¡Socorro! Mi vida a las 6:00 AM

Etiqueta: Esperando a mi Daddy

Wednesday, September 13, 1995 – 06:00 AM

¡Socorro! Mi vida a las 6:00 AM (Crónicas de una desterrada en Medford High)

Por Julia Stephanie MacWindsor (Yuly)

El Despertar de la Bestia (o de Yuly)

¡A ver, que alguien me lo explique ahora mismo o rompo algo! ¿Qué clase de tortura medieval es esta? Son las seis de la mañana y mi despertador está chillando como si le estuvieran pisando la cola a un gato. Es una auténtica pesadilla, un drama total. Mientras el sol sigue ahí tan tranquilo, yo tengo que emerger de entre mis sábanas como un zombi con melena rubia, pero sin ninguna gracia.

Yuly despertando

Sinceramente, creo que el universo conspira contra mi naturaleza vitalista. Por mis venas corre la sangre de Vigo (gracias, mamá Carmen, por esa energía gallega de 1952), pero estoy atrapada en la fría y oscura realidad de West Roxbury. Mi parte «MacWindsor» irlandesa debería estar acostumbrada a la niebla, pero mi parte viguesa solo quiere quedarse en cama haciendo el «perezoso» hasta las diez. Levantarme a estas horas no es ser una persona normal; es ser un sacrificio humano para el horario del sistema escolar de Massachusetts. ¡Es que no puedo con mi vida!

Oda al Colegio de Enfrente (El Paraíso Perdido)

Hubo un tiempo, amigos, en que la vida era una balsa de aceite. Un tiempo en el que mi única preocupación era qué goma del pelo llevar en la muñeca (siempre llevo dos, por si acaso). Antes, ir al colegio no requería un plan logístico de la NASA; solo tenía que cruzar la calle y ¡pum!, ya estaba allí. Ahora, desde que me arrastran hasta Medford High, siento una morriña que me mata.

Extraño tanto tener el colegio al otro lado de la calle que a veces me dan ganas de llorar (de forma muy estética, claro). Aquí os dejo lo que más me duele de haber perdido mi paraíso:

  • Dormir hasta que el cuerpo diga «basta»: Podía apurar el sueño hasta el último segundo porque mi cama y mi pupitre estaban a cinco minutos. Ahora mi cama es un recuerdo lejano.
  • Independencia total: No dependía de coches, ni de conductores estresados, ni de los caprichos del tráfico de Boston. Era libre como un pájaro, ahora soy una prisionera del asiento del copiloto.
  • Paz mental: No tenía que calcular rutas de escape ni sufrir microinfartos viendo cómo avanza el minutero. Mi salud mental estaba por las nubes, ahora está por los suelos.

La Carrera de Obstáculos: West Roxbury – Medford

Cruzar la distancia entre West Roxbury y Medford cada mañana es como participar en un rally donde el premio es… llegar a clase de 9º grado antes de las ocho menos cuarto (07:45 AM). ¡Es un estrés que no le deseo ni a mi peor enemigo! Si nos pilla un semáforo en rojo más de la cuenta, siento que el mundo se colapsa y mi historial de puntualidad se va al traste.

En el asiento del copiloto

Estar en el asiento del copiloto con mi padre es una experiencia extrema. Mi pobre padre, de pura cepa irlandesa, tiene que aguantar mi verborrea en español desde buena mañana. Intento usar mi mejor «mimoseo» —ya sabéis, esa manipulación dulce que solo nosotras sabemos hacer— para que pise el acelerador, adelante a ese camión lento o se salte un ámbar. «¡Venga, que no llegamos, te lo juro!«, le digo mientras vigilo el reloj con pánico en mis ojos verdes. Cada vez que frenamos, mi ansiedad sube tres niveles. ¡Es un rally constante!

El Factor «Outsider» y la Supervivencia Académica

Y después de toda esta odisea, llego a Medford High con unas ojeras que me llegan a los pies. ¿Y todo para qué? Para sentarme en Spanish I con el bueno de «Paco Panceta» (mi querido Mr. Bacon).

A ver, seamos realistas: soy una estratega. He sacado A+ constantes desde 5º grado y el español es mi lengua materna gracias a mi madre. Estar en nivel básico es mi jugada maestra de pragmatismo para «rascarme la barriga» y asegurar el sobresaliente sin despeinarme. Mientras Paco Panceta intenta explicar gramática, yo me dedico a conquistar socialmente el aula. Siempre le guardo el sitio a Jessica, mi chica invisible; no voy a dejar que se sienta sola ni que los plastas como Gabe la molesten con sus cancioncitas estúpidas. Si alguien intenta meterse con ella, se encuentra conmigo.

Madrugar de esta manera es un crimen contra mi naturaleza y mi derecho fundamental a estar radiante frente a la pizarra.

Reflexión Final: ¿Vale la pena el esfuerzo?

Al final del día, aunque me queje y haga un drama de cada minuto, sé que Medford High necesita mi energía europea. Me han llamado «Spanish Omelet» para intentar burlarse de mí, pero ¿sabéis qué? Me encanta. He reclamado el nombre porque una «Tortilla Española» tiene mucha más sustancia que cualquier muffin rancio de por aquí. Uso ese apodo para que Jessica vea que a mí también me han intentado chinchar y que aquí sigo, divina y entera.

Pero en serio, ¿hay alguien más ahí fuera que sufra este exilio matutino? ¿O soy la única desterrada que recorre medio estado antes de que salga el sol?

Disclaimer final: Que nadie se confunda, aunque esté para el arrastre y tenga un sueño que me muero, sigo siendo la reina absoluta de este instituto. Eso sí, una reina que exige una siesta de tres horas y que nadie se atreva a despertarla.

Yuly acostada en su cama// Nano Banana

Origen


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