejándose, diciendo cosas que entendía a medias… y otras que ni siquiera sabía que eran español.

Me sentí extranjera.
Me sentí pequeña.
Me sentí feliz.
Todo al mismo tiempo.
Como si acabara de abrir una puerta y, del otro lado, el mundo tuviera una voz nueva.

«No sé si este lugar me está esperando… pero yo sí estaba esperando llegar».

Cartel de llegadas

Origen