El Greco se enamoró

Lista de lo visitado hasta ahora: (ver lista en página aparte)

Introducción

Sigo con mis alusiones a El Greco, en este caso y en esta casa, con referencias a vida amorosa fruto de la cual nació su hijo José Manuel. Porque según la información recogida al respecto, toda esta historia esta relacionada con esta casa, que como tal, en la actualidad es de titularidad privada y no forma parte de las rutas turísticas por la ciudad. Se entiende que forma, más bien parte del cotilleo local de la época y que ha trascendido al paso del tiempo.

La suerte es que en los últimos años ha estado en venta y ello me ha permitido conseguir algunas fotografías. En cualquier caso, es de destacar que se trata de una casona de grandes dimensiones, de las que han sobrevivido en el tiempo, aunque también de las que han estado en el olvido y abandono más absoluto, hasta el punto que mis recuerdo al respecto son referentes a una puerta metálica, allá por la década de los 90.

Calle San Clemente

A mi parecer, era una de las calles más bonitas de Toledo. Y digo era porque la sustitución del pavimento hace unos años por losas de granito ha desfigurado su esencia. Pero es tan sólo una opinión del que esto escribe, a otros les gustará. Une esta calle San Román (donde encontramos el Museo de los Concilios) con San Pedro Mártir (ahora sede de la UCLM), enmarcada por dos enormes conventos. En un lateral se abre una bella portada plateresca creada por Alonso de Covarrubias en piedra caliza y que no hace mucho fue objeto de robo de una de las piezas del fuste de la columna derecha, que hubo de ser repuesta (ver informe). También se conserva en esta portada, a cierta altura, la firma de Gustavo Adolfo Bécquer, de la que ya hemos hablado en otras ocasiones.

Y frente a la magnífica portada, una de esas calles “robadas” que antiguamente era pública (llevaba desde la plazuela que hay ante la iglesia de San Pedro hasta la calle del Cobertizo) y quedó atrapada por la voracidad de los dominicos al ampliar su enorme convento. Al final de esta calle se ubica el famoso jardín de la casa del Armiño.

Leyendas de Toledo
Localización en el mapa. Google Maps
Calle San Clemente, con la puerta de la casa del Armiño al fondo
Portada del convento de San Clemente por la noche. Casa del armiño al fondo
Firma de Bécquer en la portada de San Clemente

Armiño, Casa Palacio

La Casa del Armiño, situada en la calle San Clemente, uno de los inmuebles privados mayores del Casco (1.212 metros cuadrados), es una vivienda cargada de leyenda, muy relacionada con el Greco y su hijo. Rehabilitada hace ya quince años, tras dos años de trabajo, ha salido ahora al mercado. Un portal inmobiliario lo anuncia por la cantidad de 1,7 millones de euros, a los que hay que añadir 155.733 euros en impuestos. (Marzo 2020)

La vivienda principal tiene 949 metros cuadrados construidos, divididos en tres plantas. Dispone de 8 habitaciones, 6 baños y una parcela de 1.208 metros cuadrados.  Además, hay una vivienda anexa en la planta principal de unos 192 metros construidos y porche garaje de 71 metros más.

La obra, cuya autoría y primera propiedad se atribuye a Jorge Theotocópuli, estaba en ruina hasta que a principios de siglo se abordó una amplia restauración con la ayuda del Consorcio

Puerta de acceso
Vista viniendo desde San Pedro Martir

Se trata, apunta el portal, de un chalet en el casco que dispone de ocho habitaciones, seis baños y una parcela de 1.208 metros cuadrados. La vivienda principal tiene nada menos que 949 metros cuadrados construidos, divididos en tres plantas. Además, hay una vivienda anexa en la planta principal de unos 192 metros construidos y porche garaje de 71 metros más.

Este inmueble, situado junto a los conventos de San Clemente y San Pedro Mártir, es conocido con el nombre de la ‘Casa del Armiño’, denominación que viene de la del cuadro ‘La dama del Armiño’, pintado por el Greco en 1577 y que a día de hoy es propiedad del museo de Glasgow. Según cuentan en Toledo, la obra se expuso por primera vez en este inmueble. Decir que existen varias teorías sobre la identidad de la mujer. Podría ser Jerónima de las Cuevas, mujer con la que el Greco tuvo su hijo, Jorge Theotocópuli, al poco tiempo de llegar a Toledo. Esta posibilidad viene marcada por el hecho de que esa obra sería el único retrato a una mujer del Greco que no pertenece a la iconografía religiosa. La tradición toledana, por lo tanto, sitúa la obra en este inmueble y se inclina por considerar que el retrato pertenece a la madre del hijo del pintor. Además, la construcción y propiedad de la casa estaría relacionada con Jorge Manuel Theotocópuli, que fue uno de los arquitectos de las Casas Consistoriales de la ciudad.

Hasta aquí la leyenda.

La historia reciente habla de un inmueble que ha pasado por varias manos. Fue también lavadero público. Hasta que a finales del siglo XIX sufrió importantes reformas, que supusieron la demolición de algunas de sus estructuras. No se volvió a rehabilitar hasta que la familia, Díaz (propietarios de Navidul) se hizo con el inmueble en 1999, y puso en marcha un cuidadoso proyecto de rehabilitación.

La edificación del palacio estaba casi en ruina, con el torreón inestable. La puesta en valor de este gran ejemplo de mudéjar civil toledano ha sido posible gracias a la actuación conjunta de la iniciativa privada y el Consorcio, a través de un proyecto integral. El trabajo quedó dividido en dos fases, en las que se abordó la consolidación y apuntalamiento del edificio y la realización de la casa, para lo que se aseguraron las dos construcciones antiguas mediante un módulo nuevo. Las obras duraron dos años y concluyeron en 2004. Incluyeron la rehabilitación de distintos elementos especiales, como las columnas, capiteles y otros elementos pétreos; un impresionante artesonado; unas yeserías y las zapatas, balaustrada y alero de madera.

A destacar, la intervención en elementos de interés, como una yesería y un artesonado policromado, que aparecieron durante la intervención y se integraron en la vivienda. Ambas estaban en muy mal estado. 

El arco mudéjar cuenta con una rica yesería con decoración vegetal y con inscripciones cúficas de gran tamaño. El artesonado, del siglo XIV está totalmente policromado en rojo, blanco y azul, con escudos heráldicos. El alfaje, que estaba totalmente en ruina,  requirió la consolidación total de las maderas y de las policromías al temple. 

Interior de la casa
Vista del patio y del torreón

Quizás esta sala de vistas sea la más emblemática de las ejecutadas exclusivamente con madera, estructuralmente hablando. Singular por su altura y esbeltez, parece desafiar gallardamente a los elementos. Completa el conjunto unas inusuales ventanas elípticas a modo de óculos. El Consorcio de la Ciudad de Toledo colaboró en su restauración, con la rehabilitación integral del inmueble donde se ubica, en el año 2003.

Mirador de la casa
Vista del patio desde el mirador
Vista de la casa desde el ,mirador

La dama del armiño

El texto aquí publicado es una versión libre del que Antonio Delgado escribió en su obra “Leyendas de la Ciudad del Tajo”, en 1986. Versiones similares a ésta, han sido reproducidas en las obras de Pantoja Rivero (2009) y Alvárez de Toledo y Rodríguez Bausá (2007)

El pincel se desplazaba lentamente en las manos del recién llegado a Toledo. Aquí le llamaban “El Greco” por estar su tierra lejana y cierta fama le estaba ayudando a ganarse la vida realizando retratos y encargos, como el que ahora le ocupaba en este año de 1576. Había alquilado el viejo palacio del Marqués de Villena, sobre el que pesaban negras historias a las que no daba importancia, pues allí disponía de grandes espacios para ejercer su arte.

Ahora trabajaba día tras día en dar forma a un retrato encargado por Don Diego de las Cuevas, noble toledano, que frecuentemente posaba y visitaba al pintor acompañado de su bella hija, doña Jerónima, que asistía impresionada a la facilidad del pintor por reflejar en tela la efigie de su padre. El estudio formaba parte de las estancias que hace tiempo ocupara el Marqués con fama de mago y al que se le asignaron no pocos prodigios. La muchacha observaba con atención la gran cantidad de botes, tarros con pintura, pinceles, vasijas que había en la habitación en la que El Greco ejercía su arte, y entre todos los materiales se fijó en una redoma que destacaba sobre todas las demás, de color verdoso y con una elegante forma que se diferenciaba de las demás. Atada a ella se encontraba un viejo pergamino que contenía extraños caracteres que no eran identificados por doña Jerónima.

Doménico observó la curiosidad de la mujer por la redoma, e ilusionado por tener la oportunidad de hablar con ella le explicó que aquél extraño recipiente lo encontró por casualidad entre los numerosos enseres que había en uno de los subterráneos de la casa y que una vez traducido el pergamino pudo averiguar que el líquido que contenía era un elixir mágico, de tal poder, que si un hombre y una mujer respiraban tan sólo una vez su perfume, quedarían enamorados para siempre.

El padre, poco crédulo, recomendó al pintor que si aquello era cierto, debería entregar de inmediato el frasco a la Inquisición, pero El Greco restó importancia al hallazgo…

Se hacía tarde, la luz caía y dejaba de entrar por los ventanales de la vieja casa y el pintor dio por finalizada la tarea. Ya se despedían en el patio cuando Jerónima echó en falta un pañuelo que traía, así pues acompañada por el pintor volvió al estudio. Al intentar recoger el pañuelo, Jerónima tropezó con tan mala suerte de empujar la redoma, cayendo esta al suelo y haciéndose mil pedazos. Casi de forma instantánea un intenso aroma perfumó toda la habitación, mientras ambos, recordando lo dicho anteriormente rieron a carcajadas.

Con el tiempo, ambos se enamoran. Quedan furtivamente en ciertos lugares de la ciudad, siempre ocultos, y Doménico decide pedir la mano de la joven a su padre, Don Diego de las Cuevas. Jerónima está feliz, pero le durará poco; su padre se opone al matrimonio, pues ya tenía puestos sus propios intereses en la boda de su hija con un noble toledano. Advirtió muy seriamente a su hija en que no dudaría en encerrarla en un convento si perseveraba en intentar casarse con un mísero pintor, además extranjero.

Tan obcecada estaba dona Jerónima por el cretense que el padre se preguntó si aquél día la poción mágica del estudio del pintor realmente hizo algún efecto…

Pese a las advertencias, ambos jóvenes continuaron viéndose a escondidas, hasta que una noche en la que Doménico escalaba la pared del jardín de la casa de Jerónima tres sombras se aproximaron rápidamente al joven desenvainando sus aceros toledanos con el objetivo de dar muerte al pintor. Lucharon durante algunos minutos en los que el valiente cretense estuvo varias veces a punto de perder la vida, e hiriendo a uno de sus enemigos, en un descuido de los otros dos, huyó rápidamente por las calles del laberinto toledano.

A la mañana siguiente, una criada de don Diego visitó la casa del pintor, narrándole que la mala suerte había querido que el joven al que hirió la noche anterior fuera primo y pretendiente de doña Jerónima, habiendo muerto hacía pocas horas…

Esa misma semana doña Jerónima entraba como novicia en un convento.

Casi pasado un año, sonaron fuertes golpes en la puerta de la casa del pintor. La vieja sirvienta que lo ayudaba lo llamó a gritos desde el zaguán. Había encontrado en el suelo un cestillo con un niño de escasos meses, y junto a él una escueta nota donde se leía:

“Cuidad de él; es vuestro hijo Jorge Manuel. Su madre, Jerónima de las Cuevas murió ayer, y su deseo es que Vos lo crieis.”

Esta fue su última voluntad antes de morir en el convento.

Con gran tristeza volvió a su estudio, donde estaba perfeccionando un retrato de doña Jerónima que estaba haciendo conforme la recordaba. Con el niño en brazos, tomó un pincel y moteó de negro el manto blanco del retrato de la que fuera su amada. Así, con tales señales ha llegado hasta nuestros días, la imagen de “La Dama del Armiño“.

Los Viejos lavaderos de Toledo

Hoy queremos mostrarles varios cuadros que, a modo de fotografía, nos muestran escenas domésticas de nuestra antigua ciudad. Todos ellos representan, según dicen los expertos, el lavadero público que existía en el Jardín del Armiño, junto al Convento de San Clemente. Las tres imágenes que acompañan esta entrada han llegado a nuestras manos gracias a la generosidad de D. José Iglesias, apasionado toledano, que no pierde ocasión de recopilar cualquier noticia pictórica relacionada con Toledo que pueda encontrar en revistas o publicaciones de arte.

Este primer cuadro que les mostramos, titulado “Las Lavanderas”, es obra del pintor Joaquín Araujo Ruano (Ciudad Real, 1851 – Madrid, 1894), está pintado al óleo sobre tabla, tiene firma y fecha de 1876. 
En el cuadro podemos apreciar cosas muy interesantes, en primer lugar la vestimenta de las lavanderas, excesivamente ataviadas para la faena que tienen entre manos. Este autor, y los siguientes que comentaremos, utilizan esta escena cotidiana para retratar los tipos y vestimentas populares. 
Si bien el pintor se permitió alguna licencia con la indumentaria de los personajes no sucede lo mismo con el escenario, todos los elementos se adaptan a la realidad del espacio: suelo empedrado con maestras de ladrillo, canal de desagüe tapado con baldosas, columnas, pilones de obra, brocal y pozo, borriquillo con sus tinajas. 

Los antiguos lavaderos, además de un sitio de trabajo, eran puntos de encuentro y de tertulia para las mujeres del lugar. Un espacio único y propio. Las mujeres, allí reunidas, cantaban, contaban historias y se ponían al día de los sucesos de la vida cotidiana.
El segundo cuadro pertenece al pintor Ángel Lizcaino y Monedero (Alcazar de San Juan, 1846 – Madrid, 1929), se titula “El Lavadero” y está firmado y fechado en Toledo en 1875. 
El encuadre y la disposición de los elementos arquitectónicos es la misma que la del cuadro anterior y existe una gran similitud en todos los detalle, con lo que parece claro que no es un espacio inventado o irreal. En esta obra perdemos detalle en la representación de los solados pero ganamos definición en la reproducción del fondo del espacio, en el paredón que cierra el lavadero. Allí vemos un muro muy potente, perteneciente sin duda a un edificio de entidad. Más adelante comentaremos algo al respecto.

En este tercer cuadro, del cual desconozco su autor, se ve claro lo que comentábamos anteriormente de las vestimentas. Como novedad podemos comentar que vemos una nueva orientación del encuadre que nos permite contemplar el lado izquierdo del lavadero. Aquí podemos determinar con claridad que la vegetación que se sitúa en la parte alta de los tres cuadros corresponde a una parra.
Si contemplamos antiguas fotografías de donde se ubicaban los ya perdidos pilones del Lavadero del Armiño, veremos algunas similitudes con lo representado en los cuadros pero hay grandes diferencias que nos hacen decir que el lavadero dibujado no se corresponde con el Armiño. Se hace difícil ubicar donde estaba este lavadero público, pero si tenemos alguna pista que nos puede ayudar en su localización.

Mansión de la familia El Greco, Toledo – Su Espacio Inmobiliaria

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