Escribir para Nadie

Etiqueta: Esperando a mi Daddy

Thursday, September 7th, 1995. 12:24 PM

Escribir para Nadie: Mi Verdad en el Taller de Escritura

Por Jessica Marie Bond, personaje

1. Una Asignatura Diferente

Otra asignatura más. Writing workshop. Tampoco es que pretenda ser una gran escritora, pero si quiero sobrevivir este año, necesito mejorar. Como me ha dicho Ana, conviene que aprenda algunas técnicas para que las redacciones que copie de Yuly y presente como si fueran mías resulten menos sospechosas. Con ese pensamiento entré al aula de Mrs. Carson. Ella nos explicó que el objetivo era usar nuestras propias experiencias, no solo el libro. Para empezar, nos dio una tarea sencilla: «escribid una carta a alguno de los compañeros de la clase y le contáis lo primero que se os ocurra». Por un momento, sentí un mínimo alivio. Quizá aquí, al menos, no tendría la presión constante de la clase de Spanish.

Mr. Carson: Escribid una carta a alguno de los compañeros de la clase y le contáis lo primero que se os ocurra. Al final de la clase, si os apetece, os intercambiáis las cartas y así os conocéis un poco mejor.

2. «Carta a ti, me da igual quién seas»

Cuando me tocó escribir, mi mano se movió por instinto. No podía dirigirme a alguien en concreto, así que titulé mi carta «Carta a ti, me da igual quién seas«. En la superficie, mis palabras solo reflejaban mi situación como la chica nueva y solitaria.

  • El Destinatario Anónimo: Expliqué que escribía a un «compañero» desconocido porque, simplemente, «no conozco a ningún compañero del grupo». Me sentía completamente separada de mi antiguo colegio, como si fuera la única que había aterrizado en este nuevo mundo.
  • La Escritura como Distracción: Para llenar el silencio de la página, confesé que a veces escribo por puro entretenimiento. «Mi vida resulta un tanto aburrida en ocasiones y esa es la mejor distracción», escribí. Era una verdad a medias, una forma de explicar por qué, en lugar de interactuar, me refugiaba en mi cuaderno.
  • Una Observación Silenciosa: Levanté la vista un momento y noté que «todo el mundo escribe sin parar». Todos parecían tener tanto que contarse. Esa simple observación solo hizo que mi sensación de aislamiento fuera más profunda.

3. Lo que Realmente Quería Decir

Pero mi carta era mucho más que una descripción de mi soledad. Era una respuesta silenciosa a lo que acababa de ocurrir, un texto con todo lo que no me atrevía a decir en voz alta.

  • Un Escudo Contra la Humillación: La impersonalidad de mi carta fue una reacción directa a la humillación pública. Mientras ellos aireaban sus conflictos, yo buscaba refugio en el anonimato. Necesitaba protegerme del rumor sobre la canción que, como bien sospechaba, se había extendido más allá de la clase de Spanish donde empezó todo ayer. Escribir a «nadie» era mi forma de hacerme invisible cuando más expuesta me sentía.
  • Rechazando una Falsa Identidad: George había creado una imagen de mí: «la chica de nuestros sueños», «una bomba sexual». Pero esa no era yo. Yo era la chica que se sentía sola, la que «aún casi nadie conoce». Mi carta, dirigida a «me da igual quién seas», era mi manera de rechazar esa falsa identidad que me estaban imponiendo y aferrarme a la única verdad que conocía: mi soledad interior.
  • La Injusticia Silenciosa: En el fondo, tengo claro que la han tomado conmigo. Creo que esta burla es una venganza por cómo me aprobaron la asignatura de Spanish en el St. Francis School sin apenas ir a clase. Tengo claro quién es el incitador de todo ello, pero tampoco tengo pruebas claras para acusarle. No me quedará más remedio que aguantarme e intentar que todo esto quede en el olvido. Mi carta, vacía de conflicto y dirigida a un destinatario anónimo, era un reflejo de esa resignación forzada.

4. Conclusión: Una Carta para Mí

Al final de la clase, me di cuenta de algo. En medio de una «guerra de sexos» con cartas audaces y directas, la mía, aparentemente vacía y sin destinatario, era en realidad la más personal de todas. La de George era para humillarme, la de Elisabeth para defenderse. La mía era para sobrevivir.

Aunque la escribí para un «compañero» que no conocía, el verdadero propósito de esa carta era entenderme y consolarme a mí misma. En un día abrumador, en un lugar donde todos parecían tener una voz menos yo, escribir para nadie fue la única forma que encontré de hablar conmigo misma.

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