Etiqueta: Esperando a mi Daddy
Friday, September 6, 1995. 02:30 PM Salida
Julia Stephanie McWindor (Yuly) nació el 4 de julio de 1981 en el Brigham and Women’s Hospital de Boston, a las 3:17 p.m., justo cuando los primeros fuegos artificiales del Boston Pops retumbaban sobre el Charles River. Carmen, con 28 años y el pelo recogido en una trenza gallega (porque la familia de su madre es de Vigo), gritó “¡Viva España y viva América!” entre contracción y contracción.
Su padre, Don Aidan, descendiente de irlandeses de Southie, bromeaba diciendo que el Día de la Independencia era la excusa perfecta para que Julia naciera con fuegos artificiales propios.
El médico, un irlandés de Southie, soltó una carcajada y anotó en la ficha: “Mother requests fireworks for delivery. Denied.”
Creció en una casa de madera en St Theresa Ave, con un porche donde su padre cuelga la bandera estadounidense cada verano y la madre planta geranios rojos que huelen a mar. La cocina es un campo de batalla lingüístico: Carmen cocina empanada y habla en gallego; Don asa costillas y responde en inglés con acento bostoniano. Yuly aprendió a decir “mom” y “mamá” al mismo tiempo, y a los cinco años ya corregía a su padre cuando pronunciaba mal “polbo á feira”.
Comida:
- Desayuno: papilla de avena con un chorrito de leche condensada (“para que crezcas fuerte como las vacas de Lugo”).
- Merienda: pan con aceite y chocolate, envuelto en papel de aluminio con la bandera gallega dibujada a rotulador.
Los inviernos son de nieve hasta las rodillas y partidos de los Celtics en la tele. Don la llevaba a los desfiles del Día de San Patricio, donde Yuly agitaba una bandera irlandesa mientras Ana murmuraba que aquello era “un circo verde”. En el colegio católico de la parroquia de St Theresa of Avila, Yuly era la única que llevaba pulpo en la fiambrera y respondía a las monjas en español cuando se enfadaba.
Pero sus veranos pertenecen a Vigo. El vuelo de Logan a Peinador son un ritual: maleta llena de M&M’s para los amigos, libros de Dr. Seuss para los abuelos. Al aterrizar, el aire salado de la ría le golpeaba la cara como un abrazo. La casa de los abuelos huele a pimientos de Padrón y a café de pota. El abuelo Xosé la llevaba a la playa de Samil a buscar cangrejos; la abuela Maruxa le enseñaba a hacer filloas y a cantar “A Rianxeira” desafinando.
En Vigo, Yuly era “a americana”. Corría descalza por el casco vello, come churros en la Plaza de la Princesa y aprendió a decir “hostia” sin que la castigaran. Los amigos la retaban a saltar desde el espigón de Bouzas; ella, valiente, se tiraba al agua helada gritando “¡Geronimo!” en inglés y “¡mea culpa!” en gallego al salir.
A los diez años, Julia ya tenía dos acentos: uno de Boston que salía cuando discutía con sus amigas sobre los Boston Celtics, y otro vigués que usaba para regatear en el mercado de la Piedra. En casa de West Roxbury guardaba conchas de la ría en una caja de zapatos; en Vigo, escondía una pelota de los Patriots bajo la cama. Era una niña que celebraba el 4 de julio con barbacoa y el 25 de julio, Día de Galicia, con pulpo y gaitas, sin ver contradicción.
Una tarde de agosto, con once años, Julia se sentó en el balcón de los abuelos mirando la ría al atardecer. Su yaya, Maruxa, le preguntó si echaba de menos Boston. Yuly, mordiendo una filloa, respondió: “Echo de menos las dos cosas a la vez, yaya. Como cuando quieres helado de dos sabores y no sabes cuál elegir”. Maruxa sonrió y le revolvió el pelo. En ese momento, Yuly entendió que no tenía que elegir. Era la niña del 4 de julio que olía a mar salado y a barbacoa, que rezaba en latín y maldecía en gallego, que llevaba en la sangre el verde de Irlanda, el rojo de España y el azul de un país que aún estaba aprendiendo a querer.
0-3 años: la galleguidad en pañales
- Cuna: una cesta de mimbre traída de Cambados, forrada con una manta de lana tejida por la abuela Maruxa.
- Nana: “Ai, luliña de ouro, que a bruxa te leva se non dormes…” (Carmen la cantaba bajito mientras le daba el biberón de leche de almendra, porque “la vaca gallega no cabe en Boston”).
- Primer viaje: a los 9 meses, en brazos, a Santiago de Compostela. Carmen la llevó al Obradoiro envuelta en una manta de los Boston Celtics para que “la niña supiera que hay dos catedrales en la vida”.
- Palabra favorita: “pulpinho” (pulpo). La pronunciaba “puppi” y lo pedía señalando el congelador donde Carmen guardaba las patas traídas en la maleta.
4-7 años: West Roxbury con sabor a empanada
- Guardería: Little Folk en Roslindale. Carmen llegaba con tupper de empanada de xoubas para el snack day. Los niños decían “fish pie” y se peleaban por la última porción.
- Cumpleaños: el 5º fue una festa galega en el jardín: gaita grabada en altavoz, pulpo a feira (hecho en la barbacoa Weber porque no había plancha de cobre), y un pastel de tarta de Santiago con la cara de Yuly impresa en azúcar.
- Veranos en Galicia: tres semanas en O Grove. Yuly aprendió a nadar entre bateas, a decir “me cago na mar” cuando se le caía el helado, y a dormir la siesta con el ruido de las gaviotas. Volvía a Boston con la piel salada y el acento español que duraba hasta octubre.
- Miedo infantil: que la Santa Compaña viniera por la ventana de su cuarto. Solución: Carmen colgó una vieira de plata en la cortina y le dijo que “las meigas no cruzan el Atlántico sin visado”.
8-14 años: la frontera entre dos mundos
- Colegio: St. Theresa of Ávila School. Uniforme gris, calcetines hasta la rodilla. Yuly era la única que llevaba en la mochila pan de millo envuelto en papel de aluminio.
- Deporte: soccer en el equipo de West Roxbury. Carmen en la grada con termo de caldo gallego y gritando “¡Venga, Yuly, que eso no es falta, es caricia!”.
- Primer conflicto identitario: una compañera le dijo “you don’t look Spanish”. Yuly llegó a casa llorando. Carmen le puso el vídeo de Amancio Amaro marcando al Benfica y le dijo: “Mira, él tampoco parecía gallego y metió 500 goles. Tú eres de donde está tu gente”.
- Navidad gallega: el 24 por la noche, mariscada en la mesa del comedor: centolla, nécoras, almejas a la marinera. Yuly se encargaba de abrir las cigalas con el cascanueces. El 25, pavo americano “para que no nos miren raro los vecinos”.
- Libro favorito: “A Viaxe de Gagarin” en gallego (edición bilingüe). Lo leía con linterna bajo las sábanas porque “los astronautas también hablan gallego”.
Hilos conductores de toda la infancia
1. El mar: aunque esté a 3.000 millas, siempre hay una concha en la mesilla de Yuly.
2. El olor: a pimiento de Padrón frito los viernes, a leña del hogar en invierno, a marisco cada Nochebuena.
3. La frase: cada septiembre, antes de volver al cole, Carmen le dice: “Yuly, recuerda: eres atlántica por los cuatro costados. Boston te da alas; Galicia, raíces. No elijas, lleva las dos.”
Yuly todavía no sabe cuál elegir, pero guarda las Converse pintadas en la caja original, debajo de la cama, junto a la vieira de plata que ya no necesita para dormir.

Resumen en una imagen
Yuly a los 14 (la de la foto original):
- Cabello rubio ondulado (herencia de la mezcla gallega-andaluza-bostoniana).
- Ojos verdes claros (como el mar de Ribadeo en calma).
- En la mochila: un libro de texto, un AirPod, y un tupper con lacón con grelos que huele a hogar a 3.000 km de distancia.
Frase que Carmen le repite desde que nació: (en gallego)
“Ti es americana de pasaporte, galega de corazón e malagueña de carácter. E se alguén che pregunta de onde es, dille: ‘Da casa onde me queren’.”
Yuly pone los ojos en blanco… pero se la sabe de memoria
Origen
- Esperando a mi Daddy. Friday, September 6, 1995. pagina 5
- Grok

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