Etiqueta: Esperando a mi Daddy
Thursday, September 7th, 1995. 02:30 PM
Un final de día diferente
El día ha terminado. Mientras esperaba el autobús, Yuly se despidió de mí de una forma que no esperaba, una forma que se sintió diferente a todo lo demás que había pasado hoy.
Yuly: «Hasta la vista, caracola. – Se despide con una sonrisa. – Nos vemos mañana.»


Jessica: «See you later, aligator. – Me despido yo también.»
Ha sido un día complicado, lleno de momentos en los que solo quería esconderme. Pero este pequeño intercambio, esta despedida tonta y amistosa, se sintió como el único momento real y significativo de toda la jornada. Un punto y aparte.
Un único punto de interés en un mar de indiferencia
A veces siento que soy un fantasma recorriendo los pasillos del High School, pero Yuly parece ser la única persona que de verdad se ha fijado en mí, la única genuinamente interesada en ser mi amiga. Esta mañana, cuando entré en la clase de español, vi que ya estaba allí y me había guardado el pupitre a su lado. Mi primer pensamiento fue que «…entiendo que Yuly se ha dado prisa en ser de las primeras en llegar para reservármelo, que mantiene el mismo entusiasmo de ayer por afianzar nuestra amistad…».
Su actitud contrasta tanto con la de los demás. La «broma de la canción» que empezó ayer se ha extendido, y cada vez que la oigo me siento humillada. Tengo la sensación de que «…la han tomado conmigo y que la broma de la canción se ha extendido más allá de la clase, como si pretendieran que no haya ni un solo rincón donde pueda estar a salvo, cuando no he hecho nada para que me humillen de esta manera.» Por eso, que Yuly sea tan amable, que busque mi compañía, es tan sorprendente como importante. Es un refugio. Quizás mi única oportunidad, porque es muy posible que no me surja ninguna otra en vista de cómo me fue ayer.

El miedo a que descubra quién soy
Mi principal preocupación, la que no me deja estar tranquila, es que todo este interés se desvanezca cuando me conozca de verdad. Sigo pensando que no tenemos casi nada en común y que tarde o temprano se dará cuenta.
Las diferencias entre nosotras son demasiado grandes:
- El idioma: Ella domina el español, es su lengua materna. Para mí, es una asignatura que me produce arcadas, una obligación que detesto.
- La familia: Ella tiene una vida familiar que parece normal, en su casa de West Roxbury. Yo soy una huérfana que vive en el St. Clare’s Home.
- Las ambiciones: Ella es brillante y quiere matricularse en el nivel de honor. Mi único objetivo es aprobar para que no me encuentre con las maletas en la puerta porque me mandan a Matignon High.
Este miedo no es nuevo, es algo que llevo pensando desde que la conocí. Hoy mismo, en clase, lo volví a sentir: «…aunque yo sigo pensando que no tenemos tanto en común y que según me vaya conociendo se dará cuenta de lo diferentes que somos y preferirá a cualquier otra chica.»
A veces me pregunto si su interés es solo estratégico. Al fin y al cabo, «…Yuly no oculta su interés por conocerme, por lucirse ante Mr. Bacon y, como ella misma me ha confesado, que éste le dé la máxima calificación y así dedicarse a otras asignaturas…». Quizás, cuando tenga su redacción, simplemente se aleje.
La esperanza de Ana (y la mía, quizás)
Intento escuchar la voz de Ana en mi cabeza. Ella siempre me dice que no sea tan negativa, que aproveche las oportunidades. Hoy, esa reflexión ha vuelto con más fuerza: «…como me ha recomendado Ana, a mí me conviene ser un poco menos negativa y no desaprovechar esta oportunidad, porque es muy posible que no me surja ninguna otra…».
Sé que esta amistad con Yuly es justo lo que Ana esperaba, la prueba de que me estoy tomando «en serio» lo de hacer una amiga. Por eso, cuando Yuly ha insistido en su idea de visitarme en el St. Clare’s para hacer el trabajo, he sentido dos cosas a la vez. Por una parte me inquieta, porque implica entrometerse en mi vida, en mi espacio, pero por otro, «…será la ocasión para que Ana compruebe que no le miento cuando aseguro que tengo una amiga en el High School…».
Un paso hacia mañana
Vuelvo a pensar en nuestra despedida. «Hasta pronto, cocodrilo». A pesar de todas mis dudas, de lo diferentes que somos y del miedo a que se decepcione, ese intercambio fue algo más que una simple conversación entre compañeras de clase. Hoy somos un poco más amigas que ayer.
Y aunque mis miedos siguen ahí, he dado un pequeño paso. Un paso concreto. Ella me ha pedido que confirme si puede venir y, en lugar de poner una excusa, le he prometido que lo haría.

Jessica: «Sí, esta tarde lo pregunto y mañana te lo confirmo.»
No sé qué pasará, pero tengo la impresión de que ella tiene má interés que yo en que se fomente esta amistad porque se ha dado cuenta que necesitaré un poco de ayuda para aprobar mientras que a ella le sobra entusiasmo. Aun así, mañana se lo confirmaré.

Origen
- Thursday, September 7th, 1995- página 4
- NotebookLM
