Se entristeció de que le dijese la tercera vez: “¿Me amas?”

CONFESIONES DE UN CARACOL

Es muy complejo cuando las personas no dicen lo que sienten y desean de verdad y yo sí lo hago. ¿cómo entender que alguien te dice “déjame sola” cuando quiere que te quedes, o “no me busques” cuando quieren que la busques, o cuando te dicen “nada” y es “todo”? Muchos dirán que pasa a todos, pero en mí es más profundo, las palabras son valiosas y yo las asumo con todo el poder que tienen. Y ese es un tema muy importante, las palabras tienen una significancia muy importante al momento de ser dichas y oídas. Un “TE QUIERO” en mí causa un gran sentimiento de cuidado, cuando alguien me dice eso, para mí es valioso, sé que el común de la gente dice “TE QUIERO” fácilmente a veces, pero yo lo recibo como un regalo hermoso y aunque yo a veces no pueda responder de igual forma, sí lo recibo, creo que son pocas las personas que puedo querer a fondo, amigas y amigos eternos que guardo en mi corazón, les puedo decir hasta que los amo, porque realmente les amo, yo soy Asperger y ¡si, Amo!!!.

Reflexión sobre el amor

¿Cuántas veces hay que preguntar “¿Me amas?” para que no haya dudas sobre la respuesta?

La pregunta para los Asperger, quizá la que yo me he hecho desde siempre y más en estos últimos años en que he tomado más conciencia de quién soy y lo que tengo, es sí existe en mí esa capacidad de amar o no son más que fantasías de quien no siempre es capaz de adaptarse al mundo que le rodea, de entender a los demás porque éstos hablan en un lenguaje, con idioma que necesita traducción.

¿Cuántas veces y a cuántos amores he tenido el impulso, la necesidad de hacerles esa pregunta? Habrá quien diga que en vista del resultado, a ninguna; habrá quienes me conozcan un poco mejor y quizá sepan de los montones de folios escritos por las dos caras que guardo en el altillo del armario de mi dormitorio y deducirán que eso ha sido una manera poética y novelesca de perder el tiempo, que ni tan siquiera el hecho de que esos poemas hayan llegado a manos de quienes fueron mi fuente de inspiración me ha servido de mucho, si no ha venido acompañado de esa pregunta o por la falta de esa respuesta.

Sin contar esa otras ocasiones en que me he sentido señalado porque no he sabido escuchar con la suficiente atención, ese no sin contemplaciones o he pretendido romper un silencio que en sí mismo estaba lleno de sentido, pero tal vez entonces no supiera que tengo Asperger y me fuera mucho más complicado entender a los demás tanto o más que hacer que los demás me entendieran, porque sí, hubo una vez en que respondí: “No lo entiendo”, y nadie se molestó en explicarse, tan solo aquello no estaba bien y había que enderezarlo. 

¿Cuántos amores, cuántas han sido? ¿Los dedos de una mano, de las dos, me han sobrado con el primer dedo? ¿Soy de los que cuentan veinte y no se comen una rosca? ¿Quiénes han sido que quizá ni ellas mismas lo sepan? La verdad es que da eso da igual una o catorce, ninguna o todas.

La verdad, la verdad, es que de mis labios no ha salido esa pregunta y en caso de que haya salido, quizá es que nadie la escuchó. Mis oídos se han sentido sordos o quizá es que mis labios se han cansado de insistir y la tercera vez se han dado por vencidos, se han entristecido.

Ahora que soy consciente de mi Asperger, con la madurez de los años, asumo que igual que he llegado a sentir esa tristeza e impotencia ante algo que sentía fuera de mi alcance, de mi entendimiento. Quiero pensar que alguna vez alguien me miró a los ojos e hizo esa pregunta confiada en obtener respuesta, rompiera ese silencio, forzase un poco más situación en busca de una respuesta clara por mi parte.

Creo, en mi inconsciencia, que esto me ha pasado alguna vez, pero ni siquiera lo aseguro con certeza, tan solo sé que le he hablado al mundo con su mismo lenguaje y si la respuesta es no, da igual cuál sea la pregunta o de quién proceda.

¿Soy capaz de amar? La respuesta es sí. La cuestión es que he querido aprender y la respuesta ha sido no. ¿Quién se confunde? ¿Dónde falla esta conversación no verbal que supone una contradicción? ¿Hay que amar a la fuerza? La respuesta es no.

El amor no se impone, se ofrece.
El amor no es dueño, sino esclavo,
El amor no es recibir, sino dar,
El amor no es mío, sino de los dos
El amor no es ahora, sino cuando tú quieras.
El amor no es palabra, sino silencio,
El amor no es amor, sino amar  

Se entristeció de que le dijese la tercera vez: “¿Me amas?”

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