Yo estuve en Toledo

Uno no ha estado en Toledo hasta que no se ha perdido por sus calles. Al menos esa es mi opinión y valoración personal para ensalzar la ciudad y realzar, si cabe, aún más su valor y belleza histórica, cultural y arquitectónica.

Sí, Toledo se puede visitar en un día, en una mañana, en cinco minutos, si te limitas a observar la panorámica de la ciudad desde la distancia. ¡Ves Toledo desde el Valle y a otra cosa mariposa! ¡Que el día es muy largo y no hay tiempo para más! ¡Qué bonita es esta ciudad desde la distancia! Coronada por el río Tajo y engalanada con sus puentes, con esos monumentos que destacan sobre el resto, porque se encuentran a mayor altura o porque se han construido, así, muy altos, para que destaquen en el horizonte. La belleza del Alcázar; la majestuosidad de la catedral con su torre del campanario; el edificio del Seminario Mayor con su imponencia robando protagonismo al resto de los tesoros de la ciudad; la iglesia de San Ildefonso, que los Toledanos llamamos «Iglesia de los Jesuitas» y que en los últimos años es el Santuario del Sagrado Corazón, etc. Toledo con sus calles empinadas, estrechas y tortuosas que se despliegan como una alfombra tejida en plata y oro para cubrir la ladera de sus muchas colinas.

Panorámica de Toledo

Pero, oye, ¡Que ya han pasado los cinco minutos y tienes otros sitios a los que ir, que visitar! ¡Hale, no te entretenga!

Insisto, Toledo se puede disfrutar, si de antemano se planifica el viaje, la visita y, si se tercia, se contrata un buen guía turístico, de los muchos que hay por la ciudad, que te acompañan y llevan por recorridos y rutas que, tal vez, son desconocidos para el resto de los mortales, para los toledanos de toda la vida. Porque, de manera mágica, parece que tienen las llaves que abren todas las puertas, tienen acceso a los rincones más recónditos, que, de otro modo, parece que la ciudad esconde con la vergüenza y el pudor de una adolescente.

Porque por mucho que pasen los siglos Toledo es una ciudad joven que se disfruta a cualquier hora, aunque los adultos digan que a partir de las diez ya es hora de cenar e irse a dormir; o que para disfrutar de la ciudad conviene madrugar y no quedarse en la cama hasta muy tarde. Cuando vienes a Toledo te puedes ir a dormir a la hora que te plazca y si te apetece, olvídate el despertador en casa y dejar que sea el bullicio del mediodía lo que te saque de ese sueño y descanso reparador, cuando sus calles se llenan de gente procedente de todo el mundo y, como si fuera la torre de Babel, se hablan todos los idiomas. La charla que se apacigua un poco con el pasar de los coches porque los viandantes se han de echar a un lado.

Toledo siempre que vienes te recibe con las puertas de sus murallas abiertas de par en par y con ganas de irse de fiesta, al bar de la esquina o a la discoteca que hay un poco más abajo, aunque dentro de cuatro días tenga el examen de su vida y no hayas tocado ni un libro ni un apunte hasta ahora. ¡Estás en Toledo! Toledo te invita a recorrer sus calles; a que te olvides de tus preocupaciones.

Y, si la ciudad sabe que vas a venir, pues, se engalana y se viste de Corpus, allá por el mes de mayo o junio, cuando se establezca en el calendario anual. Se pone sus mejores vestidos y se adorna el pelo con flores y se maquilla con la mejor de sus sonrisas. Le pone tapices centenarios a la catedral y extiende los toldos por las calles por donde que va a pasar, El Señor, la Custodia de Arfe, se perfuma con romero y saca del fondo del armario sus mejores mantones.

¡Ay, Toledo, como una chiquilla enamorada, luce de otra manera! Hasta parece que va dando saltos de alegría porque vas a venir, porque ya está aquí recorriendo sus calles y visitando sus monumentos.

Toledo muestra su encanto y su belleza a lo largo de todo el año. Que, si durante las semanas del Corpus presume de su encanto, durante el resto de año tampoco pierde su magia ni su encanto y esas calles que un día al año parecen una explosión de vida, los otros 364 días cubren y recorren toda la ciudad, desde el Puente de San Martín al Puente de Alcántara, desde la muralla que bordea Toledo hasta la misma orilla del río Tajo por la zona del embarcadero. Desde la panorámica que se observa desde el Valle, la que se observa desde el paseo de la Vega. Toledo engancha y enamora desde la distancia y desde lo intrincado de sus cuestas.

Toledo es vida, es sol, es calor en verano y frío en invierno. Es un juego de luces y sombras, es un jugar al escondite con quien pasea por su calles. Porque, como un niño travieso, esconde sus monumentos y sus torres cuando das la vuelta a la esquina, porque te quieres orientar por la torre de la catedral y ésta se desvanece, se esconde tras los edificios. Pero, ¡si dos pasos antes estaba ahí, impresionante, destacando e imponiendo su autoridad sobre el cielo de la ciudad! ¡Qué bromista es la ciudad de Toledo! Te obliga a buscar sus tesoros ocultos! Se hace cómplice de quien recorre sus calles, le acompaña en su paseo, le intenta convencer para que alargue un poco más su estancia.

Toledo te atrapa, se convierte en un laberinto sin salida y, al menos hace algunos años, era fácil encontrarse a algún turista despistado en la plaza del Ayuntamiento buscando la Catedral Primada con la ayuda de un mapa. Y la catedral que no aparece por ninguna parte ¿Cómo se llega la catedral? Ni idea.

Plaza del ayuntamiento

Si subes por la calle del arco de palacio,

  • a la izquierda está la cuesta de la calle Trinidad, que te lleva a la plaza del Salvador, calle de Santo Tome y en la iglesia de Santo Tome, accediendo por la Plaza del Conde, se encuentra el cuadro del Entierro del conde de Orgaz pintado por el Greco
  • De frente está la empinada calle de Nuncio viejo, que se cruza con la calle Alfonso X El Sabio, en este cruce de calles a la izquierda se encuentra el edificio de Hacienda y, si vas hacia la derecha llegas a la plaza de San Vicente, y de frente a la plaza de las Tendilla. Si callejeas un poco, llegas hasta las escaleras mecánicas del paseo de Recaredo, que están a los pies del edificio de la Diputación.
  • A la derecha está la calle Hombre de Palo, donde siempre te encuentras a algún toledano que te cuenta la leyenda. Por esta calle llegas a la plaza de las Cuatro Calles, que, en realidad, son cinco, y desde ahí por la Calle Ancha (Calle comercio para los turistas) llegas hasta la plaza de Zocodover.

En la Plaza del Ayuntamiento, tienes el Palacio Arzobispal y el Ayuntamiento con la calle peatonal, unas escalinatas, que separan ambos edificios. En la plaza, a los pies del Ayuntamiento, hay una extraña fuente en el suelo, que juega con el reflejo del agua.

Al otro lado del edificio del Ayuntamiento, delimitando la plaza, hay una calle que baja, que se pierde y adentra por las calles y laberintos de la ciudad. Calle Santa Isabel, hacia la zona del Seminario, y calle del Pozo Amargo, con su típico pozo, y otra de las muchas leyendas locales.

Al otro lado de la calle está el edificio de los juzgados y, perpendicular a la calle del ayuntamiento, bordeando los Juzgados, está la calle Cisneros, que da acceso a la Bajada del Pozo Amargo, el Callejón del Vicario, el callejón de San Pedro y la bajada del Barco, con una complicada maniobra para los coches que buscan la salida de la ciudad.

Pero ya te digo yo que, por mucho que busques, la Catedral Primada de Toledo no se encuentra por ahí. Si no, estos turistas despistados la hubieran visto.

También te pueden encontrar con turistas despistados por el cobertizo de San Pedro Martin, que te piden que le indiques cómo se llega al edificio del Alcázar, porque pretenden visitar el Museo del Ejercito. Y a ti se te queda tal cara de susto, que ya no sabes si decirles que tú no eres de Toledo o tomarte la molestia de acompañarles porque de seguro que se pierden como sigan tus indicaciones.

Vas a venir a Toledo ¿Verdad? Toledo es una fiesta cuando vienes. ¿Cuándo vienes? Siempre habrá algún toledano amable que te indique dónde quienes ir, en caso de que te pierdas. No sé, tal vez descubras ese infinito callejón sin salida, esa calle tan estrecha que ni te das cuenta de que está ahí o que, tras dar muchas vueltas por la ciudad, te encuentras a alguien de Toledo entre tanto turista.

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