Etiqueta: Esperando a mi Daddy
Friday, September 8, 1995. St. Clare’s Home (06:30 PM)
Viernes por la tarde: Un pequeño lujo en el St. Clare’s
Por Jessica Marie Bond
Una pregunta sencilla con una respuesta complicada
La visita de Yuly ha terminado. Se ha marchado con su padre y, después de la despedida, Ana me ha dicho:
Ana: Aprovecha y date una ducha. Así te irás a la cama fresca y limpia.

Mi respuesta ha sido instantánea, casi sin pensarla: "¿Me dejarán las demás?".
Puede parecer una pregunta extraña. En la mayoría de las casas, una ducha es algo que simplemente se hace, sin más. Pero aquí, en el St. Clare’s, donde somos quince chicas viviendo juntas, las cosas son diferentes. El aseo personal no es un acto privado y espontáneo, es un asunto de organización y convivencia. Mi pregunta lo dejaba claro.
La rutina habitual: Compartir es la norma
Normalmente, el cuarto de baño es un espacio congestionado. Con tantas de nosotras, siempre hay alguien esperando o necesitando entrar. Tenemos normas de limpieza, claro. Ana me lo ha recordado hoy con una advertencia cómplice.
Ana: ¡Cómo esperes a que sea Monica quien te lo ordene, tendrás que restregarte detrás de las orejas!

Hay una supervisión constante, unas expectativas de higiene que todas debemos cumplir, y eso significa que el tiempo y el espacio son compartidos y regulados.
La excepción del fin de semana: Cuando la casa se vacía
Pero los viernes por la tarde son distintos. La costumbre aquí es que casi todas las chicas se vayan a pasar el fin de semana con sus familias de acogida. La casa se vacía, el ruido habitual desaparece y una extraña tranquilidad se instala en los pasillos.
Es en ese silencio donde la sugerencia de Ana cobra todo su sentido.
Ana: "Aprovecha que ahora no te molestará nadie y tienes el cuarto de baño a tu entera disposición", me ha dicho.

Este momento es un respiro de la rutina, una pausa en la vida comunitaria que define mis días. Por eso no tengo que preocuparme por las demás. Porque no hay «demás».
Mi situación especial: Por qué yo me quedo
De las quince chicas, soy la única que no se va los fines de semana. No es porque no haya tenido la misma suerte que las demás; en el pasado, las tutoras intentaron buscarme familias de acogida, como a todas. Pero mi reacción siempre era la misma: me escapaba. Me escondía en el parque o en los alrededores hasta que el peligro pasaba.
Ahora ya han «desistido en esa búsqueda». Se dieron cuenta de que era inútil, de que yo no cedería. Soy cabezota a más no poder, lo sé, y nadie me convencerá de lo contrario: solo esperaré a Daddy. Supongo que, al hacerme mayor, las cosas han cambiado. Ya no soy «tan pequeña» y no me es tan fácil colarme por cualquier sitio como hacía antes. Es lo malo de hacerse mayor, aunque también tiene sus cosas positivas. Mis costumbres han cambiado y el trato de las tutoras también. Han aceptado mi decisión. El St. Clare’s, esta casa de acogida tutelada por la parroquia, se ha convertido en mi hogar «a todos los efectos», y esta permanencia es una excepción que han hecho conmigo.
La ducha como un símbolo
Así que supongo que esta es una de «las cosas positivas» de hacerse mayor y de mi situación. Poder darme una ducha un viernes por la tarde, sin prisas, con el baño para mí sola, es un pequeño lujo. Más que eso, es un momento de autonomía, de tener un espacio propio en una vida que es casi por completo comunitaria. Es una sensación de normalidad, como si fuera una chica normal en una casa normal.
Voy a seguir el consejo de Ana. Un momento solo para mí, sin tener que pensar en las demás, en el instituto, ni en nada… bueno, en casi nada. Porque en el silencio, cuando el agua cae, es cuando más fácil es pensar en él. En Daddy.

Origen
- Esperando a mi Daddy. Friday, September 8, 1995- Página 5
- Conversación con Jessica// Gem de Gemini
- NotebookLM
