3. ¿Perseverancia o terquedad?

Etiqueta: Esperando a mi Daddy

Thursday, September 7th, 1995. 05:00 PM

¿Perseverancia o terquedad? La delgada línea que define tu futuro

Por Ana, tutora del St. Clare’s

Introducción: Una reflexión vespertina

Es la tarde del 7 de septiembre de 1995. El sol comienza a descender, tiñendo el cielo con tonos anaranjados, y me encuentro meditando sobre una conversación reciente con Jessica, una joven a mi cargo. La charla me ha dejado pensando en dos cualidades que a menudo se confunden, como dos caminos que parten del mismo punto pero llevan a destinos completamente opuestos: la perseverancia y la terquedad. Ambas implican firmeza, una voluntad de no ceder. Pero, ¿cómo distinguimos entre la firmeza que nos impulsa hacia adelante, que construye nuestro futuro, y la obstinación que nos mantiene anclados, impidiéndonos crecer? Y más importante aún, ¿cómo esa distinción moldea el porvenir de una vida que apenas comienza?

1. Definiendo el Terreno: Dos Caras de la Misma Moneda

La Perseverancia: Construyendo el Mañana

La perseverancia es el motor del crecimiento. Es el esfuerzo sostenido y estratégico hacia un objetivo tangible y beneficioso. Pensemos en una meta académica, como conseguir una buena calificación para acceder a la universidad. Aspirar a un GPA alto, por encima de 3.0 e idealmente rozando el 4.0, es un claro ejemplo de perseverancia. No se trata solo de trabajar duro, sino de hacerlo con inteligencia, con una visión de futuro. Requiere disciplina, adaptabilidad y la comprensión de que el esfuerzo de hoy construye las oportunidades de mañana. Como siempre intento recordar a mis alumnas, «para la selección de estudiantes se tienen en cuenta muchos factores», y es crucial entender que «un GPA bajo en 12th Grade te deja en la calle». La perseverancia, por tanto, es constructiva; edifica puentes hacia un futuro deseado.

La Terquedad: Un Ancla en el Presente

La terquedad, o testarudez, es su contraparte estática. Es una resistencia al cambio, un ancla lanzada en el presente que impide cualquier movimiento hacia el crecimiento. Es el acto de aferrarse a una única idea, a un único lugar, rechazando cualquier oportunidad que pudiera conducir al mismo objetivo por un camino diferente, quizás incluso más prometedor. Durante nuestra conversación, se lo expliqué a esta joven directamente:

Ana: Yo diría, más bien, que en tu caso no es perseverancia, sino testarudez, lo cual no te favorece demasiado porque demuestras que no te gustan los cambios y en esta vida hay que madurar.

Su negativa a moverse del St. Clare’s, su hogar, es una manifestación perfecta de esta cualidad: una fijación que, en lugar de protegerla, la aísla.

2. El Espejo de la Juventud: Cuando la Meta se Convierte en Obstáculo

Un Objetivo Fijo

Tengo bajo mi tutela a una joven con un objetivo admirablemente claro: esperar a su padre. A primera vista, es una muestra de lealtad y esperanza que conmueve. Ella misma se defiende con una convicción que desarma:

Jessica: "Soy una chica independiente que no se deja arrastrar por malas influencias. Una chica con las ideas claras y los objetivos definidos.

Su meta es noble, y su determinación, innegable. Sin embargo, es en el «cómo» donde su loable perseverancia empieza a desdibujarse.

La Paradoja de la Inacción

Aquí reside la paradoja: su método para alcanzar el objetivo se ha vuelto contraproducente. Se niega a aprender español, el idioma de su padre. Rechaza explorar el mundo más allá de los muros que conoce, convencida de que cualquier movimiento es una traición a su espera. Su enfoque, en lugar de acercarla a su meta, la aísla y limita drásticamente sus posibilidades. Como le respondí, "Eres una chica que no ha explorado todas sus cualidades." Su firmeza se ha convertido en una jaula. Una jaula que, lamentablemente, no es solo autoimpuesta; observo cómo sus compañeros, con la crueldad casual de la adolescencia, refuerzan los barrotes con burlas y una cancioncilla hiriente sobre su apellido. La perseverancia, sin la flexibilidad para adaptarse, se transforma en una terquedad que la mantiene prisionera de su propio plan y del juicio ajeno.

3. Un Futuro en Juego: El Reto de Crecer

La conversación que mantuvimos esta tarde fue tensa, un pulso entre su miedo al cambio y mi deseo de verla crecer. Sin embargo, culminó de una manera inesperada. No fui yo quien le impuso un desafío; fue ella quien, en un acto de defensa inteligente, forjó la llave de su propia jaula.

La Propuesta

Acorralada por mis argumentos sobre su futuro, pero lejos de rendirse, me lanzó una propuesta que vincula directamente sus resultados académicos con su porvenir inmediato. Fue su idea, su desafío, y yo lo acepté al instante. Las condiciones que ella misma estableció son claras:

  • GPA menor de 2.0: Aceptará un viaje a Toledo en verano, a la ciudad natal de su padre.
  • GPA mayor de 3.0: Se queda en el St. Clare’s, tal y como desea.
  • GPA intermedio: Se queda, pero con el compromiso de buscar una actividad provechosa para los meses de verano.

La Lógica detrás de Aceptar su Desafío

Acepté sus términos sin dudarlo porque, en su astucia defensiva, diseñó la prueba perfecta. Su propia propuesta la obliga a demostrar si su inmovilismo nace del miedo al cambio (terquedad) o de un deseo genuino de conexión (perseverancia). Si realmente quiere encontrar a su padre, ¿qué paso podría ser más lógico y valiente que aprender su idioma y visitar su lugar de origen? Su resistencia a estas ideas revela el verdadero obstáculo.

Lo irónico es que la vida ya le está mostrando el camino. Se queja amargamente de su clase de español, pero es precisamente en esa aula donde ha encontrado a su única nueva amiga, una joven hispanohablante llamada Yuly. La misma materia que rechaza es la que le ha ofrecido un puente hacia la conexión, una prueba de que el crecimiento a menudo proviene de los lugares que más nos resistimos a explorar. Como le advertí, la vida no espera a que estemos preparados.

Ana: "Si viene y tú ‘do not speak Spanish’, tal vez te deje con nosotras hasta que lo aprendas."

El encuentro que tanto anhela requiere que ella también se ponga en movimiento. Ahora, gracias a su propio desafío, deberá decidir qué pesa más: su miedo o su esperanza.

4. Conclusión: La Elección Diaria que Nos Define

La delgada línea que separa la perseverancia de la terquedad reside, en última instancia, en nuestra voluntad de adaptarnos, aprender y crecer. La perseverancia es dinámica; es una fuerza que construye puentes hacia el futuro, ajustando el rumbo cuando es necesario sin perder de vista el destino. La terquedad, en cambio, es estática; es una fuerza que construye muros alrededor de un presente inmutable, sacrificando el objetivo por la rigidez del método. La elección entre construir puentes o muros es una que tomamos cada día. Y tengo la esperanza, y la confianza, de que la juventud, con la guía adecuada, siempre sabrá elegir el camino que la lleve a explorar todo su inmenso potencial.

Jessica//Nano Banana

Origen

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