‘Paco’, el efebo de Toledo​

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Introducción

Tal vez sea repetirme un poquito, pero dado que en nuestro último recorrido por Toledo la cosa va de obras y no precisamente de arte, y de todo eso que aparece cuando levantas una piedra, me parece oportuno que callejeemos un poco por la ciudad y regresemos a la plaza de Amador de los Ríos, porque ya os comenté que allí también se había levantado alguna que otra baldosa del suelo (Agua que no has de beber….) y, por supuesto, hice mención a este hallazgo en las termas romanas

El efebo de Toledo

El Efebo de Toledo (o Paco para sus descubridores​) es el nombre por el que se conoce los restos de una escultura de mármol romana que se puede datar en torno a la primera mitad del siglo II d. C. Fue encontrada el 21 de junio de 2017 en los sótanos de una vivienda particular, en el entorno de la plaza de Amador de los Ríos de Toledo,

La escultura presenta pérdida volumétrica: le falta al menos la cabeza, los brazos a partir de los hombros y parte de las piernas, desde las rodillas. Se encontró en el entorno de un edificio romano —unas termas—, bajo un criptopórtico que ha sido excavado hasta una profundidad de un metro, a cuatro metros y medio de la superficie.1 De las investigaciones preliminares parece desprenderse que la estatua permaneció enterrada desde hace unos 1400 años. En su estado actual mide alrededor de un metro. Según los expertos que la han estudiado tiene una gran factura técnica.1​ El mármol parece proceder de la isla griega de Paros.​

Para los arqueólogos responsables del hallazgo y el estudio (Carmelo Fernández y José Miguel Noguera)​ la estatua correspondería al modelo del Sátiro de Lamia, con una muestra en el Museo Nacional de Atenas, aunque con el juego de piernas a la inversa, y a otro sátiro, reconstruido como dadóforo y conocido como Con más precisión se prefiere denominarla por el momento «Sátiro tipo Toledo».

La escultura se ha depositado en el Museo de Santa Cruz de la propia Toledo en diciembre de 2017, permaneciendo fuera de exposición.

Figuras de sátiros, efebos y apolos con las que parece relacionarse el hallazgo:

Una talla «que podría ser perfectamente de Miguel Ángel»

Los tres insisten en que sabían que la excavación que estaban realizando «era de una entidad importante, pero encontrar una escultura de este tipo ha sido una suerte, porque reimaginas cómo podía ser Toledo hade 2.000 años, una talla que podía ser perfectamente de Miguel Ángel, la cultura clásica está ya en Toledo hace 2.000 años, es un dato muy importante para la ciudad». Ahora hay que sacar la escultura entera porque hay que estudiarla, ver si tiene restos de policromía…

En Castilla la Mancha

Descubren una estatua romana bajo la toledana plaza Amador de los Ríos

Junio 2017

Hallazgo de la escultura romana
Escultura
Escultura

Los trabajos arqueológicos realizados por el Consorcio de la Ciudad de Toledo en el complejo romano de la plaza de Amador de los Ríos han dado como resultado el hallazgo de una estatua de mármol de aproximadamente un metro de longitud.

La galería subterránea de origen romano hallada en una vivienda particular situada en la plaza Amador de los Ríos, en Toledo. Este espacio, de seis metros de profundidad, formaría parte de lo que fueron las termas públicas romanas de la ciudad.

Se trata de un personaje masculino, desnudo, del que han aparecido por el momento el torso y parte de las extremidades, que revelan una buena factura técnica. A falta de estudios técnicos, es posible destacar también el material en el que ha sido realizada, en consonancia con la importancia que este núcleo de la ciudad tuvo en época romana.

No en vano, su hallazgo se ha producido en el entorno del criptopórtico romano excavado por el Consorcio bajo la calle Navarro Ledesma, cuya presentación tuvo lugar el pasado febrero. El hallazgo de la nueva estatua contribuye a añadir una pieza más al complejo puzzle del Toletum romano, en cuyo análisis y configuración historiográfica el Consorcio de la Ciudad de Toledo ha tenido la voz cantante desde su creación, hace más de quince años.

Y aunque la mayor parte de sus conclusiones, trasladadas a una completa planimetría de la ciudad romana, tienen que ver con estructuras y materiales arqueológicos, especialmente los relacionados con infraestructuras hidráulicas, también sería posible destacar la aparición de otros restos estatuarios en el pasado, como el personaje togado descubierto en 2008 en unas obras de la calle de la Plata que el Consorcio subvencionaba. La estatua romana hallada bajo la plaza de Amador de los Ríos será presentada por el Consorcio una vez que concluyan por completo las excavaciones.

Además de poder conocer este entorno criptopórtico, que cobijaba las cámaras de calentamiento de las antiguas termas, se presentará al público la estatua romana de mármol hallada en las excavaciones; un torso masculino desnudo, de aproximadamente un metro de longitud, que los expertos sitúan entre el siglo I y el siglo IV d.C.

También se puede ver una gran galería transversal abovedada conocida como cristopórtico de opus caementicium y opus quadratum (sillares de granito). Esto es una galería de servicio o cámara de calentamiento que servía para abastecer a los fuegos u hornos de las termas.

Sobre estos restos romanos se reedificaron los inmuebles actuales, que a su vez lo hicieron sobre otros tantos restos medievales, por lo que este entorno cuenta con diversas etapas culturales que se han ido solapando unas a otras.

la escultura durante su rehabilitación
La escultura durante su rehabilitación

El Sátiro tipo Toledo

Sobre la estatua hallada, el catedrático de Arqueología ha apuntado que “no es una pieza más del montón” y que podríamos estar ante un “sátiro danzante” elaborado con mármol griego de la isla de Paros, cuyo mejor paralelo tipológico es una escultura de un sátiro que procede de la ciudad griega de Lamia, que se encuentra en la actualidad en el Museo Arqueológico de Atenas.

Se trataría de un encargo hecho ex-profeso, ha explicado, que llegó al interior de la Península a través del puerto de Cartagonova para decorar las termas romanas ubicadas en Toledo. Respecto al contexto arqueológico, Noguera ha determinado que iría después de la primera mitad del siglo II después de Cristo.

Para concluir, ha indicado que se trata de una pieza “muy interesante, única en el contexto hispano y Mediterráneo de la que los toledanos pueden sentirse muy afortunados”.

Tras las intervenciones de los asistentes, toledanos y turistas han podido fotografiarse con la estatua o bien dibujarla. Entre los participantes en este photocall se han sorteado varios premios como lotes de libros, visitadas guiadas especiales o cenas en dos restaurantes de Toledo.

«La Roma oculta existe en Toledo»

¿Cuál sería la relación de estas termas con el Circo Romano de Toledo? «Sí la tiene. Cuando se funda la ciudad había que dotarla de infraestructuras y de edificios públicos. Infraestructuras que abastecen de agua a la ciudad e infraestructuras de ocio, era la filosofía de los romanos, es la forma que tenían de conquistar al indígena. Y cuando se analicen bien los elementos iconográficos de decoración que han aparecido, y la escultura, la numismática y todas las piezas de cerámica podremos recomponer en cierta manera cuál ha sido esa parte oscura que todavía tiene la ciudad y de la que sabemos muy poco».

En Castilla la Mancha

Las termas imperiales de Toledo en las que se bañaban los esclavos o el emperador de la época

Estos restos arqueológicos, que datan de los siglos I y II, se extienden por una superficie de unos 3.000 metros cuadrados por la plaza de Amador de los Ríos y el Oratorio de San Felipe Neri.

Tras la rehabilitación y acondicionamiento que ha llevado a cabo el Consorcio de Toledo, este sábado, 30 de junio, habrá una jornada de puertas abiertas para visitarlo

Además, se incorporarán a las Rutas de Patrimonio Desconocido y el espacio se podrá visitar también todos los jueves por la tarde

Estas galerías, construidas en los siglos I y II, formaban parte de un balneario romano “imperial”, “de los poquitos que se pueden encontrar en España”, ha apuntado Carmelo Fernández, que, para contextualizar el uso de este espacio, ha explicado en uno de los pasillos interiores donde se quemaba la leña para calentar el agua del Tajo que llegaba a estas termas.

“Normalmente trabajaban hasta la una del mediodía y, quien podía, las horas posteriores las dedicaba al baño, al ocio. Comían, bebían, había espectáculos, recibían un masaje… Además de las grandes termas también había jardines en los que se podía pasear o tomar el sol, donde se encontraban fuentes, estatuas y otros elementos decorativos. Era un centro de recreo. También se hacían negocio y había una serie de dependencias como servicios, tiendas”. destaca el arqueólogo.

En este sentido, subraya que “el que era muy rico venía con sus esclavos y el avituallamiento para el baño y el que era más pobre pues si se tenía que rascar la espalda quizá le tenía que pedir a otro que se la rascara”. “Podía venir cualquiera, era muy democrático. El emperador hacía acto de presencia en las termas romanas, se bañaba y hablaba con la gente. Había un espectro social muy amplío”.

Los vecinos que vivían alrededor de estos espacios se quejaban también del ajetreo que podía vivirse, dice el experto al tiempo que recuerda que “hay anécdotas de Séneca que relatan que había mucho ruido en los baños”.

El uso de estas termas requería de una serie de infraestructuras públicas y se necesitaba una gran cantidad de agua, que en este caso procedía del Tajo, para cambiarla todos los días. Para abastecer de agua de estas termas, se construían unas cisternas que almacenaban el agua que llegaba del río por medio del acueducto romano del que todavía hoy se pueden observar sus restos en la carretera del Valle.

También, precisa el arqueólogo había otra serie de canales subterráneos que evacuaban el agua usada para llevarlas a las cloacas que situadas bajo el suelo donde se encuentra el edificio de Hacienda, en el número 1 de la calle Alfonso X.

A una mayor profundidad de donde se situaban las termas, que se situaban en la superficie de la calle, se encontraban enterrados unos largos pasillos con aperturas desde las que se calentaban las termas quemando leña u otros recursos. “Eran auténtico ingenieros. Lo más difícil era conservar esto, porque donde hay agua y calor se producen muchas condensaciones, por lo que tenían un sistema de doble pared para que el aire caliente circulara por ahí y preservar las paredes de la humedad”, dice Fernández.

El diario.es 29 de jubio 2018

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