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El Eco del «¿Cómo?»: Navegando un Mundo que No Siempre Entendemos
Por Jessica Marie Bond
¿CÓMO?
¿Cómo? ¿alguien puede responderme?
La palabra de mis labios me delata
mis actos me alejan de la humanidad
la gente dice que voy contracorriente
pero nadie me ha explicado cómo.
Busco el amor y sólo encuentro barreras
destacar, hacer ver que no soy distinto
aunque no tenga los mismos gustos
no soy de los copian en los exámenes
de los que siempre quieren llegar tarde
pero destaco por todo lo que no hago
por aquello que debería ser natural
pero cómo, si nadie me lo explica
nadie me dedica un instante del tiempo
tan solo juzga y multiplican mis palabras
me confunden y hablo confundiendo
¿cómo? yo tampoco lo entiendo.
Manuel Pellicer Sotomayor 1994
«¿Cómo? ¿alguien puede responderme? La palabra de mis labios me delata, mis actos me alejan de la humanidad…»
Si estas palabras resuenan en algún rincón de tu alma, si alguna vez has sentido esa punzada de desconexión, como si hablaras un idioma que nadie más comprende, quiero que sepas algo: no estás solo. Esa sensación de ser un extraño en tierra conocida, de que tus intenciones se pierden en la traducción y tus principios te aíslan en lugar de conectarte, es una experiencia profundamente humana, aunque solitaria.
Este no es un artículo con respuestas mágicas a ese «¿cómo?» que retumba en el silencio. Más bien, es una invitación a explorar juntos las raíces de este sentimiento. Es una brújula para que empieces a trazar tu propio mapa en un mundo que a menudo parece no tener un lugar para ti. Analizaremos el dolor de ir «contracorriente» y, lo más importante, cómo podemos transformar esa lucha en nuestra mayor fortaleza.
Sección 1: El Laberinto de la Incomprensión: «Juzgan y multiplican mis palabras»
Para empezar a navegar, primero debemos entender el mapa del laberinto en el que a menudo nos encontramos. El núcleo del problema es la brecha dolorosa entre quiénes somos por dentro y cómo nos percibe el mundo por fuera.
1.1. La Distorsión del Espejo Social
Todos nos miramos en un espejo social para entendernos. El problema es que ese espejo no siempre es fiel; a menudo está distorsionado por las expectativas, los prejuicios y las normas no escritas de los demás. Tus palabras y acciones, aunque nazcan de la más pura autenticidad, pueden ser malinterpretadas a través de este filtro.
Por ejemplo, decides no copiar en un examen por integridad. Para ti, es un acto de honestidad. Para el grupo, puede ser visto como un acto de soberbia o de no querer «ser uno de ellos». Llegas siempre puntual porque valoras el tiempo de los demás. Para otros, puedes parecer rígido o poco relajado. Tus principios, que son tu ancla, se convierten en las rocas contra las que los demás chocan, y te culpan por ello.
1.2. El Ciclo de la Confusión: «Me confunden y hablo confundiendo»
Cuando te sientes constantemente juzgado y malinterpretado, es natural que empieces a dudar de ti mismo. «¿Será que estoy mal? ¿Quizás debería ser diferente?». Esta duda interna se proyecta inevitablemente hacia el exterior. Tu comunicación se vuelve vacilante, te disculpas sin saber por qué, o te encierras en un silencio protector.
Esto crea un círculo vicioso devastador:
- Te sientes incomprendido.
- Empiezas a dudar de tu forma de ser y de comunicarte.
- Hablas y actúas con inseguridad, lo que te hace parecer aún más confuso o distante para los demás.
- Generas más incomprensión, lo que refuerza tu sensación inicial de aislamiento.
Y así, el laberinto se vuelve más y más complejo, y la salida parece cada vez más lejana.
Sección 2: La Paradoja de Ser Genuino: «Destaco por todo lo que no hago»
Este laberinto de incomprensión nos lleva a una de las paradojas más dolorosas: ser definido no por lo que eres, sino por lo que no eres.
2.1. El Manual de Instrucciones No Escrito
La sociedad funciona con un sinfín de reglas y códigos implícitos que nadie se molesta en explicar. Se asume que todos los conocemos. Son las bromas internas, los tiempos sociales, las pequeñas mentiras piadosas para «encajar». Cuando no captas estas normas de forma natural, te sientes como si te hubieras saltado una clase fundamental para la vida.
La pregunta que surge es desgarradora: ¿es un fallo personal no entender estas reglas o es, en realidad, una oportunidad para cuestionarlas? Ir «contracorriente» es vivir constantemente en ese dilema.
2.2. Ser Definido por Ausencias
«No soy de los que copian», «no soy de los que llegan tarde», «no soy de los que ríen los chistes crueles». Tu identidad, a ojos de los demás, se construye sobre un vacío, sobre todo aquello que evitas y rechazas. En lugar de verte como alguien íntegro, puntual y empático, te ven como «el que no participa», «el raro», «el aburrido».
Es como si tu presencia fuera una silueta definida por todo lo que no contiene. Y esta es una carga inmensamente pesada. Hazte esta pregunta: ¿te has sentido alguna vez más visible por lo que rechazas que por lo que abrazas y construyes?
Sección 3: La Búsqueda de Conexión: «Busco el amor y sólo encuentro barreras»
En el fondo de toda esta confusión, late un deseo universal y primario: el de conectar. El de ser visto, aceptado y amado por quien eres. Pero es precisamente en esta búsqueda donde encontramos las barreras más altas.
3.1. Autenticidad vs. Aceptación
El conflicto interno se agudiza. Por un lado, anhelas «hacer ver que no soy distinto». Por otro, tus principios y tu forma de ser son innegociables. Esto te sitúa en una encrucijada constante: ¿cuánto de mí mismo estoy dispuesto a sacrificar para pertenecer? ¿Debo reírme de ese chiste, llegar un poco tarde a propósito, fingir interés en algo que me es indiferente?
A menudo, la barrera más grande no la ponen los demás, sino nosotros mismos. Construimos muros a base de experiencias pasadas. Anticipamos el rechazo, el juicio y la incomprensión, y nos cerramos antes incluso de dar una oportunidad real a la conexión. Nos protegemos tanto del dolor que acabamos aislándonos del amor.
3.2. Cuando «Ser Natural» Te Aísla
Aquí yace la ironía más cruel de todas. Lo que para ti es «ser natural» —la honestidad, la puntualidad, la originalidad, la lealtad a tus valores— se convierte en la principal fuente de tu aislamiento. Es como ser un pez de agua dulce que, por su propia naturaleza, no puede sobrevivir en el océano salado donde todos los demás parecen nadar cómodamente.
Pero detente un momento a pensar. Quizás el problema no reside en ti, sino en un entorno que, en ocasiones, valora más la conformidad superficial que la integridad profunda. Quizás tu naturaleza no es errónea; simplemente estás nadando en las aguas equivocadas.
Sección 4: Empezando a Responder el «¿Cómo?»: Pasos para Encontrar tu Propio Idioma
Este sentimiento de desconexión no tiene por qué ser un callejón sin salida. Es, en realidad, una invitación a la acción, un llamado a construir tus propios puentes. Aquí tienes algunos pasos prácticos para empezar a encontrar tu propia respuesta al «¿cómo?».
4.1. Dejar de Pedir Permiso para Ser
El cambio más poderoso que puedes hacer es un cambio de pregunta. Deja de preguntar «¿cómo encajo?» y empieza a preguntar «¿dónde encajo?». La solución no está en moldearte para caber en espacios que te aprietan, sino en encontrar los lugares y las personas que ya tienen tu forma.
Busca tu «tribu». Hoy, gracias a la tecnología, es más fácil que nunca. Únete a foros online sobre tus intereses específicos, busca grupos locales de lectura, senderismo, voluntariado o cualquier cosa que te apasione. Cuando estás rodeado de personas que comparten tus valores y pasiones, dejas de ser «el raro» y te conviertes simplemente en tú.
4.2. Traducir, No Disculparse
No tienes que disculparte por ser quien eres, pero puedes aprender a traducir tu mundo interior para los demás. Se llama comunicación asertiva. En lugar de un silencio incómodo cuando llegas puntual y los demás no, puedes decir con calma: «Para mí es importante llegar a tiempo porque valoro mucho nuestro tiempo juntos».
Y no subestimes el poder de la vulnerabilidad. A veces, un simple «Me siento un poco fuera de lugar en grupos grandes» o «Me cuesta entender las bromas a veces, no es nada personal» puede desarmar las defensas de los demás y crear más puentes que fingir una confianza que no sientes.
4.3. Convertirte en tu Propio Maestro
El texto original pide «un instante del tiempo para explicarme». Dátelo a ti mismo. Dedica tiempo a entenderte. Un diario puede ser una herramienta increíble para explorar por qué valoras lo que valoras y por qué te duelen ciertas cosas.
Practica la aceptación radical: acepta que quizás nunca entiendas del todo el «cómo» de los demás, y que eso está perfectamente bien. Tu «cómo» es válido por sí mismo, sin necesidad de validación externa. Tu valía no depende de que los demás te comprendan.
Conclusión: «Yo tampoco lo entiendo… y ese es el comienzo»
El viaje que hemos recorrido en estas líneas nos lleva de vuelta al principio, a esa pregunta desgarradora, pero con una nueva perspectiva. Hemos explorado el dolor de la incomprensión, la paradoja de la autenticidad y las estrategias para construir puentes hacia nosotros mismos y hacia los demás.
La frase final, «¿cómo? yo tampoco lo entiendo.», no tiene por qué ser una declaración de derrota. Puede ser, y debe ser, un punto de partida. Es el reconocimiento humilde y honesto de que no tienes todas las respuestas, y esa vulnerabilidad es el primer paso para construir un camino propio, genuino y significativo.
Tu «contracorriente» no es un error de navegación; es tu corriente. En lugar de luchar contra ella, aprende a navegarla con orgullo. Tu voz, aunque al principio parezca confusa para el mundo, tiene su propia melodía única. La tarea no es cambiarla para que suene como las demás, sino encontrar a quienes, por fin, quieran detenerse a escucharla. Y te aseguro que están ahí fuera, esperando.
Origen
- Conversación con Jessica. Gem de Gemini
- Mi app «I think that»
- https://manuelpellicer.com/2021/06/22/poemas-de-1994/15/
