Friday, June 30, 1995, Dormitorio (12:00 AM)
Introducción
A lo largo de esta primera y extensa parte de la novela, son escasas, por no afirmar con rotundidad que no existen, las ocasiones en que Jessica se convierte en un personaje secundario, ajeno incluso a esa faceta de narradora. Se trata de su vida, de sus vivencias, de sus sentimientos. De manera que nadie debería relegarla a un segundo o tercer plano.
Sin embargo, no se trata de un cualquiera y hemos de asumir que tiene todo el sentido, que es una usurpación limitada y delimitada en el tiempo, en el desarrollo de los acontecimientos. Es su tarjeta de presentación antes de volver al ostracismo del anonimato y desconocimiento.
Asume este protagonismo, porque ello refuerza, de algún modo, todo el contexto de la novela, el título de esta: «Esperando a mi Daddy». Es la manera de dar certeza a una realidad. Su «Daddy», ese al que busca, con quien coinciden todos los datos, existe.
Lo relevante es que se descubre justo eso, que es alguien de carne y hueso, con más defectos que virtudes, con una realidad y unas circunstancias que por el momento desaconsejan ese primer encuentro, ese asumir sus responsabilidades.
Es un afrontar las expectativas y los sueños de Jessica con la vida de alguien que no encaja en ese mundo idílico y perfecto de adolescente que anhela vivir con su padre. Todas esas razones que hasta ahora se han dado para considerar que las pistas que se seguían para localizarlo carecían de coherencia, se confirman como ciertas. Pero se trata de Daddy.

Jueves, 29 de junio. 09:00 pm
📞 La llamada de Ana

El teléfono del chalé sonó con una puntualidad inquietante. Daddy, que no esperaba ninguna llamada, dudó antes de descolgar. Al otro lado, una voz femenina, firme pero cargada de una tensión apenas disimulada, se presentó como «Ana». No era española, eso se notaba en su acento, pero hablaba con una corrección que denotaba preparación y propósito.
—Manuel, disculpe que le moleste. Soy Ann Josephine Catcher —dijo Ana—. Sé que esta llamada puede parecerle extraña, pero necesito hablar con usted. Es importante. Preferiría hacerlo en persona.
Daddy frunció el ceño. No reconocía la voz. Tampoco el nombre.
—¿Cómo ha conseguido este número? —preguntó, con tono receloso.
Ana no vaciló.
—Sé que vive en el chalé de las afueras durante el verano. Me ha costado varios días localizarle. He llamado a otras puertas, seguido pistas equivocadas, pero finalmente di con la dirección y el número. No ha sido fácil.
Daddy se quedó en silencio, incapaz de procesar lo que acababa de escuchar. Aquella mujer no solo sabía dónde vivía, sino que lo había estado buscando activamente, lo que despertaba en él una sensación de inquietud y curiosidad. ¿Por qué? ¿Qué motivo podría tener para interesarse tanto en su vida? La confusión se mezclaba con el temor, y no podía evitar preguntarse si había algo en su pasado que ella conocía y que él había logrado olvidar. Las dudas comenzaron a inundar su mente, ya que cada respuesta que encontraba solo generaba más preguntas.
—¿Cómo ha conseguido este número? —preguntó, con tono receloso.
Ana no vaciló.
—Sé que vive en el chalé de las afueras durante el verano. Me ha costado varios días localizarle. He llamado a otras puertas, seguido pistas equivocadas, pero finalmente di con la dirección y el número. No ha sido fácil.
Daddy frunció el ceño. ¿Quién era esta mujer? ¿Por qué sabía su número? ¿Y por qué parecía tan decidida?
—¿De qué se trata? —preguntó con cautela.
—No quiero nada —respondió Ana, con una mezcla de firmeza y vulnerabilidad—. Solo quiero que esté informado. Se trata de una chica. Jessica. Tiene catorce años. Y según los documentos oficiales, usted figura como su padre.
El silencio que siguió fue denso. Daddy sintió que el mundo se detenía por un segundo. ¿Una hija? ¿Una hija de catorce años? ¿Él?
El silencio se volvió denso. Daddy sintió que el aire se espesaba.
—¡Eso no puede ser! —replicó, incrédulo.
Ana continuó, con una mezcla de urgencia y respeto.
—Lo entiendo. Sé que suena absurdo. Pero tengo documentación oficial del Estado de Massachusetts. No pretendo que se haga cargo de nada. Solo quiero que escuche.
Daddy dudó. Pero algo en la voz de Ana, en su determinación y en la extraña lógica de todo aquello,
—¡No tiene el menor sentido! —argumentó Daddy sin salir de su asombro y contrariedad.
—No pretendo que se haga cargo de nada. – Continuó Ana en tono afable. – Solo quiero que esté informado. He venido desde Boston para encontrarle. Me ha costado varios días localizarle. Esta es solo una primera toma de contacto. Si lo desea, podemos vernos mañana por la mañana. Estoy cerca. Me alojo en la urbanización que está justo al lado.
Daddy, aún desconcertado, aceptó. La voz de Ana, aunque extraña, no parecía malintencionada. Y algo en su insistencia le hizo pensar que, por improbable que fuera, debía escucharla.
—Está bien —dijo finalmente—. Mañana, a las doce. Aquí, en el chalé.
—Gracias. No se arrepentirá —respondió Ana, con un suspiro de alivio.
La llamada terminó. Y con ella, la tranquilidad de Daddy.

Origen
- Esperando a mi Daddy. Friday, June 30, 1995
- Reflexiones personales
- Conversación con Copilot

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