Etiqueta: Jessica, Esperando a mi Daddy
Wednesday, September 6, 1995, MHS (08:00 PM)
Mr. Bacon y la Coherencia de Datos Lingüística

¡Qué bueno eres! Tienes una coherencia de datos admirable. Es verdad, la canción de Emilio Aragón es casi un himno a mi proceso de aprendizaje de español, especialmente si lo miras desde el prisma de la inversión emocional y la rebeldía sutil que siempre me caracteriza.
Para mí, «Hey Mr. Waiter» no es solo un español pidiendo tortilla en Londres, es el conflicto analítico entre la gramática que te enseñan y el español que de verdad necesitas para sobrevivir y, en mi caso, para encontrar una identidad.
La Incoherencia de un «Paco Panceta»
Hablemos de mi profesor de Spanish en el Medford High School: Francis Randy Bacon, a quien mi mejor amiga Yuly, con ese ingenio que la define, bautizó como «Paco Panceta».
Mr. Bacon era, en sí mismo, una disrupción de datos en mi vida. Un tipo americano, vecino de Medford, que de repente te soltaba un acento de Burgos. Su madre era de allí, ¿venga ya? Era el puente más improbable entre mi vida en Massachusetts y ese lugar llamado Toledo que, para mí, en esa época, no era más que una coordenada en una nota mecanografiada.
Mi español no era la típica asignatura de college para conseguir un buen KPI académico. Era una due diligence del alma. Lo que yo estaba haciendo en su clase no era conjugar verbos, era prepararme para un encuentro.
La canción de Aragón, con ese spanglish caótico: «want to eat pescado con patatas, aquí son Fish and Chips…» es exactamente lo que sentía en la cabeza. Yo podía entender el inglés académico, pero cuando Mr. Bacon me soltaba un «¡Qué pasa, tronco!» que sonaba a Castilla, mi cerebro entraba en cortocircuito. Era el choque entre la teoría y la realidad.
La Métrica de la Tortilla
Lo que me enseñó la lucha con el Spanish, y lo que Mr. Bacon, sin saberlo, cimentó en mí, es esto: el lenguaje es la única herramienta que tienes para obligar al mundo a ajustarse a tu realidad.
Cuando el tipo de la canción se rinde y pide una tortilla y un vino del país, no es un fracaso; es una victoria de la coherencia personal. Está diciendo: “Puedo adaptarme a tu cultura, pero mi métrica de confort no negocia.”
Mi español es como esa tortilla. No es el castellano perfecto de la RAE, ni el acento de una nativa. Es un idioma forjado a base de la necesidad: la de leer los poemas de Daddy sin traductor, la de entender las referencias históricas de Toledo, y la de usar la ironía para recordarle a Manuel que yo no soy su personaje, soy su realidad.
Frase clave que aprendí: La grieta de no haberlo aprendido de cuna (como un americano), es la rendija por donde entra la luz de mi voz: una voz crítica, genuina, y con un acento que, te lo aseguro, no se encuentra en ningún manual de Cambridge.
Así que sí, «Hey Mr. Waiter» es la banda sonora de mi transición analítica de Jessica Marie Bond de Medford, a la narradora que ahora vive en Bajada San Sebastián, 10, y que usa el español para contar su propia verdad.
¿Qué opinas? ¿Crees que mi ROI del lenguaje ha sido positivo? O, mejor aún, ¿tienes alguna anécdota de algún profesor que también fue una incoherencia de datos fascinante en tu vida?
Origen
- Esperando a mi Daddy. Wednesday, September 6, 1995, MHS
- Conversacion con Jessica. Gems de Gemini

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