Mi nombre en boca de todos

Etiqueta: Esperando a mi Daddy

Thursday, September 7th, 1995. 12:24 PM

El Refugio Roto de la Escritura

Writing workshop. Tenía tantas esperanzas puestas en esa clase esta mañana. Después de la tensión de las otras asignaturas, sobre todo la de Spanish, pensaba que aquí encontraría un pequeño refugio, una oportunidad para mejorar mi escritura y concentrarme en algo que a veces hago por puro entretenimiento, para escapar. Qué irónico. Creía que sería un espacio tranquilo, y se convirtió en el escenario de mi peor pesadilla.

La Carta que Se Convirtió en Burla

La clase comenzó de una forma aparentemente inofensiva. Mrs. Carson, la profesora, nos pidió un ejercicio sencillo: escribir una carta a un compañero sobre cualquier cosa. El tiempo, el verano, una queja… lo que quisiéramos. Parecía una buena idea para empezar a conocernos. Pero apenas habíamos empezado a escribir cuando George Johnson levantó la mano, ofreciéndose voluntario para leer la suya. Se puso de pie, se presentó y dijo que había escrito una «queja» para Elisabeth Stevenson, la chica que antes nos había advertido que nadie le escribiera cartas de amor.

Chico del parque

Pero su carta no era para Elisabeth. Su verdadero objetivo era yo. Lo supe en cuanto empezó a leer en voz alta, para que toda la clase lo escuchara. Cada palabra era como si me estuvieran desnudando en público. Mencionó a «esa Jessica Bond, de la que ya se habla por todo el High School«, y cómo la «tontería de la canción» me había hecho popular en solo dos días. Describió cómo todos los chicos que «no la conocemos, nos imaginamos que es una chica guapa e interesante«. Y entonces lanzó la peor parte, el rumor que me ha estado persiguiendo: «eso de que se diga de ella que es una bomba sexual ha contribuido que se gane la admiración de muchos chicos».

Para rematarlo, su posdata fue una bofetada final: «Si conoces a esa tal Jessica, preséntamela«.

El Eco de la Humillación

Cada palabra de George retumbaba en mi cabeza. Mi impresión es que su carta más que para Elisabeth era para mí. No me sentía halagada; sentía que me habían puesto en el centro de una diana para que todos se rieran. Supe al instante que no era un cumplido, sino una «burla encubierta», un «falso halago» que no me convencía en absoluto. En ese momento, tuve la certeza absoluta de que «la han tomado conmigo».

Mi peor temor se hizo realidad. La estúpida canción de la clase de español de ayer, el ♫ Jess Bond, Jess Bond, you are Jessica Bond… ♫ y la versión aún peor de «bomba sexual», no se habían quedado allí. Comprendí con horror que la broma «se ha extendido más allá de la clase» y que ya no hay «ni un solo rincón donde pueda estar a salvo». Un sentimiento de impotencia y rabia me invadió. Yo no he hecho nada, absolutamente nada, «para que me humillen de esta manera».

Sin embargo, tengo claro quién es el incitador de todo esto. Tiene que ser alguien del St. Francis School, alguien que se toma la justicia por su mano y no considera correcto que me aprobaran la asignatura de español sin asistir a clase. Es una venganza estúpida, pero no tengo pruebas para acusar a nadie. Me siento completamente impotente, porque no es justo que un asunto del St. Francis School se traslade aquí. Además, «no creo que mis calificaciones hayan tenido ningún efecto en las de los demás». Si alguien tiene un problema, «las quejas deberían ser hacia los profesores», no hacia mí. Y viniendo de un colegio como ese… «el St. Francis es un colegio católico y estas actitudes vengativas no resultan muy coherentes con la educación recibida».

La Respuesta de la Profesora y la Continuación del Conflicto

La profesora intervino, pero el daño ya estaba hecho. «Lo que sí os ruego a todos es que evitéis las ofensas a los compañeros», dijo Mrs. Carson, antes de añadir que a sus oídos «también ha llegado esa cancioncita molesta». Nos pidió respeto, pero el veneno ya se había esparcido por la sala. Después, Elisabeth leyó su propia carta de respuesta a George, describiéndolo como un chico que solo juega con los sentimientos de las chicas y al que no le importa nadie. Fue una pequeña victoria, supongo, pero no cambió cómo me sentía. La humillación ya era mía.

Sola Frente al Murmullo

La clase terminó, pero el murmullo y las miradas se quedaron conmigo todo el día. Ahora sé que mi nombre y esa canción horrible están en boca de todos. No tengo a dónde huir ni cómo defenderme en una escuela donde apenas conozco a nadie. Parece que no me queda más remedio que «aguantarme e intentar que todo esto quede en el olvido», aunque ahora mismo no sé cómo lo voy a conseguir. Me siento completamente sola, convertida en el centro de las burlas.

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