Un Mundo de Diferencias

Etiqueta: Jessica, Esperando a mi Daddy

Saturday, September 9, 1995, MHS (09:00 AM)

Mi Amiga Yuly y Yo: Un Mundo de Diferencias

Por Jessica Marie Bond (adolescente)

Introducción: Una Amistad Inesperada

A veces pienso que mi mundo tiene unas fronteras muy claras. St. Clare’s, la espera, y la idea de Daddy. Pero esta semana, alguien nuevo ha aparecido, y esas fronteras han empezado a desdibujarse. Nos conocimos en clase de español.

Ella, Yuly, llegó tarde el primer día y se acercó al único pupitre que quedaba libre, el que estaba a mi lado. «Creo que somos las únicas que estamos solas«, me dijo.

Fue su observación, no la mía. Yo no buscaba a nadie. Pero ella vio algo, una similitud, y tomó la iniciativa. Desde ese momento, no he podido dejar de pensar: «Somos dos chicas bastante diferentes, por lo que supongo que, en cualquier otra circunstancia, no habríamos llegado a ser amigas». A pesar de todo, ha insistido en que hagamos juntas un trabajo para la clase, y ahora, mientras la conozco, no puedo evitar explorar todas esas diferencias que nos separan.

1. A Simple Vista: Apariencia y Orígenes

Basta con mirarnos para saber que no tenemos nada en común. Yuly es rubia de piel clara y rasgos europeos. El segundo día de clase ya vestía de manera más informal, más ella misma. Yo, en cambio, soy morena y de rasgos mixtos, amerindios y europeos. Es un contraste que va más allá de la ropa; es como si nuestras apariencias contaran la historia de dos mundos distintos, anunciando el abismo que hay en todo lo demás.

2. Nuestras Vidas: Dos Realidades Opuestas

Ese abismo se hace más profundo cuando pienso en cómo vivimos. Nuestras vidas no podrían ser más distintas.

  • La Familia y el Hogar de Yuly

Yuly es hija única y vive con sus padres en West Roxbury, en lo que ella describe como una «familia acomodada». Su vida parece sacada de un libro: el año escolar en casa y las vacaciones de verano en Vigo, España, con sus abuelos y su tío. Pero cuando habla de ello, a veces suena como una jaula. Me ha confesado que se siente «demasiado controlada» y que envidia la libertad que yo aparento tener. Ella no siente el anhelo de reencontrarse con sus padres porque los ve todos los días; de hecho, a veces desearía no verlos tanto. Yuly envidia mi supuesta libertad, pero no entiende que mi libertad es el vacío de no tener a nadie que te controle. Es una libertad que no he elegido, y la cambiaría en un instante por el tipo de hogar que a ella le parece una prisión.

  • Mi Vida en el St. Clare’s

Mi realidad es el reverso de la suya. Yo vivo en el St. Clare’s Home. No viajo en verano, no me muevo de aquí a menos que me obliguen. Mi vida entera es una espera constante, un anhelo por encontrarme con «Daddy» que consume casi todos mis pensamientos. Mientras ella tiene una familia que la sobreprotege, yo me aferro a la esperanza de un padre que ni siquiera sé si sabe que existo. La diferencia económica también es obvia. Mi situación depende de la «generosidad de la gente», y estoy segura de que Yuly «lleve en la cartera bastantes más dólares que yo».

3. En Clase de Español: La Experta y la Principiante

La clase de español, el lugar donde empezó todo, es el escenario donde nuestro contraste es más claro. Es casi como una obra de teatro sobre lo diferentes que somos.

  • Yuly, la Entusiasta

Yuly habla español perfectamente porque su madre es española. Para ella, la clase tiene un «nivel muy bajo». Su único objetivo es sacar la máxima nota para poder dedicarse a otras asignaturas. Aspira a matricularse en el nivel «honor» el próximo curso. Está aquí casi por trámite, demostrando una habilidad que yo ni siquiera puedo imaginar.

  • Yo, la Obligada

Yo estoy en esa clase bajo el «chantaje emocional» de Ana, mi tutora. Es la condición para poder quedarme en el St. Clare’s. Cada palabra en español que no entiendo se siente como un muro más alto entre mi padre y yo. Mi resistencia al idioma es una defensa; es el miedo a que si de verdad lo aprendo, la esperanza que me mantiene esperando se desvanezca. En el primer cuestionario, fui la última en terminar; me sentí «la más torpe» del grupo. Mi postura se resume en lo primero que le dije a Yuly, mi escudo habitual: «No, I don’t speak Spanish».

4. Formas de Ser: Sociable vs. Reservada

Nuestras personalidades son otro reflejo de nuestras vidas. Yuly es sociable, curiosa. Fue ella quien rompió el hielo y propuso que hiciéramos el trabajo juntas. Yo, en cambio, soy todo lo contrario. Prefiero pasar los descansos «sola y escondida en cualquier rincón». No es solo timidez; es una táctica de supervivencia que he aprendido en el St. Clare’s, una forma de asegurarme de que mi presencia no le estorbe a nadie.

Los encuentros interparroquiales son el ejemplo perfecto. Para Yuly, eran una «excusa para salir de casa y estar con las amigas». Para mí, eran eventos a los que iba por obligación, donde mi presencia era «bastante discreta». Entraba por una puerta y salía por la otra, esperando que nadie se diera cuenta de que había estado allí.

Conclusión: ¿Polos Opuestos?

Mirando toda esta lista, es innegable que somos de mundos diferentes. Aun así, Yuly ha insistido. Ha mostrado un interés genuino, ha sido amable y se ha ofrecido a ayudarme con una asignatura que para mí es una tortura. Hasta ahora, mi mundo tenía unas fronteras muy claras. Con Yuly, es como si todas esas fronteras empezaran a desdibujarse, y no estoy segura de si eso me asusta o me da esperanza. ¿Puede una amistad así funcionar de verdad? Todavía no lo sé.

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