Introducción
Ahí tenemos a Manuel frustrado, porque sus intentos por recuperar el corazón de Ana, por conseguir que ésta se digne a responderle, caen en saco roto. Ni llamadas de teléfono, ni mensajes por SMS ni cartas por correo ordinario. Todo una completa y absoluta pérdida de tiempo, dinero, sentimientos y buenas intenciones por las que obtiene ninguna contestación.
Así lleva el pobre algo más de una semana sin ver ningún resultado, ni bueno ni malo ni nada que se lo parezca. Ana le ignora por completo. Y en cuanto a las cartas ni siquiera puede hacer responsable al servicio de Correos por su tardanza ni porque hayan llevado esas cartas a la dirección equivocada en un sentido ni el otro. Manuel tiene claro que ha escrito bien la dirección.
Tan solo le falta hacerse con la dirección de correo electrónico de Ana, ya sea el email personal o el del trabajo, porque en el año 2003 ya es algo que empieza a estar a la orden del día, pero no así de las cuestiones del corazón, porque fue un detalle en el que ninguno pensó cuando hablaron de mantener esta relación y comunicación a distancia
En caso extremo de ser él mismo quien se ocupe de entregar esas misivas en persona, aunque para ello tenga que recorrer esas dos horas de coche que separan una ciudad de otra y buscar la dirección de Ana en el callejero local para no perderse por el camino, si acaso presentarse en su lugar de trabajo. Confiado en que Ana no le dé con la puerta en la narices ni salga huyendo.


¡Ya es coincidencia!
Quien rompe este silencio comunicativo, quien de algún modo viene a alterar esa frustración, es la anónima amiga del chat de citas, La dulce Gatita. La misma que ha conocido dos años antes y quien, a pesar de no conocerla, no saber de su identidad, cada vez que le escribe para contarle sus penas es como si Manuel se viera reflejado en el mal concepto de ese chico por el que ésta se tortura.
Que si Manuel no se está entendiendo con Ana a cuenta de ese desencuentro, de ese fin de semana que ésta había organizado para que pudieran verse, para el que Manuel se había encontrado con la tesitura de rehusar, ya que para esos días tenía otro compromiso, la historia de esta chica con su nuevo novio, contada a grandes rasgos y sin muchos detalles, se le parece demasiado.

Manuel no anda por ahí contándole sus penas a los desconocidos, pero ya ha comprobado que esta chica es bastante deshinibida en ese sentido y le utiliza como paño de lágrimas, sin que él se haya sentido capaz de responderle ni aconsejarla, aunque de algún modo esos mensajes le hayan servido para empatizar un poco con el malestar que Ana siente por la manera con que él la trata.
Ahora que resulta, al igual que Manuel, parece que ha encontrado al gran amor de su vida, pero la alegría le ha durado poco. Esta vez la Dulce Gatita, admite una cierta culpa por su parte en esa ruptura, en esa falta de entendimiento. Al parecer también se trata de una relación que mantienen a distancia, pero no ha habido una comunicación demasiado fluida, lo que ésta había intentado compensar organizando una cita de fin de semana.
El chico en cuestión no hubiera tenido más que aceptar y acudir. Tan solo eso, por parte de la Dulce Gatita le ponía todo tipo de facilidades. Sin embargo, el chico se asustó y rehusó, creyendo erróneamente que la Dulce Gatita ha organizado esta primera cita como si fuera con su anterior pareja. Mostrándose demasiado entusiasmada, mientras que el chico prefiere planteárselo con más tranquilidad.
Según la Dulce Gatita, su nuevo novio es un chico un tanto peculiar, uno que hasta ahora no ha tenido demasiada suerte en los temas del corazón y necesita tiempo para asimilar el hecho de que esta vez sí ha triunfado, uno que tal vez se siente demasiado presionado por pensar que no está a la altura.
Él sí la responde
Dado que con Ana parece que la comunicación no es posible, ella se desentiende, Manuel encuentra en el mensaje de su amiga la ocasión para justificarse a sí mismo en su manera de proceder.
En ese intento y compromiso por mantener su anonimato, Manuel no da demasiados detalles sobre su actual situación, pero le confiesa que está pasando por una situación similar, que ha empezado una relación con una nueva chica y se encuentra en un estancamiento de la relación a cuenta de un malentendido.
Su consejo para la Dulce Gatita es que, si de verdad siente algo por ese chico, no le cierre la puerta y le dé una segunda oportunidad, admitiendo que en cierto modo es lo que él espera que haga Ana con él, que no se haya rendido ante las primeras dificultades y le responda a alguna de la llamadas, mensajes de sms o cartas.
En cierto modo y sin conocer con excesivo detalle la historia de esa pareja, pero creyendo descubrir bastantes similitudes con su historia de amor con Ana, demuestra su confianza en que más pronto que tarde todo se solucione de manera positiva, como si en su mano estuviera resolver el futuro de dos parejas cuando se siente incapaz de gestionar sus propios problema de comunicación.
Ya que el no suele responder a los mensajes de la Dulce Gatita, cuando se pone en plan de chica desesperada y amargada por la existencia de ese chico que la atormenta, confía en que el hecho de que esta vez rompa con esa costumbre provoque alguna reacción por su parte y supere sus reparos a darle otra oportunidad a su chico.
Es el mismo efecto positivo y de rebote que quisiera tuvieran sus llamadas, cartas y mensajes de sms en el corazón de Ana, no solo por cansino e insistente, sino porque en el fondo confía en que no se haya apagado del todo esa llama de amor prendida poco más de un mes y medio antes, temblante y débil después de tres semanas, de ese desencuentro por una cita fallida.


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