Introducción
Friday, June 23, 1995. Vuelo PHL – ? (06:30 PM)
¿Dos semanas serían tiempo suficiente como para disfrutar de la estancia en París? ¿Qué se le ha perdido a Ana en París? ¿Y a Jessica?
Jessica sigue pidiendo pista mientras el avión se prepara para despegar y, por lo que podemos leer en la novela, parece que esta visita a París la descarta desde un primer momento. Sin embargo, se trata de buscar pistas y no deberíamos descartar ninguna porque alguna nos ha de llevar hasta su verdadero destino.
Roma, París, Londres y Madrid eran algunos de los destinos de los vuelos programados para esta hora, cuatro ciudades europeas.


Vacaciones en París
Si descubriera que el destino es París, probablemente me giraría hacia Ana con cara de “¿en serio?”, suspiraría muy fuerte y soltaría algo sarcástico como: “Espero que la Torre Eiffel tenga enchufes para cargar mi aburrimiento”.
Pero dentro de mí… estaría revoloteando una idea que no quiero admitir: París suena a promesa; a historia; a algo que ni siquiera Daddy podría arruinar.
Día 1. Aterrizamos. En el aeropuerto todo es trop compliqué. Ana intenta hablar en francés, yo me limito a observar: gente elegante hasta en chándal, croissants con mejor pinta que cualquier desayuno del St. Clare’s y señales que me recuerdan lo mucho que no pertenezco a este lugar.
Día 3. El Louvre. Ana, emocionadísima. Yo hago un par de chistes sobre cuadros “con cara de sábado por la mañana”. Pero cuando veo a la Victoria de Samotracia… me quedo callada. Hay algo en esa figura sin cabeza que me dice más de lo que estoy dispuesta a escribir en mi diario.
Día 6. Me pierdo a propósito en Le Marais. Encuentro una tienda con postales antiguas. Compro una con la palabra “Espérer”. Espero. Qué palabra más rara para alguien como yo. ¿Pero si…?
Día 9. Ana y yo discutimos por una tontería. Algo sobre qué museo ver. Le digo que no necesito que me salve. Que esto no va a arreglar nada. Esa noche escribo: “París no cura. Pero a veces distrae”.
Día 12. Llueve. Nos resguardamos bajo los arcos del Palais Royal. Ana comparte su paraguas conmigo sin decir una palabra. Por primera vez, siento que el silencio entre nosotras no es distancia. Es complicidad.
Día 14. Último día. Miro el Sena desde el Pont-Neuf. El viento me revuelve el pelo. Ana me pregunta si quiero volver. No contesto. Solo dejo volar una carta que escribí, pero que nunca enviaré. Porque hay cosas que deben quedarse aquí. Como secretos entre París y yo.

Visita a la Torre Eiffel.
Si acabásemos en la Torre Eiffel… bueno, empezaríamos por lo obvio: seguro que llegaríamos tarde, perdidas entre metros con nombres impronunciables y turistas que caminan como si fueran los únicos con derecho a mirar hacia arriba.
Ana, emocionada como si fuera fan del hierro forjado, insistiría en subir hasta la cima. Yo, por supuesto, habría rodado los ojos mínimo tres veces antes de llegar al segundo piso. Aunque… hay algo en esa estructura absurda, gigantesca, que no puedo ignorar. Me recuerda a cuando intentas construir algo sin planos, solo con las manos temblando y un poco de fe.
Mientras hiciéramos cola para el ascensor, probablemente escribiría en mi diario:
“Querido Daddy, estoy en lo más alto de París. Literal y emocionalmente, lo dudo. Ana dice que es romántico. A mí solo me parece alto. Pero… también un poco mágico. Como si desde aquí todo doliera un poco menos”.
Al llegar arriba, el viento me desordenaría el pelo. Observaría el Sena, las calles como venas que bombean vida. De pronto pensaría: ¿y si este viaje no es un paréntesis, sino el comienzo de algo que no entiendo todavía?
Ana me ofrecería una chocolatina. Yo le daría la mitad sin mirarla. Ella no diría nada. Y eso… se siente como paz.
Y aunque lo niegue mil veces, esa noche sí le escribiría a Daddy. Pero no para pedirle que venga. Solo para decirle que estuve en París. Que sigo de pie. Que, como la Torre, a veces no entiendo por qué sigo levantada… pero ahí estoy.

Origen
- Esperando a mi Daddy. Friday, June 23, 1995
- Reflexiones personales
- Conversación con Copilot

Debe estar conectado para enviar un comentario.