Viernes Santo en Toledo

Cristo de la Buena Muerte

El Cristo de la Buena Muerte a su salida de San Juan de los Reyes. – Foto: Dominguín

El sonido de un tambor destemplado rompe el silencio de la madrugada del Sábado Santo. Es el anuncio de que el Cristo de la Buena Muerte recorre las calles del Casco histórico de Toledo tras salir del monasterio de San Juan de los Reyes, sede canónica de una cofradía que se caracteriza por su extremada sobriedad.

Por no tener, la talla, un Cristo de madera sin policromar, obra del escultor toledano Mariano Guerrero Corrales, que es portada en posición inclinada y sin andas por cuatro miembros de la única cofradía que sale a la calle durante el Sábado Santo toledano, no lleva ningún tipo de decoración floral. Todo es superfluo en una procesión en la que menos es más. Y es que poco adorno necesita una talla hiperrealista de un Cristo consumido por el sufrimiento en el que su piel ya seca y ajada deja traslucir cada hueso, cada músculo en tensión y cada nervio de un cuerpo que acaba de exhalar su último aliento. 

‘Oye la voz que te advierte que todo es ilusión menos la muerte’. Así reza la inscripción de la Cruz de guía luminosa que abre la procesión. Tras ella, los hermanos de la cofradía, vestidos con hábito y capucha a modo franciscano, inician un Viacrucis cuyas estaciones les acercan a conventos como el de Santa Isabel, Santa Clara o Santo Domingo el Real. Su paso por los cobertizos es otro de los momentos más impresionantes de una procesión en el que juego de las sombras y la oscuridad, tan sólo rota por la trémula luz de los faroles de mano, que portan los penitentes que en esta ocasión han estado acompañados por el presidente de la Junta de Hermandades y Cofradías de la Semana Santa de Toledo, Juan Carlos Sánchez. 

Los miembros de la Cofradía visten hábito y cordón franciscanos y portan faroles de mano.

CRISTO DE LA EXPIRACIÓN

Salida del Monasterio de Santo Domingo de Silos, Pza. de Santo Domingo, Calle San Ildefonso, Pza. de Capuchinas, Calle Tendillas, Calle Aljibes, Pza. Sto. Domingo el Real, Cobertizo Santo Domingo el Real, Pza. de Carmelitas Descalzos, Calle Alfileritos, Pza. San Vicente, Calle Alfonso X el Sabio, Pza. Padre Juan de Mariana, Calle San Román, Pza. San Román, Calle Esteban Illán, Calle Tendillas, Pza. de Capuchinas, Calle San Ildefonso, Pza. de Santo Domingo, y entrada al Monasterio de Santo Domingo de Silos El Antiguo. 

El Cristo carece de adornos. La Cruz se erige sobre un Calvario en el que se sitúa una calavera.

Y como veis la imagen va en andas realizadas en madera. Son muy estrechas para poder discurrir por las angostas calles de su itinerario. Y es que se mete por recovecos increíbles, de verdad.

Es una de esas procesiones no populosas, pero que te hacen Sentir Toledo, y lo que es la Semana Santa, de verdad que es una maravilla.

Hoy os muestro la procesión de la Hermandad del Santísimo Cristo de la Expiración, una procesión que creo que es de las más toledanas que hay, y que salió el viernes a las 03:00 de la madrugada.

Una procesión que me encanta, y que te hace sentir Toledo, y algo más, además verle procesionar a este cristo por las calles estrechas donde casi te roza es una maravilla, es una experiencia única

Una de sus curiosidades es que lleva a un cofrade encargado de mover cables y demás cosas que puede entorpecer el paso.

Una Cofradía que tiene aprobados sus Estatutos en 1930 por el cardenal Segura, y que tiene como sede canónica en el Monasterio de Santo Domingo de Silos, “El Antiguo.”

El Santo Entierro

La Semana Santa de Toledo está batiendo récords. En Zocodover no cabía ni un alfiler para ver la procesión del Santo Entierro. No había ni un hueco libre en las sillas instaladas para contemplar cómodamente los ocho pasos que conformaron el Santo Entierro, tras la baja este año de la Virgen de la Caridad. La estampa recordaba, si no fuera porque era de noche, al mejor de los Corpus. Eso sí, la Junta de Cofradías debería controlar mejor los tiempos porque, en muchas ocasiones, hay mucho espacio entre los pasos que salen de una iglesia y otra. 
La ‘pequeña Jerusalén’ desborda estos días a cada rincón historia, leyenda, pasión, sentimientos y emociones a flor de piel. Todo esto, y mucho más, es la Semana Santa en Toledo, que en la tarde del Viernes Santo centra de nuevo su foco en la iglesia mozárabe de las santas Justa y Rufina.

El Descendimiento a su regreso a Santa Justa y Rufina.

El Descendimiento, un grupo escultórico de cinco metros de altura que sorprende verlo pasar por las angostas calles de Toledo, fue el primero en salir. Espectacular fue la salida de este paso de misterio de su sede canónica, donde la altura del dintel apenas da para pasar el trono, por lo que las manos de los costaleros se ven forzadas a rozar el granito del escalón de acceso al templo. La anécdota de la procesión fue protagonizada por un cofrade del Descendimiento que sufrió un mareo que le impidió continuar procesionando. Ocurrió en la plaza Amador de los Ríos. Por casualidad un familiar estaba en ese punto contemplando la procesión y le acompañó hasta casa. Todo quedó en un susto  

Si espectacular fue el Descendimiento, impactante resultó la talla de la Virgen de las Angustias, que en su regazo lleva el cuerpo sin vida de su Hijo. El dolor que refleja el rostro de la Virgen silenció todas las calles del recorrido procesional. Y es que el dolor de una madre por la muerte de un hijo atraviesa como un puñal cualquier corazón.

Nuestra Señora de las Angustias.
Nuestra Señora de las Angustias.

El 6 de abril de 1928 salía por primera vez el Capítulo de Caballero del Santo Sepulcro, portando en una espléndida carroza al Cristo Yacente en el sepulcro. Aunque saldrá a las 20,00 horas de la parroquia mozárabe de Santas Justa y Rufina, igual que los dos pasos anteriores, tiene su sede canónica y capitular en el monasterio de Santa Isabel de los Reyes.

Lo armados de la Soledad.
Lo armados de la Soledad.

Desde la segunda mitad del siglo XVI, Nuestra Señora de la Soledad recorre las calles imperiales en la procesión del Santo Entierro saliendo del convento de la Merced o de Santa Catalina, donde fue fundada su cofradía. La procesión entraba en la catedral cuando se estaba celebrando el oficio de Tinieblas para hacer estación de penitente. Las diferencias habidas con los monjes mercedarios calzados, que regentaban el convento, y los cofrades de la cofradía de Nuestra Señora hicieron que estos, con la oportuna autorización eclesiástica, trasladase en 1660 la imagen y la sede de la cofradía a la iglesia mozárabe de Santas Justa y Rufina. Desde el año siguiente, la cofradía organiza desde esta iglesia la procesión del Santo Entierro, a la que a lo largo de la historia se han ido añadiendo imágenes y cofradías.

El Santo Sepulcro procesionando por la plaza de Amador de los Ríos.

Tras la Virgen de las Angustias, que fue escoltada por los bomberos, se situó el paso del Santo Sepulcro flanqueado por los armados que dan guardia a esta imagen de un Cristo yacente, talla de madera policromada de autor anónimo que es portada en una carroza y que va protegida por una urna de cristal. Junto a ella procesionaron también los Caballeros del Santo Sepulcro.

Por último, la Virgen de la Soledad y sus damas, vestidas rigurosamente de negro, y los armados cerraron el cortejo del Santo Entierro de toledano. El paso, último en salir también de la iglesia de Santa Justa y Rufina también procesionó acompañado por un millar de mujeres la noche del Viernes de Dolores. Las marchas fúnebres interpretadas por la banda de música Ciudad de Toledo contribuyeron en, algunos momentos, a crear una atmósfera de cierto tenebrismo.

La Virgen de la Soledad volvió a recorrer las calles del Casco.
La Virgen de la Soledad volvió a recorrer las calles del Casco.

Bendito Calvario

Los penitentes, con hábito granate y capuchón morado, capa, cíngulo y guantes blancos y las señoras vestidas con mantilla española partieron de la iglesia de Salvador para acompañar al Cristo del Calvario y a la Virgen del Rosario.

Nuestra Señora del Rocío.
Nuestra Señora del Rocío.
Salida de la virgen de la caridad de la iglesia de santa leocadia en la tarde del viernes santo

La Cofradía de Penitencia del Santísimo Cristo de la Fe y Nuestra Señora del Rosario, más conocida por el Cristo del Calvario por una de sus tallas, regresó esta tarde de Viernes Santo a las calles del Casco tras dos años de ausencia por la Covid. Y en esta ocasión  la música se convirtió en una indiscutible protagonista, puesto que la banda de música del Cautivo y la banda joven de la Escuela Municipal de Música Diego Ortiz se sumaron a esta procesión para arropar a esta antigua cofradía que se fundó en 1729, y a la que correspondió inaugurar la procesión del Santo Entierro.

Penitentes del Cristo del Calvario

Los penitentes, con hábito granate y capuchón morado, capa, cíngulo y guantes blancos y las señoras vestidas con mantilla española, volvieron a arropar tanto al Cristo del Calvario, una talla del siglo XVII, que procesionó con su característico paño de pureza de tercio pelo granate bordado en oro y sobre una carroza de madera estofada en oro con esmaltes de la Pasión, iluminada con cuatro faroles toledanos. La imagen del Cristo de la Fe se veneraba en la ermita del Calvario, de ahí su nombre popular, hasta que en la segunda mitad del siglo XIV se trasladó a la iglesia de San Cipriano. Allí permaneció seis siglos, hasta que a mediados del siglo XX se trasladó a su actual sede canónica. Los miembros de la Cofradía también  escoltaron a la Virgen del Rosario, otra imagen con solera que data del siglo XVIII y fue restaurada en el siglo XX. Ambas partieron de la iglesia del Salvador, que fue una mezquita en tiempos de la presencia musulmana en la ciudad. A su llegada a los Jesuitas, la hermanda mayor agradeció a los asistentes su presencia para después rezar un avemaría y un padre nuestro. 

Cristo Del Calvario
Anuncio publicitario