Confidencias con uno mismo

Introducción

Reitero la idea de que esta primera parte de la novela SILENCIO EN TUS LABIOS es más como un diario personal que el relato de una vivencia. Lo que sobre todo se percibe en la versión de Manuel, que es la novela original, por lo que para no hacerle perder su esencia hago estos añadidos en el blog

15 febrero de 2003

La noche del 15 febrero de 2003 suponemos que Ana tiene ocasión de compartir confidencias con las amigas, como a mí me gusta denominarlas en el blog «Las gadgeto amigas», porque son quienes la apoyan y socorren, a las que acude cuando tiene algún problema, tanto las amigas de Toledo, como las de su ciudad.

En cambio Manuel no tiene a nadie, de manera que esto de compartir confidencias es más consigo mismo, más cuando sabemos que tras la cena él opta por regresar a casa, mientras hay gente del grupo que prefiere seguir con la diversión. Manuel entiende que después de lo hablado con Ana es mejor quitarse de enmedio y dejarle su espacio.

Regreso a casa

Siento una mezcla de alivio y decepción. Alivio porque he logrado pasar una tarde con Ana sin que me haya rehuido, apesar de mi torpeza por haber querido hacerla compañía, por verla como una chica desamparada en la avenida. Pero también me siento decepcionado, porque ahora sé que ella no siente lo mismo por mí.

Manuel regresa a casa mientra reflexiona// Copilot designer

Me ha reiterado sus calabazas y dejado a la altura del betún, pero a la vez ha recogido esas migajas y me ha demostrado su aprecio como amiga, al insistir y convencerme para que acudiera con ella a la cena con los demás, como queriendo pasar página y empezar de nuevo en su trato conmigo, que todo el mundo sea consciente de ello para desmentir cualquier rumor al respecto

¿Qué he hecho mal? ¿Por qué no puede ver en mi algo más allá de la amistad? ¿Tan lejos estoy de ser el chico que conquiste su corazón?

Recuerdo la primera carta que le escribí, en junio, llena de inquietud y contrariedad por su nerviosismo ante mi proximidad. Pensé que quizás ella también sentía algo por mí, pero que no se atrevía a decirlo. Me equivoqué. Su respuesta fue un rotundo no. Me dijo que me apreciaba como amigo, pero que no quería nada más. Que prefería que mantuviéramos una relación cordial y respetuosa o tomaría medidas.

En cierto modo, ante su primera respuesta, me rendí. Sin embargo, cuando nos hemos visto después aún he sentido el impulso de acercarme a ella, de buscar cualquier excusa para hablarle, para hacerla reír, para demostrarle que yo era el hombre de su vida, aunque me cohibiera y esos acercamientos se hayan producido sin buscarlos.

Debido a mi actitud ella se mostraba cada vez más distante y fría, más reafirmada en la idea de que no quiere nada conmigo

Tras la reunión de diciembre me mandó esa segunda carta, más dura y directa. con la advertencia de que no le agradaba que le siga insistiendo, que no le hacía ninguna gracia que nuestros amigos insinuasen que somos novios, cuando la verdad es que no había nada serio entre nosotros. Me rogaba que me dejara de tonterías y que la dejara en paz.

Me sentí herido y contrariado tanto por su carta, como por el hecho de que tenía motivos para sentirse molesta, aunque no hubiera sido yo quien extendiera aquel rumor ni hablase del tema. Lo cierto es que tampoco nos vemos tanto, y la distancia es su mejor ventaja. Ella sigue con su vida y yo con la mía, sin que nos crucemos.

Sin embargo, ahora no estoy tan obsesionado con buscar a otra que me quiera de verdad. No puedo. Aun sigo pensando en ella, en su sonrisa, en su mirada, en su voz. hasta ahora he seguido con el deseo de que cambie de opinión, que, aunque sonara un poco tonto por mi parte, sus visitas a Toledo propiciasen ese acercamiento.

Fue ella quien, en enero, se acercó a mí para darme la durante la misa, después de haberse mostrado huidiza durante toda la mañana, sin que produjese ningún acercamiento por mi parte, dado que pretendía respetar lo que me había pedido en su última carta. evitar que mi presencia sea un motivo de inquietud.

Lo que ha sucedido hoy ha sido raro, tanto por los rumores sobre su supuesto nuevo novio, del que nadie sabe nada, como que de nuevo ha sido ella quien ha buscado mi cercanía con la excusa del cambio para ese billete de cinco euros. Ha estado bastante simpática conmigo, dentro de lo que cabe, sin dejar de mantener las distancias

El remate ha sido que nos hayamos quedásemos solos en la avenida. Ella, por tener que aclarar los últimos detalles sobre la Pascua y esperando a que sus amigas pasaran a recogerla, mientras que los demás se marchaban y yo que seguía allí porque me había entretenido, intentado convencer para que este año me lo piense y acuda a alguna de las convivencias.

Lo sé. ¡He vuelto a meter la pata! Debería haberme marchado en cuanto pude, en cuanto ella dio a entender que no tenía reparo a quedarse sola, que es posible que ya estuviera llamando para que pasaran a recogerla. Sin embargo, me quedé con la intención de acompañarla durante la espera. Vi en su rostro una expresión de ruego y soledad. Me dio pena. Me quedé a hacerle compañía, sin esperar nada a cambio. Solo quería hacerla sentir mejor.

Conversación de aquella tarde

Como es lógico ella pareció no entender mis buenas intenciones. tal vez fue inevitable que mi presencia la pusiera nerviosa y ante la tesitura de no saber cómo reaccionar ante mi compañía. a falta de un tema mejor del que conversación, se sinceró conmigo. Me ha echado en cara todos mis defectos, reiterado lo alejado que estoy de ser alguien que le interese. Tenía mucho que mejorar de mi personalidad, de mi actitud frente a la vida y los amigos.

No está interesada en mi y refiere que no me cree falsas ilusiones al respecto. Prefiere que no haya malentendido entre nosotros y nos evitemos sufrimientos. No quiere que confunda su amabilidad, con algo que no es. Me valora como amigo, en fraternidad, pero que no hay amor.

No me queda otra que resignarme. No quiero que sea por mí que deje de venir a Toledo, se distancie del grupo, aunque siga con su vínculo con su parroquia. Acepto su decisión. No quiero presionarla, ni molestarla, ni contradecirla. Solo intento comprenderla y respetarla. Sus palabras me han dejado bloqueado.

De camino al restaurante

Lo de acompañarla hasta el restaurante no sé si ha sido tan buena idea. Al menos ha sido ella quien me lo ha pedido siempre hay sitio para uno más y, según ella, es un error que yo me sienta uno menos por ser un metepatas con las demás. Era una cena con la gente de Toledo, con nuestros amigos. Además, su excusa fue que no sabía llegar hasta allí, me necesitaba y todos habían puesto su confianza en mí.

Acepté a regañadientes, consciente de que ambos nos poníamos en una difícil tesitura, dado que el hecho de que nos vieran juntos propiciará aún más esos rumores que ella pretendía que se acallar con respecto a eso de que somos pareja. hubiera preferido darle su espacio y que no se incomodara con mi presencia. Yo puedo quedar con el grupo cualquier otro sábado.

Nuestros amigos nos recibieron con sorpresa, aunque ya supieran que Ana llegaría conmigo. Esta ves ha sido inevitable que nos preguntaran por nuestra relación. He tenido que admitir que se ha tratado de otra de mis meteduras de pata; que, a pesar de los rumores, no hay nada entre nosotros, que ella tan solo me había pedido que la acompañara porque no sabía llegar.

Tras mis explicaciones, el tema ha perdido todo el interés y no se ha vuelto a hacer mención del tema. Ella se mostró simpática, divertida, sociable. Yo me mostré cohibido. Pero no hubo ningún gesto, ninguna mirada, ninguna palabra que indicara que hubiera algo más.

La despedida ha sido de lo más normal. Quien esperase que nos diéramos un beso en la mejilla, se quedó con las ganas. Ya me dio un beso el día que Carlos nos presentó y esta noche no se sentía tan sociable en ese aspecto, aunque tampoco me ignorase para evitar falsas impresiones.

Ana sonriendo

Me ha dado las gracias por la compañía y un “hasta luego” por el que creo que puedo marcharme con la cabeza alta y mirando por encima del hombro a más de uno.

No es que haya dejado de pensar que tengo mucho que mejorar de mi actitud, pero, al menos, en lo referente a hoy, superaba el aprobado.

De tal manera que la siguiente vez que nos veamos puedo estar seguro que Ana se sentirá más acosada ni dudar de mis intenciones, salvo que de nuevo sea tan tonto como para hacer oídos sordos a todo cuanto hemos hablado. Ya se había desahogado y no espera tener que volver a hacerlo.

Me marcho a casa, con el corazón roto, pero con la conciencia tranquila. He hecho todo lo que he podido, he sido sincero, un amigo. No puedo pretender más, no puedo exigirle más. Solo me queda resignarme, olvidarla, buscar a otra.

Origen