Crónicas del Vestuario en MHS

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Saturday, September 11, 1995 – 12:23 AM

Crónicas del Vestuario en MHS: Sudor, Prisas y Cero Privacidad

Por Julia Stephani McWindsor (Yuly)

El Caos de la Campana

Son las 12:22 PM y Medford High School (MHS) se transforma en una pista de obstáculos. Acaba de sonar el timbre del Periodo 4 y tenemos los minutos contados para llegar al la siguiente clase Educación Física. Si crees que los exámenes de Science son una tortura, intenta cruzar los pasillos de este instituto esquivando a especímenes como Gabe, que se cree el rey del mambo solo porque viene del colegio católico St. Francis y quiere demostrar que no es «el chico bueno» que todos piensan.

Mi lunes se define por tres cosas:

  • La presión del reloj: Cinco minutos para teletransportarse al otro lado del edificio y estar lista para la acción.
  • Segregación por sexos: Menos mal que los vestuarios mixtos no existen; si no, me verían aparecer ya con el chándal puesto desde las siete de la mañana. No les doy yo ese privilegio a estos ni loca.
  • La «media neurona» de los chicos: Como dice el dicho, los chicos y el sentido común son agua y aceite. Tienen una media neurona haciendo eco en el cerebro y ya se la han gastado toda pensando en lo que no deben.

La Realidad tras las Puertas del Vestuario de Chicas

Entrar al vestuario es meterse en un búnker de hormonas y laca. Jessica está acostumbrada al ambiente cerrado de St. Clare, siempre entra con una cara de susto que no puede con ella. Por eso, en cuanto entramos, le suelto mi consejo de oro: «Jessica, asegúrate de que no hay ningún agujero sospechoso antes de quitarte nada». Ella se queda pálida, pero es que los tíos aquí están locos; si no nos espían es porque son todavía más tontos de lo que parecen.

Jessica vive agobiada porque siente que toda la clase la tiene en el punto de mira, especialmente por culpa de las bromas de Gabe. Yo le digo que lo que tiene que hacer es plantar cara: un par de tortas a tiempo y verás cómo el resto mira para otro lado. Lo gracioso es que Jessica pensaba que las chicas de West Roxbury, como yo, éramos de otro planeta. Pero al final, aquí todas somos iguales: chicas de catorce años con ropa interior normal y corriente, sin nada «raro», por mucho que me toque viajar desde el otro lado del mundo para llegar a este instituto de Medford.

El Dilema de los Cinco Minutos y la Higiene Personal

El sistema de MHS es un chiste de mal gusto. Cinco minutos para el intercambio de clases no dan ni para respirar, y menos si eres chica. No es que seamos lentas (porque los chicos son auténticos caracoles, os lo juro), es que organizarse en estas taquillas es un arte que los profesores no valoran.

Lo que de verdad nos quita el sueño es el olor. Si nos matamos a correr por la pista y el profesor Ford nos tiene hasta el último segundo sudando, el viaje a las duchas es obligatorio. Ninguna de nosotras va a entrar a la clase de Science del Periodo 6 oliendo como si viniéramos de una maratón; la higiene personal es lo único que nos separa de ser tan asquerosas como los chicos.

Enfermeros y Sargentos: El Régimen de Mr. Ford

Si pensábamos que el profesor Ford iba a ser un «blandito» por ser el segundo día de clase, estábamos muy equivocadas. El hombre tiene una mala leche que se huele a kilómetros y cero paciencia para las que él llama «lentas».

Hoy, Jessica y yo nos hemos coronado como las rebeldes oficiales ante sus ojos por cometer los tres pecados capitales:

  1. Llegar tarde: Nos quedamos charlando en el vestuario, perdiendo el tiempo como si estuviéramos en el recreo.
  2. Caminar en lugar de correr: Ford nos pilló de paseo y nos soltó que estábamos «ejercitando el músculo equivocado» (la lengua, obviamente).
  3. Ser unas «cotorras»: Ni con el silbato en la oreja dejamos de intercambiar confidencias sobre el trabajo que tengo que escribir para Mr. Bacon.

¿El castigo? 10 vueltas extra a la pista. Y para que la humillación fuera completa, nos obligó a correr en sentido contrario al resto de las chicas. Imaginaos el cuadro: nosotras dos jadeando, cruzándonos con todas las demás y, de paso, sirviendo de diana para las burlas de los chicos que jugaban al baloncesto en la cancha de al lado. Un auténtico «fishbowl» de vergüenza.

Dinámicas Sociales: De Medford a West Roxbury

Mi amistad con Jessica es, digamos, estratégica. Yo tengo que escribir una redacción sobre ella para la clase de Spanish I de Mr. «Panceta» (Bacon), así que cada confidencia en el vestuario es material de primera. Ella se siente sola porque todos son de Medford y alrededores menos yo, que vengo de West Roxbury. Además, ahora que se acerca el invierno y anochece antes, con todas esas noticias de ataques a chicas, no nos queda otra que hacernos fuertes juntas.

Percepción de JessicaPercepción de Yuly
Se siente observada y cree que todos están en su contra.Cree que hay que dar un golpe en la mesa para ganarse el respeto.
Teme que la tachen de «chica problemática» por su pasado rebelde.Ve a Ford y Bacon como obstáculos que hay que saltar para aprobar.
Prefiere ignorar los ataques de Gabe y los demás.Es pragmática: «Soy simpática contigo porque me caes bien, pero también por el A+ en Spanish».

Conclusión: Supervivencia Escolar

Al final, sobrevivir a MHS consiste en ser más lista que el sistema. No me conviene nada que Mr. Ford me coja manía, que ya tenemos bastante con el examen de conciencia que nos hace Mr. Bacon cada mañana en Spanish I. Jess se preocupa demasiado por lo que piensen los profesores, pero yo lo tengo claro.

En cuanto esos sargentos y los idiotas como Gabe se den cuenta de que somos mucho más inteligentes de lo que aparentamos mientras corremos esas vueltas de castigo, nos dejarán en paz. De momento, seguiremos siendo las «cotorras» de la pista, sobreviviendo al sudor y a los dramas con la cabeza bien alta.

Publicado por Yuly en «Tras el último verso»

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