Mientras haya vida

Vuelvo al puerto y la vida está muerta,
no hay mar para el marinero hundido,
para aquel que se fue y no ha venido.
Miro los ojos, que no me dicen nada,
los ojos que pertenecen a unos labios,
que me dijeron adiós con sus palabras.
Me alejé de puerto y me fui de casa,
me hice así vagabundo de esta vida
y miro atrás y sólo veo que no me olvidan,
que aquellas palabras fueron sinceras,
pero resuenan como el eco en el viento,
llegan hasta mí traídas por fuertes olas,
diciendo adiós, sin oírlas decir nunca hola,
sin oírlas decir nunca hola, diciendo adiós,
como una eterna despedida que no termina,
que no ha de terminar mientras haya vida.