SUNDAY, JULY 02, 1995

(…)

04:00 PM. City, wherever they want

Nos hemos bajado del coche y el panorama que encuentro a mi alrededor es completamente distinto al que había cuando nos subimos, como si hubiéramos recorrido cientos de kilómetros para llegar hasta aquí, aunque tampoco hemos ido muy lejos porque, según mi reloj, no hemos tardado más de quince minutos y yo no aguanto mucho más tiempo con los ojos cerrados y sin querer saber lo que pasa a mi alrededor. Estamos en la ciudad, aunque no en la entrada, porque tengo la sensación de que hemos callejeado durante un rato hasta llegar aquí, por lo cual me siento igual de perdida y desorientada. Lo único que tengo claro es lo que Ana les ha pedido a sus amigos sobre el sitio en que debían dejarnos, porque no se han quedado con nosotras: “wherever they want”. Ese sitio puede ser cualquiera, en esta ocasión parece la entrada a un castillo o a un recinto amurallado, pero no es cómo esos de las películas en que en torno a la muralla hay un foso al otro lado y en frente una extensa explanada por la que en la antigüedad se veía llegar a los enemigos y en la actualidad es por donde se extiende la ciudad. En este caso, en paralelo a la calle, avenida o como se considere esto, hay un parque y seguido de un barranco, aunque a lo lejos se distinguen algunos edificios. No he visto lo que había mientras veníamos hacia aquí, pero me ha dado la sensación de que eran muchas subidas y bajadas. Casi he llegado a pensar que dábamos vueltas por la urbanización o por los alrededores de la iglesia. En algún momento he llegado a pensar incluso que estábamos de regreso a Medford y que, cuando abriera los ojos, me encontraría frente al St. Clare’s de nuevo, pero no, estamos “wherever they want” que al menos no es en mitad del desierto ni perdidas en la montaña para que no nos encuentren cuando vengan a por nosotras dentro de tres o cuatro horas.

Ana: ¿Cuándo dejarás de hacer tonterías? – Me pregunta con cierto agotamiento. – Te ofrezco la oportunidad de que sepas un poco más del sitio dónde estamos y en el momento en que te has subido al coche, has decidido que no querías saber nada y has venido todo el tiempo con los ojos cerrados. – Me recrimina. – Pensaba que te haría ilusión esta excursión.

Jess: No quiero saber nada. – Le contesto con sequedad. – ¡Ya me da lo mismo dónde estemos! – Le aseguro, aunque no sea del todo cierto.

Ana: Sé qué hace calor y que no apetece demasiado estar en la calle, pero, si no te apetece que hagamos turismo, aprovecharemos esta tarde y ya no te insistiré más. – Me dice. – Tan solo quiero que no pienses que te he traído hasta aquí para nada.

Jess: Sí, hace calor. – Le confirmo con desgana. – Aquí el clima es mucho más seco que en Medford, se nota que la playa se encuentra lejos. – Le comento con complicidad y sin reprimir mi anhelo en ese sentido.

Ana: Demos un paseo por el interior de la muralla. – Me propone. – Anímate un poco y que no haya que sacarte de todas partes por las malas. – Me ruega. – Mis amigos se van a quedar con un mal recuerdo de ti. – Me advierte.

Jess: ¡Ésta no es la casa de Daddy! – Constato defraudada. – Si me llevaras con él, te aseguro que no oirías cómo me quejo, porque no lo haría.

Ana: No, ésta no es la puerta de la casa de tu Daddy. – Me confirma con complicidad. – Como puedes ver por ti misma, es una de las puertas de la muralla, pero no esperes que haya puente levadizo ni foso con cocodrilos. – Añade con buen humor. – Esto no es ningún castillo.

Puerta_del_Cambrón

Mientras me detengo a observar la puerta de la muralla, lo que sale por ésta, aparte de algún que otro coche, es un autobús urbano, con la anchura justa para caber, apenas unos centímetros menos que está, por lo que el conductor va con cuidado, con la particularidad de que una vez que sale no puede seguir recto porque se iría hacia el parque y el barranco, hace un giro hacia la derecha, y los coches que vienen por la calle siguen recto. El autobús ha de hacer el giro con cuidado de no chocar con los dinteles, por lo cual es algo así como si la ciudad lo escupiera, aunque la imagen metafórica que se me ocurre sea un poco grosera y prefiero descartarla de inmediato porque una chica decente no debe pensar en esas cosas. También es algo así como si la ciudad nos sacase la lengua, se burlase de nosotras por haber venido. Ante lo cual no espero que Ana pretenda que me ilusione demasiado con la visita, salvo que quiera que aprovechemos que aquí hay una la parada del autobús y aprovechemos para que éste nos lleve a casa de Daddy, en el hipotético caso de que estemos en Toledo y eso sea posible, pero ya sé que a veces tengo demasiada imaginación y que me hago muchas ilusiones por mis excesos.

No sé si dudar de la supuesta ignorancia o del exceso de confianza de Ana. La verdad es que está un poco rara esta tarde con su empeño en que me divierta y que este viaje no haya sido en balde. Otros días la he visto mucho más animada, pero ahora parece un poco deprimida, distraída, como si de pronto no tuviera muy claras las ideas y esperase que ocurra algo que altere todos sus esquemas. Todo empezó a cambiar el viernes. Por la mañana estaba ilusionada, como si después de mucho esfuerzo al final hubiera encontrado lo que buscaba, pero ese entusiasmo se desvanece según pasan las horas. No creo que se haya contagiado de mi frustración ante la evidencia de que es poco probable que me haya traído a conocer a Daddy. Nos marchamos el próximo viernes y cada vez queda menos para que se produzca ese encuentro. Sin embargo, me gustaría que Ana se sincerase conmigo y me contara la verdad, que no hubiera secretos entre nosotras. Si hemos venido en busca de Daddy, y éste no quiere nada conmigo, preferiría saberlo, porque, si no me quiere, no perderé ni un segundo más a la espera de que venga a por mí. Aceptaré que soy la chica huérfana y desamparada que siempre he sido para todo el mundo. Quizá haya surgido algún problema con el que no contaba y ello haya obligado a que cambien sus planes y expectativas. Tal vez sí se haya encontrado con Daddy, pero éste no esté en las mejores circunstancias para hacerse cargo de mí, aunque interés no le haya faltado.

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Aprovechamos que ahora no vienen coches y cruzamos la calle. Frente a nosotras hay un edificio construido en el extremo del parque y en el borde del barranco. Un sitio un tanto extraño para construir. Me da la impresión de que no tiene aspecto de ser una residencia, aunque el hecho de que hay un porche en la entrada me extraña un poco. Tampoco tiene aspecto de que sea un restaurante, ya que supongo que, si estamos en una ciudad donde hay tanto que ver, acudirán muchos turistas. Tal vez hace muchos años fuera alguna de esas posadas medievales que aparecen en las películas sobre la Edad Media en las que entorno a la muralla siempre hay una posada donde se da acogida a los que llegan a la ciudad. Tal vez en la actualidad sea la oficina de turismo, pero ahora está cerrado y no hay ningún cartel indicativo al respecto. En la parte derecha de este edificio hay otro más pequeño que sí tiene aspecto de ser un kiosco de esos que hay en los parques, está abierto, pero ahora no hay nadie. Quizá, si no nos alejamos mucho de aquí, dentro de un rato intentaré convencer a Ana para que me compre un helado, al menos una botella de agua porque lo cierto es que hace bastante calor.

tajo 1995

Como me ha entrado curiosidad por ver el río, seguimos la calle hacia abajo, hacia la izquierda, nos alejamos de la entrada de la muralla para ir a lado izquierdo del edificio. Apoyada en el pequeño muro, me asomo hacia abajo y compruebo que hay una carretera y desde allí, hacia la derecha, apartada del cauce, se extiende la ciudad y a la izquierda, sobre la ladera de una colina hay algunas construcciones dispersas. Como me ha dicho Ana, el cauce del río se aleja y, al fondo, se observan las colinas que rodean el valle. La calle gira hacia la izquierda, como si bordease la muralla, aunque, desde donde estamos, no se puede ver dónde lleva porque la muralla continúa y hay edificios anexos a ésta. Lo que me deja un tanto asombrada es que, a pesar de la altitud en la que parece que nos encontramos con respecto al río y la ciudad que se extiende a mis pies, a lo lejos, en el horizonte, no se distingue el mar ni la presencia de barcos, como si la desembocadura del río se encontrase más allá de donde alcanza la vista, de aquellas colinas que se observan en la distancia. Es un paisaje muy distinto al de Medford. Que los amigos de Ana hayan querido que nuestra visita de esta tarde comenzase aquí es la confirmación de que nos encontramos lejos del St. Clare’s y que en realidad no sé dónde estoy, porque desde aquí tampoco se ve la urbanización, ni los campos de olivos, ni los edificios que rodean la iglesia.

Jess: ¿Qué río es ese? – Le pregunto intrigada y sin reprimir la curiosidad. – ¿De dónde viene? ¿Hasta dónde llega?

Ana: No te voy a decir dónde estamos. – Me responde con toda tranquilidad. – Averígualo por ti misma. – Me propone. – Me parece que, si te dijera cómo se llama ese río, te ahorraría el esfuerzo. – Se justifica. – Lo más que haré será darte todas las facilidades para que lo descubras por ti misma y saques tus propias conclusiones.

Jess: (Recito) “Over the river, and through the wood, to Grandfather’s house we go; the horse knows the way to carry the sleigh through the white and drifted snow. Over the river, and through the wood, to Grandfather’s house away! We would not stop for doll or top, for this is Thanksgiving Day…”

Ana: Me temo que el Mystic River queda un poco lejos de aquí. – Me dice. – De todas maneras, tienes buena memoria.

Jess: Lo aprendí en clase. – Le comento.

Ana: Ya sé que es un poema que todo el mundo en Medford se sabe de memoria. – Me responde. – No sé si sobre este río se habrá escrito algún poema. Lo mío no es la Literatura internacional, pero supongo que es un río que tiene su relevancia.

Lo que sí hay al otro lado de la carretera hay una torre con una estatua de Cristo con los brazos extendidos mirando hacia la ciudad. Sin embargo, no creo que nos encontremos en Río de Janeiro, en Brasil. Por lo que sé de Geografía, más allá de los alrededores del St. Clare’s y de Medford, la ciudad de Río de Janeiro se encuentra a varios miles de millas de Boston, hace falta coger uno o dos aviones para llegar. Lo que no me cuadra es que, según tengo entendido, allí la estatua se encuentra sobre la cima de una montaña y está se encuentra casi escondida. Quizá nos encontremos en Roma, dado que antes Ana ha aludido a que conoció a estos amigos en un encuentro con el Papa y éste vive allí, en La Ciudad del Vaticano, aunque desde aquí no veo ningún edificio ni plaza que se parezca a las que he visto en fotos. Para mí esta ciudad sigue siendo un lugar sin nombre, lejos del mar y donde es poco probable que haya un aeropuerto, por lo que no cuadra con ninguna que conozca o de la que me hayan hablado. Además, tampoco hay barcos que naveguen por el río. El puente que se ve a lo lejos me da la impresión de que es peatonal, que los coches que circulan por la carretera no llegan hasta allí, aunque el puente por el que atraviesan el río no se encontrará lejos de aquí.

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Jess: ¿Por dónde se baja hasta el río? – Le pregunto a Ana. – ¿Dónde nace? ¿Dónde desemboca? ¿Es muy largo? ¿Dónde está el embarcadero? – Pregunto por demostrar interés y que me cuente algo.

Ana: Hemos venido hasta aquí para hacer turismo, no para hacer excursiones por la naturaleza. – Me contesta antes de que me entusiasme demasiado. – Si ya te has deleitado con el paisaje, adentrémonos en la muralla y descubramos la ciudad.

Jess: ¿Qué puerta o sitio es éste? – Le pregunto por si me da alguna pista y sacia mi curiosidad.

Ana: ¿Ahora te ha entrado la curiosidad? – Me pregunta y recrimina.

Jess: Hay mucha diferencia entre el paisaje que se ve desde el chalé de tus amigos y esto. – Constato. – ¡Estamos en la ciudad!

Ana: Deberíamos haber traído la cámara de fotos. – Se lamenta. – Pero ¡cómo no tienes curiosidad por saber dónde estamos ni quieres saber nada, a ninguna de las dos se le ha ocurrido! – Alega y me recrimina. – Lo subsanaremos la próxima vez y así tendrás tu propio álbum de viajes.

Jess: Si me hubieras avisado con tiempo, me hubiera preparado la maleta mejor, sin prisas. – Alego en mi defensa.

Ana: ¡Si te llego a avisar con antelación, cualquier callejón o agujero recóndito de Medford donde te hubieras escondido te habría parecido más acogedor que la casa de mis amigos! – Replica. – Te conozco lo suficiente como para saber que no te sacan del St. Clare’s ni por las malas. – Constata. – Yo te he traído por las malas y aunque te enfurruñases. – Me confiesa. – Venga, entremos en la muralla a ver con qué nos sorprende la ciudad. – Me propone animada.

Jess: Sigamos por esta calle que bordea la muralla a ver dónde nos lleva. – Le propongo porque me resulta más interesante el río que la ciudad.

Ana: ¿Qué intentas? ¿Buscas a Daddy? – Pregunta intrigada. – Tengo la impresión de que eso es lo único que hace que reacciones.

Jess: ¿Hemos venido a buscarle? ¿Estamos en Toledo? – Le pregunto porque me sorprende su respuesta.

Ana: Plantéatelo como quieras. – Me responde. – Ya sabemos que todo lo que sea alejarse dos pasos del St. Clare’s es estar un poco más cerca de Daddy y, después de haber cogido dos aviones, tengo la impresión de que nos hemos alejado mucho del St. Clare’s. – Me indica con los mismos argumentos que yo le hubiera dado.

Jess: Estamos “wherever your friends wanted”- Le contesto y con ello respondo a mi pregunta.

Ana: Muévete. – Me pide animada. – Aquí paradas perdemos el tiempo y, por lo que a mí respecta, me da igual si aprovechas la tarde para buscar a Daddy o disfrutas de esta visita cultural con tal que te muevas.

Jess: ¿Estamos en Toledo? – Le repito la pregunta. – Si nos hemos alejado tanto de Medford, supongo que estaremos mucho más cerca, aunque no es cómo me lo había imaginado.

Ana: Eso tendrás que averiguarlo por ti misma. – Me responde. – Si te apetece hacer de guía, por mi encantada, pero mejor que no nos perdamos porque mis amigos nos recogerán aquí y será mejor que nos encuentren y no haya que movilizar a toda la Policía.

Como me deja ir por “wherever I want”, prefiero seguir la calle, adentrarme en lo desconocido, aunque, en realidad, resulta más intrigante lo que hay en el interior de la muralla, al otro lado de la puerta. Me atrae más el cauce del río, el barranco que hay bajo nosotras, el hecho de que desde donde estamos hasta al agua haya una altura que asusta y que en la otra orilla sucede lo mismo, como si el río hubiera partido la montaña por la mitad, aunque desde aquí se observa que el río se aleja por la llanura y sus aguas no parecen muy fuertes. ¿Qué río es éste? ¿Esto es el Cañón del Colorado? ¿Tan mal estoy en Geografía? En realidad, la pregunta es que, si estoy en Europa, en España, ¿qué ciudad tiene un río con esta orografía? Vuelvo a mirar a lo lejos, hacia el paisaje que he visto la primera vez para confirmar que esto no es Medford. ¿De verdad quiero saberlo? Ésta claro que la intención de Ana es que me pique la curiosidad y venza mi recelo a averiguarlo. Sin embargo, si mantengo mi ignorancia, este lugar, ese río, si los ubico en cualquier lugar del mapa, del planeta, dará lo mismo dónde me encuentre. Lo que tengo claro es que por muy lejos que mire, desde aquí no se ve a Daddy ni lo mucho que espero que éste me quiera y se esfuerce por encontrarme, porque le siento demasiado lejos y el mundo me parece un demasiado grande como para que sea tan fácil que nos crucemos por la calle sin conocernos.

San Martin

Avanzamos por esta calle, por esta curva que desde la altura sigue el cauce del río y nos acerca a la colina que hay al otro lado, como si el cauce del río se cerrara, se adentrara en la montaña. De hecho, por la dirección que lleva el agua, entiendo que esto es la salida, que es aquí donde el cauce se abre, que por mucho que avancemos, bordeemos esta parte de la ciudad, salvo que haya una cueva, las dos orillas del río no se juntarán. Lo que descubrimos es un puente de piedra. Por su aspecto debe tener muchos años, tiene una puerta en cada extremo, por el que se cruza al otro lado, pero está cerrado al tráfico, dado que los coches que circulan por esta calle han de girar a la izquierda por una cuesta empinada, ya que de frente hay una muralla desde el puente, por lo que deduzco que esta calle es circular y llevará la puerta de la muralla donde hemos empezado. Quizá haya otra puerta de la muralla por aquí, pero desde aquí no se ve, en caso de esto sea como un castillo, aunque en esta zona han construido casas de aspecto no demasiado antiguo. La cuestión es que salvo que pasemos al otro lado, aquí parece que se interrumpe mi deseo de seguir el cauce del río y se impone la prudencia a la que antes ha aludido Ana sobre eso de que es mejor que no nos perdamos o no habrá manera de que sepamos volver por nuestra cuenta o nos encuentren cuando vean que es la hora y no estamos en el punto de encuentro ni hay manera de que se pongan en contacto con nosotras.

Está claro que no me puedo entusiasmar demasiado por saber dónde estamos ¡Así no sé cómo espera que lo descubra! En realidad, me da lo mismo, porque quisiera que me llevase a casa de Daddy, pero no la veo con mucha intención. Si no sé dónde estoy, tampoco tengo argumentos para pedirle nada en ese sentido. Mi sueño sería que estuviéramos en Toledo, que por esa calle de subida o al otro lado del puente se encontrara la casa de Daddy, que sin que lo supiera Ana me hiciera pasar por delante de la puerta, pero me temo que lo que intenta evitar es eso, que nos crucemos con Daddy, porque yo quiero pensar que, sin que me lo haya dicho, me ha traído a Toledo, que se aprovecha de mi ignorancia para que me pique el gusanillo de la curiosidad y, en cuanto se descuide, busque y encuentre todo lo que pueda sobre Toledo, que me confirme que la ciudad tiene un río como éste, con puentes que crucen su cauce y una parte antigua amurallada, pero que no se pueda bordear al completo. Es demasiada información, demasiadas pistas, como para que no deje volar mi imaginación y encuentre un claro y evidente contraste entre mi fantasía y la realidad. Si estamos en Toledo ¿Dónde está la playa? Si alguna vez fue la capital del mundo ¿Dónde están sus palacios? ¿Sus grandes avenidas? ¿Sus enormes edificios? ¿El aeropuerto? Lo que he visto hasta ahora la verdad es que me confunde. Hasta ahora la ciudad más grande que he visto ha sido Boston y me supuesto que la panorámica de Toledo habría de ser mucho más impresionante. Por lo cual, o yo estoy muy perdida, o Ana me ha traído a una zona desde la que tan solo se ven colinas o la ciudad de Toledo no es tal ni cómo me la he imaginado hasta ahora.

paseo por toledo

06:30 PM. In a street of city

¿Cómo hemos llegado hasta aquí? A pie, por las calles laberínticas de esta ciudad antigua, pero, si Ana me propusiera que sea yo quien encuentre el camino de regreso a la puerta de la muralla, estoy segura que nos perdíamos, porque nos hemos limitado a caminar, a observar los edificios, monumentos antiguos, desde fuera, sin entrar porque, según Ana, tan solo nos hemos acercado hasta aquí para conocer la ciudad, para que reúna pistas y descubra por mí misma dónde nos encontramos, sin que de momento se me hayan aclarado las ideas. Más bien me siento más perdida y desorientada de lo que ya estaba porque es como si hubiéramos retrocedido varios siglos en el tiempo y al igual que hemos ido por calles estrechas y tortuosas, obligadas en alguna ocasión a refugiarnos en los portales para que los coches no nos atropellasen. En algún momento he tenido la sensación de que nos cruzaríamos con alguna carreta de la época medieval, de esas de las películas, porque ésta es una ciudad en la que parece que el tiempo se ha detenido o donde se mezcla pasado y presente, construida sin ningún orden o donde los edificios se han reconstruido sobre edificaciones antiguas. De manera que mi confusión es completa, aunque Ana parece encantada y que más o menos tiene idea de por dónde va y dónde estábamos. Dado que el otro día me confesó que había viajado por el mundo, por eso de los Encuentros con el Papa, quizá no sea la primera vez que ha estado aquí o que, en su caso, ha tenido más tiempo para organizarse el viaje, sobre todo porque en estos últimos días se ha pateado la ciudad para resolver ese misterioso asunto.

Durante el paseo he encontrado alguna evidencia de que no hace mucho tiempo por aquí ha habido alguna celebración importante, porque todavía quedan algunos adornos por los balcones y esta calle está cubierta con un toldo. En seguida he deducido y me he acordado de algo que nos dijo Sonia cuando llegamos, que en un primer momento no entendí, se debía referir a esto cuando nos sugirió que el día de nuestra llegada nos diéramos este paseo por la ciudad. Ahora ya ha pasado dos semanas y ha habido tiempo para que empezasen a recoger. Desconozco qué tipo de celebración habrá sido, pero supongo que algo importante, si han adornado las calles. Quizá la llegada del verano o algo de eso, dado que, al tratarse de un lugar turístico, tal vez sea tradicional que se organice algo para atraer a la gente. Incluso es posible que se trate de los restos del rodaje de alguna película medieval, dado que aquí no será necesario montarlo de manera artificial en un plató, como hacen en Hollywood. Sea lo que sea llegamos un poco tarde para verlo y, si Ana lo sabía, quizá le ha preocupado que me entusiasmara y quisiera venir a verlo, a riesgo de que nos perdiéramos entre la multitud. De todos modos, ahora no hay tanta gente y me siento igual de desorientada.

Nos detenemos aquí, frente a lo que parece una tienda de recuerdos destinada a que los turistas se dejen el dinero, aunque, en mi caso, me encuentro con los bolsillos vacíos porque Ana no me ha proporcionado dinero de aquí y en la urbanización de sus amigos tampoco hay donde gastárselo, aunque sí he visto que hay un bar en la entrada del parque, pero no me he atrevido a ir sola hasta allí porque el chalé de los amigos se encuentra mucho más adentro y me causa cierto apuro acercarme con la bicicleta tan cerca de la autovía. Lo cierto es que prefiero no ir sola a ninguna parte. Ya me di ese paseo el viernes por la tarde y la presencia de aquel chico me dejó un tanto preocupada. No me causó buena impresión. El paseo turístico de esta tarde es porque Ana me ha insistido para que le acompañe y confío que no sea para dejarme aquí sola y abandonada. No hemos cogido mis maletas y confío lo bastante en Ana como para que no haya de temer por sus ocultas intenciones.

cartel tienda

Jarrones de cerámica; postales con fotografías de la ciudad; libros de guía turística; escudos medievales; espadas pequeñas, mantones, cuadros, llaveros, etc.… Esto no es más que una tienda en mitad de la calle. No me parece que haya por aquí ningún edificio relevante. Es una tienda que hace esquina, aunque la otra calle da la impresión de que son unas escaleras amplias y está cerrada al tráfico, pero es igual de tortuosa que ésta, porque no se ve a dónde lleva y no me atrevo a adentrarme sola, a parte que Ana me ha pedido que la espere aquí, a riesgo de que de pronto me haya salido la vena exploradora y de verdad me pierda. Ya le pareció que no era muy buena idea que cruzásemos el puente, por lo que ahora que nos metamos por una calle que no sabemos dónde lleva no le entusiasmará y, por lo que me ha dicho, su idea es que regresemos sobre nuestros pasos, si no encontramos una ruta más directa. No es muy tarde, aún quedan dos o tres horas de luz, pero nos hemos adentrado lo suficiente y es mejor que nos demos la vuelta cuando aún ella sabe orientarse y, si acaso, fijarnos con un poco más atención en los edificios y lugares por los que hemos pasado, aunque haya sido un paseo bastante tranquilo hasta aquí.

Por lo que soy capaz de leer y traducir del cartel que hay en la tienda, escrito en el idioma nacional, salvo la palabra “Water” que deduzco está en inglés porque con estos calores y las cuestas empinadas que hemos subido, es fácil entender que para los turistas sea muy tentador eso de que les ofrezcan agua cada cierto tiempo, aunque no sea de manera gratuita, porque no he visto fuentes por ninguna parte. Es más, interpreto que esta tienda ofrece “typical products” que debe ser el listado que hay debajo, algunos de los productos para mí son de difícil traducción y casi prefiero no esforzarme, porque, por lo que tengo entendido, hay países y culturas donde ofrecen alimentos de lo más raros y nada apetecibles, aunque lo sean para la gente de la zona, de ahí la indicación de que sean productos típicos, que igual son cucarachas frías, que bollos de chocolate. Lo que se ve en el escaparate no ayuda demasiado. Tampoco me queda muy claro que es eso de “manchegos”. No conozco ningún país con esa denominación. Supongo que Ana sabrá a lo que se refiere y por eso se confía.

Si quiero saber dónde estoy, tengo dos segundos para decidirme a coger una guía turística o una postal donde lo ponga bien claro. Sin embargo, prefiero no enterarme, ya que, si estamos en Toledo y no tenemos noticias de Daddy ni intención de hacerle una visita, me deprimiré, sentiré que Ana me ha fallado y que Daddy me abandona como lo hiciera mi madre. En el supuesto de que no estemos en Toledo, ni tan siquiera en España, le evitaré un gasto al St. Clare’s, porque tendría que ser Ana quien pagara. Además, me he hecho a la idea de que he de viajar ligera de equipaje porque no sé dónde iré ni acabaré. Tampoco quiero que un exceso de carga suponga un inconveniente para que Daddy me acepte en su casa. Es más, con lo que Ana me metió en la maleta y he traído, ya me siento en condiciones para quedarme en casa de Daddy, si éste viniera a por mí. No quiero plantearme que esa haya sido la intención de Ana y que se ha encontrado con que éste no quiere saber nada. No me importa, si tengo que volver dentro de dos meses, antes de que comience el curso, al menos tendría alguna evidencia de que Daddy es alguien real.

De las postales que hay prefiero no leer nada. Tan solo me llama la atención que son panorámicas de lo que supongo es la ciudad, así como fotografías de sus edificios más emblemáticos, por algunos de los cuáles hemos pasado, como la muralla y la puerta. También hemos pasado junto a una iglesia que tenía aspecto de ser una catedral o algo así, porque tenía una construcción muy cuidada. Incluso me he fijado en las cadenas que colgaban de los muros y que no sé si están así con alguna intención, como recuerdo del pasado, o es un resto de la época porque entonces las piedras se subían a pulso y las cadenas eran para sujetarlas. Me hubiera gustado preguntarle a Ana, que me explicara, pero he preferido que no me viera demasiado interesada, porque eso de pasar la tarde haciendo turismo no es algo que me entusiasme, aunque al menos no he tenido el desolador paisaje que se ve desde la ventana del chalé, al otro lado de la calle. Me he limitado a observar en silencio, sin prestar atención a los carteles. De todos modos, me he fijado en los escaparates de las tiendas, algunos más llamativos que ésta.

De esta tarde sobre todo me quedo con la idea de que hemos ido por calles empinadas, estrechas y tortuosas. En realidad, en Medford también hay cuestas, pero seguro que aquí son más pronunciadas. Incluso en la zona donde está el chalé de los amigos de Ana hay cuestas, por lo que, si con este viaje Ana pretendía que conociera mundo, debería haberme llevado a un lugar más llano. De todos modos, si tengo que escoger, supongo que prefiero las cuestas de Medford, porque aquí me pierdo y siento fuera de mi ambiente, aunque también me quedo con la sensación de que Daddy puede aparecer detrás de cualquier curva o cruce que nos encontremos. En tal caso ello implicaría suponer que nos encontramos en Toledo. Sin embargo, lo que he visto hasta ahora dista bastante de la idea que hasta ahora me había hecho. Además, estamos demasiado lejos de la costa, por lo que es imposible que haya una playa cerca.

Ana: Un helado y una botella de agua. – Me indica y entrega. – Ya he pagado, de manera que es tarde para que te decidas si quieres algo más. De todos modos, te doy ocasión a que te lo pienses antes de movernos.

Jess: No quiero nada más, gracias. – Le respondo convencida.

Ana: La gente, cuando va de vacaciones a alguna parte, acostumbra a comprar algún recuerdo. – Me indica. – Ya sé que no tienes costumbre de viajar y que, dada tu vida social, tampoco a nadie a quien hacerle un regalo, salvo a tu amado Daddy, pero como es la primera vez que te alejas del St. Clare’s, tal vez quieras llevarte algo. – Me indica. – Como te dije, éstas son unas vacaciones con todos los gastos pagados, de manera que no te reprimas. Ya reorganizaré el presupuesto cuando regresemos.

Jess: No, gracias. – Le reitero.

Ana: ¿Ya sabes dónde estamos? – Me pregunta con intención. – Después no me digas que no te di ocasión a que lo descubrieras. – Me avisa. – Casi te lo he puesto delante de las narices, aunque prefiero que lo descubras por ti misma. – Me dice.

Jess: Sigo sin saberlo, pero me da igual. – Le respondo. – No estamos en casa de Daddy. – Constato con cierta pesadumbre.

Ana: Entonces, regresemos, a ver si no nos perdemos y somos capaces de llegar a donde nos dejaron para que nos recojan. – Me indica.

Supongo que Ana ya se ha percatado que no le pongo atención a los carteles, que es quizá lo que mejor me ayudaría a descubrir dónde estamos. Mi actitud es un poco absurda y sin demasiado sentido, pero me aterra el hecho de descubrir que tal vez hayamos venido a Toledo, que el viernes a primera hora regresamos al St. Clare’s y en estas dos semanas no nos hemos encontrado con Daddy, que tal vez Ana se haya encontrado con la evidencia de que se trata de alguien que no existe o, por el contrario, que no quiere nada conmigo, que casi sería lo mismo. Por el momento me conformo con observar los edificios, comprender que estamos en una ciudad llena de historia y con mucho interés para los turistas, aunque quizá no sea una de las ciudades más conocidas ni visitadas del mundo, porque no dispone de aeropuerto ni líneas de metro y los autobuses tienen dificultades para moverse por esta parte de la ciudad. El ser testigo de las dificultades para salir de la muralla será la mejor evidencia, aparte que, con tanta calle tortuosa, empinada y estrecha, dudo bastante que los autobuses circulen por aquí. Además, si es cierto lo que Ana me ha dicho, el mar se encuentra lejos y ello le quita mucho aliciente, aunque como ciudad histórica lo tenga para quien le guste visitar edificios antiguos, que se mantienen en pie después de tantos siglos.

Si me lo pienso mejor, estoy a unos dólares o su equivalente en la moneda local de aclarar todas mis dudas sobre este lugar, tan solo he de cambiar de parecer y sugerirle a Ana que nos llevemos unas de esas guías turísticas en la que lo explican todo e incluso, para ser un poco más discreta, me compraría una camiseta de esas en las que hay un dibujo y un texto alusivo al lugar, como esas de “I Y NY” o “I was in NY”, aunque sería un poco irónico que yo apareciera por Medford vestida con una de esas camisetas cuando  la gente me conoce porque no me he movido del barrio desde que nací y tampoco tengo demasiado interés porque me pregunten porque me da lo mismo dónde sea, si este viaje no me ha acercado a Daddy. Mi camiseta debería decir: “I Y Daddy” o “I was with Daddy”, pero no he visto ninguna en la tienda, no creo que las vendan, porque es algo muy personal y no serán de interés para nadie salvo para mí.

En cualquier caso, a diferencia de mí, ella no se marcha con las manos vacías, ha entrado en la tienda como una auténtica turista, con intención de dejar tan buen recuerdo como los muchos que se lleva. Se trata de su dinero y no me atrevo a deducir cuánto se ha gastado, aunque sí espero que ello no entre dentro de la cuenta de gastos del St. Clare’s ni de lo presupuestado para este viaje, porque quizá no quede para el viaje de regreso, aunque supongo éste que ya está pagado. Lo que me queda claro es que nada de lo que se lleva es para mí y supongo que serán lo que ella ha dicho, recuerdos y regalos para sus padres y conocidos, que será una manera de justificar que no nos hemos pasado estas dos semanas en el aeropuerto de Logan ni en el jardín de atrás del St. Clare’s Home a la espera de que terminen las reformas. En cualquier caso, espero que no intente subsanar el que yo no comparta su entusiasmo.

Para regresar a la puerta de la muralla lo lógico es que volvamos sobre nuestros pasos y no intentemos buscar una ruta más corta, si es que la hubiera, dado que tampoco llevamos un plano de la ciudad que nos sirva de guía y ahora que estamos delante de una tienda quizás sería la ocasión para que nos hiciéramos con uno, pero estoy segura de que Ana esperará que después me lo guarde, que lo tenga como pista para que sepa dónde estamos. Prefiero mantener mi ignorancia intacta para no llevarme una desilusión. En cualquier caso, si me dejase aquí sola y sugiriera que fuese yo quien llegase hasta la puerta de la muralla por mis propios medios, lo más probable es que me perdiera, me dedicase a callejear sin rumbo fijo por esta parte de la ciudad, sin atreverme a preguntarle a nadie porque no hablo su idioma y no estoy demasiado segura de que me sepan entender en inglés, aunque ésta sea una ciudad turística. Es más, si le preguntara a alguien, seguro que lo primero que me dirán es que estoy en “…” y es justo lo primero que no quiero que me aclaren. Si me dijesen que estoy en Toledo, me sentiría mucho más perdida, porque querría ir en busca de Daddy y no sé por dónde empezar a buscarle. Estoy segura de que no hemos pasado por delante de la puerta de su casa ni nos hemos cruzado con él. Estamos en un lugar de “Manchego” cuyo nombre no quiero conocer.

Ana: Venga, muévete. – Me pide. – Si no quieres quedarte ni que hagamos más turismo mientras regresamos a la entrada de la muralla. Habrá que avisar a mis amigos y que vengan a buscarnos.

Lo cierto es que no sé muy bien lo que quiero o que sigamos con el paseo y que me encuentre con alguna pista o evidencia que me aclare dónde estamos o que nos volvamos al chalé de sus amigos y mantener la incertidumbre. Hace calor y no le veo mucho sentido a esto de callejear sin rumbo, porque lo cierto es que no me encaja este paseo con la expectativa de que sea un truco para que nos crucemos con Daddy por la calle. La verdad es que no me encaja demasiado la idea que tengo de éste con lo que he visto hasta ahora. Mi idea sobre cómo es la vida de Daddy, cómo es Toledo, no coinciden demasiado con esto. Daddy ha de vivir en una gran ciudad como Boston, aunque dado que se trata de una ciudad europea, supongo que tendrá edificaciones antiguas como las que hay aquí, reflejo de sus muchos siglos de historia, pero no anclados en el pasado, sino que se trata de una ciudad moderna, que los vestigios de su pasado se queden en varios edificios emblemáticos, algún palacio, la catedral o de ese estilo. No todas las calles, hasta las baldosas del suelo como sucede aquí. Esto es más como un parque temático o el escenario de alguna película medieval, aunque no nos hayan pedido que compremos entrada ni haya gente disfrazada de la época. Este paseo ha sido como un viaje en el tiempo, desde la casa de los amigos de Ana y, como he venido con los ojos cerrados, no he sido muy consciente de la transición.

Ana ¿Quieres saber lo que decía alguno de los carteles de la tienda? – Me pregunta porque se ha percatado que me ha llamado la atención. – Es en lo único que has demostrado un mínimo de interés.

Jess: Había palabras en inglés. – Le contesto para que no piense que estaba tan perdida. – Supongo que anunciaba los productos que se venden en la tienda y que son típicos de la zona.

Ana: Ya sé que entiendes el inglés, pero no me ha quedado claro que sepas qué productos son. – Me dice con complicidad. – Cuando comience el curso y tus nuevos compañeros te pregunten dónde has estado este verano, que les digan que has estado en una tienda donde vendían productos típicos y no les des más detalles pensarán que les tomas el pelo y que no te has movido del St. Clare’s. – Me advierte. – De allí lo más típico eres tú porque no te mueves ni por las malas.

Jess: Venden libros, postales para turistas y platos de cerámica. – Le indico para demostrarle que he prestado atención. – Además de agua fría.

Ana: ¡Suerte que no te haya mandado de compras! – Replica. – Especias, azafrán, vino y queso producidos en La Mancha

Jess: ¡Aquí no hay tiendas normales! – Argumento en mi defensa. – ¡Ésta es para turistas! – Añado. – Supongo que las tiendas normales estarán en la zona que hemos visto a lo lejos, al otro lado del río.

No tiene sentido que discutamos por un cartel, aunque Ana lo utilice como excusa para poner en evidencia mi falta de interés y entusiasmos por este paseo, por este viaje en general porque para mí no es más que una pérdida de tiempo, por mucho que Ana se empeñe en que he de sacarle provecho. En estos últimos días apenas me he movido del chalé porque ella tenía que resolver ese asunto y ahora que ya estamos casi a punto de regresar a Medford no tiene ningún sentido que yo cambie mi postura porque antes de que me quiera dar cuenta estaré de nuevo en el St. Clare’s y de poco servirá que quiera averiguar algo porque todo se quedará a medias. Tan solo me quedan cinco días de estancia aquí. Cuatro, si no cuento el viernes porque espero que nos marchemos pronto, por lo que poco más se puede hacer, salvo que Ana me tenga alguna sorpresa guardada para el último momento, como que hemos venido en busca de Daddy y al final me quedaré con él, aunque el día que nos vinimos ya me advirtió que eso no estaba en sus planes y que era mejor que no me crease falsas expectativas. Es posible que Daddy siga tan lejos como siempre, sin querer ni saber nada de mí.

Antes de que se derrita, y como una manera de interrumpir esta conversación, prefiero centrar mi atención en el helado, que Ana se dé cuenta que tengo la boca llena y que soy una chica educada, por eso de que no se habla mientras se come, aparte que tampoco quiero que la ropa se me manche, porque nos marchamos dentro de cinco días y es mejor que no me deje ninguna prenda olvidada en el cesto de la ropa. No pienso regresar y tampoco sé cuándo lo hará Ana, aunque se trate de sus amigos. Quizá el próximo Encuentro con el Papa sea en las proximidades del chalé, por eso de que es un terreno despejado, aunque con muchas colinas y sobre todo la presencia de los árboles es un inconveniente para tener en cuenta. Si es cierto eso de que se reúnen varios millones de jóvenes, supongo que habrá de ser en lugares amplios. Tal vez la ciudad no tenga capacidad para acoger a tanta gente y esos Encuentros hayan de ser en zonas más pobladas, donde, aparte de espacio, haya capacidad de abastecimiento, de lo contrario parecerá más un campo de refugiados.

07:35 PM. Gate of city

Esta vez he tenido observar cómo el bus urbano se introducía por la puerta de la muralla desde el otro lado. La impresión de estrechez es la misma, aunque desde este lado no parece que sea como tal un recinto amurallado porque los edificios están construidos junto a la muralla y da la sensación de que la puerta es el acceso a un callejón estrecho. En cualquier caso, es una panorámica que impresiona, que pone de manifiesto el contraste entre la modernidad de los autobuses y la antigüedad de la muralla, de la puerta, que en su día fue construida para el tránsito de carros y carretas. De hecho, después de haber callejeado un poco por esta parte antigua de la ciudad, supongo que todos los vehículos que circulen por sus calles tendrán una anchura máxima o de lo contrario alguno se quedará atrapado y bloqueará el paso a todo el mundo. Por donde nosotras hemos estado tan solo hemos coincidido con el autobús en las proximidades de la puerta, lo demás han sido coches y alguna que otra furgoneta. Que los amigos de Ana no hayan querido cruzar la muralla da a entender que conocen los problemas de tráfico de esta parte de la ciudad, aparte que no quisieran acompañarnos en esta visita porque Ana ha preferido que nos quedásemos solas.

libres de paso

Me ha llamado la atención un cartel tallado en piedra que no he sido capaz de traducir y tampoco de entender, pero que al tratarse de un puerta antigua supongo que será alguna alusión a ésta. Me ha dado la sensación de que el cartel es casi tan antiguo como la puerta misma, debido a lo desgastado que estaba, por lo cual supongo que será una indicación para que todos aquellos que pasaran por aquí supieran donde estaban o algo así, que no se trata de una placa en la que quede constancia de la fecha de construcción de la puerta ni de ninguna cita histórica, como si se tratase del lema de la ciudad. Como ocurre en el St. Clare’s, en donde queda claro que “All are welcomed”, aunque tal vez esa sea la traducción, de manera que ésta sea una ciudad acogedora y hospitalaria para lo que vivían en aquella época y entiendo que también en la actualidad, por eso se ha mantenido. Lo llamativo tal vez sea que el cartel se encuentra en patio interior de la puerta.

Ana: Aún queda un poco hasta que vengan. – Me dice. – Mientras no nos alejemos de aquí, te doy permiso para que curiosees todo lo que quieras, pero estate pendiente por si vienen.

Jess: Lo que quiero es regresar a Medford. – Le contesto. – Aquí no se me ha perdido nada. – Argumento.

Ana: Si te animas, volveremos otro día y recorreremos otros barrios de la ciudad. – Me propone. – Aquí no es como en casa de mis amigos. Esto es la ciudad y estoy segura de que te mueres de curiosidad por saber un poco más, descubrir dónde estamos.

Jess: Si quisieras que sepa dónde estamos, me lo habrías dicho. – Replico.

Ana: Prefiero que lo averigües por ti misma. – Me responde. – Tú has venido de vacaciones y tienes todo el tiempo del mundo, mientras que yo he de ocuparme de ese asunto, además de cuidar de ti. – Se justifica.

Jess: ¡Tus amigos viven en mitad de ninguna parte y la gente habla en un idioma que no conozco! – Argumento.

Ana: Haz un pequeño esfuerzo por ser un poco más sociable. – Me recomienda. – Por la urbanización he visto chicas de tu edad, sobre todo has coincidido con ellas en la piscina, por lo que si no se han acercado a ti es porque tú no les has dado ocasión.

Jess: Nos marchamos el viernes. – Me justifico. – Además, si no tengo amigas es porque antes o después todas se marchan. – Alego con cierta impotencia. – Esta vez seré yo quien me vaya

Ana: Es lo que pasa en las casas de acogida. – Me responde.

Jess: Hasta Jodie y Brittany se marchan este año. – Me lamento. – Ellas se marchan a Matignon High y yo me quedo para estudiar en el Medford High.

Ana: Estás a tiempo de irte con ellas, si es lo que quieres. – Me contesta con intención. – Aún no ha comenzado el curso y con un par de llamadas se resuelve el problema, ya sabes que allí te esperan en cuanto les digamos que vas para allá.

Jess: Prefiero quedarme y esperar a que Daddy venga a por mí. – Le contesto y aseguro.

Ana: Pues más te vale que el próximo curso te tomes en serio la asignatura de Spanish, porque como suspendas, te aseguro que seré yo misma quien te saque de allí de las orejas. – Me advierte con seriedad, pero sin perder el buen humor.

Jess: Intentaré tomármelo en serio. – Le respondo y prometo sin mucha convicción.

Ana: En estos tres últimos cursos te has hecho la remolona y acomodado a la permisividad de todo el mundo, pero en el Medford High no serán tan considerados. – Me advierte. – Si faltas a clase, te suspenden; si no estudias o no te tomas con interés la asignatura, te suspenden. En general, si no cambias tu actitud, estarás suspensa y tú serás la única responsable.

Jess: Lo intentaré. – Me reitero por compromiso.

No le encuentro mucho sentido a eso de que ahora aludamos a la asignatura de Spanish, a que le haya de reiterar mi intención de esforzarme por aprobar el próximo curso. Hasta ahora me ha ido bien como homeschooled. He superado el Middle School sin mayores problemas. Si lo que Ana ha pretendido con esta visita es que yo misma me convenza de lo contrario, que pusiera a prueba mi soltura con el idioma, me temo que no se ve el resultado por ninguna parte. De hecho, ni tan siquiera estoy segura de que ese sea el idioma que se habla aquí, lo que de algún modo me confirmaría que estamos en España o en algún país hispanohablante o lo que sería casi peor, que hemos venido en busca de Daddy, que este vive en la casa de al lado y ni siquiera se ha dignado en dar señales de vida. Si lo mejor es que no me haga ilusiones, que no mire más allá de donde alcanzan mis ojos, que me reprima a la hora de hablar con la gente está más que justificado. La verdad es que no el encuentro mucho sentido a que me haya matriculado en esa asignatura para el próximo curso, si hasta que Daddy no venga a por mí será una pérdida de tiempo. Ya me esfuerzo bastante en esas lecturas no comprensivas a cambio de horas de playa en Carson Beach. A partir de ahora será para que se alargue mi estancia en el Home for girls “St. Clare’s”.

Para no centrar mi atención en los carteles y evitarme el esfuerzo de leer o entender lo que dicen, prefiero cruzar al parque y observar desde la distancia, el río y la zona moderna de la ciudad, dejar que aflore mi imaginación para que detrás de las montañas que se observan a lo lejos se encuentre la playa, que no hayamos de recorrer cientos de millas para llegar hasta allí y que, por lo tanto, esto sea Toledo, e incluso que hayamos regresado a Medford y nos encontremos en uno de esos lugares desde donde se tiene una buena panorámica de Boston, que éste río cuyo nombre desconozco sea en realidad el Mystic River y un poco más allá se encuentre su desembocadura, aunque ahora mismo lo más grande que sobrevuela sobre nuestras cabezas sean las palomas y no los aviones que despegan y aterrizan en el aeropuerto de Logan, e incluso, a pesar de que no haya embarcaciones que naveguen por el río, no haya indicio de que haya algún embarcadero cerca.

Jess: (Recito) “Over the river, and through the wood, to Grandfather’s house we go; the horse knows the way to carry the sleigh through the white and drifted snow. Over the river, and through the wood, to Grandfather’s house away! We would not stop for doll or top, for this is Thanksgiving Day…”

Ana: Sería mejor que intentaras traducirlo al español o te aprendieras un poema en ese idioma. – Me propone porque me escucha.

Jess: Tan solo hago lectura comprensiva. – Le recuerdo.

Ana: Pues el mismo interés que has puesto en aprenderte ese himno, ponlo en estudiar la asignatura de Spanish y que hablarlo te saliera de manera natural. – Me indica.

Jess: Cuando Daddy venga a por mí. – Le respondo convencida.

Ana: Ya me lo dirás a final del próximo curso cuando me tengas que convencer de nuevo para que no te mande a Matignon High junto con las demás. – Me contesta con toda intención.

Jess: Aprobaré y me quedaré. – Le respondo muy segura de ello.

Ana: Dentro de doce meses lo veremos. – Me contesta con bastante incredulidad. – Cuando quieres, eres muy cabezota y no muy consciente de las consecuencias ni del perjuicio que te causas tu sola.

El claxon del coche interrumpe la discusión, sus amigos, en este caso Sonia, ya han venido a recogernos. Es preferible que no les demos la impresión de que la tarde y la visita han sido una pérdida de tiempo. Si lo que Ana pretendía con ello es que yo tuviera una panorámica distinta a la que me he encontrado en los últimos días, sin duda lo ha conseguido. Me marcho de aquí con la idea de que la civilización no se encuentra tan lejos como yo he supuesto hasta ahora, pero ello no me aclara la duda con respecto a lo cerca o lejos que nos encontramos de la casa de Daddy ni de la posibilidad de que nos reunamos con él. Su empeño, en todo caso, es que el próximo curso tenga algo que contarles a mis nuevos compañeros de clase y que el interés de las chicas del St. Clare’s por saber lo que he hecho este verano, se centre más en lo que visto y no aluda a ese asunto que Ana ha venido a resolver. Sin embargo, sin saber dónde estoy, poco o nada contaré al respecto, más allá del hecho de que el chalé de sus amigos se encuentra en mitad de ninguna parte, que esta ciudad tiene aspecto de ser muy antigua y se encuentra sobre una colina bordeada por un río cuyo nombre desconozco y sobre el que poco más se puede decir.

Tengo los próximos días para proponerle a Ana que regresemos de visita a la ciudad, que recorramos la zona moderna y todo eso, que parezca que me pica la curiosidad por conocer un poco más este lugar y sobre todo por descubrir dónde nos encontramos, pero me temo que después de la actitud que he mantenido a lo largo de la tarde mis argumentos le resultarán poco convincentes y lo cierto es que tampoco tengo demasiado interés por un lugar que es poco probable que egrese alguna vez, salvo que haya algo que Ana no me ha contado y en realidad hayamos venido en busca de Daddy y lo del paseo de esta tarde ha sido su manera de implicarme en ello, sin que hayamos tenido éxito en ese sentido porque no hemos encontrado ninguna pista ni como tal ha habido nada que me llamase la atención de manera particular. No he prestado la suficiente atención a los destalles, pero no creo que Daddy viva en ninguna de esos edificios antiguos. Es más, tal vez debería haberme fijado un poco más en las señalizaciones y no solo en el cartel de esa tienda. Porque si hubiera sido tan curiosa como Ana pretendía ahora tendría evidencias más que suficientes para saber dónde estamos tendría algo de lo que presumir delante de mis nuevos compañeros de curso. Sin embargo, me volveré a Medford con las manos vacías, salvo que Ana quiera meter en mi maleta alguno de los recuerdos que ella ha comprado porque en la suya no caben.

Como habla en español, porque he deducido que ese es el idioma, me da igual lo que diga, sobre todo porque utiliza palabras que desconozco, de manera que por mucho que quisiera saber adónde vamos, me quedo igual, aunque por lo que me parece deducir, pretende que hagamos en coche el mismo recorrido que Ana y yo hemos hecho a pie, por si no hubiera tenido tiempo suficiente de verlo y hubiera quedado con ganas de repetir una tercera ocasión, pero esta vez sin detenerme tanto en los detalles porque iremos mucho más de prisa, en función del tráfico que allá, de tal manera que si antes me he sido yo, como peatón, quien me he incomodado por la presencia de los coches, ahora seré quien moleste a los viandantes y compruebe si es tan complicado circular por esas calles. Entiendo que para Sonia debe serlo, por eso no se reprime, ya que entiendo debe estar acostumbrada e incluso diría que la elección de este coche frente a otros más grandes estaría justificada, ya que me da la sensación de que ni la furgoneta del St. Clare’s ni el coche de Ana irían bien, a pesar de que la presencia de los autobuses urbanos contradiga esa apreciación, pero por la calle de la tienda estoy segura de que los autobuses no pasan.

Tras un no muy afortunado paseo a pie, entiendo que lo que la amiga de Ana pretende es que lo compensemos con un recorrido en coche, a lo cual supongo que no me puedo negar, salvo que prefiera quedarme aquí y que vengan a recogerme después lo que entiendo Ana consentirá en modo alguno y a mí tampoco es que me apetezca quedarme sola por mucho que pudiera tener un arranque de curiosidad y el impulso de irme a explorar por mi cuenta, lo que no se me pasa por la cabeza, aunque me vaya a quedar con la duda de no tener muy claro en qué lugar del mundo estamos y me tenga intrigada eso de “manchegos”, porque no me suena a ningún país y tampoco quiero que sí se lo comento a Ana está me eche en cara que no presto bastante atención en clase de Geografía, aunque tal vez esta duda será más fácil de aclarar con la asignatura de Spanish, por eso de que es el idioma que se habla aquí. Es una suerte que el cartel tuviera su correspondiente traducción en inglés, porque así me ha sido mucho más fácil enterarme de lo que leía.

Como no se puede dar la vuelta, el coche sigue recto, por donde nosotras hemos dado el paseo, aunque a mayor velocidad, lo que me impide volver a ver el puente sobre el río y a reprimir el impulso de que crucemos al otro lado, pero ya me fije antes que se trata de un puente peatonal, por lo cual el coche ha de subir por la cuesta y adentrarse en la ciudad. No sé hacía dónde vamos porque los nombres que han dicho me han sonado muy raros y de los que no se dan en clase de Spanish, por lo cual, si no me siento desubicada, es porque antes ya hemos pasado por aquí y de momento me oriento. De hecho, tampoco quiero mirar demasiado fuera del coche, porque lo que me apetece de verdad es que regresemos a Medford, o como mucho que paseo sea lo más corto posible, para que esta tarde sí nos dé tiempo a llamar por teléfono y preguntar si hay noticias de Daddy, dado que tengo la impresión de que para Ana esa llamada no es importante y cuando se acuerda ya es demasiado tarde, aunque a primera hora de la mañana sea demasiado pronto, dado que allí aún duermen. En cualquier caso dudo bastante que nos vayamos a encontrar con Daddy por aquí.

Antes he venido con los ojos cerrados, ha sido mi manera de  demostrar mi desagrado por estar aquí, pero esta vez con cierto disimulo, digamos que me voy a permitir el capricho de ir con un ojo medio abierto, pero sin que se note demasiado y porque yendo en   coche tampoco creo que haya tiempo ni ocasión a que me fije en los detalles, aunque de los cuatro y por lo que me ha parecido entender de  las palabras de Ana seré la única que pasara por aquí por primera vez, que este paseo, en realidad, es por mí, aunque no demuestre demasiado entusiasmo, dado que no sé dónde estoy en realidad y por lo tanto me siento tan perdida como desubicada. De hecho, si me pidieran que fuese yo quien les guiase hasta la tienda de los productos manchegos estoy segura de que no sabría llegar, a pesar de que Ana iba como si se conociera la ciudad casi mejor que los alrededores del internado, que la ruta que hay hasta su casa en Somerville e incluso hasta el Matignon High, que para mí sería un trayecto sin retorno este paseo por la ciudad, este callejear, se supone que ha de ser algo mucho más placentero.

Volvemos a pasar junto a la iglesia con las cadenas colgadas en el muro exterior, cuyo significado no termino de comprender. De hecho, no descarto que ésta iglesia, en realidad, pueda ser la catedral, por eso de que todas las ciudades importantes han de tener una y éste edificio resulta lo bastante llamativo y está bien comunicada. De todos modos, aunque sería la ocasión para preguntar, dado que los amigos de Ana deben saberlo, prefiero no decir nada, no mostrarme muy interesada. Las explicaciones que Ana me ha dado antes no eran demasiado precisas y me ha dado la sensación de que ella se sentía tan ignorante como yo, aunque si como me imagino estos últimos días ha estado  dando vueltas por la ciudad para atender ese asunto, supongo que habrá tenido ocasión de callejear y tal vez está tan solo sea la zona más turística de la ciudad, por eso de que se encuentra cerca de la  puerta de la muralla y desde ésta se tiene una amplia panorámica del río y de los barrios de nueva construcción por los que se expande la ciudad. Por esta zona no creo que Ana haya tenido que venir a hacer ninguna gestión.

Pasada la iglesia, en vez de subir por la calle empinada de la izquierda, el coche sigue recto, de manera que ya descarto que volvamos a pasar por delante de la tienda, la posibilidad de que me dé tiempo a estudiar el cartel con un poco más de detenimiento por si hubiera algo que se me pasara por alto para saber dónde estoy, porque eso de “manchego” debe tener algún significado. Es posible que se me pasara algún detalle de todo lo que había en la entrada de la tienda, por eso de que había libros, postales y objetos de cerámicas decoradas.  Debería haber sido un poco más lista y sugerido a Ana que me comprase algo, pero ya es un poco tarde para lamentaciones, salvo que volvamos otro día, aunque en realidad no me cabe nada en la maleta, más que las ganas de regresar a Medford, si es que no hemos venido en busca de Daddy. Es decir, que sigo castigada a mantener mi ignorancia hasta que yo misma desvele el misterio, si es que me atrevo a dejarme llevar por la curiosidad y no soy tan testaruda. Sin embargo, no tengo el menor interés en quedarme y por eso no quiero que Ana ni sus amigos piensen que estoy bien aquí. No sé si se lo habrán planteado, pero no quiero que me adopten.

Sonia: [Habla en español] Como es domingo no espero que estén las calles del recorrido cortadas. – Le dice a Ana. – Si no tendremos que bajar por el río.

Ana: [Habla en español] Antes nos ha dado tiempo a ver algo. – Le responde. – Aún estaban los toldos y quedaban algunos adornos.

Sonia: ¡Un año de éstos te tienes que animar y verlo vivo! – Le dice y suena a recriminación. – Es una pena que este año hayas venido tan tarde.

Ana: A ver si consigo escaparme de las fieras y me vengo a pasar unos días. – Le responde.

Sonia: Cuando quieras, ya sabes que en casa tienes sitio. – Le contesta. – Si has tenido ocasión de verlo por televisión, en directo impresiona mucho más. Las calles llenas de gente, el olor a tomillo, la música, la gente vestida, la custodia…. – Enumera con emoción

Ana: Lo intentaré. – Le promete.

Carlos: [Habla en español] ¡Hablamos con el obispo y que lo organice en las fechas que más te convengan! – Propone con jocosidad. – Hasta ahora ha habido dos días para elegir, pero parece seguro que volverá a ser el jueves como siempre.

Ana: Será una dispensa del Papa ¿No? – Le pregunta contrariado.

Carlos: Creo que también en Granada se queda para el jueves. – Le comenta. – Pero el día de precepto es en domingo. – Aclara. – ¡Va a ser un poco de lío! – Añade. – A los sacerdotes les vendrá mejor, porque ese día tan solo ofician misa de diario. – Para la ciudad va a seguir siendo su semana grande.

No sé de qué hablan. Tan solo me ha parecido entender que algo relacionado con el Papa y con esta ciudad, aunque me resulta un poco extraño eso de que el Papa pueda opinar sobre lo que sucede aquí, ya que no creo que estemos en la Ciudad de Vaticano, porque eso sí sé que se encuentra dentro de la ciudad de Roma y tiene identidad propia, algo así como si yo pretendiera que mi habitación fuera considerada una vivienda aparte. En todo caso, he visto fotos de Roma y del Vaticano y no le encuentro parecido a este lugar, salvo por la presencia de edificios antiguos y las iglesias. Quizás es que haya prevista alguna visita y ya que Ana el otro día me dio a entender que   suele acudir a esos encuentros siempre que el trabajo se lo permite, puede que se esté poniendo de acuerdo con sus amigos para venir y alojarse en su casa. Tal vez, los adornos que antes hemos visto por la calle se deba a una de esas visitas del Papa, que se haya engalanado las calles más identificativas de la ciudad recibirle, aunque tengo entendido que el Papa suele hacer sus desplazamientos en su coche y dudo que están calles sean lo bastante anchas, sobre todo si se junta mucha gente, la comitiva no puede pasar.

Como si estuviéramos en un laberinto donde las calles se entrecruzan, como si nos hubiéramos perdido, creo reconocer un cruce de calles por donde hemos estado antes, por donde estaban las calles adornadas, pero el coche, en lugar de seguir la calle por donde se encontraba la tienda, porque me parece que era por aquí, se mete por lo que parece un callejón estrecho, en vez de girar hacia la plaza, aunque de igual modo por aquí también está el toldo que recorre toda la calle, por lo que supongo que vamos por el recorrido que debió hacer la comitiva, pero en sentido contrario al de antes, por lo cual no sí vamos hacia el punto de partida o hacía la salida. Lo que me queda claro es que el coche se ve un poco apurado para pasar por aquí, lo que me confirma que resulta un poco complicado eso de que hayan escogido este recorrido para el coche del Papa, pero supongo sobre todo queda descartado que la iglesia con las cadenas sea la catedral porque los toldos no llegan hasta allí.

Sonia: ¿Te dijeron algo en la universidad? – Le pregunta intrigada. – ¡Vamos a pasar casi por delante de la puerta!

Ana: He venido de casa con parte de la tarea hecha. – Le responde. – No me ha hecho falta preguntar en la universidad.

Algo he entendido de la universidad, pero a mí no me parece posible que aquí la pueda haber, aunque yo hasta ahora no haya estado en ningún campus universitario, pero no me cuadra con que pueda haber uno aquí, sino en lo que hemos visto eran los barrios modernos. En cualquier caso, por lo que sé de la vida de Ana, está sí se ha graduado en la universidad, porque se entiende que es uno de los requisitos de su trabajo, que eso de limpiar mocos es una tarea añadida. Ella se ocupa de los casos que requieren una atención especial, como se supone que es el mío, lo que supongo que no es una responsabilidad que se pueda dejar me manos de cualquiera. Desconozco los estudios que tendrá Monica, pero entiendo que ha de tener una situación similar, sobre todo porque para el internado fue una descargada de trabajo no tener que ocuparse ya de los bebés, tan solo de niñas en edad escolar que puedan estar matriculadas en el St. Francis School. Por lo que supongo que eso de que Ana no ha tenido que ir a la universidad se debe referir a otra cosa y no a sus estudios.

Carlos: Si buscas novio, como vamos a pasar por la calle Alfileritos, nos podemos detener un momento. – Le propone con jocosidad.

Ana: No, gracias. – Le responde con tono serio. – Ya estoy bastante comprometida con mi trabajo, con mis niñas.

Sonia: Entonces ¿Has tomado los votos? – Le pregunta contrariada.

Ana: No, no tengo vocación. – Le responde y aclara. – Pero sí, he encontrado en esto de cuidar a las niñas con necesidades especiales mi modo de vida.

Sonia: Si tiene que surgir, surgirá. – Le contesta en tono afable.

Ana: Tampoco me he cerrado a esa posibilidad, pero de momento no hay candidatos llamando a mi puerta. – Le responde de manera sutil y jocosa.

Carlos: ¿Cómo es eso que os dicen a las chicas? – Se pregunta de manera retórica. – ¡Se te va a pasar el arroz!

Ana: Ya tuve mi oportunidad, pero no salió bien. – Le aclara. – Preferí quedarme con mis niñas.

Entiendo la palabra “novio”, pero no sé qué relación tiene con la  universidad, aunque deduzco que hablan de cuestiones referentes a la vida de Ana, que con sus amigos no se muestra tan reservada como con nosotras, tal vez porque a éstos les conociera antes, tenga una mayor confianza o en la época en que se conocieron Ana no tuviera tanto que esconder o quizá se sintiera más justificada a explicar cómo una chica como ella podía dedicarse a viajar por el mundo, porque desde que trabaja en el St. Clare’s no creo que disponga de tanto tiempo, tan solo en vacaciones, pero debido a que se ha de quedar conmigo se siente mucho más limitada, de manera que este año me ha traído con ella y ha solventado el problema, aunque por lo que me ha dado a entender éste es un viaje por trabajo, por lo cual, se tendrá que buscar otras fechas para disfrutar de sus vacaciones. Tendrá que ser cuando me pueda dejar al cuidado de Monica y no haya de ocuparse de ninguna otra niña, cuando pueda recurrir a las voluntarias que en ocasiones cuidan de nosotras.

Supongo que como Ana me ha dicho en alguna ocasión, los adultos tratan temas de mayores y dado que ellos ya se han casado querrán saber si Ana tiene novio o algo así, pero la verdad es que yo no sé de ninguno y tampoco tengo muy claro a qué edad nos hemos de casar las chicas. Por lo que yo sé de los casos que han pasado por el St. Clare’s alguna se lo debería pensar mejor antes de tener relación con los chicos porque después somos nosotras quienes pagamos las consecuencias y terminamos en casa de acogida. Ana está muy concienciada en ese sentido y a las mayores no los suele recalcar bastante, aunque entiende que quizás aún somos demasiado pequeñas para hablar de ciertos temas, que esos consejos son más para aquellas que se marchan. En mi caso, como me quedo, no me libro de ese tipo de consejos. Sin embargo, puedo estar tranquila porque a mí de momento no me interesa complicarme con los chicos antes prefiero que venga Daddy a recogerme. De hecho, yo no sé si soy consecuencia de ese tipo de relaciones inapropiadas, porque todo lo que sabemos de mis orígenes no cuadra con ese tipo de asunto. Si los datos son correctos, Daddy era demasiado pequeño, por lo cual toda la responsabilidad de lo sucedido recae en mi madre, de quien no sabemos más que el apellido y tenemos dudas de que sea real.