Toledo, verano de 1977

Etiqueta: Esperando a mi Daddy

Thursday, September 7th, 1995. 07:30 PM

Introducción

Como tal en la novela no está la escena de la conversacion que Yuly y su madre mantuvieron en esos días, de cuando ésta le preguntó si sabía algo de Toledo, porque ella no estaba demasiado segura de saber ubicarlo en el mapa y prefería confiar en los conocimientos de la madre antes que dar una informacion equivocada.

Yuly sabe dónde se encuentra Vigo, la ciudad natal de su madre donde viven sus abuelos y dond ella pasa todos los veranos.

Yuly: Vigo se encuentra en el flequillo. – Interrumpe en un perfecto español, sin cohibirse, como si se hubiera enterado de todo.

Wednesday, september 6

Spanish time

¡Las madres lo saben todo!

Las madres tienen las típicas frases de madre cuando les preguntas «¿Mamá, donde está…..?» y te responden con total seguridad desde el otro lado de la casa

  • Seguro que lo tienes delante de las narices
  • En el segundo cajón a la derecha
  • Tercer estante, detrás de…..

Y aciertan en el 100% de las ocasiones.

De manera que, cuando Yuly le pregunta a su madre si ella sabe dónde está Toledo, la respuesta no puede ser más concreta e inequivoca:

Carmen: Yo estuve allí en el verano de 1977, haciendo un curso de verano.

Es decir, no fue una visita turistica de un día para ver la catedral, fue una estancia de varios días, semanas, pudiendo recorrer sus calles, fijarse en esos detalles que los visitantes de un día pasan por alto. En septiembre de 1995, aunque hayan pasado los años, la madre de Yuly es como la Wikipedia del momento, porque Toledo forma parte de su historia personal.

Además de saber dónde se encuentra Toledo, tiene un albúm de fotos de su estancia allí, por lo que para Yuly es toda una sorpresa, dado que no solo tiene la oportunidad de proporcionarle informacion a Jessica, aunque está se muestre reacia a saber, es que podrá mostrarle imágenes de Toledo, de alguien que ha estado allí.

Es un recuerdo que tal vez ha permanecido callado a la espera de que alguien lo avivase y es muy probable que esta vez fuera la persona que menos se hubiera esperado y por el motivo más inusual, Yuly ha conocido a una compañera en el high school que parece tener un vínculo con esa ciudad.

Toledo, 1977

Toledo en 1977 era una ciudad en bisagra: con el peso de siglos en las piedras del casco histórico y el vértigo de una democracia que acababa de estrenarse. Era, a la vez, ciudad antigua y país nuevo.

Contexto histórico

En 1977 España vivía la Transición con las primeras elecciones democráticas desde la Segunda República, celebradas el 15 de junio, lo que se reflejaba también en la provincia y en la ciudad de Toledo, tanto en la actividad política como en el ambiente en calles y plazas. La ciudad dejaba atrás décadas de dictadura, con nuevos partidos, carteles electorales aún frescos en la memoria y una mezcla de esperanza, incertidumbre y debates en cafés y círculos vecinales.

Plaza de Zocodover. © Museo Etnográfico de Castilla y León, fondo Carlos Flores, signatura TO 1977 Toledo 113

Una ciudad aún tranquila

En 1977 el casco seguía siendo el centro casi absoluto de la vida toledana: Zocodover como punto de encuentro, el eje Comercio–Ancha lleno de pequeños comercios de toda la vida y coches mucho más escasos que hoy. Las noches de verano se llenaban de gente paseando, terrazas sencillas, heladerías y familias sentadas en los bancos, porque el ocio era sobre todo de calle.

Plaza de Zocodover (1977)

Entre el casco y el Polígono

La gran novedad urbana era el desarrollo del Polígono de Santa María de Benquerencia, todavía joven, con bloques nuevos, calles a medio arbolar y una identidad que empezaba a cuajarse a base de colegios, bares de barrio y primeras asociaciones vecinales. Esa fractura entre la “ciudad histórica” y la “ciudad nueva” marcaba mentalmente a muchos toledanos, que vivían, trabajaban o estudiaban cruzando ese puente físico y simbólico cada día.

La Transición en las calles

Apenas había pasado un mes desde las primeras elecciones democráticas de junio, y la política se respiraba en las conversaciones de café, en los bares y en los corrillos de plaza. Quedaban restos de carteles electorales, siglas recién aprendidas y una mezcla muy extraña de ilusión, miedo y curiosidad: vecinos que por primera vez hablaban abiertamente de partidos, de “Madrid”, de lo que se aprobaba en las nuevas Cortes.

Veranos más lentos

El verano del 77 era más lento que los de ahora: menos turistas, menos coches, menos ruido visual. Los niños jugaban en la calle hasta tarde, las fiestas de barrios y pueblos de la provincia marcaban el calendario, y las escapadas podían ser al río, a las piscinas o a los pueblos de origen de la familia. No había teléfonos móviles ni pantallas; lo que llenaba la memoria eran las voces, los olores de las cocinas abiertas al patio y las campanas marcando el ritmo del día.

Paseo de Recaredo  en Toledo el 30 de diciembre de 1977. Fotografía de Peter Laurence
Paseo de Recaredo en Toledo el 30 de diciembre de 1977. Fotografía de Peter Laurence
Alcázar de Toledo el 30 de diciembre de 1977. Fotografía de Peter Laurence
Alcázar de Toledo el 30 de diciembre de 1977. Fotografía de Peter Laurence

Verano del 77 y clima social

El verano del 77 estuvo también condicionado por un tiempo anómalo a nivel peninsular, hasta el punto de que algunos meteorólogos lo recuerdan como un “no‑verano”, con jornadas menos cálidas de lo habitual, lo que influía en la sensación de la estación, las costumbres de calle y las escapadas a pueblos y piscinas. Aun así, las fiestas locales, las terrazas y los encuentros nocturnos en plazas y paseos seguían siendo un espacio privilegiado para comentar política, futuro y recuerdos todavía muy recientes de la dictadura.

Academia de Infantería vista desde el Alcázar de Toledo el 30 de diciembre de 1977. Fotografía de Peter Laurence
Academia de Infantería vista desde el Alcázar de Toledo el 30 de diciembre de 1977. Fotografía de Peter Laurence

​El verano del 77 era más lento que los de ahora: menos turistas, menos coches, menos ruido visual. Los niños jugaban en la calle hasta tarde, las fiestas de barrios y pueblos de la provincia marcaban el calendario, y las escapadas podían ser al río, a las piscinas o a los pueblos de origen de la familia. Lo que llenaba la memoria eran las voces, los olores de las cocinas abiertas al patio y las campanas marcando el ritmo del día.

Cultura y memoria visual

En 1977 se seguían reforzando los símbolos culturales de la ciudad, desde el Alcázar y la catedral hasta nuevos homenajes a figuras locales, como el dedicado al maestro Jacinto Guerrero en el Paseo de Merchán, que forma parte del imaginario toledano de esos años. Las fotografías de finales de 1977 muestran una ciudad aún poco masificada por el turismo de masas, con coches antiguos, publicidad de la época y una atmósfera más reposada, que para muchos queda asociada a los recuerdos de ese verano y de aquella Navidad.

Calle cardenal Cisneros. Votantes de las elecciones generales del 15 de junio de 1977 en Toledo

En julio de 1977, las “noticias locales” de Toledo están marcadas por la resaca de las primeras elecciones democráticas de junio, la configuración de los nuevos representantes por la provincia y una vida ciudadana que empieza a normalizar la política en plena Transición. En la prensa provincial y en la conversación cotidiana dominan la información electoral, los cambios institucionales y la coexistencia con la rutina estival (fiestas, verbenas, obras, pequeñas crónicas de barrios y pueblos).

Más allá de la política, el julio del 77 en Toledo estaba atravesado por la temporada estival, con noticias sobre fiestas patronales en pueblos de la provincia, actividades culturales y apertura o uso de instalaciones educativas y residenciales como la Universidad Laboral de Toledo, recién concluida en 1977 y que simbolizaba la modernización urbana en el entorno de la ciudad. La combinación de casco histórico, nuevos barrios y equipamientos, y la llegada progresiva de un discurso democrático configuraba el telón de fondo de las “noticias locales” que leía un toledano en aquel verano

Universidad Laboral “Blas Tello” con la ciudad histórica de Toledo al fondo, Toledo, autor de la fotografía desconocido.

Un Toledo que empezaba a cambiar

Por debajo de esa aparente calma, la ciudad se movía: nuevas promociones de vivienda, primeras reformas de edificios antiguos, llegada de estudiantes a centros como la Universidad Laboral o institutos que abrían la ciudad a gente de otros lugares. Muchos toledanos no eran del todo conscientes, pero aquel 1977 fijó un antes y un después: el último verano de un Toledo que miraba sobre todo al pasado y el primero de un Toledo que empezaba, tímidamente, a imaginar su futuro.

Castillo de san Servando en Toledo el 30 de diciembre de 1977. Fotografía de Peter Laurence

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