La verdad sobre la parada de bus

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La verdad sobre la parada de Fulton St. (O por qué estar en el mismo sitio no significa nada)

Por Gabe, vecino y compañero de bus

El escenario del crimen: Fulton Street a las 07:05 AM

Son las 07:05 AM. Aquí estoy, otra vez, en la esquina de Fulton St. & Fulton Spring Rd. No es que me flipe madrugar —a nadie con dos dedos de frente le gusta estar a estas horas en la calle— pero es lo que hay. Estar aquí antes que nadie no es por entusiasmo, es pura inercia… y por no aguantar el sermón en casa.

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La cuesta de Fulton St. es un auténtico rollo, un cuadro total. Lo peor es ver aparecer a Jessica. Siempre llega tarde, sube la calle como si estuviera participando en unas olimpiadas para patosos. Se nota que vive estresada con sus tonterías. Verla subir esa pendiente a toda leche, con esa cara de pánico, es patético; a veces parece que va a tropezar con su propia sombra y va a acabar rodando como un fardo por toda la acera hasta Fellsway W. ¡Sería gracioso, la verdad!

El «Efecto St. Francis» y la reinvención personal

A ver si nos entendemos: el colegio St. Francis School ya fue. Es pasado, historia, algo que enterrar. Pero claro, hay gente que prefiere quedarse estancada en ese ambiente rancio de monjas y capillas. Ella va por ahí diciendo que soy un «estúpido» porque ahora tengo mis propias ideas. «No, pringada, se llama madurar.»

Lo que me mata es que siga con ese rollo de «niña buena» del St. Francis. ¿En serio? ¿Catequesis los martes por la tarde? ¿Prepararse para la Confirmación en 1995? Es que da el cante. Yo me he liberado de esas etiquetas, pero ella sigue aferrada a ese pasado de rezos y aburrimiento. Si ella quiere ser una «religious nerd», allá ella, pero que no pretenda que yo me hunda con ella en ese pozo de lo que ya no mola.

Anatomía de una no-relación: El caso de Jessica

El hecho de que coincidamos en la misma baldosa cada mañana no significa nada. Es pura geografía, no un vínculo social. Aquí van un par de razones de por qué estar con ella en la parada es un suplicio:

  • Puntualidad de chiste: Siempre llega después que yo, toda deshecha, como si hubiera venido corriendo desde el fin del mundo.
  • La alegría de la huerta: Tiene una «cara de pocos amigos» que echa para atrás. Está siempre amargada, metida en sus dramas internos de víctima.
  • Temas que dan sueño: Que si el trabajo de Spanish con Yuly, que si el miedo a Mr. Bacon… es una pesadez constante.
  • Vínculo inexistente: Compartir la ruta hacia el instituto no nos hace colegas. No sé ni dónde vive (¿en alguna de esas casas viejas de por aquí?), ni me importa.

Justificación de las burlas (Social Survival 101)

Ahora resulta que soy el malo porque me río de sus cosas. Por favor… un poco de realismo en este mundo que a veces parece dar la espalda a la lógica. Si vas por ahí haciendo el ridículo, te van a caer bromas, y no porque yo lo quiera, sino porque es parte de la naturaleza humana. Es supervivencia básica; aprendemos a reaccionar y a adaptarnos a las situaciones que enfrentamos. La risa, aunque a veces puede parecer cruel, es una respuesta emocional a la incomodidad. En lugar de ofenderse, debería considerarse como una oportunidad para reflexionar y crecer. La vida es demasiado corta para tomarse todo tan en serio; a veces, un poco de humor puede servir como un respiro bienvenido.

La jerarquía de las clases y los trabajos escolares

La diferencia entre nosotros es que yo no vivo al borde de un colapso nervioso. Ella repasa su horario (Algebra, English, World History, Spanish) como si fuera una sentencia de muerte. Está aterrorizada por un «suspenso de los gordos» y por lo que piense Mr. Bacon.

A ver, Mr. Bacon es un personaje, un chiste de profesor, pero ella lo trata como si fuera el juez final. Se pasa los descansos comiendo con Yuly y dándole vueltas a sus «motivaciones» para el trabajo de Spanish en lugar de relajarse. Esa intensidad constante es lo que la hace tan rara. Yo tengo cosas mejores que hacer que estresarme por si el español es un idioma unificador o no.

Veredicto final: No somos amigos

Que quede claro: no existe ninguna conexión. No somos un equipo, ni amigos, ni nada que se le parezca. Me da igual si vive en la calle de al lado o en la otra punta del barrio (creo que su calle empieza por E, pero ni idea); el caso es que Fulton St. es solo el sitio donde espero el bus, no un punto de reunión social.

Que nos veamos cada mañana es simplemente mala suerte y una cuestión de logística escolar. Ella tiene su mundo de trabajos imposibles y traumas del St. Francis, y yo tengo mi vida. Así que dejen de inventar rollos de que hay «onda» o algo, porque estar en el mismo sitio a la misma hora es solo un error del destino. ¡A otro perro con ese hueso!

Jessica por los pasillos del MHS// Nano Banana

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