Viernes a las 02:30 PM en el Patio

Etiqueta: Esperando a mi Daddy

Friday, September 8, 1995. Bedroom (02:50 PM)

Viernes a las 02:30 PM en el Patio

Por Yuly

Son las dos y media de la tarde del viernes, 8 de septiembre. El timbre ha sonado hace un buen rato y el patio del Medford High School se está vaciando a una velocidad increíble. Me apoyo contra la pared de ladrillo, viendo cómo el río de estudiantes se dispersa en todas direcciones. Supongo que desde fuera debo tener lo que Jessica llamaría una «cara de aburrida y de temer que la espera se le hará larga». No se equivoca. Mi padre todavía no ha llegado, y siento que soy una de las últimas almas que quedan en este patio, un punto fijo mientras el resto del mundo escolar se pone en movimiento hacia el fin de semana.

Justo en ese momento, la veo. Jessica sale por la puerta principal, con la mochila al hombro y la mirada fija en la parada del autobús. Camina con ese paso decidido que tiene, como si supiera exactamente a dónde va. Me pregunto si es una coraza, una forma de decirle al mundo que no se metan con ella, aunque por dentro sienta que está más perdida que nadie.

Cuando pasa cerca de mí, le dedico una sonrisa.

Yuly: «Hasta la vista caracola», le digo. «Nos vemos esta tarde».

Ella me devuelve una media sonrisa y responde con esa chispa de ingenio que a veces deja ver.

Jess: «Hasta pronto, cocodrilo», me dice, y casi sonríe de verdad.

La observo mientras sube los escalones del autobús amarillo. El vehículo arranca con un gruñido, se aleja de la acera y desaparece al girar la esquina. Y de nuevo, estoy sola.

Photo by Mihai Vlasceanu on Pexels.com

La espera me da tiempo para pensar. Es increíble cómo han cambiado las cosas en apenas unos días.

Jessica y yo no podríamos ser más diferentes. Yo soy de West Roxbury, y para mí el español es casi como una segunda piel gracias a mi madre y a los veranos en Vigo. Ella es de Medford y, por lo que he visto, la asignatura le provoca casi alergia. Y sin embargo, es esa misma asignatura la que nos ha unido. Es increíble, si lo pienso. La materia que para mí es un paseo, la que a ella le cuesta tanto, es la única llave que tiene para encontrar a su padre. Y ahora, por ese mismo trabajo que nos encargó Mr. Bacon sobre sus motivaciones para estudiar español, voy a su casa. Es como si el destino nos estuviera empujando.

St Clare// Diseño 3D

Esta tarde voy a ir a su internado, St. Clare’s Home for Girls. en Fulton Heights,  Medford, Massachusetts, subiendo por Fulton St., pasado el St. Francis School, una casa de ladrillos rojos, que hace esquina, con una furgoneta blanca delante de la puerta del garaje, con el logo del internado, donde «All are wellcome».

Furgoneta del St. Clare’s//Nano Banana

Mi padre se ha empeñado en llevarme, «quiere saber dónde me meto«, como le conté a Jessica durante el almuerzo. Tiene sentido, supongo. Siento una curiosidad enorme. Para mí, «casa» es mi habitación en West Roxbury, con mis padres, el ruido de siempre. Para ella, es un lugar que me imagino lleno de normas y de otras chicas, un mundo completamente distinto. Espero que le guste que vaya. Para mí es una oportunidad de conocerla de verdad, fuera de los pasillos del instituto donde todo el mundo parece tener ya su grupo.

Pienso en lo que me ha contado sobre sí misma y me invade una sensación que va más allá de la simple curiosidad. Fue un bebé abandonado, se ha criado en el St. Clare’s Home toda su vida. Y lo más increíble de todo: lo único que sabe de su padre es que nació en Toledo, España. Su vida es un completo misterio, mientras que la mía se siente tan sólida, tan presente, con mis padres, mi tío Luis, mis veranos seguros y predecibles en Vigo. ¿Se sentirá sola a veces? ¿Cómo se puede vivir sin conocer tu propia historia?

Quizás por eso me molestó tanto el otro día en clase cuando George, ese idiota, empezó a canturrear la estúpida canción de «Jess Bond». Sentí un impulso de protegerla, una rabia que no pude contener y exclamé en voz alta para que todos me oyeran: «¡Este tío es imbécil!». Por supuesto, me metí en un lío, pero no me arrepiento. Ella no se merece que se burlen así de ella.

El rugido de un motor familiar interrumpe mis pensamientos. Levanto la vista y veo el coche de mi padre doblando la esquina y acercándose lentamente a la entrada del instituto. Sonrío para mis adentros.

La espera ha terminado. Ahora, a conocer el mundo de Jessica.

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