Etiqueta: Esperando a mi Daddy
Thursday, September 7th, 1995. 05:00 PM
Rechazar lo que más anhelas: La paradoja del autosabotaje
Por Ana, tutora del St. Clare’s
Introducción: Un anhelo rodeado de murallas
A lo largo de mis años como educadora, he visto a incontables jóvenes enfrentarse a sus miedos y aspiraciones. Sin embargo, pocos casos ilustran la compleja danza del autosabotaje con tanta claridad como el de «Jessica». Una adolescente cuyo mundo giraba en torno a una sola esperanza: que su padre español, a quien nunca conoció y llamaba «Daddy», viniera un día a buscarla a Medford. Este anhelo era el sol de su universo. Pero, paradójicamente, Jessica se negaba con una terquedad inquebrantable a dar el paso más lógico para acercarse a él: aprender español.
Su resistencia era un muro que ella misma construía ladrillo a ladrillo. Cuando le preguntaba por qué no quería aprender el único idioma que la conectaría con sus raíces y con el hombre que tanto esperaba, su respuesta revelaba el núcleo de su miedo. Racionalizaba su rechazo diciendo que no quería hacer un esfuerzo que al final podría ser «una pérdida de tiempo» si se llegaba a demostrar que «Daddy no es mi padre». En esa frase se escondía la verdad: el miedo a un posible desengaño era tan poderoso que prefería sabotear su propio sueño antes que arriesgarse a que se rompiera.
1. Anatomía de una contradicción: El caso de Jessica
1.1. El sueño como motor y refugio
Para entender a Jessica, primero hay que comprender que toda su vida estaba construida sobre la espera. Su objetivo principal, su razón de ser, era aguardar a que «Daddy» viniera a buscarla. Esta idea no era solo un sueño; era el pilar que sostenía sus decisiones más importantes. Llegó a argumentar en contra de considerar universidades lejanas con una lógica aplastante desde su perspectiva: «Si me voy y no me encuentra, tal vez no me espere ni me busque más». Su futuro estaba en pausa, anclado a un único punto en el mapa, esperando un reencuentro que solo existía en su imaginación.
1.2. La barrera autoimpuesta: «I don’t speak Spanish»
A pesar de que su anhelo tenía un origen claramente español, Jess mantenía una resistencia activa y a veces hostil hacia este idioma. En clase, su actitud se traducía en un rendimiento pobre que la exponía al ridículo y la llenaba de frustración. Intentaba minimizar la importancia de esta conexión vital, defendiendo que el español «tan solo es un idioma y podría aprender cualquier otro«. Con esta justificación, trataba de convencerse a sí misma y a los demás de que su rechazo era una elección lógica y no lo que realmente era: una barrera autoimposta para protegerse de una posible decepción.
1.3. La inacción como defensa
La filosofía de vida de Jessica se podía resumir en una frase que repetía como un mantra: «Daddy tiene que venir a por mí«. Esta postura pasiva la eximía de cualquier responsabilidad en la búsqueda. Colocaba todo el poder y toda la acción en manos de una figura idealizada, mientras ella esperaba. En nuestras conversaciones, yo le advertía sobre el peligro de vivir en el «cuento de la lechera», explicándole que mientras esperaba que todo se resolviera por arte de magia, se estaba perdiendo «lo maravilloso de la vida» que pasaba a su alrededor.
2. La intervención: Estrategias para derribar los muros
2.1. Construyendo cimientos para el futuro
Esa tarde, decidí que era hora de hablar con ella de una manera más directa. Entré en su habitación con el objetivo de hacerle ver que, independientemente de lo que sucediera con su padre, necesitaba construir un plan de vida propio. Le presenté una serie de puntos claros y prácticos para darle una estructura que iba más allá de su espera:
- Organización y estudio: Le enfaticé la necesidad de establecer un horario fijo de estudio, dedicando un mínimo de dos horas diarias para centrarse en sus asignaturas.
- El sistema GPA: Le expliqué cómo funcionaba el sistema de calificaciones (GPA) y el riesgo real que corría. Un GPA por debajo de 2.0 podría significar que ninguna universidad la aceptara, cerrándole puertas fundamentales para su futuro.
- Más allá de las notas: Le recordé que las universidades no solo miran las calificaciones. Valoran las horas de servicio comunitario, la iniciativa personal y la capacidad de liderazgo, áreas en las que ella no estaba invirtiendo energía.
2.2. Un desafío directo al miedo: La oferta del viaje a Toledo
Tras sentar las bases para su futuro, llegó el momento de abordar el obstáculo en su raíz. Decidí hacerle una oferta que sabía que no podría aceptar, precisamente para exponer la verdadera naturaleza de su miedo. La propuesta era concreta: un viaje de dos meses a Toledo, la ciudad natal de su padre, pero con una condición innegociable: debía aprobar todas sus asignaturas, consiguiendo específicamente una nota superior a 70 en español. El desafío apuntaba directamente a su principal muro de resistencia.
Su reacción fue inmediata y visceral, una explosión de pánico que confirmaba mis sospechas. Su respuesta fue un rotundo y repetido «¡No iré!», seguido de una amenaza desesperada: «Si me obligas, me escaparé y estaré escondida». En ese momento quedó claro que su miedo a que la realidad no estuviera a la altura de su fantasía era mucho más fuerte que su anhelo de descubrir la verdad.
2.3. La apuesta: Convertir la resistencia en motivación
Viendo que la confrontación directa solo reforzaba sus defensas, decidí cambiar de estrategia. Le propuse una apuesta, un acuerdo que usaría su propia resistencia a su favor. Las condiciones eran sencillas:
| Resultado del GPA a final de curso | Consecuencia para el verano de Jess |
| Superior a 3.0 | Se queda en Medford de vacaciones, como siempre. |
| Entre 2.0 y 3.0 | Se queda, pero debe buscar una actividad productiva. |
| Inferior a 2.0 | Se va a Toledo de vacaciones. |
Con esta apuesta, logré que su objetivo cambiara. Comprendí que un enfrentamiento directo era inútil. La apuesta era una forma de judo psicológico: usaba toda la fuerza de su resistencia contra sí misma. Para «ganar» y quedarse en Medford, ahora tenía que hacer precisamente lo que se negaba a hacer: estudiar. Utilicé su terquedad («testarudez», como yo la llamo) en su propio beneficio, convirtiendo su evasión del sueño en el combustible para construir su futuro.
3. La raíz del problema: Cuando el miedo protege al sueño
Mis intervenciones no fueron arbitrarias; se basaron en un diagnóstico claro de su comportamiento. El caso de Jess es un claro ejemplo de cómo el autosabotaje funciona como un mecanismo de defensa. Ella protegía con ferocidad la fantasía de un padre perfecto, uno que, en sus propias palabras, «es mejor de lo que me imagino». Cualquier paso hacia la realidad, como aprender español o viajar a Toledo, suponía un riesgo intolerable: el riesgo de descubrir que ese padre idealizado no existía, que la realidad era más compleja, o incluso dolorosa.
Su terquedad, que ella defendía como «perseverancia» o ser «una chica con las ideas claras», no era más que un escudo. Un escudo para no mostrarse vulnerable, para no enfrentarse a un posible rechazo o a una verdad que pudiera derrumbar el pilar sobre el que había construido su identidad. Al negarse a actuar, mantenía su sueño intacto, puro y a salvo en el reino de la fantasía.
Conclusión: El primer paso, aunque sea de espaldas
Es cierto que la motivación actual de Jessica para estudiar no es el deseo de conectar con su padre, sino evitar lo que ella percibe como un castigo: el viaje a Toledo. Sin embargo, el resultado es innegablemente positivo. Por primera vez, ha aceptado un reto, se ha comprometido a esforzarse y ha tomado las riendas de su rendimiento académico.
Este patrón de autosabotaje es más común de lo que parece. Muchas veces, por miedo al fracaso o a la decepción, nos convertimos en nuestros peores enemigos, construyendo muros alrededor de nuestros anhelos más profundos. Pero el caso de Jess nos enseña algo esperanzador: el verdadero progreso a menudo comienza con un pequeño paso, incluso si se da por las razones equivocadas o, como en su caso, de espaldas a la meta final.
El camino es largo, pero ese primer paso se ha dado. Y en su promesa, lanzada con un orgullo desafiante, resuena todo su potencial latente:

Jessica: «¡Ni tú te creerás las notas que sacaré!».
A veces, ese es todo el comienzo que se necesita.
Origen
- Thursday, September 7th, 1995- página 5
- NotebookLM
