Hombre de Palo

Como buen toledano y ya que en la entrada de ayer (Yo estuve en Toledo) os hacía mención de la historia de Hombre de Palo, comparto la información que he encontrado al respecto, es un copy & paste con referencia a las páginas. Considero que puede ser de interés para los curiosos. La Calle Hombre de Palo se encuentra junto a la catedral. Y sí, la catedral está situada en la Plaza del Ayuntamiento.

Calle Hombre de Palo. Google Maps

Referencia: Leyendas de Toledo

Leyenda del Hombre de Palo, versión infantil

El verano es una época magnífica para iniciar a los más pequeños en la historia y cultura de una ciudad como Toledo. Un buen punto de partida pueden ser ciertas curiosidades que pueblan nuestras calles (en Toledo son muchas). Hoy adaptamos lo que tal vez estrictamente no sea una leyenda, pero sí contiene ciertos tintes legendarios que ayudará a acercar a los más pequeños el conocimiento de una interesante época histórica y unos importantes personajes que habitaron en nuestra ciudad, en el siglo XVI.

María intentaba hacerse un hueco entre el grupo de personas que en una esquina de su calle se agrupaban. Podía oír exclamaciones como “es obra del maligno”, es una “maravilla”, “el relojero del rey lo ha hecho”, pero no entendía muy bien a qué se referían. Cuando pudo hacerse un lugar, pues era pequeña, sus ojos no daban crédito a lo que vieron…

Había salido hace unas horas bien temprano de su casa justo al lado de la Catedral. A sus nueve años, María seguía cada día las instrucciones de su madre, acudiendo a alguna fuente cercana a llenar un cántaro de agua que portaba celosamente hasta su casa. Si en la fuente había mucha gente o estaba seca por el estío, debía bajar hasta el río… Era un trabajo algo pesado para una niña, debía parar cada pocos pasos por las duras cuestas, pero tenía que hacerlo, pues el agua era muy importante para toda la familia y en Toledo escaseaba. Su padre le había contado que en esta ciudad siempre había sido complicado en verano conseguir agua, que en otros pueblos y ciudades había más pozos, o el río estaba más cercano… También que, en el palacio, Nuestro Señor el Rey Felipe II tenía “agua corriente” gracias a un curioso artificio que ella misma había visto funcionar, pareciendo obra de magia pues subía el agua desde el río sin ayuda alguna.

Cuando el intenso calor del mediodía hacía difícil caminar por las empedradas calles de Toledo, volvía a su casa tras hacer otros tantos recados… Muy cerca, bajo la sombra de los muros de la Catedral, se detuvo sorprendida por un grupo de personas que exclamaban alrededor de algo que no alcanzaba a ver. Cuando pudo hacerse un hueco pudo ver un muñeco, parecía hecho de madera, similar pero en mayor tamaño a los que su padre le tallaba de pequeña para jugar en casa. Pero había algo diferente… Cuando uno de los hombres que estaba allí se aproximó y echó una moneda en una pequeña caja que tenía en las manos, el muñeco pareció cobrar vida repentinamente, y con unos movimientos un poco bruscos agachó ligeramente la cabeza, movió un brazo como saludando y ¡abrió y cerró la boca!, sin emitir sonido alguno, pero pareciendo dar las gracias.

Cada vez que esto sucedía la gente se sobresaltaba, algunos exclamaban y otros reían como si fuera una atracción de feria. ¡Jamás se había visto algo así en las calles de Toledo!

Corrió hasta su casa, subiendo las escaleras rápidamente en busca de su madre, para contarle lo que había visto. Las dos bajaron de nuevo a la calle para observar este prodigio pero sólo alcanzaron a ver cómo un hombre de barba blanca, anciano, recogía en sus brazos al muñeco y se marchaba. Una vecina que también estaba allí comentó que se trataba de Juanelo Turriano, el viejo relojero del Emperador, Matemático Mayor del actual Rey y que desde hace algunos años había caído en desgracia por ciertos pleitos con poderosos señores y con el municipio. ¡Era el mismo hombre que había construido el “artificio” que subía agua desde el río! Y según otro vecino contó otros muchos prodigios que ninguno de nosotros alcanzaríamos a comprender. (Leyendasdetoledo.com)

Día tras día, Juanelo colocaba bien temprano su muñeco en un rincón muy transitado de la calle. Muchas personas que por allí pasaban, camino de la Catedral, sólo por ver funcionar esa maravilla, depositaban alguna moneda en la caja, activando los resortes casi mágicos que hacían que el muñeco, al que empezaron a llamar “el Hombre de Palo” se moviera. Para María era incomprensible que un muñeco se moviera solo y otros buscaban alguna cuerda o miraban alrededor del muñeco por si alguien escondido lo hacía funcionar. Algún religioso que por allí pasaba exclamaba que no entendía como tal obra del maligno podía estar expuesta tan cerca de la Catedral…

Una mañana, un intenso olor a humo alertó a todo el vecindario. El fuego era muy peligroso en Toledo, por la escasez de agua, por lo estrecho de las calles y lo próximas que estaban las casas, en gran parte hechas de madera. Todos, incluida María, corrieron a la calle a ver qué sucedía. En el rincón que últimamente ocupaba el “Hombre de Palo” sólo quedaba una masa informe de ceniza y metales… Alguien había quemado al “Hombre de Palo”.

Nadie se atrevió a preguntar qué había sucedido con el autómata de Juanelo. Muchos años después se supo que la Inquisición había quemado el muñeco que tanto había llamado la atención de las gentes. Demasiado cerca de la Catedral, tal vez demasiado avanzado para su época. La intransigencia, la ignorancia y sobre todo el maltrato de nuestra tierra hacia los grandes genios que aquí han habitado, una vez más tuvo un triunfo parcial… En pocos años, a esta vieja calle de Toledo, se le conocería como “Hombre de Palo”, en recuerdo de aquél autómata y de su creador, injustamente tratado por la Ciudad Imperial.

«Calle del Hombre de Palo”, en Toledo

Muchas calles, monumentos y rincones de Toledo guardan curiosas historias y leyendas acumuladas durante siglos. Si quieres conocer por qué esta calle se llama de esta curiosa forma, y has leído la anterior leyenda ahora te contamos lo que dice la Historia:

En el siglo XVI un importante ingeniero e inventor italiano vivió algunos años en Toledo. Su nombre fue Juanelo Turriano (en italiano Giovanni Torriani). Tan importante fue que inevitablemente tenemos que comparalo con otro conocido e importante hombre del Renacimiento como fue Leonardo da Vinci. Aunque menos conocido, Juanelo trabajó durante bastantes años como relojero en la Corte del Emperador Carlos V (Toledo en aquella época fue la capital del Imperio).

Miguel Jadraque y Sánchez de Ocaña (1840-1919): «Carlos V en Yuste». Se observa a Juanelo Turriano, de pie, con barba blanca al lado del Emperador, que está sentado a la izquierda. En este cuadro se representa el momento en el que Juanelo muestra el funcionamiento de un autómata al Emperador y monjes del Monasterio de Yuste, donde pasaba sus últimos días Carlos V. El autómata consiste en dos figuras, un soldado que golpea con su espada a un Turco Otomano, cosa que seguramente agradaba bastante al Emperador. (Fuente)

¿Relojero del Emperador?

Un oficio que ahora nos podría parecer bastante normal pero que en aquella época requería de una serie de habilidades y conocimientos que no estaban al alcance de cualquier persona. Más tarde, Felipe II le nombró Matemático Mayor y fue durante esta época cuando construyó una ingeniosa máquina, un “artificio” (realmente construyó dos), que permitía subir el agua desde el río Tajo hasta el Alcázar, salvando un importante desnivel de 90 metros, cuando no existía aún el agua corriente como actualmente la conocemos (grifos y fuentes en cada casa, etc.) en la ciudad de Toledo. Lamentablemente, y tras una vida plagada de grandes inventos e ingenios técnicamente avanzados para su época, Juanelo murió siendo muy pobre y con enormes deudas un 13 de junio de 1585 en Toledo.

La calle Hombre de Palo, en una noche de lluvia

¿Y por qué os contamos todo esto?

Placa cerámica sobre la Leyenda del Hombre de Palo

La calle “Hombre de Palo” recibe este nombre debido a una especie de muñeco (algunos lo llaman autómata) con forma de hombre que Juanelo Turriano construyó utilizando su amplia experiencia como relojero con el posible objetivo de recaudar algo de dinero ante la ruina que para él había supuesto la construcción de sus dos grandes “artificios” que permitieron subir el agua a Toledo desde el Tajo, y de los que nunca cobró prácticamente nada…

El muñeco de madera que según algunos autores de la época se paseaba por esta calle, movía brazos y piernas, o hacía una reverencia cuando alguien echaba una moneda en una pequeña caja que portaba en sus manos, terminó dando nombre a la calle, por lo curioso de su presencia allí. Numerosas personas incluso de poblaciones cercanas se acercaban a esta calle a conocer la nueva maravilla del inventor italiano.

Imaginad a las personas que pasaban por esa calle, hace más de 500 años, cuando no existían los “robots”, ni muñecos articulados y automáticos actuales, que se mueven con electricidad… En aquella época no se conocía la electricidad; todo el movimiento de este muñeco se realizaba mediante complejos mecanismos ocultos, como un reloj de gran tamaño.

Cuenta también la leyenda que el “Hombre de Palo” de Juanelo Turriano fue quemado por la Inquisición, para evitar el revuelo y la fascinación que tan peculiar personaje causaba en los residentes y visitantes de Toledo.

Juanelo hizo más “autómatas” similares, aunque de menor tamaño, en este vídeo podéis ver uno que se cree fue realizado por Juanelo Turriano y se conserva en un museo de Estados Unidos:

 (Video: Automaton figure of a monk, South Germany or Spain, c. 1560; National Museum of American History, Smithsonian Institution, Washington, DC.)

En este magnífico vídeo animado creado por el Colegio Divina Pastora de Toledo se puede conocer la historia de Juanelo Turriano y sus inventos, incluyendo el Hombre de Palo:

Referencia: Wiki Mitología Ibérica

El hombre de palo fue un artificio sobre el que existen dudas sobre su naturaleza y función, pero la leyenda más extendida en la ciudad de Toledo afirma que consistía en un aparato antropomórfico de madera, construido con el fin de recolectar limosnas, y con capacidad para mover piernas y brazos.

Para el cronista Horozco, se trataba de un autómata de madera colocado en este lugar para celebrar la fugaz vuelta de Inglaterra al catolicismo:

«Hombre de palo armado con un escudo en el lado izquierdo y en el brazo derecho una talega, hincado en un madero, y andábase alrededor y en tocando en el escudo volvía y daba con la talega de arena a quien pasaba y le daba»

Por asociación de ideas, se adjudicó al Giovanni Torriani (*Cremona, Milanesado, 1500 – †Toledo, España, 1585), más conocido como Juanelo Turriano, inventor, arquitecto y Relojero Real de Carlos I; la autoría de lo que hoy llamaríamos un robot, con la misión de recorrer diariamente las calles recabando limosnas en vistas de que, como no le pagaban lo suyo, andaba en la más negra miseria. Cuando los maravedíes llegaban al fondo de la hucha, el muñeco hacía más reverencias que un japonés, señal de que, al menos, Toledo tenía mala conciencia de su ignominioso comportamiento con el genio de Cremona, comparado por algunos con el mismo Leonardo da Vinci.

Otros cronistas, más conservadores y menos imaginativos, como Moraleda y Ramírez de Arellano, aclaran que se trataba, en realidad, de un muñeco de madera, estático por supuesto, colocado en un lugar de los más frecuentados de la ciudad, como era y sigue siendo éste, y provisto de una hucha o alcancía destinada a recoger las limosnas del personal para la construcción del cercano hospital, posteriormente conocido como del Nuncio Viejo. Tan benemérito nuncio se llamaba Ortiz y puede que no fuese ajeno a este invento. Debía de ser algo muy parecido a tantos muñecos actuales de cartón piedra, plástico o lo que sea, colocados en las puertas de grandes almacenes, laboratorios fotográficos, parroquias y otra suerte de establecimientos, provistos también de la correspondiente hucha o buzón donde recoger óbolos con fines caritativos, carretes fotográficos o cartas a los Reyes Magos. La gracia del que nos ocupa reside en su precocidad. No es de descartar que tal muñeco de palo siguiese desempeñando su función mendicante hasta que el citado hospital fue trasladado por el cardenal Lorenzana, a finales del siglo XVIII, a un nuevo emplazamiento.

No hay muchos documentos históricos acerca de la naturaleza del autómata, ya que fue quemado cuando aún Turriano estaba con vida, pero ha quedado constancia del punto donde se localizaba: la antigua calle de las Asaderías de Toledo, actualmente denominada «Calle del Hombre de Palo»

Referencia: Paseos del Toledo Mágico

Y en el momento más oscuro, cuando la necesidad y la imaginación se unen, es cuando la luz del genio brilla con mayor intensidad para “parir” un personaje que dejó honda huella en la historia de Toledo. Así se creó el prodigioso “hombre de palo”, un autómata o mecano con forma humana (algunas versiones nos dicen que iba ataviado como un monje con sayal y una gran cruz), revestido de madera pero con su interior lleno de engranajes metálicos, cuerdas y ruedas que poseía su propio movimiento.

¿Se pueden imaginar en pleno siglo XVI a un androide paseando por las calles de la ciudad? El impacto debía ser tremendo, de hecho había rumores sobre si este ser tenía algo de demoníaco por moverse y actuar como si fuera una persona, ya que también movía los ojos y abría y cerraba su boca.

¿De dónde procedía su movimiento, su vida? Los curiosos se agolpaban para ver este invento que dejaba a propios y extraños con la boca abierta. Pero la cosa no quedaba ahí, según nos cuentan las crónicas, este curioso ser llevaba una hucha para pedir limosna, y si algún viandante echaba una moneda, recibía del autómata una reverencia como muestra de gratitud. De hecho se dice que servía como ayudante al propio Juanelo realizando todo tipo de recados. Por la calle más estrecha que rodea la Catedral, es imposible no evocar la fantástica historia de este artefacto que todos conocieron como el hombre de palo.

¿Qué pudo ser realmente el hombre de palo?

No sabemos hasta qué punto todo esto es verdad, o si al menos una parte de esta historia sí la podemos considerar como cierta, como siempre en Toledo todo pudo ocurrir… Para dar más información, han surgido teorías sobre qué pudo ser realmente este curioso invento. Algunos historiadores nos dicen que en realidad se trataba de una pequeña estatua de madera, con una hucha o cepo como las que podemos ver aún al día de hoy en algunas iglesias, que pedía limosna para el sostenimiento del Nuncio Viejo, hospital situado en una calle próxima, que era conocido por atender a enfermos mentales. Otra versión, nos habla que pudo ser un estafermo o figura de madera hincada sobre una peana fija, que portaba en un brazo un escudo y en el otro un saco de arena; la costumbre al pasar era dar un golpe al escudo para que este curioso sistema se girase rápidamente y diera con el saco a algún transeúnte despistado. Algo parecido tuvo que haber en esta calle para dejarnos tan curiosa toponimia.

¿Se ha encontrado el auténtico hombre de palo?

Llegamos a un punto muy interesante de esta historia, ya que no se sabe que ocurrió finalmente con este hombre de palo. ¿Desapareció sin más?

Una teoría nos dice que fue destruido, quemado más exactamente, ya que de la sorpresa y el estupor inicial se pasaba fácilmente a sospechar cómo diablos podía moverse este artilugio. La ciencia aquí se consideraba más próxima a la herejía que a la evolución tecnológica, tema controvertido al menos en esta época. ¿Podían este tipo de inventos desafiar a la creación divina? Hasta cierto punto, pero nunca podían llegar a poseer alma, cosa inherente al ser humano. Reflexiones estas, que nos llevan a pensar en obras literarias que abordan el mismo planteamiento filosófico, como es la fantástica novela gótica de Mary Shelley Frankenstein o el moderno Prometeo, o el famoso cuento de Pinocho, de Carlo Collodi, entrañable historia que encierra mensajes cifrados a modo de moraleja muy interesantes y válidos, tanto para pequeños como para mayores.

La otra teoría nos dice que el hombre de palo desaparece sí, pero no se destruye, es más, se conservó en perfecto estado por una cadena de coleccionistas y lo más sorprendente aún, es que nos podría haber llegado hasta el día de hoy. Al menos existe un autómata que responde a las mismas características que las citadas en el Instituto Smithsonian de Washington D. C., en los Estados Unidos. El artefacto en cuestión tiene dos datos significativos, su fecha y procedencia: datación 1560, origen Alemania o España. Esta evidencia ha llevado a pensar a muchos que este es el auténtico hombre de Palo de Juanelo, el mismo que se paseó por las angostas calles toledanas, increíble pero cierto. Os dejamos como muestra, un vídeo que reproduce su funcionamiento e inmejorable estado de conservación.

Una nueva vida para el Hombre de Palo

Y terminamos con la noticia que nos llegaba hace unos meses del Consistorio toledano, que ha mostrado su intención de realizar una reproducción de este invento y situarlo en el que pudo ser su enclave original, la calle que lleva su nombre. Que nuestros ojos lo vean, porque es innegable que el hombre de palo se ha convertido por derecho propio en un símbolo del Toledo legendario, donde realidad e imaginación se funden magistralmente para recordarnos no sólo un gran invento, sino a un gran inventor, figura genial injustamente olvidada. Ojalá renazca un poco más la memoria de Juanelo con esta nueva oportunidad que se le brindan a una de sus obras, para que ahora sí goce de una nueva vida.

Referencia. Wikipedia. Juanelo Turriano

Hombre de Palo

Existen dudas sobre su naturaleza y función, pero la leyenda más extendida en la ciudad de Toledo afirma que consistía en un aparato antropomórfico de madera, construido con el fin de recolectar limosnas, y con capacidad para mover piernas y brazos.

Algunas versiones poco verosímiles de la leyenda dicen que dicho artefacto era capaz de andar buscando la caridad de los viandantes, y que incluso era capaz de inclinarse en una reverencia cuando recibía alguna moneda. No hay muchos documentos históricos acerca de la naturaleza del autómata, ya que fue quemado cuando aún Turriano estaba con vida, pero ha quedado constancia del punto donde se localizaba: la antigua calle de las Asaderías de Toledo, actualmente denominada «Calle del Hombre de Palo».

Existe una curiosa teoría, según la cual Doménico Teotocopulos, El Greco, en su obra «El entierro del Conde de Orgaz» expone quiénes ocultaron el armazón del autómata. Para ello, se basa en las escenas que adornan las vestiduras de las apariciones celestiales, en el misterioso monje de hábito gris, y en el paje que, en primer término, señala claramente el símbolo rosacruz en una de las túnicas.

Es fama que allí construyó un autómata de madera, llamado el Hombre de palo, aunque de momento no se ha podido demostrar que llegase a existir como tal, una calle de la ciudad lo recuerda por este hecho.