Dormir en Toledo

Lista de lo visitado hasta ahora: (ver lista en pagina aparte)

Introducción

Hasta ahora no he insistido mucho ni he ofrecido opciones para dormir en Toledo, por eso de que es una ciudad que necesita varios días para visitarse, porque alojamiento y opciones para turistas los hay por todo la ciudad.

De hecho, puede que después de esta entrada a alguno se le quiten las ganas de «dormir en Toledo» e incluso de acuerde de esta maravillosa ciudad por el hecho de no poder dormir en su casa, porque Toledo es una ciudad de ensueño, pero también de desvelos. Es una ciudad de leyendas coronada por el río Tajo. Es una ciudad en la que enamorarse, ya que hasta el amor nos quita el sueño.

Toledo en una noche de luna llena
Vista de Toledo por la noche.

Pasar una noche toledana

Nos dice el diccionario que una noche toledana es aquella «que se pasa sin conciliar el sueño». No es solo no poder dormir, que ya es mala leche, sino un cúmulo de circunstancias que se confabulan en contra de tu descanso. Las razones, muchas: un vecino marchoso que ha invitado a todo el barrio a su piso para bailar cumbia; un bebé llorón; o un marrón tamaño XXL que te ronda sin tregua el coco y te llena de pura desazón.

Placa de la leyenda

Qué día el de aquella noche

Cuenta la historia y magnífica la leyenda que el origen de esta expresión está en una matanza acaecida en Toledo en los tiempos de la ocupación musulmana de la península Ibérica. Es la conocida como Jornada del Foso de Toledo, y aquí viene lo bueno para los amantes de lo truculento.

Los toledanos siempre han sido un pueblo rebelde e insubordinado contra sus opresores y siempre trataron de vivir con cierta independencia. Los nobles muladíes —ciudadanos andalusíes de origen visigodo o hispanorromano conversos al Islam— que habitaban mayoritariamente Toledo, decidieron rebelarse contra Córdoba y reconocer como autoridad a otro noble local. No había sido la primera vez, pero será la última.

Se dice que hacia el año 806 d.C. Al-Hakam I decidió acabar con esa «rebeldí­a» por la vida más rápida y sanguinaria. Mandó un nuevo gobernador a Toledo, llamado Amrus, para llevar a cabo sus planes. Las órdenes del nuevo gobernador eran hacerles creer que gobernarí­a con independencia de Córdoba y que, además, tendría en cuenta y estudiaría sus reivindicaciones. Su objetivo, ganarse su confianza.

Según cuentan, el motivo de esa reunión fue la inauguración del nuevo Alcázar

Años antes, su hijo y anterior gobernador había muerto en una revuelta llevada a cabo por los nobles de Toledo, y Amrús quiso vengarle. La excusa fue celebrar con todos ellos la llegada del hijo del califa, el futuro Abd al-Rahman II, preparando un fiestón de esos a los que no puedes decir que no.

El día de la celebración, cuando los invitados iban llegando, se les hizo pasar de forma individual al edificio y atravesar un largo y estrecho pasillo que llevaba a la sala en la se realizaría el banquete. Durante horas:

Cuando los invitados de Amrus fueron llegando al Alcázar, él los hizo pasar de forma individual para que sus hombres los decapitaran al llegar a la sala, uno por uno, y arrojaran sus despojos a un foso en presencia Abderramán II

Cuadro alusivo a la leyenda

Aunque los datos de la matanza estén documentados en crónicas toledanas de los siglos XVI y XVII, «relatos similares a la Jornada del Foso se repiten en episodios como la Campana de Huesca o la muerte de los Abencerrajes, ubicados en la ciudad aragonesa y Granada, respectivamente».

Alcázar de Toledo en la actualidad

Según una de las fuentes medievales. Amrus b. Yusuf mató aquella noche a 700 notables de la ciudad de Toledo (los más exagerados elevan el número a 5.000). Y la cifra no fue mayor porque en un momento dado los invitados que estaban todavía en el exterior se dieron cuenta del cruel truco y pusieron pies en polvorosa. El sonido de las flautas y albogues pudo ocultar los gritos de terror hasta que el foso rebosó de cadáveres y el vapor de la sangre alertó al resto.

¡Toledanos, es la espada, voto a Dios, la que causa ese vapor (de la sangre) y no el humo de las cocinas!

El terror que provocó este suceso dejó el «espíritu rebelde» de los toledanos durante varios años en estado de letargo. Aunque lo peor no es eso, sino que la historia de esta Noche Toledana no fue una leyenda; pudo haber ocurrido de verdad, como atestiguan los cronicones toledanos de los siglos XVI y XVII, como Historia o Descripción de la Imperial Ciudad de Toledo (1554) de Pedro de Alcocer.

Una explicación alternativa

Si lo contado hasta ahora no es real, habrá que buscar otra explicación. Correas, en su Vocabulario de refranes (siglo XVII), cuenta que el dicho proviene de la creencia que tenían las mozas toledanas de que, en la noche de San Juan, se casarían con el hombre cuyo nombre fuera el primero que escucharan a partir de las doce de la noche.

La Fiesta de San Juan, también llamada víspera de San Juan o noche de San Juan, es la festividad cristiana del nacimiento de san Juan Bautista el día 24 de junio. Algunos vinculan la festividad o algunas de sus celebraciones en ritos de origen pagano previos o ajenos al cristianismo (Litha), reminiscencia de sacrificios humanos. 

Noche toledana es la escucha que hacían las mozas necias en la noche de San Juan, pensando que con el que se nombrase se habían de casar»

Noche de San Juan en Toledo, (noche del 23 de junio) paseo de la Vega 2015

Así que las crédulas muchachas se pasaban la noche en vela con el oído atento a lo que pudiera sonar. En palabras de Correas, «lo hacían las mozas necias, y de allí salió decir noche toledana por mala noche, por el desvelo que pasaban».

Sin embargo, en opinión de Iribarren, el único que acierta realmente con el origen de la expresión no es otro que Sebastián de Covarrubias, ya que, al ser toledano, «hombre erudito y amigo de buscar el origen de frases y proverbios, sabía de esto más que nadie». En su Tesoro de la lengua castellana, escribe Covarrubias: «Noche toledana, la que se pasa de claro en claro, sin dormir, porque los mosquitos persiguen a los forasteros, que no están prevenidos de remedios como los demás».

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Así de simple. Así de soso. Ni maternidades complicadas, ni moros decapitadores ni mozas con ganas de pillar. Mosquitos. ¡Qué poca imaginación!

Noches en la literatura

Siglos antes de que las leyendas toledanas comenzasen a ganar terreno de mano de escritores como Zorrilla y Bécquer, como forma literaria de narrar hechos históricos o tradiciones populares, Lope de Vega también contribuyó a incrustar en el imaginario colectivo la expresión «noche toledana». Ese fue el título que dio a una de sus comedias escrita en 1605, con motivo de las fiestas que se organizaron en Toledo por el nacimiento del príncipe Felipe III. Se trata de una sátira de enredo y simulaciones, que se desarrolla en un mesón toledano a donde llegan sus protagonistas buscando pasar una noche placentera con sus respectivos amores. Su final es tan licencioso que hasta un capitán y un alférez acaban formando pareja, amaneciendo muy complacidos, lance donde el dramaturgo Francisco Nieva ha querido ver un guiño de Lope a la homosexualidad. Por cierto, que en el certamen literario aludido, De Vega obtuvo el primer premio en la modalidad de canciones, con una composición en la que hacía historia de las letras en endecasílabos sueltos. Su recompensa en la justa fue una sortija de diamantes. «La noche toledana» está siendo representada ahora por la Joven Compañía Nacional de Teatro Clásico.

En uno de los pasajes de la obra, el criado Beltrán, detenido al ser confundido con un ladrón, sentencia:

«Amores en Toledo son muy buenos,  
si son de día, pero no de noche; 
que hay cuestas espantosas y ladrillos,  
hombres del diablo, avispas, perros, pulgas, 
tejados, gallineros y alguaciles». 


Cualquiera diría, al leer estos versos, que a las orillas del Tajo se concentraban en aquellas noches de los tiempos de Lope las diez plagas bíblicas.

En cierto modo, el desagrado de estos versos fue acogido en el Thesoro de la Lengua Castellana, publicado por la familia Covarrubias y Orozco en 1611, donde se decía que la noche toledana era aquella que

«se pasa de claro en claro, sin poder dormir, porque los mosquitos persiguen a los forasteros que no están prevenidos de remedios como los demás».

Con ello quedó fijada la expresión como sinónimo de velada inquieta y agitada. Y así se recogió en algunas pequeñas obras literarias del XIX como Noche toledana: juguete cómico en un acto de Ventura de la Vega (1841) o Una noche toledana: comedia en un acto y en prosa de Enrique Pérez Escrich (1870), si bien en ellas ya no aparece una trama amorosa, sino un considerable trajín de visitas inoportunas o padecimientos físicos que impiden a los protagonistas pegar ojo en la vigilia.

Las Noches Toledanas «conquistan» la ciudad

En este sentido, desde el Ayuntamiento de Toledo se retoma “un programa para disfrutar estas dos noches con responsabilidad y prudencia, la pandemia continúa, sigue ahí, por eso vamos a priorizar la seguridad de los ciudadanos”, ha reiterado el edil, para añadir que esta programación está adaptada “al momento que nos toca vivir, con especial atención a la limitación y control de aforos, al respeto de la distancia de seguridad y a la higienización de espacios entre pases”.

Las actividades previstas para el fin de semana suman siete escenarios al aire libre, así como el Centro Cultural San Marcos, y la apertura de espacios monumentales y museos en colaboración con la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, la Universidad regional, el Arzobispado, la Catedral de Toledo, la Real Fundación, el Consorcio, San Juan de los Reyes o el Museo del Greco.

ABC 22/04/2018

Miles de personas pudieron disfrutar de todos los conciertos que hubo en el Casco

«Noche toledana» en la plaza de Zocodover
«Noche toledana»
Recital de música en la plaza del Ayuntamiento
Noche toledana
Espectadores del recital de música. Plaza del ayuntamiento, delante de la catedral

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