Introducción
Una vez que todo está organizado y la mochila lista, llega el momento de marcharse, de manera que en la novela Ana se muestra bastante minuciosa a la hora de explicar cómo se ha organizado esta salida por parte de la gente de su grupo, de su ciudad y que está al tanto de todo.
Sabemos que este grupo, aunque pequeño, incluirá a más gente, aparte de Ana y sus amigas. La manera de ponerlo de manifiesto está en el hecho de que han de ir en varios coches, porque el de Ana tiene plazas contadas, limitadas y reservadas, que, por mucho que quiera, no hay cabida para nadie más ni siquiera en el maletero.
Carlos, chofer por un día

La contrariedad o lo llamativo está en la presencia de Carlos, el exnovio de Ana, personaje que desde el primer momento ha demostrado estar dispuesto a ayudar a los demás y ésta no será una excepción, con la particularidad de que, en este caso, tan solo ejercerá de chófer. Pone su coche a disposición de quien lo necesite, con el añadido de que su actual pareja también hace acto de presencia en el punto de encuentro, dando a entender la estabilidad de esa pareja
Ana deja claro que la presencia de Carlos en este momento no tiene relación con ella. Sin embargo, se puede entender que como responsable de la convivencia, por la confianza que aún hay entre ellos, ha recurrido a él para suplir esta falta de coches. De hecho, adelanta que tienen una conversación pendiente, que se aplaza hasta el sábado por la noche, es decir que Carlos tiene intención de juntarse con el grupo.
El punto de reunión
Por lo que se da a entender en esta versión de la novela, el punto de reunión casi es el portal de la casa de Ana, porque ésta deja constancia de que vive a un paso de la iglesia, detalle que será de cierta relevancia más adelante, pero no se adelantan acontecimientos en ese sentido.
¿Y por qué ubicar el domicilio de Ana aquí? sabemos que Ana es una chica de ciudad, aunque no de Toledo, sino de otra capital de provincia, a dos horas en coche, aunque el pueblo donde será la convivencia se encuentra a una media hora de ahí, lo que da a entender que es territorio de Ana, parte de su espacio personal.
Esta cercanía con la iglesia, a efectos de la novela y del personaje, es como un reflejo de su personalidad, para resaltar su compromiso, su seriedad en ese aspecto, aunque ello no es impedimento para que Ana sea una chica normal, con sueños e inquietudes como cualquier otra. Una chica que ha ido a la universidad y ahora trabaja en la gestoría de sus padres.
Esta proximidad con la parroquia es un reflejo de esos valores y principios tradicionales y familiares, reflejados en la actitud protectora de su madre, a pesar de que dicha protección se deba en parte, a la salud de Ana, a que ésta no ha perdido las ganas de vivir y alguien tiene que frenarla un poco.
El caso es que Ana es una chica de su tiempo, con ganas de divertirse, de disfrutar de la vida, mientras tenga fuerzas y vitalidad para ello, de ahí que no tenga reparo en conducir su propio coche y tener sueños de futuro. sobre todo es una chica que siente una gran complicidad y apoyo por parte de sus amigas.
La proximidad con la parroquia es una manera de dar a entender que incluso cuando le flaquean las fuerzas aún le queda voluntad para superar las dificultades, la parroquia se encuentra a un paso.
Las amigas

Las amigas, en cuanto se meten en el coche, hacen gala de su complicidad, del hecho de que van en el coche con Ana, para preguntarle, para que ésta, aparte de conducir, les ponga al corriente de los últimos detalles sobre la convivencia: quiénes van a ir, quiénes no estarán y cómo se va a organizar el grupo durante esos cuatro días. Quieren concreción en sus respuestas, aunque cabe pensar que ya saben algo de antemano, pero necesitan que Ana se lo confirme.
Estas convivencias son una ocasión para juntarse los de las distintas localidades por las que se reparte este movimiento y es normal que se tenga el anhelo de reencontrarse con tal y con cual, aunque sea una confidencia que se quede entre amigas y que supone no ocasiona ningún conflicto. Hay interés por saber de los demás y crearse expectativas en uno u otro sentido.
Ana tiene a bien aclarar que por su parte no ha habido ningún secreto ni contratiempo, que las ha tenido informadas de todo, que lo había consultado con ellos y en último caso las decisiones la tomaban los dirigentes del Movimiento e incluso el sacerdote responsable de la convivencia, para intentar que todo el que acuda se sienta cómodo.
Lo que da a entender es que por parte de sus amigas ha habido un poco de dejadez o que tienen plena confianza en que ella ha sido capaz de gestionar la preparación de esa convivencia con la mayor diligencia, que sus amigas ya se han subido al coche con la mentalidad de mentalizarse de a dónde van desde el primer momento, que van con la mente abierta y el corazón dispuesto.
El lamento de alguna es que no acuda más gente de Toledo, en el sentido de que el carisma con que ellas viven su fe tiene sus raíces en la gente de Toledo, lo que hace que se sientan un tanto abandonadas, como si la vivencia de aquellos días fuera una actividad aparte. Ante lo cual Ana lo justifica por las distancias y la conveniencia de unos y otros, que, de todos modos, acudirá gente de Toledo.
Viene Manuel
Dado que está entre amigas y en confianza, Ana no tiene reparo en compartir con éstas, lo que para ella va a ser la gran noticia, la novedad de esos días, como un anticipo de lo que espera sea en fruto de esos días en el caso de que todo vaya bien.

Ana necesita del apoyo y del respaldo de sus amigas, que éstas se sientan cómplices de sus temores, porque asume que habrá de afrontar una situación que se le vaya de las manos, se le complique. Les pide discreción, que eviten comentarios y provocar situaciones que resulten comprometidas, porque Ana prefiere alejarse de la idea de que la gente les empareje antes de tiempo, de que haya una confirmación.
Que sí, que Manuel acudirá a la convivencia. El mismo chico al que ella no había querido ver en la convivencia de Navidad, ante el temor que de acudiera con intenciones pretenciosas y equivocadas en cuanto a sus sentimientos. Es el mismo chico de quien no siempre se ha sentido con ánimos ni humor para hablar de él maravillas.
Viene Manuel, pero, según le han dicho las amigas de Toledo, éste no sabe que coincidirán, por lo que la sorpresa será mayúscula, no se lo espera, o al menos no ha querido preguntar al respecto por el temor a que su interés le cierre la posibilidad a acudir, por considerarlo una presencia incómoda para ella. Viene y Ana está encantada con la idea de verse y compartir esos días juntos.

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