Yuly: ¡Segundo día en el High school!

Etiqueta: Esperando a mi Daddy

Thursday, September 7th, 1995. 02:30 PM

¡Segundo día en el High school! Una nueva amiga y un contraste de experiencias

Por Yuly, personaje

1. Introducción: ¡Ya me siento como en casa!

¡Hola a todos! ¿Qué tal va la semana? Yo estoy que no me lo creo, ¡mi segundo día en Medford High y ya siento que este va a ser un gran año! La verdad es que empezar en un sitio nuevo siempre impone un poco.

Me presento formalmente: soy Julia Stephanie MacWindsor, aunque todos mis amigos me llaman Yuly, y vengo desde West Roxbury, que no está precisamente al lado. Aunque me encanta conocer gente, reconozco que ayer me sentí un poco perdida.

Pero, ¿sabéis qué? ¡Ya estoy empezando a hacer amigas! Y eso me hace muchísima ilusión. Hoy quiero contaros algo que me ha hecho pensar mucho: mi experiencia en la clase de español ha sido el día y la noche comparada con la de mi nueva compañera de pupitre, Jessica. ¡Es increíble cómo una misma situación puede vivirse de formas tan distintas!

2. La clase de español: Dos caras de la misma moneda

Hoy teníamos un pequeño cuestionario con el Sr. Bacon (o, como ya he apuntado en mi cuaderno, «Paco Panceta». Es que «Francis» en español es «Francisco», y el diminutivo es «Paco». ¡No he podido evitarlo!). Y ahí es donde me di cuenta de lo diferente que era la situación para Jessica y para mí.

2.1. Para mí, un repaso divertido

Como muchos ya sabéis, mi madre es española, de Vigo, y en casa el español es el pan de cada día. Así que, cuando el Sr. Bacon nos ha pasado el cuestionario, para mí ha sido como un juego. Las preguntas eran de un nivel bastante básico, así que lo he terminado en un suspiro. He levantado la mano y con toda mi seguridad he dicho: «¡Ya he terminado!«.

El profe me ha dicho que lo repasara, ¡y lo he hecho tres veces! No he encontrado ni un solo fallo. No es por presumir ni nada, de verdad, pero para mí era un nivel muy elemental y me ha parecido hasta divertido.

2.2. Para Jessica, un verdadero desafío

Mientras yo me aburría un poco esperando, he mirado de reojo a Jessica y me he dado cuenta de que lo estaba pasando fatal. Se la veía súper concentrada, pero a la vez muy agobiada con el papel. Me dio mucha pena, porque recordé lo que se siente al estar frente a algo que parece imposible. Para mí son solo palabras, pero para ella era un código indescifrable. Cuando el profesor ha preguntado quién faltaba por terminar, casi todos habían acabado, pero ella ha confesado que todavía iba por la tercera pregunta. En ese momento he comprendido el reto que esta asignatura supone para ella. Al salir de clase, me he acercado y le he dicho: «Si necesitas que te eche una mano, me lo dices«. ¡Para eso están las amigas!

3. Un proyecto en equipo: ¡La excusa perfecta para conocernos!

Ayer, en nuestra primera clase, el ambiente se puso un poco feo. Unos chicos empezaron a burlarse de Jessica cantando una canción muy tonta con su apellido: «♫ Jess Bond, Jess Bond… ♫». Fue súper incómodo para ella. A raíz de ese mal comportamiento, el Sr. Bacon nos mandó hacer una redacción por parejas. Aunque la idea surgió como un «castigo», yo lo vi como una oportunidad de oro. Como yo tampoco conocía a casi nadie, y ella parecía tan perdida como yo después de ese mal rato, me pareció la oportunidad perfecta para que nos ayudáramos mutuamente. Así que no me lo he pensado dos veces y le he propuesto que hiciéramos el trabajo juntas.

El tema es súper interesante: tenemos que escribir sobre sus motivaciones para estudiar español. ¡Quiero saberlo todo! Hoy hemos estado hablando de ello y, para que la redacción quede genial, le he propuesto ir a visitarla y así trabajamos juntas. Estoy segurísima de que vamos a hacer un trabajo increíble y de que toda esta experiencia nos unirá mucho. Como le he dicho a ella: «¡Ya verás cómo merece la pena!«.

4. Charla en el descanso: Rompiendo el hielo

A la hora del almuerzo la he buscado y la he visto sentada, muy callada y con cara de preocupación, seguramente todavía pensando en el mal trago de la clase de español y en lo de ayer. No me gusta ver a la gente así, así que me he acercado para animarla un poco. «¿Te ocurre algo?«, le he preguntado. Aunque al principio estaba un poco reservada, hemos estado charlando un rato y creo que ha sido un paso súper importante para empezar a conocernos de verdad y afianzar nuestra amistad.

5. Reflexión final: ¡Las diferencias nos unen!

Hoy me he dado cuenta de lo diferentes que somos Jessica y yo. Pensar que hace unas horas yo gritaba «¡Ya he terminado!» mientras ella apenas pasaba de la tercera pregunta… parece una locura. Pero justo por eso, porque yo puedo ayudarla con un subjuntivo y ella me recuerda la importancia de la paciencia, creo que esto va a funcionar.

Lejos de separarnos, esas diferencias son precisamente lo que puede hacer que lleguemos a ser grandes amigas. Podemos ayudarnos, aprender la una de la otra y complementarnos genial. Al final del día, al despedirnos, ya teníamos hasta nuestro propio saludo en clave, ¡me ha hecho muchísima ilusión!

  • Yo: «Hasta la vista caracola.»
  • Ella: «Hasta pronto, cocodrilo.»

¡Estoy deseando que llegue mañana!

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