El hombre de la nieve

Esperando a mi Daddy

Novela: Tuesday, January 16, 1996

Reflexiones de Jessica

Por si no lo sabéis, en mi vida también me he de enfrentar a secuencias de miedo

Al menos de máxima tensión y lo que me ocurre esta mañana de martes tras una semana sin clase a consecuencia de la tormenta de nieve caída no es para menos.

¡Una no sabe lo que se puede encontrar yendo por la calle aunque haya evidencias de que la máquina quitanieves haya pasado por allí y despejado el paso para que pueda circular el tráfico!

La máquina quitanieves

Imagina que eres una adolescente que vas por una calle nevada o que ya te has detenido en el punto de recogida del autobús escolar, a primera hora de la mañana cuando empieza a amanecer. Suponte que éstas sola, y ves cómo desde lejos se te acerca un hombre misterioso, con paso firme y decidido que se dirige directo hacia ti. Esta es la parada de bus para el transporte escolar y no para el bus de línea. El school bus no puede cubrir ambos recorridos a la vez, de manera que ¿A dónde va ese hombre?

El autobús escolar
Calle nevada de Boston

Llego a la parada de bus y, en contra de mis expectativas, me encuentro con que no hay nadie, que da la sensación de que hoy soy la única que ha tenido la ocurrencia de ir a clase en el bus. Ante lo cual ya no sé si es que llego demasiado pronto o tarde, porque es más o menos la misma hora de siempre, aunque voy tan abrigada que no puedo mirar la hora en el reloj y comprobarlo. No tengo la sensación de haber tardado tanto en subir la calle y en alguna ocasión me ha dado tiempo a echar una última carrera porque he visto al bus bajar o girar por Fulton Spring Rd, pero en esta ocasión todo me ha parecido demasiado tranquilo, de ahí que me extrañe que no haya nadie, porque, si Ana me ha mandado a clase, es porque está segura de que se han retomado las clases, que no ha sido tan solo en el St. Francis ni por echarnos a todas las niñas de casa para que no andemos incordiando a los inspectores con nuestra curiosidad y presenci. Por lo cual me encuentro con la disyuntiva de no saber que hacer, porque si de verdad se han retomado las clases y no voy habré de justificar mi ausencia, pero si regreso al internado y le digo a Ana que he perdido el bus ello tampoco me soluciona nada porque ella me ha dejado claro que no me puede llevar. Lo único que me queda es confiar que haya sido ella quien se ha confundido y sigan las clases suspendidas.

Si se te hielan los pelos del cogote, no es tan solo por las bajas temperaturas. ¿Qué harías?

Quien veo que se acercar por Fulton Spring Road es un hombre. Lo que deduzco porque su ropa no me resulta demasiado femenina y, hasta cierto punto, su corpulencia tampoco deja lugar a muchas dudas, aunque, si es lo que sucede conmigo, lo cierto es que la primera impresión puede resultar engañosa. De todos modos, sin que quiera pasarme de lista, creo ser capaz de diferenciarlos. En realidad, me debería dar igual quien haya por la calle a estas horas, dado que mi preocupación ha de estar en el bus, si es que llega, a menos en que no sea yo la única que lo necesite esta mañana porque el panorama resulta bastante desolador. Sin embargo, la presencia de ese hombre, su manera de caminar hacia donde yo me encuentro me genera una cierta inquietud, porque no me da la impresión de que sea alguien que tan solo esté de paso por aquí, incluso diría que se muestra demasiado seguro y decidido, que es de esos de los que Ana siempre me aconseja que desconfíe porque no tiene muy buena intención, porque además me encuentro expuesta a cualquier peligro, porque a estas horas no hay tráfico y apenas hay gente por la calle. Casi todo el mundo se lo piensa dos veces antes de asomarme por la ventana porque lo único que se encuentra es nieve y que tampoco ha mejorado mucho la climatología.

Poco a poco el hombre se te va acercando de manera imparable, sin que haya nadie más por la calle, porque con ese frío y a esas horas no apetece estar a la intemperie. Es más, da la impresión de que o te has dormido y llegas tarde al bus o eres la única a quien no van a acercar en coche en esa ocasión, dado que se supone que se retoman las clases, pero a todo el mundo parece que se le ha olvidado poner el despertador. Claro, los que no viven en el internado no tienen a una «Ana» que es saque de la cama ya sea por las buenas o por las malas. Si Ana hubiera sabido que a estas horas de la mañana los tipos poco recomendables son los únicos que andar por las calle, al menos se hubiera querido asegurar de no mandarte sola

Prefiero hacerme la despistada e ignorarle, reprimir en lo posible la sensación de temor porque tampoco quiero precipitarme en mis valoraciones y puede que tan solo sea un hombre que pasa por aquí, por lo cual es mejor que no le preste atención no sea que le ponga nervioso o piense que quiero preguntarle algo, ya que tampoco creo que me haya a aclarar si ya ha pasado el bus…..

Es la presencia de alguien extraño a quien hasta ahora no recuerdo haber visto por aquí, cuando el curso ya está lo bastante avanzado como para haberme fijado en esos detalles, aunque me conozco el barrio y más o menos soy consciente de lo cambiante de puede llegar a ser la situación de un día para otro y entre épocas del año, pero más o menos todo el mundo sigue una misma rutina….

Mr. Bacon: (Se sitúa a mi lado) Buenos días, señorita “Yo no hablo español”. – Me saluda en español y en tono afable.

Es el profesor de la asignatura de Spanish

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