Un viaje al St. Clare’s

Etiqueta: Esperando a mi Daddy

Friday, September 8, 1995. Bedroom (04:00 PM)

Un viaje al St. Clare’s

Por Julia MacWindsor (Yuly) // personaje

Es viernes, 8 de septiembre, y el pesado almuerzo en casa de los abuelos todavía me revuelve el estómago. El sol de la tarde entra por la ventanilla del coche de papá, y el olor a tapicería vieja mezclado con su colonia me da un poco de sueño. En la radio, la voz de Dolores O’Riordan canta algo suave, pero no puedo desconectar. El viaje se siente interminable, cada semáforo una pausa demasiado larga en el camino hacia lo desconocido. Vamos a Medford, a un lugar llamado St. Clare’s Home for Girls. Voy a visitar por primera vez a mi nueva amiga, Jessica, y la verdad es que no sé absolutamente nada del sitio, igual que, hasta hace unos días, no sabía casi nada de ella.

¿De verdad Medford está tan lejos? No puede ser. Papá dice que está a pocos pueblos de distancia, pero mi ansiedad hace que cada kilómetro parezca diez. Mis palmas están algo sudorosas y no puedo evitar mirar una y otra vez las indicaciones que garabateé en una servilleta, aunque sé que papá las tiene justo en el asiento de al lado.

¿Y si me equivoqué? ¿Y si nos perdemos y tenemos que volver? Estoy a punto de entrar en un mundo que no tiene nada que ver con mi vida en West Roxbury, con mis padres y mi rutina cómoda y predecible. Me gustaría poder buscar qué es exactamente un «hogar para chicas», pero ¿a quién le preguntas algo así sin sonar rara?

Cierro los ojos un momento y pienso en Jessica Bond.

Jessica por los pasillos del high school

Es tan… complicada. En el instituto, los chicos le cantan esa canción estúpida, llamándola «bomba sexual» en un tono que es mitad burla y mitad curiosidad. Es cruel, claro, pero lo que más me impresiona es cómo ella parece no inmutarse, como si llevara una armadura invisible.

Y luego está el gran misterio: es huérfana y lo único que sabe es que su padre, a quien llama «Daddy», nació en Toledo, España. Es tan extraño. Se aferra a lo único que sabe de su padre, a esa ciudad lejana, pero rechaza el idioma que lo acompaña con una terquedad casi feroz. «I don’t speak Spanish«, repite como un mantra, como un escudo, aunque su tutora, Ana, le haya puesto como condición para quedarse en el St. Clare’s que apruebe la asignatura.

Y ahí es donde entro yo. Hemos formado esta alianza extraña para el trabajo de Español. Nuestras motivaciones no podrían ser más diferentes, y me doy cuenta de repente de lo privilegiada que soy. Yo quiero sacar una A+ para quitarme la asignatura de encima y centrarme en otras cosas. Para mí, se trata de una nota. Para ella, es su hogar. Es aprobar o arriesgarse a que la manden a otro sitio. No puedo ni imaginarme esa clase de presión.

Don: Creo que ya estamos llegando.- dice mi padre,

Su voz me saca de mis pensamientos. Entramos en un barrio llamado Fulton Heights. Las casas son distintas a las de mi calle, más juntas. Papá reduce la velocidad mientras subimos por Fulton Street, buscando el número.

Yuly: «Más despacio«, le pido, con el corazón latiéndome con fuerza en el pecho

Y entonces lo veo. Justo como me habían indicado: un edificio de ladrillo rojo con una furgoneta blanca aparcada delante de la puerta del garaje. Es ese. Sin duda. Es el St. Clare’s Home for Girls.

fachada lateral

El coche se detiene con suavidad frente al edificio. Papá apaga el motor y el silencio repentino se llena de una expectación casi palpable. Siento un alivio inmenso por haber llegado por fin, pero al mismo tiempo, una oleada de nervios me recorre el cuerpo. Estoy en el umbral. Detrás de esa puerta de ladrillo no solo hay un edificio, está la vida real de Jessica, un mundo que solo puedo imaginar. Tomo aire, con la mano suspendida sobre la manija de la puerta, preparándome para cruzarlo.

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