Pero, ¿Cuándo es «luego»?

SILENCIO EN TUS LABIOS

Introducción

Me tomo la libertad en esta entrada, de meterme en la cabeza de los amigos, de los testigos, de deducir qué pensaban al respecto y que, de algún modo, se muestren un tanto críticos, contrariados por los acontecimientos, para acentuar el secretismo y silencio con que Ana maneja toda esta situación.

Para el desarrollo de los acontecimientos es importante que lo sucedido se lleve en secreto, en privado. Lo que importa es la Pascua y no ellos. «A la Pascua no se viene a hacer el tonto». De manera que las distracciones, los temas personales, se dejan para después, aunque nos pique la curiosidad por conocer la reacción de Manuel, cuándo y cómo responderá éste a esa declaración de amor, en la que Ana aprovecha cualquier ocasión y toda la discreción que le permiten las circunstancias para reiterarle. Tres ocasiones que aquí os resumo.

¿Qué piensan los demás?

¡Qué larga se hace esta tarde de sábado! ¡Qué lento el correr del reloj cuando se tiene prisa!

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Ana ya le ha dicho a Manuel que le quiere; que tienen que hablar. Pero no ahora, sino luego. Y ese «luego» parece que no llega nunca, Sin embargo, se lo repite como una constante cada vez que ésta se acerca a él: «Te quiero, tonto. Luego hablamos».

Despedida en la puerta

Susurros de amor en el oído

Manuel, y nadie más que Manuel, escucha esas palabras en sus oídos mientras que los demás se fijan y han dado cuenta de que a Ana le sucede algo. Está demasiado seria, poco habladora y, hasta cierto punto, algo distante con sus amigas. Lo peor de todo es que parece enfadada y que, con total recochineo, tortura a quien le ha fastidiado la Pascua con sus absurdas pretensiones románticas.

Cara de alegría y de felicidad disimulada bajo un gesto de seriedad

Ana – ¡qué es todo corazón! – se ha convertido en una chica vengativa y castigadora justo en el peor momento, en el peor día, en la noche menos indicada; cuando debería primar el amor, la fraternidad, el perdón, llevarse bien unos con otros y dejar a un lado, o mejor, en el olvido, esas pequeñas discrepancias. Es la noche de la Vigilia Pascual, la de cambiar el corazón de piedra por un corazón de carne; las durezas del corazón por la capacidad de pedir perdón y perdonar, de olvidar.

Si Manuel ya ha colmado su paciencia, mejor que le ignore antes que torturarle de esa manera tan drástica, dado que el pobre ya no sabe dónde meterse para escapar de ella. Dado que, en realidad, no se le ve con ninguna intención de marcas distancias, más bien, frustrado o resignado porque no puede darle alcance ni seguirle el juego.

Primero se fue al alojamiento de los chicos impulsado por la brisa más suave como si fuera un tornado que en ese momento hubiera cruzado el pueblo justo por delante del alojamiento de las chicas. Las expectativas de Manuel.

Las chicas estaban asomadas a la ventana y lo han visto. Ana le ha dicho algo al oído y ha entrado en la casa con una expresión seria en el rostro, como asustada, como si no se terminase de creer lo que acababa de pasar. Versión de Ana.

¡Si es que después de lo que ha pasado con lo del Camino de Emaús lo menos que Manuel se merece es que Ana le cante las cuarenta! ¡Ya está bien de tanta tontería!

¡Bien por Ana! ¡A ver si Manuel se empieza a comportar con un poco más de sentido común! ¡Vaya mal trago le ha hecho pasar a Ana! Normal, es que ya la tenía harta hasta el último pelo y lo del «Camino de Emaús» ha sido el remate.

Además, ¿Te has enterado? Durante el Camino de Emaús hicieron un intercambio de pareja y al final se dieron el paseo juntos. ¡Lo que le faltaba a Ana! ¡Es que no la deja tranquila ni un segundo! ¡Si te han escogido como acompañante para el Emaús y no te gusta, te aguantas. ¡No echas a correr para alcanzar a la pareja que va delante!

Lo mínimo es que, al llegar al pueblo, cuando Ana se ha encontrado con el apoyo de las amigas, le cantara las cuarenta, pero no quisiera montar un escándalo. Es que Ana es muy discreta. Además, estamos en Pascua.

Cena

Es que ya es mala suerte, la última cena de la pascua y a Ana le toca sentarse junto a Manuel, Lo que éste ha intentado día tras día casi como una obsesión y que por fin ha conseguido, porque Ana no ha querido que por su causa se estropease la felicidad de los demás. Versión de Ana.

Si la cena de esa noche es por parejas, una continuación del Camino de Emaús, y dado que a ella el chico que escogió le ha dejado plantada, porque prefiere cenar con su novia, si no queda otro remedio, se resignará y cenará con Manuel.

La diversión comenzó en cuanto se sentó, en cuanto le tuve tan cerca de mí que no me reprimí ni lo intenté, sentí el impulso de demostrarle que me gustaba que se sentara a mi lado y temiera una mala reacción por mi parte. Le hubiera dado un beso, pero me pareció un tanto descarado y aún no se lo merecía. Me acerqué a él, me apoyé en su hombro y le susurré al oído lo que antes le había dicho en la calle, esta vez con pleno conocimiento y sin que se me escaparan las palabras. 

Ana, 19 de abril cuando Manuel se sienta a cenar

Después Ana ha cenado con mil ojos puestos sobre él, que, como se le ocurriera moverse, le linchaban allí mismo Y ahora dime…..

Pero ¿has visto cómo le ha susurrado al oído? Sí, mejor que no se haga muchas ilusiones. Esto de cenar por parejas, de que cenen juntos, no es por él.

Ana tiene un corazón de oro ¡Así de grande! Además, esta vez tiene el respaldo de todo el mundo, no sólo de sus amigas. Por lo cual más vale que Manuel se lo piense antes de respirar porque no sale vivo del comedor.

¡Qué Manuel se limite a comer, a atender las necesidades de su mesa, y se olvide que de Ana está sentada a su lado y no le quita el ojo de encima!

Aquella noche cené dos veces y no me quedé con hambre, cada bocado que entraba en mi boca era la excusa para que mirase a Manuel e intentase descubrir qué hacía, cómo se comportaba ante mi proximidad y declaración. 

Ana, 19 de abril. mientras cena

¡Qué manera de comer de Ana! ¿Te has dado cuenta? No ha hablado con nadie y casi se ha ido sin cenar, porque ha dejado la mitad de su naranja en el plato de Manuel. ¡Normal que se le haya hecho un nudo en el estómago! ¡Qué mal trago!

Preparativos de la Vigilia Pascual

Y hoy, esta noche que por fin es la Vigilia, que se termina el día, Ana es de las primeras en llegar a la iglesia porque su grupo es de los que ayudan en la ayudan en la liturgia (Versión de Ana) puede disfrutar de un momento de tranquilidad, tiene una distracción para escapar de todo y centrarse en lo que de verdad importa esta noche.

Ella que, con tanto esmero ha preparado esa meditación y nos ha dicho que la Vigilia Pascual es como la antesala de una gran fiesta, como si fuera el día de su boda, que ha puesto toda su ilusión en esa noche. Ella es así, brilla con luz propia en los grandes momentos, es el bebé en el bautizo y la novia en la boda. Además, la noche del sábado es un momento para renacer, para cambiar el corazón.

¿Y quién le viene a fastidiar los preparativos? (Versión de Manuel) ¿Quién, si no? Ana le ve llegar, le siente llegar como ya hiciera el viernes por la mañana. (¡Es un escándalo! (Revisado(y 2)) La iglesia debía estar llena de llena de gente, ser el bullicio por los preparativos de la Vigilia. Sin embargo, en realidad, no hay nadie, tan solo están ellos dos. ¡Ha llegado el escandaloso! ¡Se ha abierto la puerta y ha entrado una bocanada de aire frío! Nadie parece percatarse de la entrada de Manuel. Tan solo Ana

Poco después de la llegada de la gente de mi grupo, de que empezásemos a establecer cómo y quién participaría en la celebración, me sorprendió que entrara Manuel, no con intención de buscarme ni porque quisiera el mejor sitio, le noté bastante inquieto, como si buscase una paz interior que no era capaz de hallar en ninguna otra parte.

Ana, 19 de abril. entrada de Manuel en la iglesia

me sentía como aquella iglesia, vacío por dentro, pero esperanzado ante los acontecimientos de aquella noche, 

Manuel, 19 de abril. entrada en la iglesia

Y dado que la Vigilia comienza en la calle, en torno a la hoguera, que la iglesia se ha de quedar vacía y a oscuras, dado que para Ana allí no hay nadie más que Manuel, es a él a quien se dirige para indicarle que ha de salir. Pero no le dice que se salga, no le hace ninguna indicación en ese sentido, ni tan siquiera se muestra cauta con sus palabras. Porque, si no hay nadie, nadie va a ser testigo de ello; nadie más que Manuel la va a escuchar con la máxima atención, le repite y se reitera por tercera vez en las mismas palabras.

Esta vez se lo dice a la cara, mirándole a los ojos. Busca ese cruce de miradas, esa confirmación de que los dos hablan y se comunican con un mismo y único corazón. Esta vez la presencia, la opinión y el juicio de los demás no importan.

Esta vez Ana tan solo quiere estar segura de que Manuel la ha entendido, «Te quiero, tonto. Luego hablamos»

No me lo pensé, me fui directa hacia donde estaba Manuel, para que éste supiera que le había visto y le agradecía que estuviera allí, que compartiera conmigo sus dudas y temores, aunque fuera desde la distancia y en silencio. Entendí que en aquellos momentos de confusión nos íbamos a apoyar en uno al otro para aclararnos. En realidad no le dije nada, tan solo las mismas palabras que en las dos ocasiones anteriores, pero esa vez no se las dije al oído ni como un susurro. No pensé que nadie me escuchara. Además, necesitaba mirarle a los ojos mientras esas palabras salían de mis labios, tener algo más que una simple sensación intuitiva para estar segura de que correspondía a mis sentimientos.

Ana, 19 de abril. Cuando le pide que salga a la calle

¿Cuándo es «luego»?

Es la Vigilia, termina el sábado, es la ultima noche de la Pascua, Ana ya debería estar pensando en que Carlos está a punto de llegar, que tienen esa conversación pendiente para esa misma noche. Y Manuel las tres veces que la ha escuchado hablar se ha quedado en silencio, contrariado y aturdido. Va a ser cómo llega Carlos, como Ana se marcha para hablar con él en privado y, sobre todo, como ese «luego» parece que no llega nunca.

Habrá que esperar a saber que ocurre tras la Vigilia y, sobre todo, pensar que aún queda el domingo, hasta que se marche cada uno a su casa. Primero alguien habrá de creerse eso de que Ana está enamorada de Manuel, en el supuesto de que ésta tenga el atrevimiento de comentarlo con alguien. ¡Tú sueñas! Los amigos y las amigas de Ana están al tanto de la visita de Carlos y, aunque sabe que no es algo que les haya de inquietar, es lógico pensar que cuando Manuel se entere querrá recuperar el protagonismo perdido. ¿Se atreverá a cometer una nueva tontería?

Tan solo os aviso de que tras la Vigilia, tras celebrar en espíritu la Resurrección, hay una pequeña fiesta, se repartirá chocolate y, aunque en principio sea tan solo para los jóvenes de la pascua, no sé, vosotros acercaos por si acaso han pensado en invitaros. Tras la Vigilia el corazón tan solo entiende de generosidad y la celebración se puede alargar hasta que el cuerpo aguante, ha de dar tiempo a que Ana y Carlos hablen, aunque el despertador no vaya a tener compasión por la mañana porque les esperan en el otro pueblo. Sin embargo, hasta que se suban en los coches hay tiempo para alguna que otra sorpresa.

Manuel está deseando que ese «Luego» sea ya y cuando vea que Carlos anda por ahí, con esas confianzas con Ana, seguro que se mosquea. Pero seguro, seguro que los demás se esperan que Manuel no ha escarmentado lo suficiente y quiera dar la nota hasta el último momento. De algún modo a de reaccionar a esas palabras que Ana le ha susurrado al oído.

Ahora, si aún estáis en dentro de la iglesia y la Vigilia no ha empezado, haced caso a Ana y salid fuera, situaros en torno a la hoguera y tened preparadas las velas para encenderlas del cirio Pascual. Y cuando la ceremonia termine, si no sois gente del pueblo, quedaros sentados hasta que os avisen. Dad tiempo a que se caliente el chocolate y fijaos en lo que sucede a vuestro alrededor. Tal vez Ana os eche una miradita para que os sentéis a su lado o tal vez sean las miradas de todos los demás las que os mantengan pegado el culo al banco, porque es mejor que nadie se mueva.

Mirada de complicidad

Pero, ya sabéis, lo que vaya a pasar, luego os los cuento. Tened paciencia.

Versión de Ana,

Versión de Manuel