Etiqueta: Esperando a mi Daddy
30 de agosto, 1995 09:40 AM
El primer día en el infierno (o sea, el instituto)
1. La calma antes de la tormenta
Hoy era el día de presentación para los novatos de 9º grado en MHS. La mañana empezó con una charla en el «Little theater» que fue tan predecible como me temía. Nos recordaron lo importante que es tomarse en serio los estudios, que ya somos mayores, bla, bla, bla… Lo mismo que Ana lleva repitiéndome todo el verano. En el fondo, es solo el pistoletazo de salida para que los «ojeadores» de las universidades empiecen a evaluarnos.
Después nos dejaron en el patio antes de ir a las aulas. Fue horrible. Me sentí completamente sola, viendo cómo todos los demás ya parecían tener sus grupos. De repente, la ropa que me sugirió Ana, unos jeans con peto, me pareció la peor elección del mundo. Entre todas las chicas, tenía la impresión de ser la más pudorosa, la más formal, cuando mi única expectativa era destacar por mi naturalidad y sencillez. Yo soy una chica de Medford, mestiza, católica, de inteligencia media y con una vida social más bien escasa. Daba la impresión de que era la única que no encajaba.

La única cara que reconocí fue la de un chico llamado Gabe, del St. Francis. Ni siquiera sé si eso es bueno o malo. Desde el primer momento me dio la impresión de que prefería mantener las distancias. Es posible que, como somos del mismo barrio, suponga que ello dará pie a que me tome alguna confianza, por eso de que tal vez necesite ayuda con alguna asignatura. Pero la verdad es que no tengo tanta confianza con él ni espero tenerla. Genial.
2. Bienvenidos al aula: mi nuevo hábitat natural
Cuando por fin nos dijeron que entráramos en las aulas, busqué el primer pupitre libre que vi y me senté. No tenía ningún interés en estar cerca o lejos de nadie en particular. Simplemente quería un sitio. Curiosamente, el pupitre que estaba justo a mi derecha se quedó vacío.
Entonces entró la profesora. Se presentó como Ms. Bradford, nuestra tutora y la profesora de English. Es una de esas mujeres mayores, ya tendrá más de cuarenta y tantos años. Más o menos la edad de Monica, aunque ésta tiene un aspecto un poco más serio. Mientras que Monica, por una parte impone autoridad con su sola presencia, pero también ternura cuando la ocasión lo merece. Ésta, sin embargo, no da la impresión de que vaya a ser muy condescendiente con nadie. Me dio la sensación de que admitirá pocas bromas. Por un lado, da un poco de miedo, pero por otro sentí un alivio enorme de que no fuera la profesora de Spanish.
3. El momento más esperado: pasar lista
Ms. Bradford no perdió el tiempo y empezó a pasar lista. Como siempre, mi apellido, «Bond», me convierte en la primera de la lista.
Ms. Bradford: Bond, Jessica Marie.
Jess: Aquí.
No pude evitar pensar que si tuviera el apellido de mi Daddy, tendría a mucha más gente por delante. Pero quien rellenó mi certificado de nacimiento pensó que lo de ‘Bond’ sonaba mucho más americano y mejor al oído. Por lo que me ha contado Ana, confiaban en que ello facilitara mi adopción. Una adopción que nunca quise. A veces me pregunto si Daddy siquiera conoce mi nombre, o si el hecho de que no lleve su apellido es suficiente para que haya perdido toda posibilidad de que me encuentre.
4. ¡Pillada! Mi primera metida de pata
Mientras la profesora seguía nombrando a los demás, mi mente se fue a otra parte. Empecé a pensar en mis cosas: en mis sueños, en Daddy, en cómo iba a ser este curso… Y, claro, me pilló.
Ms. Bradford: Señorita Bond, haga el favor de prestar atención.
Su voz me sacó de golpe de mis pensamientos.
Jess: Sí, perdón.
Ms. Bradford: Habla inglés ¿O necesita que se lo traduzca?
Me lo preguntó con un sarcasmo que me heló la sangre.
Jess: Sí, hablo inglés.
Ms. Bradford: Pues. entonces, no se despiste porque me distrae y perjudica a sus compañeros.
Perfecto. Primer día y primera regañina. No se puede empezar mejor.
5. La chica fantasma y una pizca de esperanza
El pupitre vacío a mi lado seguía ahí. Cuando Ms. Bradford llegó al final de la lista, nombró a alguien que, evidentemente, no estaba.
Ms. Bradford: Y la última, McWindsor, Julia Stephanie ¿está?
Nadie contestó.
Ms. Bradford: Julia Stephanie McWindsor ¿estás? – preguntó de nuevo por si acaso.
Silencio. Así que esa es la chica que se sentará a mi lado. Por un lado, es la única posibilidad que tengo de hacer una amiga en esta clase. Pero, por otro, no puedo evitar ser pesimista. Seguro que es una presumida con la que no tendré nada en común. Será imposible que nos entendamos y estoy casi segura de que se molestará, incluso si le pido prestado un lapicero. ¡Será como todas! Al final se hará amiga de otra y yo seguiré sola.
6. Conclusión: ¿Sobreviviré a este curso?
Mis primeras impresiones no son muy buenas. Este curso se presenta como una auténtica pesadilla, y todo por una sola palabra: Spanish. No es solo que odie la asignatura, es que es la condición que me ha impuesto Ana. Si apruebo la asignatura de Spanish, y por supuesto todas las demás, Ana me ha asegurado que me quedo. Me quedo en el St. Clare’s, el único lugar donde Daddy podría encontrarme. Así que mi futuro depende de aprobar algo que detesto. Esa es la verdadera pesadilla.
Pero supongo que no todo está perdido. Existe esa pequeña, diminuta posibilidad de que la experiencia no sea tan horrible. Si la chica nueva, Julia, resulta ser simpática y nos hacemos amigas, tal vez las cosas cambien. De momento, solo me queda esperar, con este nudo en el estómago, y confiar en que el año que viene no me encuentre haciendo las maletas.
Origen
- Esperando a mi Daddy. 30 de agosto, 1995 página 1
- NotebookLM- resumen de la novela

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