Etiqueta: Esperando a mi Daddy
Friday, September 8th, 1995. 07:45 AM
Una Señal en el Pasillo: Mi Taquilla, la Suya y una Amistad Inesperada
Por Jessica Marie Bond
Introducción: Un Comienzo de Curso entre la Soledad y la Sorpresa
Esta mañana de viernes, 8 de septiembre, el tercer día de clase, me he levantado con la misma sensación de siempre: la de ser un fantasma que recorre los pasillos. Hacer nuevas amistades nunca ha sido mi fuerte, y este instituto (high school) no parecía que fuera a ser la excepción. Me sentía sola, aislada, contando los minutos para volver a la seguridad de mi habitación en el St. Clare’s.
Y entonces, en medio de todo, apareció Yuly. Se sienta a mi lado en la odiada clase de Spanish, una asignatura que solo soporto porque es la condición para no acabar en Matignon High. Al principio desconfiaba de ella, de su entusiasmo y su interés por mí. Pero, al mismo tiempo, su presencia a mi lado era un alivio. Por primera vez en mucho tiempo, no estaba completamente sola.
Dos Mundos en el Mismo Pupitre
Nuestra relación comenzó como una extraña alianza entre dos mundos opuestos, forzada por las circunstancias de la clase de Spanish.
La Entusiasta y la Escéptica
Yuly es la alumna perfecta en Spanish. Muestra un entusiasmo que me resulta casi sospechoso y, para colmo, habla el idioma porque su madre es española. Para ella, la clase es una oportunidad; para mí, es una obligación, un peaje que debo pagar para poder quedarme en el St. Clare’s, el único hogar que conozco. No entendía del todo sus motivaciones para acercarse a mí. ¿Era solo por el trabajo en común que teníamos que presentar? En realidad, temo lo que pueda pasar cuando entreguemos la redacción. Yuly es mucho más sociable que yo; temo que empiece a tomar confianza con alguna otra chica, se olvide de mí y nuestra extraña amistad se disuelva porque, al final, lo de la clase de Spanish no durará todo el año.
Una Alianza Inevitable
A pesar de mis dudas, su compañía era conveniente. Los chicos de clase han empezado a burlarse de mí con una cancioncita estúpida, y Yuly, con su entusiasmo desbordante, también se hace notar demasiado. Esto nos deja a las dos con pocas opciones. O nos unimos y buscamos una complicidad, por difícil que sea, o acabamos como dos solitarias. Además, sería una estupidez por mi parte rechazar el acercamiento de la más lista de la clase, sobre todo si es ella quien muestra interés. Si necesito un empujón para aprobar Spanish, ella es mi mejor baza.
El Descubrimiento en el Pasillo de las Taquillas

La mañana del 8 de septiembre, todo cambió. Llegué al pasillo con tiempo de sobra para dejar mis cosas en la taquilla, esperando unos minutos de tranquilidad antes de la primera clase. De repente, la vi llegar. Yuly, apurada como siempre por el tráfico, corría por el pasillo. Para mi sorpresa, se detuvo a poca distancia de mí y abrió su taquilla. Hasta ese momento no sabía cuál era la suya, y nunca imaginé que estarían tan cerca. Fue entonces cuando tuvimos nuestra primera conversación fuera del aula, un breve intercambio que lo significó todo.
Yuly: ¡Por los pelos! – Me dice en tono afable. – Había tráfico. – Me comenta. – Si se tratase de Mr. Bacon, no me hubiera importado llegar tarde y faltar a clase, pero éste es un hueso duro.


Jess: ¡Si yo falto a clase de Spanish, me cuelgan! – Le respondo con complicidad. – Con el resto de las asignaturas no importa tanto porque se supone que soy más responsable.
Yuly: Conmigo tampoco hacen excepciones. – Me contesta.

Y en ese instante, mientras guardábamos nuestros libros, me di cuenta de la señal. Nuestras taquillas, dos pequeños mundos metálicos en un pasillo enorme, estaban increíblemente cerca: tan solo nos separan cuatro.
Más que Compañeras: La Esperanza de una Cómplice
Puede parecer una tontería, pero la proximidad de nuestras taquillas era más significativa de lo que nadie podría imaginar. De repente, teníamos algo más en común que una simple obligación académica. Teníamos un posible punto de encuentro, un lugar físico que nos unía más allá del pupitre.
Este pequeño detalle facilitaba un saludo por la mañana, un momento de complicidad que podía afianzar esa posible amistad que tanto temía y anhelaba a la vez. Mi miedo a que nuestra relación terminara con el trabajo de Spanish empezó a disiparse. Quizás, solo quizás, esto podría durar. Justo en ese momento, la Sra. Bradford pasó a nuestro lado y nos llamó la atención: «A ver, las charlatanas, ¡qué empiezan las clases!». Fue como una confirmación externa. A los ojos de los demás, ya no éramos dos extrañas sentadas juntas. Éramos «las charlatanas», éramos un nosotras.
Conclusión: Cuatro Taquillas de Distancia
Las taquillas se han convertido en una metáfora de nuestra relación. Somos diferentes, venimos de mundos distintos, pero estamos muy próximas, separadas solo por una pequeña distancia que parece fácil de salvar. Aunque sigo siendo cautelosa y no sé si esta amistad durará más allá de unas pocas semanas, este pequeño descubrimiento en el pasillo me ha dado una razón para tener esperanza. Por primera vez desde que empezó el curso, no me siento como un fantasma. Me pregunto qué pasará en los próximos días, si estas cuatro taquillas de distancia se convertirán en el puente hacia una verdadera complicidad. Solo el tiempo lo dirá.


