Etiqueta: Esperando a mi Daddy
Crónica de un Lunes en MHS: Entre Números, Verbos y el Fantasma de España
Por Jessica Marie Bond
El bloque de la mañana: Sobreviviendo a solas
Para llegar al bus, me toca enfrentarme a Fulton Street: 0.1 millas con obstáculos y cuesta abajo. Es casi una prueba olímpica y hoy, como durante el resto del curso, Gabe ya estaba en la parada cuando llegué. Ese estúpido fue mi compañero en el St. Francis School y no para de reírse de mí a mis espaldas. Ver su cara de idiota es el peor preámbulo para el desierto que son las primeras horas: Algebra 2, English y World History I. Esas tres clases se me hacen eternas. Me siento aquí, madura y «consciente» según Ana, recordando cómo en St. Francis me saltaba las clases de Spanish o me escondía para no ir a la capilla por las mañanas. Ahora me quedo en mi pupitre, pero sin Yuly al lado, las explicaciones de los profesores son solo ruido. No tener a mi única amiga para compartir una mirada de hartazgo hace que el lunes sea un auténtico «churro». Lo único que me mantiene cuerda es saber que mañana, martes, no habrá clase.
11 de Septiembre de 1995
Primer lunes del curso. He llegado con esa pesadez en el estómago que solo la rutina de un lunes cualquiera puede provocar. No hay nada especial en el aire, solo el olor a cera de los pasillos y el cielo gris de Medford que parece que va a desplomarse sobre nosotros en cualquier momento. Para el resto de los estudiantes, es solo el comienzo de otra semana de clases, pero para mí es un recordatorio de que sigo atrapada en este ciclo, intentando ser invisible mientras el mundo se empeña en ponerme etiquetas.
En un primer momento he sentido el impulso de esperar para saludar a Yuly antes de acudir al aula de Álgebra, pero me he sentido un tanto apurada y al final no he querido entretenerme. Ella viene desde muy lejos y la puntuliadad del bus escolar no es la misma que la del coche. Me ha parecido arriesgado eso de ser yo quien llegase tarde a clase. Tan solo me queda confiar en que nos veremos a la hora del almuerzo, porque tenemos que seguir preparando la redaccion para Mr. Bacon.

Álgebra y la Ausencia de Yuly
La primera hora es Álgebra. Odio sentarme en este pupitre solitario. Aquí no coincido con Yuly, y el silencio del asiento de al lado me obliga a pensar más de la cuenta. Es una estupidez, pero me siento más vulnerable cuando ella no está para llenar el espacio con su seguridad.
A veces me pregunto por qué no he salido corriendo. Normalmente, las chicas como Yuly me dan alergia; es esa «chica casi perfecta», inteligente y bilingüe que debería hacerme huir en dirección contraria. Pero ella no me juzga. Mientras el profesor llena la pizarra de ecuaciones, yo me hundo en mis propias incógnitas. Las matemáticas son fáciles comparadas con el lío de mi vida. Resolver una «x» es un juego de niños frente al vacío de no saber quién soy realmente.
English y el Peso de las Palabras
En English, al menos, me siento en control. El inglés es mi escudo, el idioma donde nadie puede cuestionar mi identidad. El problema es el «Spanish». Ana, mi tutora, es persistente hasta la desesperación. Siempre intenta motivarme, prometiéndome que me concederá lo que quiera si tan solo accedo a hablar español con ella.
Ella no lo entiende. Cree que es un capricho. «I don’t speak Spanish», le repito cada vez. Es superior a mis fuerzas. He aceptado leer en voz alta para ella, pero lo hago de forma mecánica. Dejo que las palabras salgan de mi boca para que mis oídos se acostumbren al sonido y no me «suene a chino», pero me niego a entender lo que estoy diciendo. Es una lectura sin alma, mi pequeña rebelión contra un idioma que me duele.
World History I y las Raíces Perdidas
La clase de World History I es una tortura. Mientras el profesor habla de imperios lejanos, yo solo puedo mirar el mapa y fijarme en ese trozo de tierra al otro lado del Atlántico. España. Allí es donde se supone que está «Daddy«.
Siento una rabia que me quema por dentro. Pienso en mi madre y en la forma en que me abandonó en la cuna del hospital. No fue un momento de pánico; fue algo frío y calculado, como si hubiera revisado un mapa para asegurarse de que nunca la encontraría. He oído historias de otras niñas abandonadas en el internado; a algunas las dejaron en sitios horribles, en condiciones mucho peores. Mi madre fue «meticulosa» al dejarme en un hospital, y eso me hace pensar que quería que la noticia llegara a mi padre para que él viniera a buscarme. Pero los datos sobre él son incoherentes y a nadie en Medford parece importarle si realmente existe. Soy una nota al pie en una historia que nadie quiere escribir.
El Camino al Lunch: 10:50 AM
A las 10:50 AM, el timbre suena y los pasillos del MHS se convierten en una zona de guerra. Camino hacia el patio para el almuerzo. Tengo los nervios de punta, y no es por el puré de patatas de la cafetería. Es por la redacción que tenemos que entregarle a Mr. Panceta (así llamamos a Mr. Bacon). Yuly y yo hemos sido demasiado sinceras en ese texto y me huelo el desastre.
Reflexión Final
Al final, Yuly me hace prometer que no saldré corriendo. Se ríe y dice que para correr ya está la clase de Physical Education. Me quedo mirándola y me doy cuenta de que, aunque somos polos opuestos, no voy a huir.
¿Por qué no salgo corriendo de mi amistad con Yuly?
- No se toma en serio mis ataques: Aguanta mis malas caras y mi testarudez sin mandarme a paseo.
- Me hace sentir real: En este instituto donde me siento un fantasma, ella me trata como a una chica simpática con la que se puede hablar.
- Su sinceridad: Prefiere que nos arriesguemos con la redacción de Mr. Panceta antes que ser unas «pelotas» y escribir lo que el profesor quiere oír.
- Sus paralelismos locos: Dice que mi rechazo a España es como su pelea con el tío Luis. No tiene sentido, pero es su forma de intentar entenderme.
No voy a ceder con el español. Aprenderé a entenderlo el día que «Daddy» aparezca y me demuestre que quiere que esté con él. Hasta entonces, seguiré con mi lectura mecánica y mi cara de no entender nada. Mi curiosidad está ahí, lo admito, pero mi cabezonería es mucho más grande. No me voy a rendir tan fácilmente.
Origen
- Saturday, September 11, 1995 página 1
- NotebookLM
