Un almuerzo entre clases

Etiqueta: Esperando a mi Daddy

Friday, September 8, 1995. Bedroom (10:50 PM)

Un almuerzo entre trabajos de clase y planes de tarde

Por Jessica Marie Bond

Introducción: Un respiro en la cafetería

Por fin es viernes. Cruzo las puertas de la cafetería y el murmullo habitual de la hora del almuerzo me envuelve. La mañana ha sido larga, con la cabeza todavía dando vueltas al enorme trabajo de investigación sobre la llegada de los primeros humanos a América que nos han asignado en Historia. Es un tema que me toca de cerca, dado que por mis venas corre sangre de los nativos americanos, así que se supone que es como si estudiara mis propios orígenes.

A eso se suma la clase de Español, que, como siempre, me deja con una sensación de estar completamente fuera de lugar. Sé que cualquier paso en falso en esa asignatura, cualquier osadía, podría tener consecuencias inmediatas: la noticia llegaría al St. Clare’s y me encontraría con las maletas en la puerta porque me mandan a Matignon High.

Busco una mesa libre con la mirada y la veo. Yuly me saluda con la mano, sonriendo. Me siento frente a ella, dejando caer la mochila con un suspiro.

1. Repercusiones del día anterior: George y las chicas «cool»

Apenas me he sentado, Yuly va directa al grano.

Yuly: ¿Estás de acuerdo conmigo en que George es tonto?»,

Me pregunta, en alusión a lo que pasó ayer en mi clase de la señora Carson, de Writing workshop cuando nos pidió que escribiéramos cartas a algún compañero.

Su comentario me transporta de nuevo a la carta que George leyó. Mi impresión es que, más que para Elisabeth Stevenson, la carta era para mí, por las muchas alusiones que hizo. Una burla encubierta convertida en un falso halago.

Yuly: «Quien de verdad metió la pata fue Elisabeth al pedir que las cartas no fueran para ella», continúa Yuly. «Supongo que pretende ser de las ‘cool’ de la clase».

Asiento lentamente.

Jess: «La verdad es que me parece un tanto presumida«- contesto, recordando su advertencia a los chicos.

Yuly suspira.

Yuly: A mí no me gusta ser de las chicas populares porque se lo tienen muy creído y al final son simple fachada.

Sus palabras se quedan flotando entre nosotras. Pienso en las chicas populares, en su seguridad, y luego en nosotras. Yo me he convertido en la chica del St. Clare’s de la que todos los chicos se burlan y ella se hace notar demasiado por su entusiasmo en español. A ninguna de las dos nos quedan muchas opciones: o superamos nuestras diferencias y buscamos esa complicidad, por difícil que sea, o acabamos como dos solitarias que no quieren trato con nadie.

2. Un cambio de tema: La visita de Yuly

Para alejarme de esos pensamientos, decido cambiar de tema y hablar de algo más concreto.

Jess: «¿Esta tarde vienes de visita?», le pregunto.

Su cara se ilumina.

Yuly: En eso habíamos quedado – me responde.- Mi padre ha dicho que me acercará, que la primera vez quiere saber dónde me meto y quizás otro día, si no hay problema, me quedaré a comer y pasaremos juntas toda la tarde.

La idea de que pase toda la tarde conmigo es… extraña. No estoy acostumbrada.

Jess: «En principio me han dicho que no hay problema en que vengas«, – le indico.- «Que te quedes a comer no sé si te dejarán, pero lo hablaré con Ana a ver qué me dice».

3. La confianza de Yuly y el trabajo de español

Yuly no parece preocupada por los detalles. Se encoge de hombros con naturalidad.

Yuly: «Si no se puede, no te preocupes. Comeré aquí, en la cafetería», me contesta, y su atención vuelve a nuestro trabajo. «Estoy segura de que al final nos saldrá un buen trabajo y nos tendrá que poner un A+ a las dos», me dice. Su plan es que, con eso, podremos «dedicarnos a tocarnos la barriga el resto del curso«.

Mientras ella habla, llena de optimismo sobre una asignatura que yo detesto, vuelvo a sentir esa distancia entre nosotras. Ella es estudiosa y segura. Yo solo estoy en esa clase por obligación; Ana me lo ha puesto como requisito indispensable para poder seguir en el St. Clare’s. Me pregunto qué pasará cuando todo esto acabe. En cuanto entreguemos el trabajo, mi compañía la considerará una distracción, un estorbo. Supongo que ese distanciamiento no será muy repentino, pero sí cuestión de tiempo.

Conclusión: Una amistad inesperada

Terminamos de comer mientras pienso en lo rara que es esta situación. No entiendo del todo por qué Yuly tiene tanto interés en ser mi amiga. Quizás es porque las dos estamos un poco solas, ella por ser de West Roxbury y yo por… bueno, por ser yo. Desconfío de que esto dure. En cuanto encuentre a alguien más afín a ella, probablemente se olvide de mí.

Sin embargo, mientras la escucho hablar de sus planes, tengo que admitir algo: su compañía es preferible a la soledad. Me da la impresión de que los chicos me ven menos desamparada y se burlan menos cuando estoy acompañada. Quizás, por ahora, eso es suficiente.

Origen

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.