Introducción
Así y aquí terminan por el momento las reflexiones sobre la novela «Silencio en tus labios», consciente de que tan solo he comentado los primeros pasajes y que lo dejo en el momento más interesante, cuando empieza a convertirse casi en un culebrón televisivo.
Como sabéis, ya en alguna ocasión he escrito sobre el desarrollo y desenlace de la novela, para dejar constancia de que está escrita, que si lo publicado hasta ahora en la web abarca desde septiembre de 2000 hasta octubre de 2003, el final de la novela está fechado en el año 2020, escrito con antelación al Covid.


Por las reflexiones que he publicado a lo largo de este último año, últimos meses, semanas o días, creo que ya se intuye cuál es el desarrollo de los acontecimientos, centrados en su mayoría en «la ciudad de Ana» en el entorno de esta familia tan particular. historia en la que nuevos personajes empezarán a acaparar protagonismo, sin dejar de lado a los principales.
Fundamento de la novela
Hasta este momento de la novela, el trasfondo está en la idea de explicar quién y cómo es Manuel, ese chico un poco patoso y con dificultades en sus relaciones personales, con sus miedos, sus temores y esa dificultad suya para encajar, aunque por parte de los demás haya mayor o menor interés o intención en pasar por alto esos defectos suyos. Porque quizá los demás no lo valoren de manera tan negativa como éste lo entiende.
Ana, de algún modo, representa todo aquello que el personaje de Manuel quisiera ser, pero que por cuestiones quedan un poco lejos de sus aptitudes o su autoestima. Ella es una chica trabajadora y con una vida estable, aunque no por ello perfecta. Porque, ¿qué hace una chica como ella interesándose con un chico así?
Hasta cierto punto admito que parte de la novela intenta resolver y replantear esa cuestión. Porque Ana tiene una vida, su vida, con sus problemas, reflejados sobre todo en lo referente a su salud, porque lo demás parece capaz de manejarlo sin excesiva dificultad. Manuel viene para poner patas arriba su mundo y, hasta cierto punto, ya he comentado en alguna entrada que lo consigue.


Victoria, la madre de Ana, tendrá que ejercer de madre y suegra. Como ya he insinuado en alguna ocasión, muy a pesar del personaje, como suegra será un poco «mala», en el sentido de protectora con su familia y crítica con todo aquello que altere sus esquemas. En su favor diré que se ve obligada por las circunstancias.
Don José, el padre de Ana, asumirá ese papel de mediador, aunque consciente de que su familia está por encima de los extraños, que si te dejas ayudar, encuentras en él un buen aliado, pero no esperes que traicione la confianza de los suyos. Manuel se encuentra en ese límite de no saber muy bien de qué pie cojea, pero siempre intenta darle buenos consejos.
Los hermanos de Ana
En los primeros borradores de la novela, la presencia y el protagonismo de los hermanos de Ana serían testimoniales. Sin embargo, el desarrollo de los acontecimientos obliga a implicarles, a ejercer de mediadores, de nexos de unión entre unos y otros.
José, el hermano, sobre todo está relacionado con todo lo referente al trabajo, a la gestoría y al futuro, a esa búsqueda de estabilidad. Es en quien todos ponen su confianza para un buen desenlace en la novela, aunque también se muestre un tanto incomprendido en ciertas situaciones, por eso de no actuar en nombre propio ni dar excesivas explicaciones en cuanto a su proceder.

Marta, la hermana, es un personaje que fue adquiriendo protagonismo en sucesivas correcciones y mejoras de la novela, hasta convertirse en un punto de unión entre todos, sobre todo porque no pierde esa independencia ni rebeldía, lo que le permite una mayor movilidad. Parece estar en todas partes, sin que ello genere dudas ni suspicacias.
¿Habrá final feliz?
Lo particular y peculiar de esta novela es que se trata de un trenzado de narradores, que empieza siendo como una historia contada desde dos puntos de vista diferentes, como si fueran dos novelas distintas, pero por evitar esa multiplicidad, en la segunda parte hay una única novela con diferentes narradores.
Se hace necesario que esta deseada felicidad inicial salte por los aires en mis pedazos, bueno, en cinco, para que cada uno de esos narradores cuente a su manera su visión de la historia. A Manuel y Ana se les juntan sus dos hijas y una tercera adoptada que supone un vínculo entre pasado y presente.
Como dice el título de la novela, en esta historia hay «Silencio en tus labios» por parte de aquellos que son conocedores de toda la verdad, pero la callan por lo comprometedor que resulta hablar de más, pero también por parte de quienes sospechan que hay algo tras ese sospechoso silencio y, a su manera, intentan descubrir lo que pasa.

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