A cortar a la calle

Esperando a mi Daddy

Lista de lo visitado hasta ahora: (ver lista en pagina aparte)

Introducción

La calle Ancha es otro de esos lugares a los que los personajes de la novela tienen de gusto de venir con relativa frecuencia. Desde la plaza de Zocodover es el camino natural hasta la catedral. Una calle que anima a explorar, a investigar y como su nombre oficial indica (Calle Comercio) a ir de tiendas, aunque en los últimos años se haya quedado más como un reclamo para el turismo, porque en gran medida la economía de la ciudad depende de ello y siempre apetece llevarse un buen recuerdo de los lugares donde se ha estado, aparte que para algunos negocios más o menos conocidos a nivel nacional o internacional eso de tener un establecimiento en esta calle supone remarcar aún más su prestigio.

La primera descripción de esta calle se produce con la visita de las gemelas, en su primera visita a la ciudad, recién llegadas de Medford, al día siguiente, como una manera de hacer una primera actividad en familia.

Calle Ancha diciembre 2020

Novela

3 de septiembre 2008. Jessica

Como se trata de su primera visita a la ciudad y no pretende que se pierdan, si en alguna ocasión vienen solas, para llegar hasta la catedral, prefiere llevarnos por el camino fácil, en vez de callejear, lo que resultaría más interesante, porque verían más esa parte de la ciudad, pero para eso ya habrá más ocasiones. De momento, Daddy prefiere ser prudente con las gemelas, como lo fue conmigo, aunque en mi caso el mérito fue más mío que suyo, porque al principio me acobardé ante la idea de salir sola del piso. Por diferencia de edad, con las gemelas ha de ser un poco más responsable. Tampoco es que sea necesario que las lleve cogidas de la mano, pero hasta que se defiendan y sientan la bastante seguras, mejor que no les pierda la pista. Su juventud e inocencia podría ser causa de más de un susto desagradable, en especial si no saben dónde ni cómo van a encontrar el camino de vuelta. Yo ya pasó por la experiencia de que el casco se convirtiera en un laberinto sin salida y no quisiera que nos viéramos en la misma tesitura con las gemelas, con el añadido de que ahora ya no vivimos en la ciudad y cualquier imprudencia por su parte se habría de resolver fuera del horario de trabajo, lo que para ellas supondría seis horas de incertidumbre en el peor de los casos. La primera impresión que causan es que son un par de jóvenes turistas y pasará algún tiempo antes de que empiecen a parecer chicas de aquí, por lo cual antes de que la economía familiar se resienta, es preferible que sea su mentalidad la que asimile los cambios. Cuando sea oportuno, las tres se iremos de compras o tomaremos las medidas que se consideren oportunas para cambiar su apariencia.

Jess: Esto es “Commerce Street”. – Le digo a las gemelas. – Sin embargo, la gente suele llamarla “la calle Ancha”, “Wide Street”- Les aclaro. – Lo que no sé es dónde está “la Calle Estrella”, ni si existe una calle con esa denominación.

Milly: ¿Vamos de compras? – Pregunta.

Jess: No, otro día. – Le respondo antes de que se entusiasme con esa posibilidad. – Tal vez esta tarde, mientras Daddy trabaja. – Les propongo. – Así no le molestaremos tanto ni se preocupará tanto por nosotras.

Becky: ¿Es ésta la avenida principal de la ciudad? – Pregunta intrigada y un tanto decepcionada.

Daddy: Lo fue en su momento. – Le responde y aclara. – Estamos en la zona antigua. – Le indica ante su lógica confusión. – Hay zonas comerciales más modernas. – Le comenta. – Ya os llevará Jessica a verlas. Si no, lo haré yo.

Becky: ¿A dónde vamos? – Me pregunta intrigada. – Antes has dicho un montón de lugares. Daddy: Nos dirigimos hacia la catedral. – Le respondo. – Si os fijáis, pronto veréis la torre. – Les aviso.

Una de las peculiaridades de la ciudad es la orografía, que hay muchas cuestas, de lo cual no sé si las gemelas son conscientes o van absortas en sus pensamientos y curiosidad por averiguar dónde vamos. Aunque no hayan hecho ningún comentario al respecto, supongo que se habrán percatado de que tiene un aspecto casi de laberinto, con calles serpenteantes que salen a derecha e izquierda. La ventaja es que esta calle deja claro que hay que llegar hasta el final, que no hay necesidad de desviarse. Pasado el cruce con la Cuesta de los pajaritos tenemos ante nosotros lo que Daddy les ha dicho, al final de la calle, entre los edificios, destaca la torre de la catedral. Dado que la calle es descendente el hecho de que al final sobresalga la torre de la catedral hace que sea una imagen llamativa e incluso contradictoria porque obliga a dirigir la mirada hacia arriba. Confío en que, a partir de ahora, las gemelas tomen el detalle de la torre como referencia, que cuando vengan por esta calle les sea difícil desorientarse, aunque el sentido inverso resulte un poco más confuso por los diferentes cruces de calles y que no hay nada que destaque de la plaza de Zocodover que se vea desde la distancia. Si algún día se perdieran, lo que espero no llegue a suceder, antes que intentar llegar a la plaza, mi recomendación sería la misma que Daddy me hizo cuando me perdí, que intenten llegar hasta la catedral y esperen en la plaza hasta que nos reunamos con ellas, dado que incluso Daddy admite que no conoce el casco histórico tanto como a veces presumo ante mí o ahora ante las gemelas.

Milly: ¿Aquello es la catedral? – Me pregunta. – ¿Existe una gran avenida que lleve hasta allí? – Pregunta intrigada.

Daddy: Ésta es parte antigua la ciudad y tiene muchos siglos de historia. – Le intento explicar. – Antes no era como ahora y los edificios se construían con los medios y la mentalidad de la época. Entonces se llevaban las calles estrechas y no las grandes avenidas.

Becky: Nosotras somos del condado de Buckinghamshire en el Reino Unido. – Me dice. – ¿Allí también es cómo aquí? – Me pregunta. – Éramos muy pequeñas cuando nos llevaron a Boston y no nos acordamos.

Daddy: La verdad es nunca he estado por allí, pero supongo que también tendrá sus peculiaridades.

Milly: Podremos entrar en la catedral ¿O también es un edificio de oficinas? – Me pregunta con ironía en referencia al otro edificio.

Daddy: No ha cambiado su función. – Le aclaro. – Sin embargo, hay que ser respetuosos con el vestuario y me parece que el vuestro no es el más indicado. – Les comenta. – Vais preciosas las dos, pero no es ropa para entrar en la catedral.

Becky: ¡Al final no veremos más que fachadas! – Replica y se lamenta.

Daddy: Lo siento, pero me temo que ni Jessica ni yo hemos pensado en ello hasta ahora. – Se disculpa. – Ha sido todo tan improvisado que nos ha fallado la organización. – Justifica. – De todas maneras, para una primera toma de contacto tampoco está tan mal. – Dice para que no se desanimen ante expectativas poco alentadoras.

Milly: Nos hemos vestido así porque estamos en verano y a Jessica le pareció bien. – Argumenta por si las culpara o me molestase que no contaran con mi opinión.

Daddy: No pasa nada. – Le responde en tono afable. – Las dos sois y vais muy guapas. – Les dice para que no piensen que tiene objeciones a su vestuario. – El fallo ha estado en que hemos cambiado de planes en el último momento y no hemos tenido en cuenta ese detalle.

Jess: Para compensaros del disgusto estoy segura de que Daddy está dispuesto a rascarse el bolsillo e invitarnos a un helado. – Intervengo para rebajar la tensión del momento.

Daddy: Estamos a principio de mes y hasta finales no me ingresan la nómina. – Comenta porque me muestro demasiado generosa con su dinero. – Os invito a lo que queráis, pero cuando se acabé, se acabó. – Nos advierte con complicidad.

Jess: Cuéntales la historia del hombre de madera. – Le propongo. – ¡Eres un mal guía porque no cuentas nada! – Le recrimino.

Daddy: Esperaba a que llegásemos a la calle Hombre de Palo. – Me defiendo. – En Zocodover les hubiera explicado lo del Arco de la Sangre, pero estáis las tres un poco dormidas esta mañana.

Jess: ¡Ah, es verdad! – Caigo en la cuenta de su recriminación. – De todas maneras, no creo que sea una historia muy adecuada para su primer día con nosotros o su visita a la ciudad. Se asustarán.

Milly: ¿Qué es eso del arco de no sé qué? – Pregunta intrigada.

Daddy: No sé si os habréis fijado, pero en la plaza, entre los soportarles del otro lado de la calle, había un arco, una entrada a la plaza. – Les dice. – Según tengo entendido, allí era donde ajusticiaban a los criminales. Les cortaban la cabeza que rodaba cuesta abajo. – Les comenta. – Además, fue lo único que se mantuvo en pie tras la Guerra Civil, las bombas lo destruyeron todo.

Becky: ¿Destruyeron toda la ciudad durante la guerra? – Pregunta intrigada y sorprendida por la noticia. – Costaría mucho reconstruirla.

Daddy: Toda la ciudad no. – Le responde y aclara. – Tan solo el Alcázar y sus alrededores. – Le indico. – El Alcázar está donde ha parado el autobús. – Les dice. – No sé si os habéis fijado en el muro que teníais al otro lado de la calle.

Milly: Yo sí lo he visto. – Me dice. – Pero no me ha parecido que fuera tan importante. – Se justifica.

Daddy: Después, cuando regresemos a la plaza, os fijáis con más atención. – Les propone. – Si no os perdéis, incluso podéis dar una vuelta por los alrededores, pero no os alejéis demasiado u os será difícil volver.

Ahora están un poco más despiertas y animadas, supongo que hemos conseguido que sus frustraciones no aumenten por el hecho de que les prohíban la entrada en la catedral por causa de vestimenta. El hecho de que Daddy le hable de un sitio que podrán visitar sin condiciones previas es una buena noticia, al menos ya saben de un lugar en la ciudad que no tiene el acceso restringido. Estoy segura de que su interés y curiosidad hará que se acerquen por allí en cuanto se les presente la menor ocasión. De todos modos, como tenemos idea de comer en la plaza, oportunidades no les van a faltar, pero Daddy prefiere que su entusiasmo sea comedido, dado que igual de arriesgado es que se pierdan por esta zona del caco que por aquella, con la diferencia de que por allí hay más tráfico. La calle Ancha es peatonal, reservada para que la gente pasee por aquí y, en cierto modo, ello beneficia a los distintos negocios que hay a uno y otro lado.

Es fácil intuir que tanto como las gemelas como yo nos fijamos en los escaparates y siempre encontramos habrá algo nos llama la atención. Sin embargo, no hemos venido de compras. Daddy ignora cuánto dinero llevo o si las gemelas han cambiado sus dólares por euros y la cuantía que llevan en sus pequeños bolsos. De todos modos, le he insistido para que sea él quien invite porque estoy segura de que, en su cartera, en la riñonera, al menos lleva la tarjeta de crédito, por si el dinero en metálico no fuera suficiente para pagar nuestros muchos caprichos, aunque no haya sido su intención ni previsión tener ese arranque de generosidad sin condiciones ni límites. Lo cierto es que tal y como me lo planteaba cuando vine en mi busca, no es demasiado partidario de que el cariño o la confianza se hayan de comprar. Aparte de que nuestra economía familiar está bastante ajustada a los ingresos y gastos cotidianos.

Jessica: Otra plaza. – Les indico porque van más pendientes de lo que dejamos atrás que de lo tenemos delante.

Becky: ¿Dónde está la catedral? – Pregunta contrariada.

De pronto, casi sin que nos diéramos cuenta, llegamos a esta pequeña plaza, a una confluencia de calles, porque vamos pendientes de la conversación, aunque las gemelas miraban los escaparates con la imaginación puesta en lo que se comprarían, si les diéramos ocasión, dado que esta parte de la calle hace más honor a su nombre. Aparte de que se han instalado tiendas más modernas y que tal vez a ellas les resulten más conocidas o llamativas. Son tiendas de ropa y no tanto de orfebrería y recuerdos. De manera tácita, es casi como una advertencia de lo exigente que es el acceso a la catedral en lo referente al vestuario, aunque, por lo que respecta a mi bolsillo, el precio de la ropa se escapa un poco del presupuesto, al menos por lo que se ve en los escaparates. La cuestión es llegamos a la plaza de las Cuatro Calles y la visión de la torre de la catedral ha quedado oculta tras los edificios, lo que entiendo que para las gemelas resulte un tanto confuso, en especial, si han tomado la torre como referencia para llegar hasta aquí. La primera impresión que causa esta plaza es esa desorientación momentánea, que es justo lo que les sucede a ellas, que no hay como tal una calle que lleve directa hasta la puerta de la catedral, que es nuestro objetivo esta mañana. Como no tienen muy claro hacia dónde ir casi les preocupa más el hecho de saber volver. En esta ocasión intuyo que agradecerán como nunca que las hayamos acompañado. De todas maneras, tampoco me hubiera parecido muy correcto que vinieran solas dado que ni tan siquiera llevan un mapa por el que orientarse, aunque gracias a su conocimiento del idioma se podrían guiar por las señales o preguntar a la gente.

Esto, más que una plaza, es la confluencia de varias calles, un cruce de cuatro calles. En realidad, de cinco, aunque ésta última sea más un callejón de acceso a una de las puertas de la catedral. La del reloj. La cuestión es que, si no se conoce bien el camino, es fácil confundirse, aunque, por lógica, las calles que tenemos a nuestra espalda no llevan a la catedral, sino que van en sentido contrario. Más cuando hemos llegado hasta aquí por una de ellas. La otra, si se tomara por error, también llevaría a Zocodover, pero habría que callejear un poco más y para las gemelas hay un mayor riesgo de que se pierdan. Cuando hace cuatro años yo me perdí, no dude de ello en ningún momento, dado que como han comprobado hoy y supongo que en otras muchas de las ocasiones en las que he subido a esta zona de la ciudad, en cualquier momento se pierde la referencia de torre de la catedral o se toma la calle equivocada. Desde aquí sobre el supuesto de que la catedral no se encuentre lejos, lo más fácil es intentarlo por el callejón, pero esa puerta no siempre está abierta ni es la habitual. Irse por la calle de la izquierda, en perpendicular, conlleva una cierta valentía, aunque se llega sin problemas. La mejor opción es la calle de la derecha, que es por dónde va la gente que tal vez sea una garantía de que se va por el buen camino. En cualquier caso, si a las gemelas les interesan los escaparates, por lógica escogerían la mejor opción, aunque la estrechez de la calle les pudiera cohibir en un primer momento.

Calle Ancha

Web de referencia: «Toledo ayer y hoy«

Éste es nombre con el que popularmente se conoce a la Calle Comercio. Pero el sobrenombre no es nuevo. En 1555, su nombre original era ese. Debido a la gran cantidad de gremios que comerciaban en este lugar, en 1864, el Ayuntamiento la rebautizó como Calle del Comercio.

Su fisionomía ha variado muy poco a lo largo de los años. Algunos edificios han ganado altura, pero en lo esencial, la actual Calle Ancha sigue siendo muy similar a la origina. No ha ocurrido así con los negocios que en ella encontramos. Los comercios basados en artesanía tradicional están dejando su lugar a un comercio más dirigido al turismo.

La Calle Comercio se extiende desde la Plaza de Zocodover hasta la plaza de las Cuatro Calles. Curiosamente, y a pesar de su nombre, la plaza es la confluencia de cinco calles.

Calle Ancha

En esta calle se ubican tiendas de recuerdos y productos artesanales, además de grandes tiendas de marca, cafeterías y restaurantes, y es donde los viejos establecimientos especializados han dado paso a las tiendas dedicadas al turismo. Esta calle es una de las más largas del casco antiguo de la ciudad. Al fondo se puede ver la torre de la Catedral.

Calle Ancha el día del Corpus

No todo han sido cambios y novedades; en la calle Ancha resisten también los incondicionales, los de toda la vida; pequeños comercios antiguos que desde hace años se mantienen, generación tras generación, en los mismos locales. Es el caso de la relojería «Salva», ubicada en la esquina en la que confluye la calle Comercio con Sillería y que permanece abierta desde el año 1968, o la relojería «Bienve», con más de medio siglo de vida y que ahora regenta el hijo del fundador Bienvenido Sánchez. Este local se adaptó a los nuevos tiempos hace unos años. Asimismo, se mantiene el hasta ahora único estanco de esta calle, cerca de la plaza de Zocodover, que lleva abierto al público desde el año 1933.

Entre los comercios más antiguos de la calle Ancha destaca también «Marciano», dedicado desde el año 1953 a la venta, entre otros artículos masculinos, de sombreros o bastones. Según asegura su propietario, Eugenio López-Cortés, este comercio ha ido pasando de una generación a otra manteniendo su estructura y su estética tradicional. Otro de los comercios que se mantienen impasibles en esta calle, es el bazar «De la rosa», que se dedica a la venta de artículos de regalo, muñecos y objetos de decoración. Este establecimiento lleva 60 años ubicado en la calle ancha aunque se adapta mucho más a la estética moderna que presentan los nuevos comercios que se han abierto en los últimos años.

El más antiguo

Haciendo un recorrido por toda la calle ancha encontramos el establecimiento más antiguo, «Casa Álvarez», que lleva 181 años dedicándose al pequeño comercio. Esta tienda de material eléctrico, empezó en el año 1820, vendiendo relojes y objetos de óptica. Frente a este establecimiento se encuentra la papelería «Ortega», que lleva desde el año 1940 dedicándose al pequeño comercio en esta calle.

Otro de los más antiguos es «Casa Montes», que en enero de 2001 cumplió cien años abierto al público y que, como la mayoría de estos comercios, ha ido pasando de una generación a otra conservando su estructura como negocio tradicional. «La Favorita» es también otro de los comercios más antiguos de esta calle, dedicado, desde hace 60 años, a la venta de artículos de costura, bisutería y otros complementos.

ABC Toledo, 16/09/2001

Orfebreria de Toledo

Plaza de las Cuatro Calles

Se llama Plaza de las Cuatro Calles, pero todo el mundo en Toledo sabe que a esta plaza confluyen cinco calles.

Todas ellas tienen nombres evocadores de la historia de la ciudad, de sus gremios, o de personajes célebres que escribieron sobre la misma, y a las cuales podremos dedicar tal vez su propio espacio. Desconozco el motivo por el que se ha utilizado el nombre de Cuatro Calles, y no cinco, aunque por lo que parece esta denominación viene utilizándose desde el siglo XIV.

Cita

Según las agujas de reloj:

  • Calle Comercio / Calle Ancha.- Hacia Zocodover
  • Calle Martin Gamero. – Hacia el Teatro de Rojas
  • Calle Chapinerías. – Hacia Puerta del reloj de la catedral
  • Calle Hombre de Palo. – Hacia la plaza del Ayuntamiento (Entrada en el blog)
  • Calle Cordonerías. – Hacia Plaza de la Ropería
Cuatro calles. Chapinerias y Hombre de Palo
Plaza Cuatro calles hacia Zocodover. Calles Cordonerias y Comercio
Plaza de las Cuatro Calles. Martin Gamero y Chapinerías

Calle Ohio

Es la primera calle a la izquierda, según sales de Zocodover. A continuación de ésta se encuentra la calle de la Plata.

Calle Toledo de Ohio

Toledo, España entre otras está hermanada con la ciudad española de Toledo desde 1931, siendo este el primer hermanamiento con ciudades en Norteamérica.

Placa en la calle Ohio

En la novela

Viernes 12 de septiembre, 2008

03:15 PM. C/ Comercio & C/ Toledo de Ohio. Milly

Con un pie tras otro, con el bocadillo en una mano y la botella de agua en la otra, con la valentía de quien se siente capaz de correr riesgos nos hemos adentrado por la calle Comercio, porque así hemos visto que viene indicado y que va paralela a la calle que sube a la biblioteca, aunque ésta parece más peatonal, porque por aquí no circulan los autobuses y no hay coches, porque creo que la calle está cortada en la plaza. Se supone que ésta es la calle que lleva a la catedral. Ayer nos metimos por el callejón, sin adentrarnos demasiado, y esta tarde nos atrevemos a hacerlo por aquí, atraídas por los escaparates y por el hecho de que ya estuvimos con Jessica y Daddy la semana pasada, por lo cual puede decirse que tenemos algo de idea, que no vamos tan a la aventura ni perdidas, pero con la diferencia de que esta vez no les tememos a ellos para guiarnos y a ambas nos han invadido las dudas y los temores desde el primer momento, porque esta calle se adentra en la ciudad y de momento no tenemos la referencia de la torre de la catedral para orientarnos, ni estamos tan seguras de ser capaces de regresar a la plaza como demos un paso más allá de lo que nos marque la prudencia.

Bocadillo de jamón con tomate para Becky y el de queso manchego para mí, aunque mi trampa haya sido que he aprovechado que Becky estaba en el aseo para poner una loncha de jamón en el bocadillo de queso y que éste tenga un poco más de sabor, pero para compensarlo, le he puesto una loncha de queso al bocadillo de jamón, lo cual no estoy segura de que vaya a quedar bien. En todo caso, asumo que Becky se ha percatado de ello y no se ha quejado, ya que se supone que los bocadillos son para compartir y de este modo creo que los mordiscos están un poco más compensados, cuando ella quiera nos intercambiaremos los bocadillos, en vez de morder cada una el de la otra porque si tenemos que estar de paseo va a ser un poco ridículo que la gente nos vea, aparte que somos capaces de comer solas. 

Nos detenemos en este primer cruce de calles con la incertidumbre de si seguir un poco más allá y sobre todo porque no estamos seguras de si seguir recto o tomar la calle de la izquierda, que según la señalización es la calle “Toledo de Ohio”, lo que entiendo que es una referencia a la ciudad de Toledo en Ohio, en los Estados Unidos, lo que hace que nos sintamos un poco más cerca de lo que ha sido nuestro hogar en los últimos diez años, como una indicación de que hemos de seguir por aquí, aunque no sea una calle tan comercial y  nos deje con la sensación de que nos alejará de la catedral, que es una calle que provocará que nos perdamos porque casi todo el mundo sigue recto, por donde están los escaparates, por una calle descendente que tampoco estamos muy seguras de dónde termina ni si nos estaríamos metiendo en un laberinto sin salida o tan tortuoso que perdamos el referente de la plaza y nos obligue a llamar a Daddy para que venga a buscarnos, que le demos un motivo para que piense que hemos sido un tanto imprudentes, sobre todo porque no hemos seguido su recomendación de ante la duda optar por la prudencia y volver sobre nuestros pasos a donde nos sintamos seguras y localizables.

Edificio en plaza de la Ropería

Plaza de la Ropería

  • Calle de Toledo de Ohio. – Hacia plaza de Zocodover
  • Calle Cadenas. – Hacia Iglesia de San Nicolas, calle Alfileritos
  • Callejón de Menores
  • Calle de la Plata. – Hacia plaza de San Vicente
  • Calle Santa Justa
  • Calle de la Ropería
Visto desde Calle Toledo de Ohio
Visto desde Calle La Plata

​Calle la Plata

Quienes me conocen, saben que a mí sí me gusta pasear por aquí, aunque hay cuestiones que se quedan para el recuerdo personal y que tampoco he incluido en la novela. Es esa parte de la historia de Toledo que se queda en el recuerdo de aquellos que vivimos aquellos años, en mi caso los últimos. Es una de esas calles en las que para mí tiene sentido eso de decir que la vida sigue, que esto es lo que tiene ser de Toledo. De todos modos en este pequeño pasear por la ciudad desde el blog, ya he contado mi historia y esto no sería más que otro detalle.

En la calle de la Plata se concentraban los joyeros, principalmente judíos que eran muy buenos plateros y comerciantes, aquí tenían sus casas y talleres, aunque habría artesanos de todas las creencias, pues tampoco se puede asegurar que las tres creencias convivieran en entornos cerrados. Se les ha puesto nombre a los barrios porque se han encontrado mayor cantidad de restos de una u otra creencia.

Toledo tenía puertas en los barrios, que se cerraban por la noche por medidas de seguridad, pero sí había convivencia entre las tres creencias, aunque matrimonios entre uno y otro no debía ser normal a tenor de la cantidad de leyendas toledanas que hay donde se habla de finales crueles o de muerte cuando una pareja desigual se amaba.

Se puede apreciar que todas las casas eran buenas, con tallas, adornos. El adorno de las bolas y el cordón es típico de la época de los Reyes Católicos.

cita

Aldabón en calle de La Plata 
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Aldabón en calle de la Plata

Por la calle de la Plata se llega a la plaza de San Vicente (Que sea guapo o como Daddy)

Plaza de San Vicente final de calle de La Plata
Ejemplo de trampantojo en calle de la Plata, nº/

El TRAMPANTOJO es una técnica pictórica que intenta suplir la realidad. Su principal característica es engañar, simular perspectivas, materiales nobles, mármol, madera… con el objetivo de tapar defectos, decorar, ampliar o alegrar una estancia o una fachada de un edificio con puertas falsas, ventanas sin fondo…

es una trampa para el ojo que los pintores utilizan para engañarnos y dar sensación de realidad.
En Toledo ha sido tradicional el uso de ésta técnica y actualmente se restauran o reponen estas pinturas tradicionales.

Trampantojos toledanos