FRIDAY, JUNE 23, 1995

01:00 PM. Logan Int. Airport

Muchas veces he querido venir hasta aquí, ya fuera porque viniéramos a esperar a Daddy o porque éste fuera el lugar donde me recogiera y llevara con él. Sin embargo, todas esas expectativas se ven frustradas desde el instante en que Ana me ha traído en contra de mi voluntad, sin que me haya dicho adónde me lleva y sin opciones a que me marche de regreso al St. Clare’s. Es más, de mis pertenencias allí tan solo quedan las que Ana no ha metido en la maleta y temo que el armario se ha quedado casi tan vacío como el que compartían Jodie y Brittany, las cuales ya no regresarán al St. Clare’s al comienzo del próximo curso. Las dos se han marchado con sus familias de acogida y después se instalarán en el Matignon High, lo cual ya me comentaron que les hace mucha ilusión porque supone un cambio en sus vidas, Será la evidencia de que ya son mayores, mientras que yo me quedo en el St. Clare’s, aunque lo cierto es que ahora mismo no tengo muy claro eso de que vaya a regresar con Ana dentro de dos semanas, ni que me haya de tomar muy en serio su promesa de que no dejaré el St. Clare’s hasta que Daddy venga a por mí o tenga edad de ir a la universidad. Lo que tengo claro es que donde me lleva Ana es mucho más lejos que Matignon High, porque no hace falta tomar un avión, para llegar hasta allí basta con el autobús, con la furgoneta se llega en menos de quince minutos. Lo cierto es que nunca he estado, pero es lo que desde siempre me han asegurado.

Ana: Toma, tu pasaporte. [Me lo entrega] Para que veas que no soy tan mala y que, incluso cuando estás de morros, te hago regalos. – Me dice con sarcasmo.

Jess: [Lo cojo] Gracias. – Le digo con frialdad y por compromiso.

Pasaporte de Jessica

¡Tengo pasaporte! Ana dirá lo que quiera, pero consigue todo lo que se propone y nosotras, las chicas del St. Clare’s, somos las últimas en enterarnos, dado que no recuerdo haberlo solicitado. Sin embargo, lo tengo, con fecha de ayer, lo que supongo pone de manifiesto que hasta no hace mucho Ana no estaba segura de sí la acompañaría o no, tal y como me ha comentado antes. Supongo que este viaje no es tan improvisado como parece, aunque haya evitado que me enterase de ello hasta el último momento, porque, si lo hubiera sabido antes, no me hubiera encontrado tan relajada en mi habitación. Tal vez, si supiera que me lleva con Daddy, me habría encontrado con la maleta preparada, mostrado impaciente por la hora en que nos fuésemos. Hasta ahora no hemos recibido noticias de Daddy ni hemos averiguado nada nuevo sobre él. Ana me prometió que le buscaríamos juntas y que, en caso de que descubriera algo, no me lo ocultaría, pero no ha habido novedades. Tan solo su empeño en que aprenda a hablar en español, pero ya se ha dado cuenta de que hasta ahora no ha servido de mucho porque me he negado incluso a ir a clase. Por suerte para mí, los profesores del St. Francis School han sido considerados conmigo y me he graduado en Middle School como el resto de mis compañeras. Sin embargo, para el próximo curso no tendré la misma suerte y, como suspenda la asignatura de Spanish I, no será el hecho de que tenga pasaporte lo que evite que me manden a Matignon High. De todos modos, no me lo plantearé con demasiado interés porque no quiero que mis ilusiones se frustren, en caso de que Daddy no quiera saber de mí. No me convence la idea de que el saber no ocupa lugar ni eso de que no supone una pérdida de tiempo. Si Daddy no quiere nada conmigo, no hay razón para que viaje a España.

No le pregunto dónde vamos ni por qué hace falta el pasaporte. ¡No me da la gana! Como bien sabe, estoy de morros y no me he escapado de regreso al St. Clare’s porque aún no me ha dado ocasión, pero en cuanto se despiste desaparezco de su vista. Con la persecución por el aeropuerto y las calles de Boston perderemos el avión y nos quedaremos. Lo malo es que Ana me conoce y no permite que me rasque la nariz sin su aprobación previa. No tengo interés por ir a ninguna parte y me parece que las reformas en el St. Clare’s no son más que una excusa para que me vaya con ella en este viaje, cuando creo que no habría ningún problema en que me quedase. Aunque la expectativa de las vacaciones con Monica es mucho menos interesante que un viaje hacia lo desconocido, tan lejos que necesito el pasaporte y que justifique que estemos dos semanas fuera. La verdad es que, como demuestre un mínimo de curiosidad, pensará que me he resignado y voy por las buenas, pero mientras no regresemos, no creo que tenga motivos ni disfrute del viaje.

Ana: Si no me preguntas a dónde vamos, no te lo digo. – Me dice por si le doy conversación y me animo. – Esperaba que te hiciera más ilusión este viaje. Ya te he dicho que tu Daddy no nos perderá la pista y llamaremos a la parroquia todos los días. Les preguntaremos si ha llamado o saben algo nuevo. En cuanto tengamos alguna noticia, nos pondremos en contacto con él y le diremos dónde estamos. – Asegura. – Desde cualquier sitio será más fácil moverse que desde el St. Clare’s. – Argumenta.

No me apetece hablar. Lo que quiero es que regresemos al St. Clare’s porque no me interesa nada este viaje. Mantengo la misma actitud e indiferencia desde que Ana me dijo que me vendría por las malas. Quiero regresar a mi habitación, que me permita pasar allí los dos meses de verano como todos los años, aunque este año sea diferente porque ya no volveré al St. Francis School, el próximo curso estaré en el Medford High. Todo será nuevo y supongo que este verano me servirá para que tome conciencia de esos cambios. Sin embargo, si Ana me lleva lejos de aquí, a un país extraño, aunque sea por dos semanas, será tiempo que perderé porque necesitaré algunos días para reponerme del susto, por lo cual, cuando me dé cuenta de en qué día vivo, el curso estará tan avanzado que mis calificaciones se resentirán y me echarán la culpa porque no habré estudiado bastante o todavía estaré despistada. La responsable será Ana porque me somete a esta tortura sorpresa, porque no creo que sea un placer que me lleven donde no quiero y encima esperen que disfrute de la estancia como si se tratase de algo tan maravilloso, que seguro que no lo es. Lo maravilloso sería que detrás de todo esto estuviera una visita a casa de Daddy, una primera toma de contacto.

Desde hace algún tiempo he tenido la curiosidad de venir al aeropuerto y buscar en los carteles que anuncian los vuelos, si hay alguno con procedencia o destino a Toledo/Spain, ante la expectativa y posibilidad de que haya alguno que me lleve hasta la casa de Daddy, que Toledo disponga de un aeropuerto internacional. Ahora tengo el cartel ante mí y lo único que veo son alusiones a aeropuertos nacionales. Al menos me queda la tranquilidad de que de momento no vamos a Toledo ni a España. En cierto modo, siento una pena, aparte de impotencia, porque entre los destinos no hay ninguno que de verdad me interese, salvo que haya que hacer transbordo, pero eso aquí no lo indica. En contra de lo que le he pedido a Ana, tampoco hay un vuelo que nos lleve de regreso al St. Clare’s. En realidad, ha sido una respuesta estúpida e impulsiva por mi parte porque no quiero que me lleve a ninguna parte. Prefiero que sea Daddy quien venga a buscarme. Tal vez Daddy no sepa cómo se llega hasta el St. Clare’s ni a este aeropuerto, si entre los destinos que haya en el aeropuerto de Toledo ninguno es directo hacia aquí. No sé cuánto costará el viaje, imagino que mucho. Si ha de tomar varios vuelos, el coste será mayor. Quizá Daddy no haya venido a por mí todavía porque no dispone de tanto dinero. Aparte que, si es tan joven como indica la partida de nacimiento, tendrá que trabajar y ahorrar mucho para reunir el dinero. De hecho, me sorprende que con lo que siempre se nos insista en el St. Clare’s con que no hay dinero para caprichos, Ana haya conseguido pasajes de avión para las dos.

Ana: Dime dónde te apetece que vayamos. – Me pide por si me animo. – Tenemos dos semanas. Si te animas, iremos donde quieras. – Me propone. – El límite lo pones tú. – Me indica con complicidad. – Estamos en el aeropuerto y tal vez aún haya alguna posibilidad de que cambiemos los pasajes en el último momento.

Salidas de Boston

Estamos delante del cartel anunciador de los vuelos que salen y por ninguna parte aparece Toledo, ni identifico ciudades españolas, aunque, a pesar de mi supuesto desconocimiento, mi ignorancia no me limita tanto en ese sentido. La cuestión es que todos los vuelos son a destinos nacionales, dentro de los Estados Unidos. Tal vez deberíamos mirar en otras terminales, desde donde salgan los vuelos internacionales. En cualquier caso, entiendo que Ana no tiene intención de que vayamos muy lejos. Si de verdad pretendiera ocultármelo, no me hubiera traído hasta aquí, bajo el cartel, para que me deje llevar por la curiosidad y averigüe por mí misma cuál será nuestro destino. Estoy desmotivada, enfadada con ella, porque me ha sacado del St. Clare’s por las malas, cuando sabe muy bien que, si me hubiera enterado de sus planes con antelación, hubiera tenido que buscarme por todo el barrio hasta dar conmigo, porque no iba a consentir que me arrastrase con ella. Me siento traicionada por la persona en quien he puesto toda mi confianza estos últimos años y por quien siento una gratitud infinita, ya que ha conseguido que el próximo curso siga en el St. Clare’s, a pesar de que supero la edad máxima permitida.

Jess: De regreso a casa. – Le respondo con desgana.

Ana: Pues mira, me parece que no hay ningún vuelo que lleve ese destino. – Me responde sin perder el buen humor. – ¿No tienes curiosidad por ningún otro destino? – Me pregunta.

Jess: No. – Le respondo sin más.

Ana: Me temo que no hay ningún avión que aterrice delante de la puerta del St. Clare’s. – Contesta con complicidad. – ¡Venga, anímate! – Me pide con entusiasmo. – Seguro que será un viaje interesante. Pero, si vas con esa cara, dará igual donde vayamos porque no lo disfrutarás como debes.

Jess: Me da igual. – Le contesto con indiferencia.

Ana: Te aseguro que, si Daddy aparece por el St. Clare’s estos días, le dirán dónde estamos, de modo que no te preocupes por nada. – Me ruega. – Nadie tiene menos interés que tú en que se produzca ese anhelado encuentro entre los dos y hacemos lo posible porque así sea, pero no esperes un milagro ni te cruces de brazos a la espera de los acontecimientos, porque no consigues nada con ello. – Me aconseja.

Jess: ¡Hasta ahora no habéis conseguido nada! – Constato con impotencia.

Ana: ¿Te parece poco lo que hemos conseguido? – Me pregunta con intención. – No juzgo ni hablo por las demás trabajadoras del St. Clare’s porque no me parece prudente juzgar su trabajo, pero por mi parte creo que no he tenido reparo en hablarte de Daddy y te he escuchado cuando te has sentido más deprimida, necesitada de su cariño, y no te has sentido correspondida. – Alega en su defensa.

Jess: Sí, vale. – Le digo porque sé que tiene razón. – Pero sigo sin noticias de Daddy. – Constato. – ¡Ya tengo catorce años y no soy ninguna niña a la que tengan que cuidar las veinticuatro horas del día! – Me quejo. – ¡Es imposible que en todo este tiempo nadie haya averiguado nada! – Protesto con razón.

Ana: Me parece que ninguna de las dos está en situación de ser juez con Daddy. – Me contesta. – Entiende que la situación tampoco es tan fácil para él como a ti te parece. – Me dice. – Tú te consideras mayor porque ya tienes catorce años, pero él tiene siete años más que tú y esta paternidad le viene grande.

Jess: Si supiera dónde vivo, me escribiría. – Replico. – Al menos quisiera que me dijera que sabe de mi existencia y diera sus motivos para que no estemos juntos. – Justifico. – Todo lo que yo piense carece de sentido. – Argumento.

Ana: ¡No seas tan egoísta! – Me ruega. – Estoy convencida de que lo último que Daddy quiere es que te sientas perjudicada. Tal vez piense que aún eres demasiado joven y no entiendes la situación. Se espera a que los dos hayáis madurado un poco más.

Jess: ¡Se trata de Daddy y no de un novio! – Replico.

Ana: Sé que hablamos de tu padre. – Me contesta. – Por eso te aconsejo que seas un poco más sensata y no seas tan crítica con él. – Me dice. – Piensa que, en su caso, los problemas se multiplican porque tendría que ejercer de padre, mientras que tú tan solo eres su hija. Son muchas obligaciones y responsabilidades.

Jess: Me conformaría con que me escribiera. – Le respondo. – Tal vez me aceptase en su casa durante dos o tres días, como si fuera una estudiante de intercambio.

Ana: ¡Una estudiante de intercambio demasiado joven! – Replica. – Como responsables de tu bienestar, y según las normas que rigen el acogimiento, lo cierto es que habría muchas objeciones, antes de permitir que te fueras con él. Necesitaríamos que confirmase que es tu verdadero padre. – Me explica. – Si te esperas unos años, tal vez ya no haya tantas complicaciones.

Jess: ¿Habría algún problema en que me escribiera con él? – Pregunto. – Si no me quisiera contestar, me aguantaría, pero al menos sabría de mí. – Alego. – Tal vez con el tiempo cambie de opinión o al menos no se sorprenda, si algún día me presento delante de la puerta de su casa. – Digo esperanzada.

Ana: Ahora mismo no te sabría contestar. – Me responde un tanto apurada. – Supongo que no. Pero ten en cuenta, que, como tus tutoras, tenemos el deber de velar por tu bienestar y únicamente entregaremos tu custodia a un pariente directo, no al primero que pase por la puerta, ello incluye adopciones.

Jess: ¡Pero es que Daddy es mi padre! – Replico. – Si me quiere, estoy segura de que querrá saber de mí.

Ana: Eso aún no está claro del todo, aunque es cierto que, si se duda de eso, se dudará de todo. – Me responde Lo más fácil es pensar que sea cierto.

Soy menor de edad y debido a las normas del St. Clare’s Home tengo prohibido el trato con chicos mayores, con los chicos en general cuando la actitud de éstos no sea la adecuada. A mí no me interesa saltarme ese tipo de normas y menos ahora que ello conllevaría que me mandasen a Matignon High, pero tengo derecho a que Daddy sepa de mi existencia, a que me permitan que me comunique con él. Me da igual, si esas cartas las tienen que revisar doscientas personas antes de que lleguen a manos de Daddy e incluso las que éste me envíe. Me conformo con que sepa de mi existencia, con una prueba o evidencia de que tengo un padre y no soy tan solo aquella chica a la que abandonaron en el hospital y sobre la que todo el mundo desconoce sus orígenes. Si Daddy recibe noticias mías, al menos tendré algo que justifique que tengo un padre. Tal vez no me quiera, como no me quiso mi madre, porque me abandonó, pero es lo único que tengo que me vincula con mis orígenes, que no soy un bicho raro. Hasta ahora he supuesto que Ana sería capaz de concederme eso y mucho más, pero es en lo único que me ha defraudado y sobre lo que se muestra más reticente. Asegura que lo hace por mi bien, pero estoy casi segura de que son tan pocos los datos que tenemos sobre Daddy que, por mucho empeño e interés que haya puesto en esa búsqueda, no ha obtenido ningún resultado. Ha sido más fácil que consiguiera que me quede en el St. Clare’s los próximos cuatro años, aunque se planteaba como un imposible desde el primer momento.

Ana: Si quieres que sea como si le escribieras, te guardaré esas cartas y te prometo no leerlas. – Me propone. – El día que le localicemos, se las entregaré.

Jess: ¡Pero es que quiero que Daddy las lea! – Replico ante lo absurdo de su sugerencia. – Para que las guardes, prefiero no escribirlas. – Le confieso con impotencia. – Ya hablo muchas veces con él, aunque sé que no me escucha y que hablo para mí. – Justifico.

Ana: Entonces, no he dicho nada. – Rectifica. – Sin embargo, si algún día le localizamos, te prometo que dejaré que le escribas y envíes todas las cartas que quieras.

Jess: ¡Me parece que no le encontraremos nunca! – Le respondo con pesimismo. – Además, tampoco es seguro que sea mi padre o que quiera saber algo de mí.

Ana: Tenemos una primera pista bastante segura. – Me responde animada. – Estoy convencida de que quien dejó esa nota quería que le buscásemos y encontrásemos, de manera que no te rindas antes de intentarlo.

Jess: Quizá Daddy recibiera una nota parecida. – Digo y así recupero el entusiasmo que nunca he perdido. – La nota diría algo así como: «It is a girl. On April 21st, 1981. Medford, Massachusetts, USA. Take her». Si me busca, primero preguntará en el hospital y de allí le mandarán al St. Clare’s.

Ana: Recuerda que, si los datos son ciertos, cuando tú naciste, él tenía siete años e imagino que eso no tendría demasiado sentido para nadie. – Me contesta. – Algo en los datos que tenemos debe ser erróneo.

Jess: Bueno. Da igual. – Le respondo porque no me apetece que me contradiga.

No me apetece que hablemos porque estoy molesta por el viaje. Ya sé que el hecho de que me ponga de morros no hará que Ana cambie de idea, el viaje ya ésta organizado y pagado. Supongo que no hay como tal una causa justificada para que renunciemos a todo en el último momento y dado que el presupuesto del St. Clare’s es bastante limitado, no es algo que se deba desaprovechar, aunque en realidad no sé quién costea el viaje, tampoco me importa porque, si por mi fuera, no iríamos a ninguna parte. Supongo que Ana no pretenderá que sea yo quien pague el viaje con mis ahorros, dudo que haya dinero suficiente en mi cuenta del banco, aparte que lo reservo para cuando vaya a la universidad, al menos para cuando deje el St. Clare’s y haya de vivir por mi cuenta, si Daddy no viene a por mí, aunque me gustaría demostrarle que no le quiero por su dinero. Lo cierto es que como a lo largo de todos estos años no he ido a ninguna parte, salvo a Carson Beach, he tenido pocos gastos y en ese aspecto, según mis cálculos, soy una de las chicas más ricas del St. Clare’s, pero, como Ana me recrimina y asegura, ninguna chica querría verse en mi situación porque su riqueza está en el hecho de que tienen una familia de acogida y se han dado la oportunidad de conocer mundo. Ahora no estoy segura de que alguna haya llegado tan lejos como Ana pretende que consigamos con este viaje.

Hace algunos años Ana me reprendía porque jugaba con los chicos sin camiseta, pero ahora parece que no le da importancia al hecho de que tan solo visto con un top de cintura para arriba, que estamos en el aeropuerto y que no me ha dado tiempo a que me cambiara porque aseguraba que se nos hacía tarde y temía que tan solo fuera un truco para retrasar nuestra salida. La verdad es no nos hemos cruzado con ninguna chica que vaya tan ligera de ropa, aunque también deberíamos acercarnos a la zona de llegada para comprobar en qué condiciones llegan las turistas, dado que en realidad esto es Boston, no es Miami y esta frescura no suele ser lo más habitual. Si esto forma parte del castigo o del escarmiento por mi poca colaboración a la hora de preparar la maleta, me temo que a estas alturas ya he aprendido la lección y no sé si se admitirá que suba al avión en estas condiciones, dado que ella sí que va vestida de manera más formal. En todo caso, como ya hemos dejado la maleta en el mostrador para que la embarquen, la torpeza al final ha sido mía por no haber cogido una rebeca o algo con lo que vestirme un poco mejor.

Billete del vuelo Boston-Philadelphia

Esta primera tarjeta de embarque deja que la vea, la mire y remire para que me convenza de que el avión no aterriza de nuevo en el aeropuerto de Boston ni a las puertas del St. Clare’s. Lo que me parece que está fuera de toda duda y suspicacia, aunque me haría ilusión que nuestro destino no fuera Philadelphia, sino Toledo, España; porque estoy segura de que es un sitio que dispone de uno de los aeropuertos internacionales más importantes del mundo. Seguro que Daddy ve los aviones que pasan por encima de su casa todos los días y tal vez se ilusione ante la idea de que un día montará en alguno de ellos para encontrarse conmigo. El día que venga, me gustaría que nos avisara y le esperaríamos. Escucharíamos por megafonía el aviso de que el avión procedente de Toledo/Spain aterriza en alguna de las pistas y estaríamos pendientes de la puerta por la que salgan los pasajeros. Sin embargo, el destino de este avión es Philadelphia y tan tonta no soy como para entender que viajamos hacia el sur, que no cruzamos el océano. Hasta ahora he aprobado la asignatura de Geografía y, aunque tal vez no me conozca todos los mapas, soy capaz de ubicar los estados de la costa Este y sobre todo sé dónde se encuentran Medford y Boston. Lo bastante lejos de nuestro destino como para que hayamos tomado un avión, aunque de igual modo llegaríamos en tren o por carretera, pero tan solo disponemos de dos semanas y Ana no parece dispuesta a que perdamos el tiempo ni que esto sea un paseo. Desde el aeropuerto de Philadelphia volaremos hacia nuestro verdadero destino, hacia lo desconocido.

Jess: ¿Falta mucho para que aterricemos? – Pregunto porque este encierro ya me cansa. – ¿Cuándo me dirás a dónde vamos? – Le pregunto por si considera que mi castigo ya ha durado bastante

Ana: ¿Ahora tienes interés por saberlo? – Me pregunta intrigada. – ¿No decías que no te importaba, que preferías volver? – Me recrimina con complicidad. – Por si lo has pensado, ya te confirmo que no vamos en busca ni al encuentro con Daddy. – Me dice para que no me emocione sin motivo. – Para ti es un viaje de placer y para mí de trabajo, aunque vayamos de visita a casa de unos amigos.

Jess: ¿Descubriré tu vida secreta, tus trapos sucios? – Le pregunto con complicidad. – En el St. Clare’s todas las chicas nos preguntamos cómo consigues todo con un par de llamadas. Eres nuestra “MacGyver” particular. – Le comento, aunque no es ningún secreto

Ana: No lo consigo todo. – Me corrige. – Os habéis hecho una idea equivocada conmigo. Tan solo soy una educadora. Sois vosotras quienes tenéis suerte de que haya tanta gente altruista y dispuesta a ayudaros. Tenéis muchos padres o hermanos mayores, según lo quieras ver. Ha habido muchas chicas que han pasado por el St. Clare’s y que se sienten en deuda con la institución. Tan solo me limito a recoger esas ayudas.

Jess: Entonces ¿Visitaremos a alguien que estuvo en el St. Clare’s? – Pregunto intrigada. – Ya sé que ha habido muchas chicas que han pasado por allí antes que yo.

Ana: No, como te he dicho, vamos a casa de unos amigos, porque a diferencia de ti, he viajado mucho y conozco a gente de otros países. – Me responde. – Estaremos con ellos un par de semanas, si es que no acaban antes las obras en el St. Clare’s. – Me explica. – Mientras tú disfrutas del sol y la piscina, aprovecharé y haré algunas gestiones.

Jess: ¿Me dejarás sola? – Le pregunto preocupada. – ¿Tú también me piensas abandonar? – Le pregunto temerosa.

Ana: No, no lo entiendas mal. – Me aclara. – Las dos vamos de vacaciones y regresaremos en cuanto nos avisen que han terminado las obras, pero tengo gestiones que tratar y prefiero que no me acompañes porque te aburrirás. – Se justifica. – En casa de estos amigos estarás bien y ni te darás cuenta de cuándo me voy porque solamente estaré ausente dos o tres horas cada mañana. – Me explica ante la expectativa de mi reacción.

Jess: ¿Sobre qué son esos asuntos? – Le pregunto ya que alude a ellos de manera reiterada.

Ana: Asuntos relacionados con vosotras. – Me contesta sin dar más detalles. – Te parecerá que vamos un poco lejos a tratar estos asuntos, pero muchas de vosotras os vais así de lejos. – Justifica. – Tal vez pienses que esto es competencia de la embajada, y tienes razón, pero éste es un caso especial. – Alega.

Jess: ¿Alguna chica nueva? – Pregunto porque no le encuentro otra explicación.

Ana: Como sabes la actividad del St. Clare’s se reduce en vacaciones, por lo que este viaje no tiene nada de excepcional, salvo tu compañía.

Está claro que no me dará muchas más explicaciones, que es un asunto sobre el que prefiere que no esté demasiado enterada porque desconfía de que sea capaz de tener la boca cerrada cuando regrese y me reencuentre con el resto de las chicas después de las vacaciones. Supongo que entiende que me encontraré en una situación complicada y tal vez, por conseguir la atención de las demás, por hacerme la interesante, hable más de la cuenta. Cuanto menos sepa de todo esto mejor para todos, incluso si esto me afectase únicamente a mí y se amparase en las reformas que se harán en el St. Clare’s para que la acompañe sin que sospeche nada. Es posible que haya oído cómo me quejo de que no sé nada de Daddy, que tal vez me lleve al encuentro con él, se me dé la oportunidad de que le conozca, aunque no sepa que es él, pero quizá él sí sepa quién soy yo cuando me vea y reprima ese deseo de abrazarme para que no estropee la intención de este viaje. El caso es que no sé dónde vamos, pero, si tenemos que tomar dos aviones y necesitamos el pasaporte, me parece que muy cerca del St. Clare’s no nos quedaremos. Es posible que no me lo haya dicho, para que no idee un plan de fuga ni me vaya sola en busca de Daddy.

¡Estaría bien una cita a ciega de esas con Daddy! Mejor sería si supiera que es él, porque así le conocería y sabría si todo lo que siento tiene algún sentido o, por el contrario, son ilusiones que es mejor que olvide, que da lo mismo lo que pretendiera quién me abandonó y dejo aquella carta en la cuna, porque tal vez estaré mejor sola y sin preocuparme por mis orígenes. Es posible que esa sea la intención oculta de Ana con este viaje, que descubra por mí misma que hay otro mundo más allá de mis expectativas y que no es bueno que me encierre en el St. Clare’s a la espera de algo que quizá no me convenga. Sin embargo, estoy segura de que seré feliz cuando Daddy y yo nos reunamos, es algo instintivo, eso a lo que Ana a veces alude como justificación a que afloren buenos sentimientos cuando pienso en Daddy. Si es cierto eso de que todo el mundo tiene un sexto sentido para reconocer a los padres, espero que yo también lo tenga y reconozca a Daddy antes de que nadie me diga que es él, así no me engañarán ni harán que crea que se trata de otra persona, porque piensen que los datos de la carta no tienen mucho sentido. Tan solo quiero conocer a mi verdadero padre y me da igual si a primera vista no lo parece.

Ana: Si tienes que ir al baño, aprovecha porque aterrizaremos dentro de poco. – Me dice.

Jess: ¿Tendremos tiempo en el aeropuerto? – Le pregunto.

Ana: Sí, pero no. – Me responde. – Tenemos un transbordo y, como salimos del país, será un vuelo internacional, habrá que facturar. – Me advierte.

Jess: ¿No me dirás dónde vamos? – Le pregunto por si esta vez me contesta.

Ana: Dormiremos en el avión. – Me responde. – Pero no hace falta que te pongas el pijama. – Me indica. – Supongo que tal como vas estarás bastante cómoda.

Jess: ¿Hay camas en el avión? – Pregunto extrañada e intrigada.

Ana: ¡Cómo se nota que no te has movido mucho del St. Clare’s! – Me responde con complicidad. – Aunque no te lo creas los aviones también vuelan por la noche, pero no, no llevan camas para los pasajeros, tan solo asientos reclinables. – Me explica. – Cuando seas rica y tengas un avión privado, lo tendrás a tu gusto.

No sé si seré capaz de dormir en el avión, en otro sitio que no sea mi cama, aunque se supone que ya debería estar habituada a estos cambios porque desde que estoy en el St. Clare’s he cambiado varias veces de dormitorio y, por lo tanto, de cama. Sin embargo, eso no es comparable a dormir en un avión, rodeada de gente extraña. A mí me parece que Ana no ha sido tan previsora como me ha parecido en un principio. No seré capaz de dormirme y el hecho de que no sepa dónde vamos hace que me sienta más nerviosa, que tenga más interés por saberlo. No me importaría que me mintiera antes que mantener esta tensión, ya que no tendría esta inquietud. Es más, aún no he descartado del todo que tal vez me lleve con Daddy y no me lo ha dicho para que sea una sorpresa y no sea más curiosa de lo debido ni me cree falsas ilusiones antes de tiempo. Si no duermo en el avión, seguro que por la mañana estoy insoportable. Si ya lo estoy ahora, lo estaré más. Los amigos a los que se supone visitaremos se llevarán la impresión de que soy tonta. Seguro que, si les dice que me comporto así porque estoy enfadada, ya que me ha traído por las malas, mejore en algo ese concepto que tengan de mí. En cualquier caso, la intención de dormir no me faltará, porque ya es de noche, el viaje será largo y será la mejor manera de que me deje tranquila durante unas cuantas horas.

¿Hacia dónde vamos que habrá que dormir en el avión? Si volamos hacia el Sur, supongo que nuestro destino no estará cerca del Polo Norte, aunque no sé si los aviones lo sobrevuelan o hay alguna ruta que vaya por ahí. Quizá vayamos a Sudamérica, porque me parece que, para llegar a los estados del sur, Florida, Louisiana, Texas o por ahí, no se tarda tanto. No sé si iremos hacia la costa Este. Si Ana ha metido el bikini en la maleta supongo que será un lugar donde haya agua, tal vez una playa. Cabe la posibilidad de que nuestro destino sea el estado de California, la ciudad de Los Ángeles o San Francisco. Son lugares que me llaman la atención por lo que se ha visto en las películas, por eso de que allí está Hollywood. Sin embargo, me sorprende que allí tenga alguna constancia de la existencia del St. Clare’s o les interese. Lo cierto es que Ana se defiende bastante bien con el español, por lo cual lo más probable es que se trate de algún país hispanoamericano, pero en el hemisferio Sur ahora es invierno. Tal vez vayamos a México o a alguna de las islas del Caribe, porque descarto que se trate de alguna de las islas del Pacifico. Si le echo un poco de imaginación, puedo pensar que nuestro destino sea Europa, Asía e incluso algún país de África, pero por mucho que en el St. Clare’s todas las niñas sean bienvenidas, y es cierto que algún año ha habido casi una amplia diversidad de procedencias, el “St Clare’s Home for girls” no es más que un pequeño internado dependiente de un colegio católico en una pequeña localidad del estado de Massachusetts, no es el centro mundial de acogida de niñas huérfanas, por lo que sorprendería que alguien que viviera más allá de los límites del condado de Middlesex sepa de su existencia o alguna vinculación, aparte de que sea un St. Clare’s católico y dependamos de St. Francis School, éste del arzobispado de Boston y éste del Papa que está en Roma. Estoy segura de que no vamos de visita a casa del Papa.

Philadelphia INT APT.

05:00 PM. Terminal B EAST, Gate B20

De nuevo en tierra firme y con los pies en el suelo. Hace unas horas tenía el paisaje del aeropuerto de Boston al otro lado de los cristales y ahora me encuentro con el de un aeropuerto diferente y parece que Ana ya se fía de mí y no teme que intente regresar al St. Clare’s, aunque sea a pie. Sin embargo, todavía estoy a tiempo, pero la reprimenda no creo que compense tal osadía y parea ser justa tampoco soy tan valiente. Es más, confío en que de verdad este viaje sea de dos semanas y se acorte en cuanto nos avisen que las reparaciones en el St. Clare’s se han terminado. Espero que cuando regresemos nos digan que han recibido noticias de Daddy y que éste ha avisado que nos hará una visita, porque regresaremos pronto y aún habrá tiempo para ello. El comienzo del curso estará lejos todavía. No es que ahora me haya ilusionado con el viaje, pero tengo la sospecha de que tal vez Ana me lleve con Daddy. Sin embargo, no me lo confirma ni desmiente ante el temor de que tenga la ocurrencia y no regrese con ella, si es que Daddy no le pide que me deje con él.

Me parece que mi maleta es demasiado pequeña como para que hayan cabido todas mis pertenencias, si es que Ana pretende dejarme en casa de Daddy. No le ayudé a prepararla y cogió lo primero que le pareció sin preguntar, por lo que, si espera que después de esto escarmiente y la próxima vez sea un poco más colaboradora, supongo que no le faltan motivos. En todo caso, estaremos fuera tan solo dos semanas e imagino que el presupuesto de este viaje incluye que vayamos de compras, ya que es seguro que necesitaré algo, aunque sé que la economía del St. Clare’s Home no admite caprichos y casi me he de sentir afortunada de que, cuando me han llevado a Carson Beach, no me he tenido que bañar sin nada o en ropa interior. Confió en que vayamos donde vayamos esta vez, si necesito algo, me lo comprará, aunque piense que ya es bastante gasto que me lleve con ella por no dejarme sola en el St. Clare’s. Si vamos de compras, dado que éste es mi primer viaje, me gustaría volver con algún recuerdo, porque no cambiaré de idea con respecto a que prefiero quedarme en el St. Clare’s hasta que Daddy vaya a por mí. Sin embargo, con ese recuerdo tendré alguna prueba o evidencia de que en esta ocasión he salido de Medford. Lo que me temo es que, debido a mis negativas iniciales, al final no habrá recuerdo e incluso es probable que no me aclare cuál será nuestro destino.

Ana: ¡Jessica, ahora no te pierdas, por favor! – Me ruega con preocupación. – Será un vuelo internacional y no me gustaría que, por un despiste o una tontería de las tuyas, te quedases atrás.

Jess: No me perderé. – Le aseguro.

Ana: Estaremos fuera un par de semanas. Si nos avisan de que las obras en el St. Clare’s han terminado antes, nos volvemos. – Me asegura y reitera.

Jess: ¡Ya me lo has dicho antes! – Le recuerdo. – Me gustaría que dijeses que me llevas con Daddy, que es por lo único que me alejaría del St. Clare’s, pero ya no vale la pena que me resista. – Le indico resignada. – Nos hemos venido muy lejos y estamos a medio camino.

Ana: Si fuera posible, te aseguro que te llevaría encantada. – Me contesta. – Pero, como ya te he explicado, no es algo tan sencillo. – Se justifica. – Aun así, te aseguro que hacemos lo posible por encontrarle y que sepa de ti para que nos diga lo mucho que te quiere.

Jess: ¿Cuál es nuestro próximo destino? – Le pregunto intrigada ¿Regresamos a Medford? – Le pregunto con buen humor. – ¡Ya nos hemos alejado bastante y como broma no está mal! – Le indico. – Si no quieres que Daddy me encuentre, hay otras maneras de evitarlo. – Añado contrariada

Ana: Si fuera una broma o quisiera darte una lección para que no te quedes encerrada en el St. Clare’s ¿Crees que te habría traído tan lejos? – Me pregunta con intención.

Jess: Como me has traído por las malas, supongo que no. – Le respondo algo contrariada y disgustada por la situación y la incertidumbre de que no sé dónde me lleva porque no me importó cuando me lo propuso.

Ana: No te diré dónde vamos porque es mejor que no te hagas ilusiones, pero tampoco te obligaré a que vayas con los ojos cerrados. – Me indica. – Averígualo por ti misma. – Me propone animada. – Te dejaré que lo averigües por tu cuenta y me demuestres lo lista que eres.

Tan solo conozco el St. Clare’s y sus alrededores, por lo cual, si me tengo que fiar de lo que veo para saber dónde vamos, me temo que no llegaré a ninguna conclusión. Tan solo sabré que no estamos en North Medford. Entiendo que tampoco vale que le pregunte a la gente con que nos crucemos ni con quien estemos porque sería hacer trampas. Además, no estoy muy segura de que allá donde vamos hablen mi idioma, American English, aunque, según tengo entendido, el inglés se habla en casi todo el mundo. Es el idioma internacional. Lo cierto es que me parece que Ana se equivoca, si no me lo dice, porque sabe que a veces me escapo de su vista y, en caso de que me perdiera, preferiría saber dónde tengo que volver, porque tampoco he pretendido desaparecer para siempre ni esconderme para que no me encuentren. Aparte que, como llamaremos al St. Clare’s todos los días y preguntaremos si han recibido alguna noticia de Daddy o se han terminado las obras y podremos regresar, tampoco me conviene que Ana me castigue y prive de ello, porque tengo tan mala suerte que incluso es posible que justo ese día sea cuando llame Daddy. Si no me localiza, tal vez desista y no quiera saber nada de mí. Será mejor que llamemos todos los días. Si son tres veces, mejor que una, dado que algún día será cuando Daddy me busque y es mejor que no le demos ocasión a que se lo piense dos veces.

Jess: ¿Me dejas ver la otra tarjeta de embarque? – Le pregunto. – Si me lo piden y no la llevo, tal vez no dejen que suba al avión. – Argumento por si sonara convincente.

Ana: Mejor que no te separes de mi lado o te meto en una caja y te mando por correo certificado. – Me contesta y advierte con complicidad. – Seguro que en el compartimento de carga no se va tan a gusto.

Jess: Pues, si nos separamos y me equivoco de avión, no me eches la culpa. – Le advierto.

Ana: Me parece que te pasarás una larga temporada sin ver cine ni televisión. – Me amenaza. – No te separes de mi lado. – Me reitera. – Ya verás cómo no hay ningún problema y llegamos juntas a nuestro destino. – Me indica. – Mis amigos nos recogerán en el aeropuerto. – Me dice. – Es imposible que nos perdamos, salvo que hagas alguna de las tuyas. – Me advierte con intención.

Jess: Al menos dime si estaremos cerca de donde vive Daddy. – Le ruego. – No hemos salido del Medford para nada. – Me quejo.

Ana: No te diré nada porque después le echas demasiada imaginación. – Me responde. – Te dejo que saques tus propias conclusiones y provecho al viaje cómo mejor te parezca. – Alega. – Tenemos algunos trámites que pasar antes de subir al avión, de manera que no te entretengas. – Me recomienda. – Sacia tu curiosidad, pero no te despistes.

Si al menos me diera alguna pista o indicación sobre nuestro destino, me aclararía y no le echaría tanta imaginación como me recrimina. Sin embargo,  me ha sacado del St. Clare’s sin decirme dónde me lleva y no creo que haya sido porque yo no haya querido saberlo. Que, en realidad, si no es a casa de Daddy, tampoco me interesa. Pero Ana me conoce y es difícil que reprima mi curiosidad, aunque me desagrada bastante que me haya sacado del St. Clare’s por las malas y me arrastre con ella. Tan solo me ha dicho que hemos venido hasta este aeropuerto y que desde aquí tomaremos otro avión, por lo cual no me ha quedado muy claro si viajamos hacia el Sur, hacia el Oeste o hacia el Este, porque descarto que nuestro próximo destino se encuentre en Canadá, de igual modo que se encuentre cerca del St. Clare’s o de Massachusetts porque resultaría estúpido que demos este rodeo para llegar al mismo sitio. Si necesitamos el pasaporte, entiendo que viajamos a otro país y por lo poco o mucho que conozco a Ana, lo más seguro es que se trate de algún país donde se hable español, por lo que en un único viaje contradice dos de los objetivos que yo hasta ahora me había marcado, no alejarme del St. Clare’s sin Daddy y que lo del español se quede para cuando éste venga a por mí. Al menos confío en que este viaje acabe bien y al final me lleve con Daddy o encontremos alguna pista sobre él.

LLegada aeropuerto de Philadelphia

En los paneles donde se anuncian los vuelos que llegan o salen, no aparece ninguno con procedencia o destino “Toledo INT APT, Spain”, por lo que, si existe, no tiene conexión directa desde aquí. De hecho, ya es casi seguro que nuestro destino final no es Toledo/Spain, aunque sería maravilloso que Ana me tuviera esa sorpresa preparada, que al principio me haga creer que no vamos y después, cuando menos lo espere, me encuentre con que estamos en Toledo. Sin embargo, como me ha aconsejado, mejor que no me haga muchas ilusiones en ese ni en ningún otro sentido. Lo cierto es que casi prefiero cerrar los ojos y los oídos, dormirme y que, cuando me despierte, me diga que hemos llegado a casa de sus amigos o que ya es hora de que regresemos al St. Clare’s porque se han pasado las dos semanas que se supone duran estas vacaciones. Por supuesto, si nos llegan noticias de Daddy antes de que volvamos, confío en que me lo diga. No me importa, si nuestro regreso se retrasa otras dos semanas porque quiera que nos veamos. Seguro que a los amigos de Ana no les molestará que nos quedemos unos cuantos días más. Lo que no sé es si habrá presupuesto para que viajemos a casa de Daddy en caso de que nos pida que vayamos, porque no sé lo lejos que estaremos. Quizá se pueda descontar de mi cuenta de estudios para la universidad, aunque en ésta no haya demasiado dinero porque mi capacidad de ahorro se ha demostrado bastante nula en estos meses y mis ingresos son más bien escasos porque el St. Clare’s no tiene presupuesto y dependemos de las donaciones.

Ana: Si necesitas ir al aseo, vamos ahora o te esperas hasta que estemos en el avión. – Me indica. – Pero, como te he dicho antes, hasta que no den permiso, habrá que quedarse en el asiento y con el cinturón abrochado.

Jess: ¡Seguro que nos repiten las instrucciones en el avión! – Le digo porque no hace falta que también me las recuerde.

Cuando hemos subido a bordo del primer avión, antes de que se iniciara el despegue, una de las auxiliares de vuelo, nos ha dado unas instrucciones de seguridad específicas que ha incluido una demostración práctica de cómo se ponen y utilizan los diferentes equipos de seguridad, así como nos han explicado la manera en que debemos abandonar el avión, en caso de que éste sufra un accidente. Mientras escuchaba la charla, si ya iba bastante asustada ante la idea de que éste es mi primer vuelo consciente, porque la primera vez que volé aún iba en la barriga de mi madre, según apuntan todas las sospechas, casi me han dado ganas de bajarme, porque muy alentador la verdad es que no sonaba eso de que el avión se quedase sin aire, sufra una despresurización o tenga un aterrizaje de emergencia e incluso que se produzca un incendio en pleno vuelo, entre la infinidad de riesgos de accidente. Casi era preferible que recalcasen lo que Ana me ha dicho y se olvidaran de lo demás, que antes del despegue y del aterrizaje, todo el mundo ha de estar en su asiento y éstos han de estar en posición vertical y los cinturones abrochados, y que el piloto nos desee a todos un feliz vuelo y estancia en nuestro destino.

Ana: ¿Vamos al aseo? – Me pregunta de nuevo.

Jess: Sí, porque, aunque ahora no tengo ganas, pero seguro que cuando estemos en el avión me entra el apretón y no será más fácil que me aguante, aunque espero que no me hagas esperar hasta que lleguemos a nuestro destino. – Argumento, a pesar de que supongo que su pregunta no ha sido tan solo una sugerencia.

Ana: No soy tan mala. – Se defiende. – Además, el próximo vuelo será mucho más largo y sería bueno que de vez en cuando nos moviéramos. – Me indica.

Confío en que los baños no se encuentren muy lejos, que no haya que coger otro avión para llegar porque ya me siento bastante perdida y lejos de mi ambiente. De hecho, ahora es a mí a quien no me interesa que Ana me pierda de vista, que no se haya planteado abandonarme y lo del baño no sea más que una excusa para que me despiste. Sé que me quiere mucho y que no sería capaz, aunque esa fuera la única manera de que por fin abandonase el St. Clare’s, pero para el curso que viene tengo plaza en el Medford High, lo que, por lo menos, me asegura que muy lejos no estaré y, debido a mis circunstancias, el St. Clare’s es el alojamiento más adecuado. De todas maneras, Ana ya me ha advertido que no conviene que me considere muy segura porque mi continuidad en el St. Clare’s, depende en buena medida de que asista a la clase de Spanish, al menos durante un curso y apruebe. En caso de que me exigiera que me esfuerce y sea la primera de la clase, casi prefiero que me manden a Matignon High o que me deje aquí abandonada en la terminal B EAST del aeropuerto, porque esto es como una ciudad en pequeño y es fácil que al menor despiste nos perdamos de vista. Lo cierto es que se supone que no hemos de ir a por nuestras maletas porque ya se ocupa del traslado el personal del aeropuerto, por lo que, si Ana me abandona aquí, me dejará con lo puesto, que no es mucho. Ni tan siquiera estoy segura de que sea capaz de sobrevivir por mi cuenta más de un día, porque no llevaré más de dos dólares en los bolsillos.

05:20 PM. The ladies’

Ana dice que las mujeres solemos entretenernos en el baño, pero como yo no soy muy amiga de mirarme al espejo, tampoco me suelo entretener con esas cuestiones acostumbro a ser rápida, aunque no tanto como los chicos porque éstos lo tienen más fácil, aparte que yo acostumbro a llevar pantalones y eso me retrasa un poco más. La cuestión es que esta tarde vamos con el tiempo junto, porque Ana no quiere que perdamos el avión, por lo que agradece que no sea yo quien me entretenga, aunque sería la excusa y ocasión perfecta para conseguir que regresemos a Medford y nos olvidemos de este viaje, pero ya sé lo que me espera y que Ana no se va a dejar manipular por mis tretas, de modo que resulta poco creíble que de pronto haya cambiado mi parecer sobre eso de mirarme al espejo, de preocuparme en exceso por mi aspecto, cuando mi principal interés está en que Ana no se marche sin mí porque no se me ha perdido nada en Philadelphia ni en su aeropuerto. Además, tampoco voy preparada para quedarme sola porque he salido del internado con lo puesto y mi maleta ya estará en la bodega del avión.    

Ana: Vamos que se nos hace tarde. – Me indica un tanto apurada.

Jess: Ya estoy lista. – Le respondo.

Ana: ¡Demasiado bien te comportas para lo que es tu costumbre! – Me responde con cierta incredulidad.

Jess: Es que no me quiero quedar sola. – Le confieso. – Si por mi fuera, regresaríamos al internado. – Le indico.

Ana: Tendrá que ser dentro de dos semanas. – Me responde con intención.

06:00 PM. US AIRWAYS 740

Ocupo el asiento junto a la ventanilla. Supongo que Ana me lo permite porque así espera que me anime y no me pase el viaje con cara seria, e incluso es posible que de este modo me tenga un poco más controlada y reprima mi curiosidad y el impulso de dar vueltas por el avión, lo cual no se me pasa por la cabeza. Aquí hay demasiada gente y no conozco a nadie. Lo cierto es que me siento bastante acobardada ante la expectativa de no saber hacia dónde vamos y con la advertencia de que esta vez el vuelo será mucho más largo. Como volaremos de noche de poco o nada me servirá que mire por la ventanilla porque de momento tan solo se ven las paredes de la terminal y la oscuridad del cielo. El avión no se ha movido todavía y me da la sensación de que aún tendremos que esperar un poco. Ana no ha querido que nos entretuviéramos demasiado porque no estaba muy segura de que llegásemos a tiempo y temía que nos encontrásemos con la puerta cerrada o con algún problema en el embarque, por suerte llevamos toda la documentación en regla y no ha habido el menor impedimento. La cuestión es que hemos subido a este avión y aún no conozco nuestro destino. Lo que tengo claro es que nos dirigimos hacia otro país, no sé si volaremos hacia el sur o hacia el este, quizá hacia el oeste, aunque no me cuadra que Ana tenga amistades en Asia ni en las islas del Pacífico. Mi deseo sería que volásemos en dirección a Europa, a España, a casa de Daddy, pero ya sé que es mejor que no me haga ilusiones, aparte que, si hubiéramos tenido noticias, Ana me lo hubiera dicho, me prometió que no tendría secretos conmigo en ese tema y hasta ahora ha cumplido porque no ha habido ninguna novedad.

Jess: ¿Me dejas que vea la tarjeta de embarque? – Le pregunto de nuevo. – Quiero saber dónde vamos. – Justifico. – Al menos será una pista para orientarme,

Ana: Ya sabes lo que te he dicho antes. – Me responde. – Me parece que ahora es justo que no te deje que lo sepas. – Argumenta. – Cuando seas mayor y aprendas a comportarte como es debido, te lo daré para que los guardes o hagas con ello lo que quieras. – Me promete. – Será mi regalo de despedida cuando abandones el St. Clare’s.

Jess: Al menos dame alguna pista. – Le ruego. – Ya sé que no vamos de regreso al St. Clare’s porque sería una estupidez y habríamos perdido un día entero para nada.

Ana: Me parece que con eso ya sabes más que suficiente. – Me responde con complicidad. – Durante las próximas dos semanas estaremos lejos del St. Clare’s. Ya que siempre te has resistido y negado a ir a los campamentos, esta vez tendrás que ser un poco más paciente.

Jess: Dime al menos en qué dirección vamos y cuánto durará el vuelo. – Le pido.

Ana: Eso dejaré que lo averigües por ti misma. – Me contesta. – Así no me dirás que te aburres porque no hay nada que hacer. – Justifica. – Ya no eres ninguna niña pequeña a la que se le diga todo. – Se justifica. – Descúbrelo por ti misma.

Jess: ¿Cuándo llegaremos? – Le pregunto porque al menos así me quedaré más tranquila y no se lo preguntaré cada cinco minutos.

Ana: No te preocupes por nada y estate tranquila. – Me responde y aconseja. – Mañana nos espera un día bastante largo y conviene que estés descansada. Por lo que, en cuanto estemos en el aire, convendría que durmiéramos un poco.

Jess: Estoy nerviosa y no creo que pueda. – Le confieso. – Es la primera vez que me alejo de Medford y no sé dónde voy. – Le digo con inquietud.

Ana: Quédate tranquila porque dentro de un par de semanas, o en cuanto terminen las obras, regresamos. – Me contesta y se reafirma por enésima vez en lo dicho.

Jess: Entonces no vamos en busca de Daddy ni nada de eso ¿verdad? – Pregunto con cierta desconfianza. – No han llegado noticias. – Constato.

Ana: Tú vas de vacaciones, un viaje con todos los gastos pagados, y espero que lo aproveches al máximo. – Me indica. – Yo he de resolver algunos asuntos.

Jess: Pero, si nos encontramos con Daddy ¿Me dejarás con él? – Le pregunto porque sus respuestas no me aclaran nada, son evasivas. – Me ha dado la impresión de que has vaciado el armario como si no fuera a regresar.

Ana: Ya sabes lo que te he dicho siempre. Si nos encontramos con Daddy, y se quiere quedar contigo, primero habrá de demostrarnos que es él de verdad y después que te cuidará mejor que en el St. Clare’s. – Me explica. – Para que viváis debajo de un puente o entre cartones, mejor te quedas con nosotras.

Jess: Estoy segura de que Daddy vive en una casa enorme, con tantas habitaciones que me dejará que escoja la que quiera. – Le contesto entusiasmada. – Además, estoy segura de que gana tanto dinero que tendré todo lo que quiera.

Ana: Entonces ¿No te conformas con su cariño? – Me pregunta con intención. – Pensaba que tus sentimientos hacia él eran mucho menos interesados.

Jess: Sí, pero es que todavía no soy lo bastante mayor para trabajar. – Me justifico. – Cuando tenga mi propio dinero, ya no necesitaré que Daddy me lo preste.

Ana: ¡Anda, deja tranquila esa curiosidad e imaginación tuya! – Me aconseja y con ello concluye la conversación. – Metete en ese mundo de ilusiones en el que vives y no te preocupes por nada.

¡Vaya un fastidio! Hasta que no me marche del St. Clare’s Home, dentro de muchos años, Ana no me dirá hacia dónde vamos esta tarde. Nunca pensé que Ana se pusiera tan seria conmigo. De Monica no me sorprendería porque todo el mundo sabe que es muy estricta y no consiente que nadie se tome muchas confianzas. No se encariña con ninguna de las chicas que pasamos por el St. Clare’s, mientras que Ana se desvive por cada una de nosotras, más por aquellas a quienes considera más desamparadas o necesitadas de ese trato especial, como es mi caso. Hasta ahora no había tenido secretos conmigo, por lo que esto me sorprende bastante. Espero que no me lo haya dicho en serio, que, en cuanto indague un poquito y le diga dónde me lleva, me dará las tarjetas de embarque para que lo confirme y lo guarde, si es que me merece la pena. Como le he insinuado antes, creo que ya debería habérmelo dado por si me perdía o me lo piden el personal del avión. No quiero que piensen que me he colado en el avión como si fuera un polizón, un inmigrante o criminal de esos que entran o salen del país y no quieren que los detenga la Policía. Yo soy Jessica Marie Bond de North Medford, tengo catorce años y al único sitio al que me escaparía sería a casa de Daddy, si supiera dónde vive, pero no tengo información suficiente como para averiguarlo. “Toledo, España” no es más que el nombre de un lugar que aún no sé ubicar en el mapa, tampoco quiero.

Roma, París, Londres, Madrid eran algunos de los destinos de los vuelos programados para esta hora, cuatro ciudades europeas, aunque me parece que en este continente también hay ciudades con esa denominación, aunque no estoy tan segura de que dispongan de aeropuerto. Estaban en ese cartel como si fuera tan fácil escoger cualquiera como destino. Sin embargo, no me encaja demasiado con la idea de que sea la procedencia de ninguna de las chicas que ha pasado por el St. Clare’s Home en los últimos años, ni, como tal, lugares a los que Ana haya de ir a buscarlas porque en cada uno de esos países habrá un programa de acogimiento para menores desamparados. Es más, por lo que sé y por coherencia, el único destino que podría suscitar interés sería Roma, por eso de que el Papa vive en la Ciudad del Vaticano, pero nosotras no somos tan relevantes y la dependencia es más con la parroquia de St. Francis o el arzobispado de Boston. Dudo bastante que la influencia y las relaciones que Ana tenga lleguen tan altas dentro de la jerarquía eclesiástica. Es más que yo tenga constancia no tiene un confesor privado, lo que sería todo un lujo que dudo sea admisible, por mucho que se trate de Ana, aunque haya aspectos de su vida que mantenga en privado.

Si fuéramos a hacer turismo, tal vez Roma no fuera un mal destino, por eso de que es la cuna de la cultura occidental y hay muchos edificios y monumentos antiguos, de la época del imperio romano, aparte que la cuestión del idioma no sería un problema porque el italiano es asignatura obligatoria en el colegio. De todos modos, no sé si me apetece pasarme las dos próximas semanas visitando edificios en ruinas, aprendiendo de la decadencia humana, dado que sería un panorama un tanto desalentador para la primera vez que salgo de Medford. De todos modos, siento curiosidad por visitar el Vaticano, porque hasta ahora es casi lo único que no se nos ha prohibido ver sin restricciones por televisión. Sería la ocasión para verlo en persona y en directo, sin el inconveniente de la diferencia horaria ni las retransmisiones en diferido. De todos modos, no creo que entre mi ropa haya nada apropiado para visitar al Papa, aunque tampoco creo que éste nos espere ni reciba. No somos tan importantes.

Si vamos a Madrid, la suposición lógica es que Ana pretende que nos reunamos con Daddy, al menos que no me quede sin argumentos para asegurar que no sé dónde se encuentra Toledo o mi desconocimiento con respecto a su ubicación en el mapa. Según Ana, si tengo localizado mi ombligo de tanto que me lo miro, lo de la ciudad de Toledo debería ser igual de fácil y natural. Sin embargo, para mí no es lo mismo, dado que en mi ombligo es seguro que no se encuentra Daddy, salvo por el pequeño detalle de que, si se demuestra que soy su hija, llevo sus genes y en algo me habré de parecer en él. De Madrid tan solo tengo claro que es la capital de España y más o menos soy capaz de situarla en el mapa, sin demasiada precisión, debido a mi desconocimiento con respecto a Toledo, ya que de igual modo son ciudades que se encuentran cerca como que son las más distantes, en particular si se confirmase eso de que la ciudad de Toledo dispone de playa y, por lo tanto, se encuentra cerca de la costa.

06:30 PM. US AIRWAYS 740

 Se repite el mismo proceso que en el vuelo anterior, aunque, según Ana, éste sea un vuelo internacional. Es casi la hora del despegue. Aunque antes no haya prestado demasiada atención debido a los nervios y la novedad, esta vez tengo un poco más de curiosidad, pero no demasiada, no sea que me entere de algo que de momento es preferible que desconozca. No dispongo de la tarjeta de embarque, Ana se la ha guardado porque insiste en que estoy castigada y que es mejor que sea ella quien lo guarde, para que no me entere de cuál es nuestro destino o, en todo caso, que lo averigüe por mi cuenta, para lo que no me pone ningún reparo. Tan solo he de esforzarme por escuchar y prestar atención a cuanto se diga y suceda. En realidad, aún no tengo muy claro si quiero saber dónde vamos, cuál será nuestro destino, ya que me temo que no se cumplirá el mayor de mis anhelos. El caso es que me parece que ya estamos todos los pasajeros sentados, que ha entrado todo el mundo y se ha guardado el equipaje de mano en los portaequipajes que hay sobre nuestras cabezas. De todo nuestro equipaje Ana tan solo ha conservado su bolso, me ha dicho que con eso será bastante, que si hubiera sido un poco más colaboradora mientras me hacía la maleta, tal vez hubiera permitido que me trajera la mochila con algunas de mis cosas para que el vuelo y la estancia en nuestro destino me fuera más ameno. Esto me servirá de escarmiento para la próxima vez. De todos modos, ahora no puedo más que quedarme sentada y tranquila en el asiento, con el cinturón de seguridad abrochado, porque ni siquiera se me permite que despliegue la bandeja que hay en el respaldo del asiento de delante. Las órdenes ahora las dan las azafatas que recorren los pasillos de un extremo a otro mientras comprueban que está todo correcto.

Megaphone: Buenos días, damas y caballeros. En nombre de US Airways, el comandante Pérez, y toda la tripulación, le damos la bienvenida a bordo de este vuelo a Madrid / Aeropuerto Internacional de Barajas, la duración estimada es de 7 horas, 35 minutos. Por razones de seguridad y para evitar interferencias con los sistemas de las aeronaves, no podrán utilizarse dispositivos electrónicos portátiles durante el despegue y el aterrizaje. Sus teléfonos celulares deben permanecer desconectados desde el cierre de las puertas hasta la apertura del aeropuerto de destino. Por favor, compruebe que su mesa está plegada en su asiento completamente erguida y abrochada. Le recordamos que no se permite fumar a bordo.

Ana: Ya has oído al comandante. – Me dice e impide que preste atención a la megafonía. – Cinturón de seguridad abrochado porque nos vamos. – Me indica. – Ya están cerrando la puerta y comenzará la presurización del avión para que el despegue sea sin problemas ni haya durante el vuelo. – Me indica. – Pórtate como es debido y tengamos un viaje tranquilo. – Me ruega.

Megafonía: Señoras y señores, les habla el sobrecargo. Cumpliendo normas de Aviación Civil vamos a efectuar una demostración sobre la localización y uso de Salidas de Emergencia, chalecos salvavidas, máscaras de oxígeno y cinturones de seguridad. Es importante que presten atención.

La azafata hace el movimiento con las manos.

Megafonía: Observen que hay 6 puertas de salida. Cada una señalizada con la palabra “EXIT”. En el lateral inferior de las butacas hay unas luces que se iluminan en caso de emergencia, marcando las vías de evacuación. Los chalecos salvavidas se encuentran situados debajo de sus asientos. Se introduce la cabeza por la abertura, se abrocha el cierre de la parte delantera y se ajusta a la cintura tirando del extremo. Para inflarlo tire fuertemente del tirador rojo. Siempre en el exterior del avión. En caso necesario puede inflarlo soplando por el tubo. En caso de despresurización, se abrirá automáticamente un compartimento situado encima de sus asientos que contiene las máscaras de oxígeno. En ese caso, tire de la máscara, colóquela sobre la nariz y la boca y respire con normalidad. Cada asiento dispone de un cinturón que se abrocha insertando la trabilla en su enganche correspondiente. Para soltarlo, simplemente levante la lengüeta del enganche. Como medida de precaución adicional, le recomendamos permanezca con el cinturón abrochado durante el vuelo. Muchas gracias por su atención y feliz vuelo.

Porque mueve los brazos entiendo que son las mismas indicaciones que en otro avión, pero por lo demás no la entiendo ni me entero de lo que habla. ¿En qué idioma habla? No lo sé, pero seguro que no es inglés porque la entendería. Aún no hemos abandonado el aeropuerto, suelo americano, y lo normal es que se dirigiera al pasaje en inglés. Sin embargo, tengo la sensación de que tanto el comandante como el resto de la tripulación suponen que todo el mundo conoce su idioma, aunque dirán estas mismas indicaciones en los idiomas más hablados en el mundo, porque entre el pasaje habrá gente de todas partes. Por mi parte me limito a observar y a seguir las indicaciones por lo que veo que hace y hasta cierto punto sigo el ejemplo de Ana, quién está de lo más tranquila porque está acostumbrada a viajar, aunque lo haga en vacaciones porque el resto del año su atención está centrada en el St. Clare’s, en nosotras.

En cualquier caso, confío en que no habrá ningún percance durante el vuelo, que si Ana está tan acostumbrada a volar es porque lo normal es que no suceda nada, salvo porque de vez en cuando escucho alguna noticia al respecto, pero no espero que éste sea uno de esos casos, porque aparte de llegar a nuestro destino, el que sea, quisiera regresar, sobre todo que la primera noticia que Daddy reciba de mí, si es que hasta ahora no sabe nada, no sea que he sido víctima de un accidente aéreo. Es más, creo que, en este caso, y en particular porque se trata de mí, Ana debería haberme informado con mucha más antelación, porque ninguna de las dos sabe de mis reacciones. Igual puede que sea un vuelo tranquilo, como que me deje llevar por los nervios y monte una pataleta de las mías, por eso de que no me gusta viajar. No seré la primera de las chicas del St. Clare’s que ha admitido que le dan miedos los aviones. En mi caso no tengo argumentos porque hasta ahora no he sido consciente de haber montado en ninguno.

06:50 PM. US AIRWAYS 740

Las luces indicadoras de «cinturones ajustados» se han apagado y parece que el avión ya se ha estabilizado y tomado rumbo a su destino de manera que la gente empieza a moverse, a levantarse del asiento. Lo que se ve por la ventanilla es la oscuridad del atardecer. Me gustaría decir que a lejos se ven aún las luces del aeropuerto o alguna evidencia de que hay tierra bajo nuestros pies, pero volamos por encima de las nubes, en plena noche. No hay nada que me indiqué en qué dirección, porque reconozco que no es un asunto que hasta ahora me haya interesado demasiado, más allá del hecho de moverme por el barrio, que se encuentra al noroeste de Boston, como Carson Beach se encuentra al sureste y que al otro lado del océano se encuentran las costas de España y allí está Toledo, donde supongo que aún vive Daddy. Quizá, si le pregunto a alguna de las azafatas, me sepa decir hacia dónde nos dirigimos, pero estoy sentada en el asiento de ventanilla, con Ana a mi lado y cualquier cosa que quiera o necesite ha de ser pasando por encima de ella, por lo cual, mientras no me levante el castigo, más vale que no haga preguntas inoportunas ni que mi comportamiento me haga parecer estúpida. Supongo que como soy menor de edad el hecho de que llame demasiado la atención provocará que Ana se vea en problemas por mi culpa, incluso que la acusen de secuestro, dado que, aunque sea verdad que me ha traído obligada, de todas maneras estoy bajo su responsabilidad y se supone que cuenta con todos los permisos y autorizaciones para haberme sacado del St. Clare’s, de Medford, del condado de Middlesex, del estado Massachusetts, y tal vez incluso de los Estados Unidos, si es que se trata de un vuelo internacional, como así me ha dado a entender.

Ana: Ya te puedes relajar. – Me dice. – Supongo que dentro de poco será hora de dormir, porque es lo mejor que podemos hacer ahora. – Me indica.

Jess: No tengo sueño. – Le respondo.

Ana: Si quieres, te presto la libreta y escribes un poco. – Me propone. – Así te relajas y dentro de un rato intentas dormir. – Me sugiere. – Ya hemos cenado en el aeropuerto. Dado que es tu segundo vuelo y no estoy segura de cómo te sentará, mejor que no lleves el estómago muy lleno. – Me indica.

Jess: Sí, déjame la libreta. – Le respondo porque será la única manera de que mate el aburrimiento. – Así al menos estaré entretenida porque no tengo sueño.

Ana: Si necesitas ir al aseo o cualquier cosa, me avisas. – Me pide. – Yo intentaré dormir un poco porque estoy cansada. – Alega. – He tenido un día agotador y lo que nos espera no lo será menos. – Me advierte. – Pero no te preocupes, en cuanto lleguemos a casa de mis amigos a nadie le molestará que te metas en la cama y no des señales de vida en dos días.

Friday, June 23, 1995, 06:50 PM

Flight:                          USA 740
Airline:                        US Airways
Operated by                 American Airlines
Depart                          Philadelphia International Apt.
Terminal:                     1 Concourse A WEST
Gate                             A22
Departure Time:          06:25P on Friday, June 23, 1995
Arrive:                         ¿Spain, Argentina, Japan, another airport?
Terminal :                     ¿?
Gate                             ¿?
Travel Time:                7hr 35mins
Arrival Time:               02:00 Am? On Sat, 06/24/1995
Stops:                           Non-Stop
Classes offered:         Economy

El avión se encontraba en la terminal 1 Concourse A WEST, puerta A22 del aeropuerto internacional de Philadelphia. Ha despejado a 06:27 PM con un par de minutos de retraso sobre el horario previsto. Por los comentarios que he escuchado, la dirección y el destino de momento los desconozco. Por megafonía han dicho algo, pero no me he enterado porque lo han repetido en varios idiomas y no he prestado la suficiente atención. Lo único que me ha quedado claro es que nos han indicado lo que hemos de hacer en caso de accidente y deseado un buen vuelo. Tan solo espero que no suceda nada y que lleguemos sanas y salvas, ante todo que sea un vuelo tranquilo.

Dado que estoy algo nerviosa y no puedo dormir, Ana me ha prestado su libreta, un bolígrafo y su linterna para que escriba y me entretenga, de este modo me estaré quieta y no molestaré a nadie porque se supone que es tarde y hay quien intenta relajarse para que el viaje no se le haga tan largo, Ana es una de las que quiere descansar, supongo que para evitarse que la agobie con preguntas que no me quiere responder, dado que es posible que al final la convenciera para que me diga dónde vamos, lo cual insiste en que es algo que habré de descubrir por mí misma, pero no tengo las suficientes pistas y lo único seguro es que no estamos de vuelta a Boston. Confío en que al menos vayamos a algún sitio donde no haga frío, porque me parece que en la maleta tan solo ha metido ropa de verano. De hecho, espero que vayamos cerca de la playa o de algún sitio donde me pueda bañar, aunque no es seguro que me atreva, si me veo rodeada de desconocidos.

Mi sueño sería que me llevase con Daddy, pero por los datos que tenemos, es difícil averiguar dónde vive, tan solo sabemos la fecha y la población donde nació. En estos años tal vez se haya mudado a otra parte. Son tan imprecisos los datos, al menos lo que Ana me ha permitido que sepa al respecto, que, según ella, no hay más información que esa, parece absurdo que iniciemos una búsqueda. Lo más sencillo quizá sea que localicemos Toledo en el mapa, pero no servirá de mucho, si esa búsqueda no es un poco más precisa, si no encontramos alguna pista o rastro que nos lleve hasta el paradero de Daddy. Es más, como Ana me recrimina siempre, lo primero sería que me lo tomase en serio, en especial lo referente al aprendizaje del idioma y no sea tan tozuda y reacia al respecto. Si quiero encontrar a Daddy, lo lógico es que sea capaz de entender la información que reúna al respecto. Sin embargo, la mera sospecha de que se trate de algo escrito en español ya me asusta. Hasta ahora Ana tan solo ha logrado que lea de manera mecánica, que cuide la pronunciación y que por el contexto entienda lo que me dice cuando me habla, pero cuando los temas de conversación se salen de lo habitual no me entero de casi nada. Supongo que así es imposible que me merezca que me lleve con Daddy, pero tampoco quiero esforzarme más de lo necesario, si al final resulta que Daddy no es alguien real o no quiere nada conmigo.

No tengo muy claro, si le gustare o no a Daddy. Lo cierto es que no considero que sea una chica demasiado guapa, más bien, algo fea, con muchos defectos y manías. Quizá por eso hasta ahora no me ha querido y no ha venido a por mí. He sido una chica algo traviesa, con muy poca vida social y unas costumbres un poco raras, como eso de que he preferido a los chicos del parque como mis compañeros de juego antes que a las chicas del St. Clare’s; que me llamaba más la atención un partido de béisbol o de baloncesto antes que las muñecas. Aparte de que durante muchos años he tenido predilección por la ropa de los chicos porque la del St. Clare’s me resultaba fea, como si nos disfrazasen de princesas o vistieran para que las parejas que buscaban a alguna a quien adoptar se fijase en mí, cuando nunca he tenido interés en que me llevaran. Yo he sido la que me he escapado al parque o escondido en los lugares más inesperados, con tal de que me dejasen tranquila cuando he sospechado que alguna pareja vendría a por mí y al final o se ha llevado a otra o se han ido sin nadie, porque yo sigo en el St. Clare’s. Tal vez Daddy piense que, si algún día viene a por mí, también me esconderé. Sin embargo, le he prometido a Ana que no lo haré, si de verdad es mi padre. En el supuesto de que se trate de mi madre, seguro que encuentro un buen escondite, porque me niego a que me obliguen a que vaya con ella. Ya me abandonó una vez y no la quiero en mi vida.

Ana: Será mejor que intentes dormir un poco. – Me recomienda. – Eres la única que está desvelada y me temo que la luz molesta a los demás pasajeros. – Me advierte. – Si no puedes o no quieres dormir, al menos cierra los ojos y permite que los demás descansen. – Me aconseja.

Jess: No tengo sueño. – Le respondo.

Ana: Deja de escribir y mantén la luz apagada. – Me insiste. – Ráscate la nariz, si lo prefieres. – Me propone. – Pero no hagas que tus desvelos afecten a los demás pasajeros. – Me ruega. – Llegaremos a nuestro destino antes de que te des cuenta y no sirve de nada que te lamentes o protestes porque no hay vuelta atrás y estoy segura de que al final agradecerás que te haya traído conmigo.

Jess: Vale. Ya apago la luz. – Le contesto resignada. – Lo que no sé es si seré capaz de dormirme. – Le confieso. – Aún es demasiado pronto para eso.

Ana: Mira la hora es. – Me indica y muestra su reloj. – 01:30 AM. – Me dice. – Pon tu reloj en hora porque seguro que lo llevas atrasado.

⌚ Tal y como Ana me ha dicho, mi reloj no está en hora. Lleva seis horas de retraso, de ahí mi confusión. Quizás el vuelo desde Boston a Philadelphia fuera más largo de lo que en un principio me ha parecido, aunque me extraña un poco que se tarde tanto, cuando no está tan lejos. A pesar de que para mí hasta ahora todo lo que haya supuesto un paso fuera del barrio, salvo para ir a Carson Beach, ya me parece alejarse demasiado del St. Clare’s. En cualquier caso, en Medford no hay aeropuerto, depende de Boston en ese y otros muchos aspectos. De todas maneras, no quiero que Ana piense que soy tonta y no me entero de lo que pasa. Ya me he graduado en 8th Grade y no ha sido porque los profesores hayan sido demasiado benévolos conmigo, ni tan siquiera el de la asignatura de Spanish, con quien me he cruzado por los pasillos en alguna ocasión. Se supone que mi falta de asistencia a esas clases se ha compensado por el hecho de que Ana me ha obligado a leer libros y hemos tenido conversaciones en español, que gracias a ello mi nivel de conocimiento justifica el aprobado. La realidad es que mi planteamiento no ha cambiado, pero al menos tengo una excusa para que Ana me dedique algo de tiempo cada día.

Massachusetts, Boeing 747

Day                          June 24, 1995

Current time                   01:30 AM

¿Buenas tardes, o buenas noches?

06:25 PM+ 07:35 = 02:00 AM

Si mis cálculos no me fallan, queda media hora de vuelo. Ya debemos estar cercar de nuestro destino y no tiene demasiado sentido que intente dormir porque cuando lo consiga será hora de despertarse. Supongo que al final con esto de escribir en el cuaderno, en vez de relajarme, me he entretenido más de lo que pensaba, aunque no me da la sensación de que haya escrito tanto ni perdido tiempo en pensar lo que escribo. Mi contrariedad en parte se debe a que no he comido nada desde que cenamos en uno de los restaurantes del aeropuerto. De todas maneras, intentaré dormir, aunque no tenga demasiado sueño porque me parece que es demasiado pronto.