Más que una chica de West Roxbury

Etiqueta: Esperando a mi Daddy

Saturday, September 11, 1995 – 11:05 AM

Más que una chica de West Roxbury: El poder de la Matrícula de Honor

Por Julia Stephani McWindor (Yuly)

Introducción: Rompiendo el molde en el MHS

Son las 11:00 AM y aquí, en el patio de Medford High, el aire huele a pizza de cafetería y a esa mezcla de libertad y nervios que solo se siente en el recreo. Mientras Jessoca me mira con esos ojos de «no entiendo nada de lo que lees», me doy cuenta de que no soy una chica más de West Roxbury. Mis abuelos, personas modernas y trabajadoras, se sacrificaron para que mi madre y mi tío tuvieran la educación que ellos no pudieron alcanzar, y ese legado pesa en mi mochila tanto como mis libros. No quiero ser «una más del montón» que pasa por los pasillos de MHS sin dejar huella. Mi expediente académico es mi pasaporte para salir del barrio y mi herramienta para demostrar que, aunque vengas de una familia humilde, puedes sentarte a negociar con cualquiera. Como siempre le digo a Jess cuando se agobia: la clave no es estudiar para aprobar, es estudiar para que nadie pueda decirte que no perteneces aquí.

La ventaja competitiva: ¿Por qué esforzarse por la excelencia?

Ser una alumna de matrícula de honor no es una cuestión de ego, es una estrategia de supervivencia y poder. Basándome en mi día a día con profesores y compañeros, estas son las ventajas reales de buscar el diez:

  • Visibilidad ante el profesorado: Cuando destacas, dejas de ser un número en la lista. Profesores como Mr. Panceta (sí, el de Spanish) dejan de verte como una desconocida y empiezan a tratarte como una interlocutora válida.
  • Crédito de confianza: Mi trayectoria me da la libertad de arriesgarme. Si decido escribir una redacción sobre la raíz ideológica del término «castellano» frente al «español», sé que mi reputación me permite ser sincera y no una simple «pelota» (teacher’s pet). Me da el derecho a disentir sin miedo al castigo.
  • Influencia positiva: Ser la mejor de la clase me pone en una posición privilegiada para detectar el talento oculto. Como le digo a Jessica, ella es una auténtica joya en bruto; mi papel es motivarla para que vea lo que un profesor con vocación vería en ella: un reto que vale la pena.

El factor bilingüe: Mi herencia como pilar del éxito

Mi seguridad académica no nació en un aula de West Roxbury, sino en los veranos en Vigo. Mi tío Luis fue quien moldeó mi disciplina; se empeñó en que hablara castellano «por las buenas o por las malas». Al principio me resistía y siempre recurría al inglés, pero esa «tozudez» que él me impuso para dominar el idioma es la misma que hoy aplico para resolver problemas de álgebra o redactar ensayos históricos.

Dominar la «lengua culta» —el estándar que el Rey Alfonso X impulsó en el siglo XIII para unificar el conocimiento— es mi arma secreta. No solo hablo español por herencia, sino que entiendo su carga política y social. Esa sofisticación intelectual es la que uso para dejar a Mr. Panceta con la boca abierta. Además, el bilingüismo me ha dado una astucia especial: en casa, cuando quiero conseguir algo de mi padre (que es de ascendencia irlandesa y solo chapurrea español por amor a mi madre), le hablo en castellano con mi mejor tono de «niña buena». Esa capacidad de persuasión la traslado a cada examen y a cada debate escolar.

Percepción Docente: De «desconocida» a «estudiante destacada»

La diferencia entre pasar desapercibida y ser una alumna de honor es la diferencia entre que te cierren la puerta o que te den las llaves del instituto.

AspectoAlumna PromedioAlumna de Honor (Yuly)
Relación con el profesorEs una desconocida; comunicación mecánica.Existe un vínculo de sinceridad; se atreve a usar motes como «Mr. Panceta» con complicidad.
Expectativas de resultadosMiedo constante al suspenso o a la expulsión.Seguridad total en el aprobado; optimismo basado en la preparación.
Nivel de autonomíaSigue instrucciones al pie de la letra por miedo.Alta autonomía: Propone redacciones polémicas y originales en español para desafiar el sistema.
Visión del fracasoLo ve como un final de trayecto.Lo ve como una injusticia que puede rebatir con argumentos sólidos.

Desmontando prejuicios: West Roxbury en el mapa

A veces siento que la gente espera menos de nosotras por venir de donde venimos. Pero el éxito académico tiene una forma curiosa de borrar las etiquetas geográficas. Mi «tozudez», esa que Jessica cree que es un problema, es en realidad mi motor. Ser la mejor de la clase no se trata de memorizar datos para que los adultos estén contentos; se trata de disfrutar el proceso de aprendizaje y de usar tu inteligencia para que nadie te mire por encima del hombro. En Medford High, no soy «la chica de West Roxbury»; soy la estudiante que domina dos idiomas y que no tiene miedo de decirle la verdad a sus profesores. Mi capacidad intelectual define mi posición, no mi código postal.

Conclusión: Un mensaje para las que vienen detrás

A todas las que se sienten desmotivadas o creen que el español (o cualquier otra materia) es «superior a sus fuerzas», les digo: no se rindan. El esfuerzo es la única llave que Mr. Panceta o cualquier otro profesor no puede quitarles. Usen su curiosidad innata como escudo y su disciplina como espada.

«La excelencia no es para que los profesores te miren; es para que tú finalmente veas de lo que eres capaz.»

Sigan adelante, mantengan esa cabezonería que nos hace únicas y, sobre todo, ¡disfruten del camino! Nos vemos en clase… o corriendo en Physical Education, si es que logran seguirme el ritmo.

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