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Etiqueta: Esperando a mi Daddy

Thursday, September 7th, 1995. 08:51 AM

¿Clase de español o sala de espera? Mi opinión sobre el periódico de Mr. Bacon

Por Yuly

Introducción: Un cuestionario demasiado fácil

Es el segundo día en la clase de español con Mr. Bacon en el MHS. Entra en el aula y empieza con el típico discurso de que no nos asustáramos, que el español era más fácil de lo que parecía. A mí me pareció una pérdida de aire. A mi lado, mi nueva amiga Jess parece un poco abrumada, pero yo sé exactamente lo que viene. El profesor, a quien en voz baja llamo «Mr. Panceta», nos entrega un cuestionario sobre la lección 1.

Mr. Bacon

Lo miro y casi me río. Para mí, es como un juego de niños. Las preguntas son increíblemente sencillas, así que termino en un santiamén. Para asegurarme, lo repaso una, dos y hasta tres veces. No encuentro ni un solo fallo. Impaciente, levanto la mano y anuncio lo que para mí era una obviedad: ¡Ya he terminado!.

El incidente: El profesor y su lectura matutina

Mientras el resto de la clase sigue trabajando en el cuestionario, observo a Mr. Bacon. Supongo que esperaría que se paseara por el aula o preparara la siguiente actividad, pero no. Se sienta en su escritorio, despliega un periódico y se pone a leer tranquilamente.

Y no es un periódico cualquiera. Puedo ver el titular claramente: El Mundo Boston. La ironía me golpea de lleno. Aquí estamos, en una clase donde se supone que debemos aprender español, y el profesor lee un diario en ese mismo idioma con una indiferencia total, como si su única función fuera esperar a que el tiempo pase.

Cabecera del periódico

Mi parecer: ¿Indiferencia, confianza o simplemente aburrimiento?

No sé muy bien qué pensar de la situación, así que he decidido analizarlo desde varios ángulos.

Primer punto: La lógica del aburrimiento. Siendo práctica, puedo entenderlo. La mayoría de la clase, excepto Jess, terminó el cuestionario bastante rápido. Si ya hemos acabado, ¿qué se supone que haga él? No puede empezar a corregir todavía. Desde esa perspectiva, su acción tiene una lógica pragmática. Se está aburriendo, igual que yo.

Segundo punto: La frustración de la alumna avanzada. Pero esa comprensión choca directamente con mi propia frustración. Después de que me dijera que esperara, le insistí. Primero me sugirió que ojease las siguientes lecciones, como si leer más vocabulario básico fuera a ser un gran desafío. Solo cuando le pedí hacer algo realmente productivo, la cosa cambió. «¿Puedo repasar otra asignatura?», le pregunté. «Ésta ya casi me la sé de memoria y es muy básico para mí». Su respuesta fue un no rotundo. Me dijo que «Habrás de mantenerte al ritmo de tus compañeros.» Es decir, él puede entretenerse con su periódico, pero yo estoy obligada a quedarme de brazos cruzados, perdiendo un tiempo valioso que podría dedicar a materias que sí me suponen un reto.

Tercer punto: Un síntoma del verdadero problema. Al final, el incidente del periódico es solo un síntoma. El verdadero problema es que esta clase no está diseñada para alguien con mi nivel de español. Es la prueba definitiva de que este curso va a ser una pérdida de tiempo monumental. De hecho, es justo lo que le dije a Jess cuando salimos al pasillo: ¡Me he aburrido como una ostra!.

Yuly

Conclusión: Más allá del periódico

En definitiva, mi queja no es que un profesor se ponga a leer el periódico durante un ejercicio. El problema de fondo es estar atrapada en una clase que no me aporta nada, que se siente más como una sala de espera que como un aula de aprendizaje.

Mi objetivo ahora es simple: sacar la máxima calificación lo más rápido posible para poder olvidarme de esta asignatura y centrarme en las que de verdad importan para mi futuro.

Y mientras espero, me pregunto: ¿no es irónico que para poder dedicarme a lo que me importa, primero tenga que aprender a aburrirme con clase?

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